Ella ha dedicado su vida a entrenar y aunque ahora reencarna en otra época no dejará sus sueños.
* Esta Novela es parte de un mundo mágico*
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Despedida 2
Constance dio un paso al frente, interponiéndose apenas entre ambos.
—Damian.. Nosotros no somos nada.
Las palabras cayeron como una sentencia.
—Somos compañeros de entrenamiento. Y te agradezco la preocupación. De verdad. Pero no tengo obligación de consultarte mis decisiones.
Damian la miró como si no la reconociera.
Ella continuó..
—Te deseo lo mejor. En serio. Pero probablemente ya no nos veremos.
Esa fue la herida real.
No el ejército.
No el secreto.
La despedida.
Damian no sabía cómo responder.
No sabía decir “no quiero que te vayas”.
No sabía decir “me importas más de lo que pensé”.
No sabía decir “me asusta perderte”.
Así que hizo lo único que conocía cuando algo lo superaba.
Se volvió más rudo.
—¿Y esto qué es entonces? ¿Un nuevo mentor? ¿O algo más?
Constance entrecerró los ojos.
—Cuida tus palabras.
Pero él ya no medía.
—¿Te vas porque él te convenció? ¿Porque quieres impresionar a un capitán?
El golpe no fue físico.
Fue verbal.
Y fue injusto.
Asaf dio un paso adelante.
La sonrisa había desaparecido.
—Basta.
La palabra fue baja.
Pero autoritaria.
Damian se volvió hacia él.
—No se meta.
—Me meto cuando alguien pierde el respeto frente a mí.
Ambos quedaron frente a frente.
Damian era alto.
Asaf era más alto.
El joven Devlin tenía orgullo.
El capitán tenía experiencia.
La tensión se volvió casi palpable. Dos presencias firmes, midiendo distancias, respiraciones, intenciones.
Por un segundo pareció que todo se detendría ahí.
Pero Damian dio un paso más.
Asaf no retrocedió.
El movimiento fue sutil. Una inclinación del cuerpo. Un cambio en el peso de los pies.
Estuvieron a un instante de golpearse.
Constance se movió primero.
Se colocó entre ambos, extendiendo un brazo hacia el pecho de Damian y otro hacia el de Asaf.
—¡Suficiente!
Su voz fue clara.
Autoritaria.
Firme.
Ambos la miraron.
—No soy un trofeo. No soy una posesión. Y no permitiré que se comporten como si lo fuera.
Sus ojos estaban encendidos, no de miedo, sino de determinación.
Miró a Damian primero.
—No te debo nada.
Luego a Asaf.
—Y no necesito que me defiendas.
El silencio que siguió fue más pesado que cualquier golpe.
Damian respiraba agitado.
Asaf la observaba con atención renovada.
Finalmente, el capitán dio un paso atrás.
—Tienes razón.
No hubo orgullo herido en su voz. Solo aceptación.
Damian, en cambio, permaneció inmóvil unos segundos más.
La frustración ardía en su pecho. No era solo celos. Era impotencia. Era darse cuenta de que nunca se atrevio a ser serio, a darle una propuesta real..
—No era mi intención faltarte el respeto —murmuró finalmente, aunque el tono aún era áspero.
Pero el daño ya estaba hecho.
Constance bajó los brazos.
—Adiós, Damian.
No fue dramático.
No fue teatral.
Fue definitivo.
Asaf observó cómo el joven Devlin se marchaba con pasos duros, la mandíbula tensa, las manos cerradas en puños.
Cuando quedaron solos, el capitán habló con voz más suave.
—Si esto complica tu decisión…
—No la complica.. La confirma.
Asaf la miró unos segundos más.
Y en su expresión ya no había diversión.
Había respeto.
Porque Constance no solo estaba eligiendo un camino.
Estaba defendiendo su derecho a elegirlo.
Y eso, más que cualquier combate, demostraba la clase de soldado que podía llegar a ser.
A la mañana siguiente, la academia despertó con un murmullo inusual.
No era día de evaluación.
No era día de visita oficial.
Era peor.
Era día de escándalo romántico.
Damian Devlin había llegado con un ramo de flores tan grande que dos estudiantes tuvieron que apartarse para dejarlo pasar por el corredor principal. Eran flores frescas, elegantes, escogidas con evidente cuidado.. lirios blancos, rosas azuladas traídas del invernadero Devlin, ramas verdes que enmarcaban el conjunto con una armonía casi teatral.
El apellido Devlin no pasaba desapercibido en ninguna parte del reino de Bernicia.
Y menos cuando uno de sus miembros aparecía en la academia con semejante declaración pública.
