Charlotte, doncella bastarda de la casa Elara. su destino está maldito por su hermana. la única manera de salvarse es casándose con el hombre más malvado del reino. Nathaniel Cyrus.
Las reencarnaciones tiene a sus favoritos y a sus mejores guerreros.
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Capitulo 12: Acompáñame, duquesa.
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En la noche la casa estaba más silenciosa de lo habitual. Después de la cena con los cocineros y de las risas que todavía le calentaban el pecho, Charlotte se retiró temprano a su habitación con el libro de recetas bajo el brazo. Lo dejó sobre la mesa, se cambió a ropa más ligera y se sentó en la cama con cuidado de no rozar demasiado los moretones de sus brazos. Ya no dolían tanto, pero cada vez que los miraba recordaba la expresión de Nathaniel cuando los vio y la forma en que perdió la calma sin importarle quién estuviera mirando.
No era un hombre que mostrara emociones con facilidad. Por eso aquella reacción le resultaba extraña y a la vez le emocionaba.
Se tocó la piel con la yema de los dedos.
—Se enfadó más que yo —murmuró—. Ni siquiera era necesario golpearlo tanto.
Se oyó un golpe suave en la puerta.
Charlotte levantó la cabeza.
—Adelante.
Nathaniel entró, todavía con la ropa oscura del día. Se quitó los guantes mientras caminaba. Su postura era firme, como siempre, pero sus ojos estaban más atentos de lo normal.
—¿Te duele el brazo? —preguntó sin saludo.
—Un poco. No es grave.
—Déjame verlo.
Se acercó y tomó su muñeca con cuidado. Sus manos eran grandes, pero el contacto fue suave.
—Te dejó marcas profundas.
—Se le da bien lastimar —respondió ella con tono seco.
Nathaniel la miró.
—Explícame.
Charlotte soltó un suspiro largo. Sabía que no podía ocultarlo.
—Ese compromiso lo arregló mi familia. Nunca me preguntaron nada. Solo dijeron que era un buen trato.
—¿Y ese hombre?
—Le gusta golpear. A las sirvientas, a los animales, a cualquiera que no le responda como él quiere. Una vez escuché rumores de que empujó a una prometida anterior dentro de un lago. Nadie hizo nada porque su familia tiene dinero.
Nathaniel frunció el ceño.
—¿Y aun así pretendían casarte con él?
—Para ellos yo solo soy una pieza que se vende al precio que le conviene.
Hubo un silencio pesado. Charlotte habló con calma.
—Por eso no me sorprendió que viniera a reclamarme. Pensó que podía llevarme como si nada.
Nathaniel soltó su mano despacio.
—No volverá a acercarse.
Ella lo miró.
—¿Qué vas a hacer?
—No es necesario que lo sepas.
Charlotte no insistió. Sabía que cuando Nathaniel hablaba así ya había tomado una decisión.
Se acomodó en la cama y cambió de tema.
—Hay algo más que quería decirte.
Él esperó.
—La maldición ya no está conmigo.
Nathaniel no mostró sorpresa.
—Lo sé.
Ella parpadeó.
—¿Cómo?
—Fui a mi habitación. El espejo estaba roto.
Charlotte bajó la mirada.
—Se quebró cuando terminó la transferencia.
—Funcionó. Cómo esperaba.
—Sí.
Se humedeció los labios.
—Gracias… si no fuera por ti, no habría sabido cómo hacerlo.
Nathaniel respondió con tono neutro.
—Solo te di una herramienta. Fuiste tú quien lo hizo.
—Aun así…
Lo observó unos segundos. El ambiente se volvió incómodo, más íntimo de lo que esperaba.
Charlotte respiró hondo.
—Lo tuve pensando. Ahora que ya no tengo la maldición… Yo no quiero ser más una molestia para ti. Quizás, deberíamos tener el divorci-
Nathaniel levantó la mano.
—Espera.
