El destino teje hilos oscuros, pero el poder verdadero reside en decidir qué nudos desatar y cuáles cortar con tu propia voluntad
NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 08
Valerius guardó silencio. Sus ojos ámbar recorrieron el rostro de Alessia, deteniéndose en sus labios y luego volviendo a sus ojos violetas. Hubo un momento de tensión eléctrica, una atracción gravitacional entre dos cuerpos que habían sido forjados en el mismo fuego del sufrimiento.
—Ven a mi campamento —dijo finalmente Valerius—. Si sobrevives a la noche en la Guarida del Lobo, tal vez hablemos de pactos.
°°°
La Guarida del Lobo y el Deseo Prohibido
El campamento de Valerius no era una colección de chozas, sino una fortaleza natural construida dentro de una red de cavernas gigantescas. Antorchas de fuego azul iluminaban los túneles, donde cientos de guerreros y sus familias vivían en una armonía brutal pero efectiva.
Esa noche, se celebró un banquete en honor a los recién llegados, aunque la tensión se sentía en el aire como una cuerda a punto de romperse. Los Sombríos de Alessia y los Jinetes de Valerius se observaban con desconfianza sobre jarras de hidromiel fuerte.
Alessia estaba sentada a la derecha de Valerius. El calor del fuego y el alcohol empezaban a relajar sus defensas.
—¿Por qué me miras así? —preguntó ella, notando la mirada fija del Lobo sobre ella.
—Busco a la chica que lloraba en el banquete de las mil espadas —dijo él, inclinándose hacia ella. Su voz era un susurro solo para sus oídos—. Busco a la víctima. Pero solo encuentro a una reina que está dispuesta a devorar el mundo para calmar su sed. Me pregunto si alguna vez volverás a ser humana, Alessia.
—La humanidad es un lujo que perdí cuando Caleb me puso los grilletes —respondió ella, sintiendo una punzada de dolor real en el pecho—. Tú mejor que nadie deberías saber que para sobrevivir a los monstruos, hay que convertirse en uno.
Valerius extendió su mano y, con una delicadeza que Alessia no esperaba, apartó un mechón de cabello de su rostro. Sus dedos rozaron su piel, y Alessia sintió una descarga de energía que la hizo estremecerse. No era la frialdad de su magia, sino un calor humano, primario, que no había sentido en años.
—A veces, el monstruo solo necesita a alguien que no le tenga miedo a sus colmillos —dijo Valerius.
Alessia se apartó, asustada por la intensidad de lo que sentía. El deseo por este hombre era algo oscuro, prohibido. Él representaba todo lo que ella debería evitar: la violencia pura, la falta de control, la pasión que nubla el juicio. Pero al mismo tiempo, en sus ojos veía un reflejo de su propio vacío.
—No vine aquí por afecto, Valerius. Vine por acero.
—El acero es fácil de dar —replicó él, poniéndose en pie—. Pero la lealtad de un lobo se gana de otra manera. Sígueme.
°°°
El Pacto de Sangre y Oscuridad
Valerius la llevó a una cámara profunda, lejos del ruido del banquete. En el centro de la sala, había un estanque de agua negra que parecía no tener fondo. Las paredes estaban cubiertas de inscripciones antiguas, lenguajes que incluso la educación de Alessia no alcanzaba a comprender.
—Este es el Corazón de la Montaña —explicó Valerius—. Mis ancestros hicieron un pacto con los antiguos espíritus de la tierra aquí. Si quieres mi ejército, debes unir tu sombra con la mía. No solo como aliados, sino como un solo ser ante los ojos de la montaña.
—¿Un ritual? —preguntó Alessia, desconfiada.
—Un pacto de sangre. Si me traicionas, tu corazón se detendrá. Si yo te traiciono, las sombras me consumirán.
Valerius sacó una daga de hueso y se hizo un corte profundo en la palma de la mano. Luego, le ofreció la daga a ella.
Alessia no dudó. Tomó la daga y cortó su propia palma. La sangre roja de Valerius y la sangre cargada de vetas negras de Alessia se mezclaron mientras unían sus manos sobre el estanque.
—Yo, Valerius, el Lobo Negro, ato mi destino al de Alessia Ashworth —rugió él.
—Yo, Alessia Ashworth, ato mi sombra al destino de Valerius —respondió ella.
En ese momento, el agua del estanque se elevó en un torbellino. Una energía invisible los envolvió, tirando de ellos, obligándolos a acercarse. Sus manos unidas empezaron a brillar con una luz mortecina. Alessia sintió los pensamientos de Valerius: su rabia, su pérdida, su deseo de justicia... y su hambre por ella.
Él también lo sintió. El impacto fue tan fuerte que ambos cayeron de rodillas, sin soltarse.
—Estás tan rota como yo —susurró Valerius, su rostro a centímetros del de ella.
—Peor —respondió Alessia, su respiración agitada—. Yo ya no tengo nada que perder.
Valerius no aguantó más. La tomó por la nuca y la besó con una ferocidad que le quitó el aliento. Fue un beso que sabía a hierro y a tormenta. Alessia respondió con la misma desesperación, sus manos hundiéndose en el cabello de él, sus sombras enredándose con la presencia física del hombre.
Era un deseo prohibido porque no nacía del amor, sino de la necesidad mutua de ser comprendidos en su propia oscuridad. En los brazos de Valerius, Alessia no era la Villana de la Profecía ni la Duquesa traicionada. Era simplemente una mujer que encontraba calor en el centro de un invierno eterno.
Se separaron jadeando, el vínculo del pacto ahora grabado en sus almas.
—Mañana —dijo Valerius, su voz ronca—, mis jinetes cabalgarán contigo. Pero recuerda, Alessia... una vez que la nieve se tiña de rojo, no habrá vuelta atrás. No podrás volver a ser la niña que amaba las flores.
—Las flores mueren en el invierno, Valerius —dijo ella, recomponiendo su armadura, aunque sus labios todavía ardían—. Yo soy el invierno.
°°°