Criada por un temido jefe mafioso, Isabella siempre creyó que sus padres murieron cuando era niña. Hasta que una verdad enterrada sale a la luz: su verdadero padre está vivo… y lidera la mafia enemiga.
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n°3
Durante el viaje todo iba bien. Isabella conversaba con Samuel y se reían juntos.
—¿Y tú tienes hijas? —preguntó curiosa.
—Tengo un hijo de tu misma edad —respondió Samuel con una sonrisa cálida.
—¿Y cómo se llama? ¿Cuántos años tiene? ¿Dónde está? —preguntó entusiasmada.
Samuel rió.
—Se llama Leonardo Bianchi, tiene siete años y está con su mamá en Roma.
—¡Es mayor que yo! —dijo Isabella sorprendida—
. ¿Y tú cuántos años tienes? - pregunto samuel
—Voy a cumplir seis en agosto.
—Ah, te falta poquito. Ya estás grande —le acarició la cabeza con ternura.
—¡Sí! Ya soy una niña grande —respondió entre risas.
—¿Y en serio sabes cocinar? —preguntó Samuel, con un tono de asombro.
—Sip —respondió ella, bajando un poco la mirada, con un dejo de tristeza.
—¿Qué pasó? —preguntó preocupado al notar su cambio de ánimo.
—Es que aprendí cuando la señorita Luci llegó, porque ella no sabía cuándo la iban a despedir, y mi papá nunca me ha cocinado nada… Cuando mi mami murió —sus ojos se llenaron de lágrimas—, llegó la señorita Luci y ella me cocinaba, y me enseñaba —dijo, rompiendo en llanto.
Antes de que Samuel pudiera hablar, Isabella lo interrumpió.
—¿Me puedes abrazar? —preguntó con voz quebrada.
—Claro que puedo, pequeña —respondió con suavidad, rodeándola con los brazos y apretándola con cariño—. Todo va a estar bien, ¿sí?
Cuando Isabella se calmó un poco, le confesó:
—Ricardo nunca estuvo presente en mi vida… solo está ahí. Lo veo, pero nunca ha jugado conmigo ni nada…
—¿Me estás diciendo que no tienes muñecas ni nada? ¿O te gustan más otras cosas?
—No tengo juguetes. Tengo unos pocos de mesa que me regaló la señorita Luci para que jugáramos juntas y… esto —sacó de su mochila un pequeño pingüino de peluche—. Lo tengo desde que era bebé. La señorita Luci me contó que era mío desde antes y que me lo había regalado mi mamá. Es mi tuto para dormir. Siempre lo llevo a todos lados —dijo, con un brillo de nostalgia en la mirada.
—Está muy bonito —dijo Samuel, intentando suavizar el ambiente—. ¿Y tienes amigas?
—Voy a cumplir seis años, el otro año entro al colegio y… nunca fui al jardín. Así que no —respondió con naturalidad.
—Cuando lleguemos a Roma, quizás pueda presentarte a mi hijo. Tal vez se hagan amigos.
—¿En serio? —preguntó emocionada Isabella.
—Por supuesto —respondió Samuel, con una sonrisa sincera.
Justo cuando iban a seguir conversando, una voz los interrumpió.
—Disculpen… señor, ¿quiere pollo o carne?
—Carne, por favor —respondió Samuel.
—¿Y tú, pequeña?
—Pollo —dijo tímidamente Isabella.
La azafata les entregó sus platos y ambos agradecieron.
—¿Qué desean para beber? Tenemos jugo, bebida, té o café si gustan. O simplemente agua, con o sin gas.
—Yo quiero un café —dijo Samuel.
—Yo un jugo, por favor —respondió Isabella con gentileza.
La azafata les sirvió los refrescos y siguió con su trabajo.
—Mira por la ventana —le dijo Samuel a Isabella—. ¿O te dan miedo las alturas?
—No le tengo miedo a nada… que yo sepa —respondió segura. Abrió la ventanilla y quedó paralizada—. Está oscuro… —dijo temblando.
—Es de noche —rió Samuel con ternura—. Comamos y durmamos, ¿sí?
Isabella asintió en silencio.
Era un largo viaje…
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