Los rumores corrieron más rápido que el viento.
—Va a declararse.
—Seguro es una reconciliación.
Incluso algunos profesores fingían desinterés mientras miraban discretamente hacia el salón principal.
Y entre quienes observaban, con aparente calma, estaba el capitán Asaf.
No participaba en los murmullos.
No sonreía.
No intervenía.
Solo estaba atento.
Constance lo vio llegar desde la ventana del segundo piso.
Vio el ramo.
Vio las miradas.
Vio la expectación.
Y suspiró.
No sintió emoción.
No sintió orgullo.
Sintió… incomodidad.
No porque Damian le fuera indiferente.
No porque despreciara el gesto.
Sino porque lo conocía lo suficiente para saber que ese acto no era privado.
Era público.
Grandioso.
Llamativo.
Y ella odiaba ese tipo de atención.
No quería rechazarlo frente a todos.
No quería humillarlo.
No quería convertirse en tema de conversación durante semanas.
Pero, sobre todo…
Si realmente él la conociera, no habría hecho eso.
No después de la conversación del día anterior.
No después de que ella le dejó claro que no eran nada.
No después de que le dijo que probablemente no se volverían a ver.
Él había reaccionado con impulso.
Y ahora intentaba reparar eso..
Constance tomó su bolso con calma.
No bajó al salón principal.
En lugar de eso, se dirigió a la puerta lateral que daba al jardín trasero, un acceso menos transitado que usaban sobre todo los profesores y el personal.
No huía de Damian.
Huía de la escena.
Empujó la puerta de madera.
Y casi chocó con alguien.
Se detuvo en seco.
Frente a ella estaba el capitán Asaf.
Apoyado contra el muro de piedra, brazos cruzados, como si hubiera estado esperando.
Sus ojos claros brillaron apenas al verla.
—Buenos días, cadete.
Constance parpadeó.
—Capitán… ¿qué hace aquí?
Él inclinó ligeramente la cabeza hacia el interior del edificio.
—Observando.
Ella frunció el ceño.
—¿Observando qué?
—Que no ibas a aparecer.
La afirmación fue tranquila. Segura.
Constance lo miró, sorprendida.
—¿Cómo lo sabía?
Asaf descruzó los brazos.
—Porque ayer dijiste adiós sin dudar.. Y porque no eres el tipo de persona que disfruta convertirse en espectáculo.
El corazón de Constance dio un pequeño salto.
No era una suposición superficial.
No era una lectura romántica.
Era… comprensión.
—Podría haber bajado —dijo ella, aunque sin convicción.
—Podrías.. Pero no querías rechazarlo frente a todos.
El capitán la observaba sin juicio.
—No huyo de él.. Solo… no quiero esa atención.
—Lo sé.
La respuesta fue inmediata.
Eso la desarmó más que cualquier confrontación.
—¿Y usted? ¿Está aquí para asegurarse de que no me “convenzan”?
Una leve sonrisa apareció en los labios de Asaf.
—No intervengo en decisiones personales.. Pero sí me interesa que entres al ejército sin distracciones innecesarias.
La palabra distracciones quedó flotando entre ellos.
Desde el interior del edificio llegaron murmullos más fuertes. Probablemente alguien había notado la ausencia de Constance.
Asaf dio un paso hacia el sendero del jardín.
—Si deseas evitar la escena, hay un camino trasero hacia los establos. Puedo acompañarte.
Ella lo miró unos segundos.
—¿Y dejarlo ahí… con las flores?
Asaf sostuvo su mirada.
—A veces, la respuesta más clara es la ausencia.
Constance bajó la vista un instante.
No sentía odio hacia Damian.
No sentía desprecio.
Sentía que sus caminos ya no iban en la misma dirección.
Y eso no necesitaba público.
Respiró hondo.
—Gracias.
Comenzaron a caminar por el sendero lateral, bajo la sombra de los árboles.
Mientras tanto, en el salón principal, Damian esperaba.
Con el ramo en las manos.
Con la espalda recta.
Con la esperanza tensa en el pecho.
Y por primera vez en su vida…
Nadie acudió a su gesto grandioso.
En el jardín, lejos de las miradas, Constance sintió algo inesperado.
Alivio.
No por escapar.
Sino por haber elegido cómo manejar la situación.
Asaf caminaba a su lado, sin invadir su espacio, sin hacer comentarios innecesarios.
Y en ese silencio cómodo, ella comprendió algo importante..
No necesitaba que alguien la defendiera.
No necesitaba que alguien la reclamara.
Solo necesitaba que la entendieran.
Y eso…
Eso era mucho más raro que un ramo de flores.