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TOME SU LUGAR

TOME SU LUGAR

Status: En proceso
Genre:Venganza / Escuela / Mujer poderosa
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Yesid Cabas

Se burlaron. La humillaron. La destruyeron.
Pero cometieron un error…
Nunca supieron que tenía una gemela.
Y ella no perdona.

NovelToon tiene autorización de Yesid Cabas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 12: NO ESTÁS SOLA...PERO TAMPOCO SEGURA

Hay un momento en todo esto…

en el que alguien decide cruzar la línea.

No observar.

No analizar.

No esperar.

Entrar.

Y cuando eso pasa, todo cambia, porque ya no se trata solo de lo que haces, sino de quién más está dispuesto a hacerlo contigo… o en tu contra.

Y Adrián…ya había tomado una decisión.

Lo supe antes de que hablara, en la forma en que dejó de mantenerse al margen, en cómo su presencia empezó a sentirse más cerca, más constante, más directa, como si ya no estuviera probando, como si ya hubiera entendido lo suficiente para dar el siguiente paso.

O tal vez no.

Salí de la escuela sin prisa, dejando atrás el ruido, las miradas, la tensión acumulada durante todo el día, sintiendo cómo el ambiente cambiaba a medida que me alejaba, pero sin que eso realmente importara, porque lo que estaba pasando ahí dentro…ya no se iba a detener.

No con lo que sabía ahora.

No con lo que iba a hacer.

Di unos pasos más hacia la salida…y lo sentí.

No era una sorpresa.

Era una confirmación.

—Sabía que no ibas a irte sin intentar entender más.

Su voz llegó detrás de mí.

Tranquila.

Controlada.

Adrián.

Me detuve.

Pero no me giré de inmediato.

—No intento entender —respondió—. Ya entendí lo suficiente.

Esa frase…no era ligera.

Era una declaración.

Me giré lentamente.

Y lo miré.

Directo.

—Entonces no estorbes.

Silencio.

Adrián dio un paso hacia mí.

Luego otro.

Acortando la distancia.

Demasiado.

Pero esta vez…no lo detuve.

—No vine a estorbar —dijo—. Vine a decirte algo.

Lo observé.

Sin confiar.

Sin ceder.

—Habla.

Adrián inclinó ligeramente la cabeza, como si midiera cada palabra antes de decirla, como si supiera que lo que estaba a punto de hacer iba a cambiar la dirección de todo.

—Daniel habló —dijo.

Silencio.

No reaccioné.

Pero lo registré.

—Lo suficiente —añadió—. Valentina empezó… Mateo siguió… los demás solo hicieron lo que siempre hacen.

Lo miré.

Fijamente.

—¿Estabas escuchando?

Adrián sonrió apenas.

—Siempre.

Eso…no me gustó.

Porque significaba que ya no tenía control total sobre la información.

Pero también…significaba algo más.

—¿Y qué quieres hacer con eso? —pregunté.

Silencio.

Adrián dio un paso más cerca.

Lo suficiente para que la distancia ya no fuera cómoda.

—Ayudarte.

Esa palabra…no encajaba.

No en él.

No en esto.

—No necesito ayuda —respondí.

Adrián negó levemente.

—No —dijo—. Pero te conviene.

Silencio.

Eso era diferente.

No ofrecía apoyo.

Ofrecía ventaja.

—¿Por qué? —pregunté.

Adrián no respondió de inmediato.

Observó.

Analizó.

Como siempre.

—Porque no quiero que esto termine rápido.

Esa respuesta…era peligrosa.

Porque no venía desde la justicia.

Venía desde el interés.

Desde algo más oscuro.

—No estoy jugando —dije.

Adrián sonrió un poco más.

—Yo tampoco.

Silencio.

Nos quedamos así unos segundos, midiéndonos, evaluando, entendiendo que esto ya no era una simple conversación, que esto era un punto de cambio, una decisión que iba a definir lo que venía.

—¿Qué propones? —pregunté finalmente.

Adrián no dudó.

—Ellos ya están intentando reaccionar —dijo—. Mateo no va a quedarse así… Valentina tampoco.

Eso ya lo sabía.

Pero escucharle decirlo…lo hacía más claro.

—Van a intentar darte la vuelta —añadió—. Hacerte quedar como el problema.

Silencio.

Eso…también tenía sentido.

—¿Y tú? —pregunté—. ¿Dónde entras?

Adrián se acercó un poco más.

Lo suficiente para que su voz bajara.

Para que solo yo la escuchara.

—Yo puedo hacer que eso no funcione.

Esa frase…era poder.

Puro.

Directo.

—¿Cómo? —pregunté.

Adrián sonrió.

—Tengo información… y sé cómo usarla.

Silencio.

Eso confirmaba todo.

No era un aliado.

Era alguien que sabía jugar.

Y eso…podía ser útil.

O fatal.

—Esto no es un juego para mí —dije.

Adrián sostuvo mi mirada.

Y por primera vez…no sonrió.

—Lo sé —respondió—. Por eso es interesante.

Silencio.

Esa respuesta…lo definía completamente.

No estaba aquí por justicia.

No estaba aquí por empatía.

Estaba aquí…porque quería ver hasta dónde podía llegar esto.

Y eso…lo hacía peligroso.

Pero también…perfecto.

—Bien —dije finalmente.

Adrián alzó ligeramente una ceja.

—¿Bien?

Di un paso hacia él.

Acortando la distancia.

—Te quedas —añadí—. Pero bajo mis reglas.

Silencio.

Adrián me observó unos segundos.

Y luego…sonrió.

—Me parece justo.

Porque nada en esto era justo.

Pero ya no importaba.

Porque en ese momento…el juego cambió.

Ya no era solo venganza.

Ya no era solo caos.

Ahora…había estrategia.

Y cuando la estrategia entra…la caída…es mucho peor.

Me giré sin decir nada más y seguí caminando, sabiendo que ahora no estaba sola, pero tampoco completamente en control, porque alguien más había entrado, alguien que no se dejaba llevar, alguien que pensaba…igual que yo.

O peor.

Y cuando dos mentes oscuras se unen… alguien siempre termina destruido.

1
Rubiia sanz
no dejes que caiga sube maaas
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