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CONTRATO CON EL CEO: PROHIBIDO ENAMORARSE

CONTRATO CON EL CEO: PROHIBIDO ENAMORARSE

Status: Terminada
Genre:CEO / Novia sustituta / Matrimonio arreglado / Venderse para pagar una deuda / La mimada del jefe / Casada con el millonario / Completas
Popularitas:1.9M
Nilai: 4.9
nombre de autor: Yazz García

Ella necesita dinero desesperadamente. Él necesita una esposa falsa para cerrar un trato millonario.
El contrato es claro: sin sentimientos, sin preguntas, sin tocarse fuera de cámaras.
Pero cuando las cámaras se apagan, las reglas empiezan a romperse.

NovelToon tiene autorización de Yazz García para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

No era parte del trato

...💎...

...CAPÍTULO 6...

...----------------...

...EMMA RÍOS ...

Llegué a la mansión sintiendo que el corazón me saltaba. La noche prometía ser larga: cena con inversionistas, fotos, sonrisas de catálogo y, según la agenda, mi actuación más convincente hasta ahora. Pero había un asunto pendiente con Sofía que no podía desaparecer entre lujos y dinero. Tenía que hablar con Leonardo antes de convertirme oficialmente en su marioneta de etiqueta.

Subí por el pasillo con paso decidido —o al menos eso intenté aparentar— y, sin pensarlo demasiado, abrí la puerta de su habitación. No toqué. No pedí permiso.

Cometí un error. Uno del que me arrepiento.

La escena en el balcón me congeló la respiración como si alguien hubiera bajado el termostato de golpe: Leonardo tenía a Bianca contra la baranda, sus cuerpos fundidos en una coreografía que no dejaba lugar a dudas. Descarada, urgente, sin disfraces. Ella arqueada hacia él, las piernas rodeándole la cintura, la falda recogida un poco hasta la cintura. Él la sostenía por las caderas, empujando con una cadencia que hablaba de su deseo acumulado, de noches sin tregua.

Sus bocas se buscaban entre jadeos, pero no hablaban. No había palabras, solo sonidos húmedos, el golpeteo rítmico de piel contra piel, el crujido del metal bajo el peso del encuentro. Bianca gemía bajo la garganta, como si intentara contenerse y no pudiera. Leonardo tenía los ojos cerrados, la mandíbula tensa, como si estuviera en trance.

No se detuvieron al verme. No se inmutaron. Yo era invisible, una sombra que se había colado en un momento que no debía presenciar. Yo tuve que dar media vuelta porque mi estómago se negó a procesarlo y, de puro automatismo, salí de la habitación con la sensación de haber entrado en un set equivocado. La sangre me bombeaba en las sienes.

Cerré la puerta con cuidado, como si el ruido pudiera delatarnos a todos. Caminé hacia mi habitación en modo zombi. El vestido para la cena descansaba en el perchero de la habitación: perfecto, esperado. La idea de calzarme tacones y sonreír frente a inversionistas que podían decidir el destino de un montón de vidas me parecía repulsiva y necesaria a la vez.

No me parecía justo. Él se podía acostar con quien le diera la gana; yo no podía ver a Martín, no podía decirle que lo estaba dejando por un contrato que puede salvar a mi hermana. ¿Por qué la regla era solo para una parte? Respiré hondo, dejé el vestido intacto, y me quité la ropa quedando solo en la bata. El agua caliente llamaba mi nombre con promesas de que, por quince minutos, todo se disolvería.

Todavía no había puesto un pie en la ducha cuando la puerta se abrió de golpe.

Leonardo, con el pelo despeinado y solo con sus pantalones (los jeans perfectamente puestos que, por desgracia, todavía le quedaban impecables), me encaró como si yo fuera la que hubiese invadido su privacidad. La furia le ardía en la voz.

—¿¡Por qué putas no tocas la maldita puerta antes de entrar?! —dijo, cada palabra una pequeña descarga eléctrica.

