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¿Será demasiado tarde, señor Rodrigues?

¿Será demasiado tarde, señor Rodrigues?

Status: Terminada
Genre:Romance / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:20
Nilai: 5
nombre de autor: Dayane Castro

Carolina Ferreira creía haber encontrado el amor de su vida. Se casó llena de sueños e hizo todo lo posible para que el matrimonio funcionara. Pero, con el tiempo, empieza a sentir que algo no encaja. La distancia de Henrique Rodrigues no proviene solo de palabras duras, sino también del silencio, la frialdad y las ausencias nocturnas que hieren más que las peleas.

Henrique carga con un pasado que Carolina no conoce del todo y unas decisiones que nunca fueron realmente suyas. Mientras ella insiste en amar, él se cierra. Pero ningún corazón aguanta amar solo para siempre. Y cuando el sentimiento empieza a enfriarse, las consecuencias pueden ser irreversibles, y Henrique descubrirá que no se debe pisotear un corazón apasionado. Pero ¿será demasiado tarde?

NovelToon tiene autorización de Dayane Castro para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4

Carolina,

Después de poner todas mis cosas en el armario, escojo una y me visto. A partir de hoy voy a andar como la esposa del CEO, tanto fuera como dentro de casa. Bajo al comedor, y justo en ese momento él llega. Las empleadas ya empiezan a poner la comida en la mesa, y yo me siento en la de siempre.

—Voy a volver al trabajo después de almorzar, pero no sé a qué hora voy a llegar.

—No hay problema, Henrique, yo voy a salir, tampoco sé a qué hora voy a volver.

—¿Vas a salir a dónde? —Lo miro sin entender su pregunta, si él no me dice a dónde va, ¿por qué yo tengo que decirlo? —Respóndeme cuando te pregunte algo.

—No te debo ningún tipo de satisfacción. Del mismo modo que tú no me debes nada. —Él da un puñetazo en la mesa, que hace que las cosas que están encima den un pequeño salto.

—Tú eres mi esposa, y eres mujer. Entonces sí, me debes satisfacción. —Tomo la servilleta, limpio mi boca y me levanto. Por un mes me importé más por él que por mí misma, pero ese día llegó a su fin.

Salgo del comedor aún con hambre, pero tomo mi bolso, voy a mi coche y decido comer en algún restaurante. Como, pero cuando voy a pagar la cuenta, viene la sorpresa.

—La tarjeta está dando rechazada, señora. ¿Quiere intentar otra? —Abro mi bolso e intento otra, y otra, pero todas rechazan. Tomo un billete de cien reales y otro de cincuenta y se los entrego. —¡Gracias!

Tomo mi cambio y salgo del restaurante, tomo mi celular, y llamo a Henrique.

—¿Así es como va a ser? ¿Bloqueaste mis tarjetas?

—Quieres vida de diversión, trabaja para ello. No voy a bancar tus lujos. —Sonrío y cuelgo en su cara, menos mal que ya compré la ropa, pero si supiera que sería así, habría sacado un poco.

Vuelvo a mi antiguo empleo, del que pedí la renuncia cuando me comprometí con Henrique. Apenas detengo el coche en frente, bajo y voy a hablar con el dueño.

—Carol, ¿qué haces aquí?

—Necesito mi empleo de vuelta, señor Vinícius. Claro, si usted no ha contratado a nadie aún.

—No entiendo, ¿tienes problemas en el matrimonio? Tu esposo es millonario y... —Tomo aire y suelto, y él percibe mi situación. —Estás contratada, puedes empezar mañana mismo si quieres. Después de que salvaste a la señora Rodrigues aquí en frente, la cafetería está vendiendo mucho, y estoy casi abriendo otra tienda.

—Me alegro por eso, entonces mañana vengo en el mismo horario de siempre. Voy a tomar el uniforme con Giselle. —Él está de acuerdo, y me entrega los documentos que tengo que firmar.

El señor Vinícius paga 1250,00 por mes, pero voy a tener al menos dinero para alguna emergencia. Vivía sola, pagando alquiler y todo, yo conseguía sobrevivir, ahora que no voy a tener esas cuentas a pagar, no va a ser problema. Y además, voy a tener algo para ocupar mi mente, y no pensar solo en Henrique.

Vuelvo a casa, y coloco el uniforme dentro del armario, en la parte de arriba y me siento en la cama. Pienso cómo está siendo mi vida desde el día que me casé. Fui tonta al pensar que aquel era el inicio de mi felicidad, qué ingenua fui.

Me acuesto en la cama, y termino quedándome dormida, pero, luego despierto con voces pasando por el pasillo, y cuando me levanto y abro la puerta, veo a Henrique borracho siendo cargado por la rubia. Ellos me miran, y ella da una sonrisa, que llega a darme asco.

—Yo no iba a venir, si él no estuviera tan mal, espero que no te parezca mal.

—Sí me parece mal, dame a él y vete. —Empujo a ella para que suelte a Henrique, pues aún estamos casados, y él no puede traerla a nuestra casa. —Vete, ya te dije. —Él levanta la mano y vuelve a bajar las escaleras y yo lo llevo hasta el cuarto. Él está tan borracho, que mal consigue andar.

Abro la puerta, y lo acuesto en la cama. Quito sus zapatos, y cuando voy a apagar la lámpara, él sujeta mi brazo. Lo miro sin entender su reacción, pero él sonríe igual que un retrasado.

—Tú eres mi esposa, ¿no es así? —Ruedo los ojos y niego con la cabeza. —Claro que sí, me acuerdo bien de nuestra boda. Siempre te encontré bonita cuando te vi en aquella cafetería, pero tú jugaste demasiado bajo, solo para casarte conmigo. Y si quieres tanto a mí como tu marido, ¿qué tal hacer esto real?

Él me jala con un poco de fuerza, haciendo que yo caiga sobre su pecho, pero con los pies aún en el suelo. Él se estira para besarme, pero yo tiro mi rostro para atrás.

—Yo no soy tu esposa, apenas llevo tu apellido. Puedes tener seguridad, que yo me arrepiento todos los días por eso. —Me suelto de él y me levanto de la cama, yendo en dirección a la puerta.

Salgo del cuarto sin mirar para atrás, y llego al mío. Comienzo a llorar, él no puede hacerme esto, hasta mismo borracho él me humilla, creo que no hay otra solución, nuestro matrimonio nunca comenzó, y nunca va a comenzar.

Entro al baño, tomo un baño, y me acuesto para dormir. Por la mañana, cuando despierto, doy de cara con él mirándome, parado, apoyado en la puerta.

—Cámbiate y haz una maleta, pues vamos a viajar.

—Yo no voy a ningún lado contigo. Fuera de que no puedo, tengo compromisos. —Él pasa los ojos por mi cuerpo, y cuando yo miro, veo que estoy descubierta. No me cubro, él tiene que ver lo que perdió por causa de aquella rubia.

—Tú no tienes opciones, es el cumpleaños de mi madre, y ella va a celebrar en la finca, vamos ahora mismo para la sierra de Cantareira. No tardes, o voy a llevarte sin maletas y en camisón.

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