“El misterio de las dos hermanas y los gemelos comienza cuando una oscuridad ancestral marca a una de ellas, mientras los hermanos descubren que su destino está ligado a dos lunas muy distintas que podrían salvar… o destruir… el bosque.” 🌒✨
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Destello en el agua
El bosque amanecía cubierto por una neblina ligera cuando Alisa tomó el recipiente de madera.
—Voy al río —avisó con naturalidad.
Alison apenas levantó la mirada. Su mente seguía ocupada con la marca y las sombras que había aprendido a controlar.
Alisa caminó sola entre los árboles.
Siempre le gustaba ese momento de silencio. El aire frío, el sonido de las hojas, el murmullo constante del agua a lo lejos.
Se arrodilló junto al río y apoyó el recipiente en la orilla.
El agua estaba tan quieta que parecía un espejo.
Suspiró.
A veces sentía que debía ser más fuerte.
Más capaz. Siempre era Alison quien tenía algo especial, algo distinto.
Ella solo era… normal.
Sumergió el recipiente.
Y entonces lo sintió.
Un calor suave en el centro del pecho.
No quemaba.
No dolía.
Era cálido. Tranquilo.
El agua comenzó a brillar.
Alisa levantó la mirada, confundida.
Desde sus patas, una luz tenue comenzó a extenderse. No era intensa como el sol. Era clara, limpia, como un reflejo lunar.
—¿Qué está pasando…? —susurró.
La luz salió de ella como una pequeña onda y tocó la superficie del río.
El agua respondió.
Las ondas que se formaron no fueron caóticas. Fueron perfectas. Simétricas.
Como si obedecieran una armonía invisible.
El recipiente cayó de sus manos.
Alisa retrocedió, sorprendida.
La luz se desvaneció en segundos.
El bosque volvió a la normalidad.
Pero su respiración no.
Se miró las patas.
Nada.
Se tocó el pecho.
Nada visible.
Pero lo había sentido.
Claro.
Real.
No entendía.
La luz… era algo que asociaba con historias antiguas. Con guardianes legendarios. No con ella.
—Yo no… —murmuró, intentando
comprender.
¿Había sido imaginación?
¿O siempre estuvo allí y apenas ahora despertaba?
Entre los árboles, su padre había visto el destello.
No intervino.
No habló.
Pero su expresión se tensó.
Primero la sombra en Alison.
Ahora la luz en Alisa.
El equilibrio se estaba formando frente a sus ojos.
Y él sabía que cuando el equilibrio despierta… el mundo responde.
Muy lejos, en el Norte, el viento cambió de dirección.
Jael se detuvo de golpe.
Dael lo miró.
—¿Otra vez esa sensación?
Jael frunció el ceño.
No era la vibración oscura que habían sentido días atrás.
Era diferente.
Más suave.
Pero igual de clara.
—Viene del sur —dijo finalmente.
Dael cerró los ojos un momento.
La sintió también.
No era amenaza.
No era ataque.
Era… conexión.
Algo que tiraba suavemente de su instinto.
Como un hilo invisible.
—No es la antigua oscuridad —murmuró Dael.
Jael negó con la cabeza.
—No.
El latido volvió.
Breve.
Constante.
—¿Crees que deberíamos investigar? —preguntó Dael.
Jael miró hacia el horizonte.
Pensó unos segundos.
La sensación no aumentaba.
No se sentía peligrosa.
Solo presente.
—No es nada —respondió finalmente—. Si fuera importante, sería más fuerte.
Dael dudó.
Porque, en el fondo, aquella energía no se sentía como algo que pudiera ignorarse.
Pero tampoco había señales claras.
—Déjalo pasar —añadió Jael—. No vamos a movernos por una sensación.
Dael asintió lentamente.
Pero cuando volvió a caminar, no pudo evitar mirar una vez más hacia el sur.
El hilo invisible seguía allí.
Silencioso.
Esperando.
En el bosque, Alisa recogió el recipiente y volvió al refugio.
No dijo nada.
Aún no.
Necesitaba entender primero qué había sucedido.
Pero mientras caminaba, una certeza se instaló en su pecho:
No había sido imaginación.
Y si la luz había despertado en ella…
Entonces ya no era solo la hermana que protege.
Era parte de algo más grande.
Algo que, aunque los gemelos del norte decidieran ignorar…
Ya había comenzado.