Mi primera respuesta fue una carcajada corta, amarga. ¿En serio? ¿El que no tenía el menor problema en liarse con su ex en el balcón me regañaba por no respetar su puerta? Respiré, clavé mis ojos en los suyos y le contesté firme, directa, sin adornos.

—Porque tú haces lo que se te da la gana. Así que yo también puedo hacerlo. ¿Equidad, querido? Hoy por hoy, la regla es recíproca.

Su mandíbula se tensó como si quisiera escupir palabras más afiladas, pero se contuvo. Me miró de arriba abajo, notando la bata, el cabello desordenado, la rabia que se me notaba en cara poro.

—¿Estás enojada por lo que viste? —preguntó entonces, más seco—. Espero que recuerdes que esto es un negocio. Y, según las cláusulas… espero que no te estés enamorando de mí.

Yo lo miré con una calma que me intimidaba a mí misma. Nunca me había sentido tan pequeña y al mismo tiempo tan gigante.

—¿Enamorándome de usted? —repetí con sorna, dejando que mi voz cortara la atmósfera—. Señor Blake, si me permite ser franca: no se crea la gran cosa. ¿Realmente cree que de verdad me gusta una persona tan arrogante y vacía como usted? ¿O piensa que porque pagó, también compró mis sentimientos?

Sus ojos se endurecieron, pero yo no terminé. Había calentado mi rabia y ahora se tenía que aguantar.

—Y ya que estamos en plan de sinceridades —continué, clavando la mirada en la suya—, no me haga perder más el tiempo. Tengo una cena a la que debo ir para salvar su pellejo, no para ser la actriz consentida de sus humores. Si quiere que sea convincente, haga lo suyo: compórtese como el hombre público que pretende ser. Y yo haré el resto sin que mis entrañas se dediquen a amargarse por la incongruencia ajena.

Fue un golpe seco de realidad entre los dos. Nada de drama teatral ni de hipocresía de último minuto. Solo dos personas que negociaban su dignidad por razones distintas. Él, por la fachada; yo, por la necesidad.

Leonardo parpadeó, sorprendido por mi contundencia. Había esperado pleitesía, o al menos sumisión. Yo le regalé atrevimiento y verdad. Quizá no era la mejor estrategia si quería mantener el contrato intacto, pero la rabia tenía sus propios planes.

—¿Así que ahora me responsabilizas por tu… decisión? —murmuró, con la voz más baja, como si se esforzara por controlar el temblor.

—La responsabilidad de este acuerdo sigue siendo de los dos —respondí—Pero si le sirve de consuelo, no estoy enojada por lo que vi, ni siquiera es que me importe usted con cuantas se acuesta. Solo le aviso: no me hostigue con reglas que no aplican para usted.

Él apretó los labios, y por un segundo, el orgullo se enfrentó con algo como pena. Se acercó, sin invadir todavía mi espacio, con la mirada que usa cuando está midiendo riesgos.

—No mezcles las cosas —dijo—. Esto es un trato y yo soy tu jefe, Emma. Un trato que te da seis meses para arreglar tu vida y pagar lo que tienes pendiente. No estoy aquí para juegos.

—Entonces no juegue con los demás si no quiere que los demás jueguen con usted —repuse, fría como el mármol de la entrada.

Me di la vuelta con la intención de darme un baño, de ponerme la máscara y bajar a salvar su imagen. Pero justo cuando mi mano rozó la tela del vestido, su voz me alcanzó una última vez, ya sin ira, más seria.

—Si esto se convierte en un espectáculo por tu culpa… habrá consecuencias. —No fue amenaza abierta, pero sonó como una promesa. No de protección, ni de cariño. Una promesa de que nada sería gratis.

Asentí, sin mirar atrás. Mi piel ardía y mis pensamientos eran un revoltijo: injusticia, rabia, miedo y un hilo —más fino de lo que quisiera admitir— que me ataba a su mirada. Realmente me tomé mi tiempo, me di una ducha fría, salí, me arreglé el cabello, me maquillé y agarré el vestido en el perchero, para tirarlo en la cesta, saque uno de los vestidos que había comprado esta tarde con Gisela, y finalmente me lo puse, cerré la cremallera, y salí de la habitación.

