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LAS REGLAS DE GREY

LAS REGLAS DE GREY

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Enfermizo / Mafia
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Natalia Moreno Sajonero

Me vendieron para pagar una deuda. Damián Grey dice que ahora soy suya. Tiene tres reglas: no escapar, no mentir, no dejar que otro me toque. Rompí las tres el primer día.

NovelToon tiene autorización de Natalia Moreno Sajonero para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 20 : TERRITORIO

Había pasado un año y dos meses desde la boda del vestido simple.

Anastasia ya no usaba ropa prestada. Tenía su propia ropa negra en la mansión, sus guantes de boxeo rosados, su pistola chiquita en la cintura cuando salía. Ya no era débil. Ya no era la niña de la librería que bajaba la cabeza. Ahora cuando entraba a un restaurante, los 100 guardaespaldas se quedaban afuera y la gente la miraba. No por el anillo mitad y mitad. Por la forma en que caminaba. Como si supiera disparar. Porque sabía.

Esa noche Damián la llevó a cenar. No a un lugar caro de Vonn. A un restaurante normal, con luces amarillas, con mesas de madera, porque a ella le gustaba ese. Sin contrato, sin reglas viejas. Solo ellos dos. Él de camisa negra arremangada, sin traje de jefe despiadado. Ella con vestido negro corto, simple, con el arete de luna, con el pelo suelto, con la pistola chiquita escondida en la bolsa porque Irina le enseñó que una mujer nunca sale sin ella.

Estaban comiendo pasta. Hablando de tonterías. De panqueques. De que Killian ya no quemaba tanto.

—¿Regla nueva? —dijo Damián, sirviéndole vino.

—Regla catorce —dijo ella, filosa—. Si me llevas a cenar, no miras el celular de trabajo. Miras a tu esposa.

—Hecho —dijo él, apagando el celular frente a ella. Cosa que nunca hacía con nadie. Con nadie en un año.

Y en ese momento llegó ella.

Una mujer alta, rubia, con vestido rojo pegado, con tacones, con labios rojos. Olía a perfume caro. Caminó directo a su mesa, sin que los guardaespaldas la detuvieran porque la conocían.

—Damián —dijo, con voz dulce, tocándole el hombro—. No sabía que estabas aquí. Qué sorpresa.

Damián se tensó. No de miedo. De incomodidad.

—Valeria —dijo, frío, quitándose la mano de ella del hombro—. ¿Qué haces aquí?

Valeria no lo miró a él. Miró a Anastasia. De arriba a abajo. Con sonrisa falsa.

—Así que tú eres la famosa Anastasia. La librería. La que se casó con mi Damián. Mucho gusto. Yo soy Valeria. Su ex.

—No —corrigió Damián, rápido, agarrando la mano de Anastasia debajo de la mesa—. No eres mi ex. Tuvimos algo. Por diversión. Hace tres años. No fuiste mi novia.

—Ay, Damián, no seas así —dijo Valeria, riéndose, sentándose sin invitación en la silla al lado de él—. Fue más que diversión. Y ahora que sé que estás más poderoso, con 100 guardaespaldas y todo, pensé que podíamos volver a hablar. Tú sabes que yo sí sé cómo tratar a un hombre como tú. No como una niña de librería que juega a disparar.

Todo el restaurante se quedó callado. Porque todos sabían quién era Damián Grey. Y nadie le hablaba así a su esposa.

Anastasia no se puso pálida como hace un año. No se escondió detrás de Damián. Se limpió la boca con la servilleta, despacio. Se tomó el vino. Miró a Valeria con su lengua nueva, filosa, entrenada por Irina no solo para pelear.

—Valeria, ¿verdad? —dijo, con voz tranquila, pero fuerte para que todos oyeran—. Qué bueno que viniste. Así no tengo que buscarte yo.

—¿Buscarme? —dijo Valeria, confundida.

—Sí —dijo Anastasia, parándose, con el vestido negro corto—. Porque verás, mi esposo es muy malo para explicar. Te dijo que tuvieron algo por diversión. Yo te lo voy a explicar mejor para que entiendas. Diversión es cuando los dos quieren. Pasado es cuando ya no quiere ninguno. Y tú eres pasado. Y yo soy presente. Y futuro. Y esposa. Mitad Sterling, mitad Grey. Y territorio marcado.

Se acercó un paso. Sin gritar. Sin necesidad de pistola.

—Mi esposo no está disponible. No para diversión, no para negocios, no para volver. Está casado. Conmigo. Y si vuelves a tocarle el hombro sin permiso, la próxima no te hablo bonito. Te enseño lo que aprendí en un año en el sótano. Y no es a hacer panqueques.

Valeria se quedó blanca. Miró a Damián esperando que la defendiera. Damián no se movió. Estaba mirando a Anastasia como si se hubiera enamorado otra vez, en el restaurante, frente a todos.