Ella se detuvo. Él continúo.
—Debemos esperar unas semanas más.
—¿Esperar?
—Para asegurarnos de que no quede rastro. Las maldiciones no siempre desaparecen por completo. A veces regresan.
Charlotte lo miró con sorpresa.
—¿Estás diciendo que…?
—Que no tomaremos decisiones apresuradas. Te quedarás hasta que yo te diga.
Entendió a lo que se refería. Sintió calor en las mejillas.
—Ah… ya veo.
Nathaniel desvió la mirada.
—Es lo más prudente.
—Sí… claro. Prudente.
El silencio volvió. Los dos parecían incómodos. Nathaniel se dirigió a la puerta.
—Descansa.
—Nathaniel.
Él se detuvo.
—Gracias por hoy. Por la ciudad… por el libro… y por darle piñata a ese hombre.
Él tardó un segundo en responder.
—Eres mi esposa. Es mi deber.
Salió sin añadir nada más.
Charlotte se quedó sentada, mirando la puerta cerrada.
—Siempre habla de deber… —murmuró—. Pero no golpeas a alguien así solo por eso
A la mañana siguiente se levantó temprano. Bajó a la cocina con el libro abierto, decidida a seguir cada instrucción sin improvisar. Los cocineros la observaron con curiosidad.
—Hoy no se quema nada —anunció Charlotte.
Leonardo cruzó los brazos.
—Eso quiero verlo.
—Si algo sale mal, me ayudas.
—Ni lo sueñes.
Preparó la masa con cuidado, midió cada ingrediente, revisó el horno dos veces. Hugo le daba consejos, Oscar le explicaba la fruta correcta.
El proceso fue lento, pero ordenado. Cuando por fin sacó la tarta, no estaba negra. Doraba apenas en los bordes.
Charlotte la miró como si fuera un milagro.
—No se quemó.
Oscar probó un pedazo.
—Señora… esto está bueno.
—¿De verdad?
—De verdad.
Charlotte sonrió con orgullo.
—Entonces se la llevaré al duque.
Subió casi corriendo. Tocó la puerta de Nathaniel y entró al oír su voz.
Se detuvo en seco.
Nathaniel aún no se había vestido con su uniforme. Llevaba solo una bata abierta en el pecho. Su torso estaba descubierto, el cabello ligeramente húmedo.
Charlotte sintió que la cara le ardía.
—Y-yo… traje algo.
Nathaniel la miró.
—¿Qué sucede?
—Nada. Nada en absoluto.
Avanzó rígida y dejó la tarta sobre la mesa.
—La hice con el libro. Esta vez seguí todo.
Él tomó un cuchillo y cortó una porción.
Probó.
Charlotte esperó conteniendo la respiración.
Nathaniel masticó despacio.
—Está buena.—Ella abrió los ojos—Mucho mejor que las anteriores.
—¿Mucho mejor cuánto?
—Comestible.
—Eso suena cruel.
—Es un cumplido.
Charlotte cruzó los brazos.
—Qué manera tan fría de elogiar.
Nathaniel dio otro bocado.
—Pero es la tercera vez que quiero repetir de tus comidas.
Ella se quedó callada.
—Ah… entonces… gracias.
El ambiente se volvió más ligero. Él parecía de mejor humor.
—Acompáñame hoy al palacio —dijo de pronto.
—¿Al palacio?
—Sí. Hay una reunión. No es obligatorio ir. Pero sería tu primer debut como duquesa.
Charlotte lo miró fijamente.
—¿Te preocupa que me vuelva a encontrar con ese hombre?
—Me preocupa que nadie conozca a la duquesa. No quiero mantener como un secreto.
Charlotte lo miró fijo.
—Iré contigo.
Nathaniel asintió.
—Termina de comer conmigo.
Se sentaron uno frente al otro compartiendo la tarta, conversando con una naturalidad que no habían tenido antes.
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buen Charlotte muestra tus💪