Bajé las escaleras como si no llevara nada en la cabeza. La mansión respiraba lujo, y la noche, afuera, era brillante. Mientras cruzaba el hall, escuché el eco de su voz, apenas un murmullo que se perdió entre los candelabros. Estaba conversando con sus socios.

Camine hacia el salón principal.

Algo me dijo que esa cena no sería solo una prueba para salvar su trato: sería la primera vez que las consecuencias del contrato se me revelarían de verdad. Y yo, por primera vez, no estaba segura de si quería seguir siendo la actriz perfecta.

Abrí la puerta y entre a enfrentar la noche.

1
Blanca Ramos
buenísima esta novela
Petra Melo
me encanta Gisela y sus ocurrencias ♥️
Mariana Cortes
no paro de emocionarme
Eva Santamaria
es una historia fascinante me encantó 👏
Petra Melo
me encanta la novela, la trama gracias escritora ♥️
Mariana Cortes
la verdad el único momento que me importa la opinión de los hombres auque me dio rabio lo que hizo
Mariana Cortes
quede😫😨😨 que acaba de pasar no paro de leerlo una y otra vez por que no lo asimiló
Andrea Barrionuevo
Aquí ambos tenían que haber pedido perdón pq Martin no fue ningún santo.
Pero dejamos a Leonardo kmo el único malo.
Andrea Barrionuevo
Ahora resulta que Martin es el pobrecito y sufrido de la historia.
No se olviden que desde chico se burlaba de la desgracia de Leonardo y lo provocaba no fue ningun santo siguió kn su maldad y lo unico que hizo Leonardo fue desquitarse
No comparto la forma en que lo hizo no se puede ir usando a la gente de esa manera
Andrea Barrionuevo
Espero que la actitud de Emma cambie pq Leo tiene todo el derecho de estar presente en la vida de su hijo.
ya le quito los 3 años primeros años..Lo que paso entre ellos no justifica ocultarle que tenia un hijo
Andrea Barrionuevo
Que actitud egoísta tuvo Olivia.
Me molesta que oculten los niños y se tomen el derecho de elejir de la otra persona si quiere estar o no en la vida del niño.Msrtin me parece una persona mala me da la sensación ion que no quiere a Leo y disfruta verlo mal
Andrea Barrionuevo
Por favor Emma le hecha toda la culpa a Leonardo kmo si el la hubiese obligado kn un arma a firmar .
El le explicó lo que quería y necesitaba por 6 meses.
Entonces si acepto para que acerté la rebelde y ofendida desde un principio
Ahor seguro tubo un aborto o casi de quien sera el bebé pq ella se acostó kn ambos
Ada Zulma Lopez
wow Que bonito capítulo 👏👏👏🌟💕✨️💚
Petra Melo
ay qué ser tan despreciable 🤬😡🤬 ése Leo!! 🤬
..
.
Petra Melo
autora me encanta el comienzo 💕🇻🇪
Andrea Barrionuevo
Esta prota me parece insoportable hace demasiados berrinches por algo que ella misma firmo nadie le puso un revolver leyó el contrato y estuvo de acuerdo entonces pq jode tanto kn lo que tiene que hacer
Helena Potosme
es de reflexionar para esos maridos perros lo q pueden provocar con sus mentiras y engaños y esas mujeres idiotas q se meten a ser amantes de hombres casados más en la alta S.concecuebcia una mata a la otra el esposo cae y también muere a los días muere la viejita seguro no soporto la tragedia los hijos huérfanos separados por las circunstancias el odio el rencor el resentimiento y sed de venganza q tragedia
Ada Zulma Lopez
😥Qué emocionante 🤧 la verdad hasta aquí maravilloso 👏 💕 💚 💖 ✨️💕🌟
Ada Zulma Lopez
humm me descolocó sus sentimientos los míos, los tuyos y los nuestros ???🤷 👀💕✨️🌹🌟
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