—Anastasia —dijo Valeria, nerviosa—. Solo quería hablar...

—Ya hablamos —dijo Anastasia, sentándose otra vez, agarrando la mano de Damián fuerte, marcando territorio de verdad—. Buenas noches, Valeria.

Valeria se fue. Rápido. Con tacones. Casi corriendo. Toda la gente del restaurante la vio irse.

Damián se quedó mirando a Anastasia, sin decir nada, con la mano de ella apretada.

—¿Qué? —dijo ella, tomando pasta otra vez como si nada—. ¿Así no se marca territorio?

—Así se marca —dijo él, con voz baja, ronca, con ojos negros de lobo que vuelve—. Joder, Anastasia. ¿Quién te enseñó a hablar así?

—Irina —dijo ella, filosa—. Me dijo que las palabras también son armas. Y que las ex de diversión no merecen balas. Merecen frases.

Damián pagó la cuenta sin mirar. La sacó del restaurante agarrada de la cintura, fuerte, como si no quisiera que nadie más la mirara. Los 100 guardaespaldas los siguieron hasta la camioneta negra.

Todo el camino a casa, no hablaron. Había tensión. No de enojo. De otra cosa. De orgullo, de celos, de querer.

Cuando llegaron a la mansión, cerraron la puerta. Killian no estaba. Los guardaespaldas se quedaron afuera.

Anastasia dejó la bolsa con la pistola chiquita en la mesa.

—Estás enojado porque hice escena —dijo, quitándose los tenis.

—No —dijo Damián, acercándose, quitándose la camisa negra en el camino—. Estoy... no puedo ni hablar. Me dejaste sin palabras en el restaurante. Nunca nadie le habló así a Valeria. Nunca nadie me defendió así. Siempre me defendían por miedo. Tú por territorio.

—Porque eres mío —dijo ella, directa, con su lengua filosa ya sin filtro—. Mitad mío. Todo mío. Y no me gusta compartir.

—Soy tuyo —dijo él—. Todo tuyo. Desde hace un año. Desde que dijiste que sí con vestido simple.

La cargó contra la pared de la entrada. No como el primer día con vestido. Con fuerza de casados que ya se conocen.

Tuvieron intimidad. Fue fuerte, descontrolada, distinta a la primera vez despacio de recién casados. Fue con ropa todavía a medias, con el vestido negro subido, con la camisa de él en el suelo de la entrada, no en la cama. Fue con ella agarrándole la cara y diciendo que era suyo, con él diciendo que era suya, que era su mundo, su debilidad, su todo. Fue intenso, con respiración rápida, con manos firmes, con los dos queriendo marcarse el uno al otro que eran del otro y de nadie más.

Después se quedaron en el suelo de la entrada, abrazados, con el vestido negro arrugado, con la camisa negra tirada, con la casa en silencio.

—Valeria no vuelve —dijo Damián, con la voz cansada, con la cabeza de Anastasia en su pecho.

—Que no vuelva —dijo Anastasia, con sueño, con el pelo revuelto—. Porque la próxima no hablo. Disparo. Y apunto bien ahora.

Damián se rió contra su pelo.

—Mi esposa con pistola chiquita y lengua filosa —susurró—. Me da miedo y me encanta. Cada vez que te veo, más.

—Cada vez que te veo, más —repitió ella, cerrando los ojos—. Pero ahora cárgame a la cama negra. Que el suelo está frío y soy tu esposa, no tu saco.

La cargó a la cama negra. Con el vestido negro todavía puesto, arrugado. Con el anillo mitad y mitad y el arete de luna. Con 100 guardaespaldas afuera sabiendo que nadie entra, porque adentro hay una mujer que marca territorio con palabras y con balas.

Y afuera, Luna pasó con su moto frente a la mansión. Vio las luces apagadas del restaurante ya cerrado, vio la camioneta negra de Damián llegar rápido, vio la puerta cerrarse fuerte. Y siguió derecho, con sonrisa, porque sabía que su amiga ya no era débil y que el lobo ya estaba bien domado.

*[FIN DEL CAPÍTULO 20 -

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Sunny
repite muchas palabras frases desespera leer así
Natalia Moreno Sajonero: gracias por tu opinión lo tendré en cuenta en los siguientes capítulos saludos
total 1 replies
Amparo Muñoz
ese man esta loco q la conquiste con cariño sonrisa y ternura asi podra naser un amor entre parejas 🥰
Natalia Moreno Sajonero: así es ☺️
total 1 replies
Amparo Muñoz
portate bien obedientd y te ira bien este trato es paea salvar a tu mami haslo por ella
Natalia Moreno Sajonero: saludos gracias por leer mi novela 👏
total 1 replies
Natalia Moreno Sajonero
espero que le den mucho amor a mi historia y la apoyen los amo gracias
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