Ella es la hija de un General, es capaz, es inteligente, Pero todos ven que ser mujer es su única debilidad.
Pero ella demostrará lo contrario.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Hermanos 1
Si alguien le hubiera dicho a Emma Viceroy, unos meses atrás, que terminaría trabajando en el palacio real de Sunderland, probablemente habría respondido que aquello era perfectamente posible.
Si le hubieran dicho que entrenaría a una joven noble con magia de madera, habría preguntado por qué.
Si le hubieran explicado que aquella joven tenía la costumbre de tomar al rey de la mano para convencerlo de hacer lo que ella quería, Emma habría exigido pruebas.
Pero si alguien le hubiera anunciado que, además de todo aquello, terminaría sospechando que su alumna se convertiría en reina, compartiría conversaciones con un mago que escapaba de sus obligaciones como si estuviera huyendo de una ejecución y conocería a un duque que parecía haber nacido únicamente para irritarla...
Bueno.
En ese caso, Emma habría recomendado que aquella persona descansara. Claramente estaba imaginando demasiadas cosas.
Y, sin embargo, allí estaba.
La vida tenía un sentido del humor bastante cuestionable.
Las mañanas de Emma comenzaban en el patio de entrenamiento del palacio.
Lady Alana Norton había mejorado.. poco.. Todavía no era una mujer particularmente fuerte, pero ya podía completar las rutinas básicas sin terminar sentada en el suelo, lo que Emma consideraba un avance digno de reconocimiento.
—¡Capitana! ¡Mire!
Emma levantó la mirada de sus anotaciones.
Alana acababa de completar una serie de ejercicios de equilibrio sin perder la estabilidad.
—Muy bien, lady Alana.
La joven sonrió de oreja a oreja.
—¡Lo conseguí!
—Lo ha conseguido.
—¿Puedo intentarlo otra vez?
Emma la observó.
—¿Por qué?
—Porque quiero hacerlo todavía mejor.
La capitana permaneció en silencio durante unos segundos.
[¿Cómo puede alguien estar tan entusiasmado por repetir un ejercicio que consiste en no caerse?]
—Puede repetirlo una vez más.. Después descansará.
—¡De acuerdo!
Alana volvió a colocarse en posición.
Emma bajó la mirada hacia sus anotaciones, aunque una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
Había descubierto que su alumna poseía una cualidad que no siempre encontraba en los soldados más experimentados.. la capacidad de alegrarse por los avances pequeños sin avergonzarse de ellos.
Alana no necesitaba ser la mejor.
Solo quería ser mejor que el día anterior.
Y Emma comenzaba a comprender que aquella forma de pensar tenía mucho más valor del que había imaginado.
Por supuesto, jamás se lo diría a la joven con demasiada frecuencia.
No quería que se acostumbrara a los elogios.
Además, si continuaba sonriendo de aquella manera cada vez que recibía una felicitación, Emma terminaría convirtiéndose en una persona excesivamente amable.
Y aquello sería un desastre para su reputación.
Cuando terminaba el entrenamiento, Alana se retiraba para cumplir con sus responsabilidades como asistente del rey. Emma, por su parte, se ocupaba de los informes de seguridad, las rutas de desplazamiento y la coordinación de algunos guardias del palacio.
Sus funciones habían cambiado considerablemente.
Al principio, había considerado aquella asignación una humillación.
Ahora comenzaba a reconocer que el trabajo tenía sus ventajas.
Seguía siendo capitana. Seguía tomando decisiones importantes y seguía utilizando sus conocimientos militares. La diferencia era que, en lugar de preparar a sus soldados para una campaña fronteriza, debía asegurarse de que el entorno del rey y de las personas cercanas a él fuera seguro.
Era una responsabilidad distinta.
Y, para su propia sorpresa, estaba disfrutándola.
Pero cuando regresaba a casa, Emma dejaba de ser la capitana Viceroy.
Se convertía en la hermana del medio.
Una posición que, según ella, debería haber estado reconocida oficialmente como una categoría particular de resistencia emocional.
Porque ser la hermana del medio en la familia Viceroy significaba tener un hermano mayor que creía que debía resolver todos los problemas familiares y una hermana menor que parecía haber descubierto recientemente que el amor podía resultar mucho más interesante que cualquier baile de la nobleza.
Y Emma, naturalmente, consideraba que ambas circunstancias eran una fuente inagotable de entretenimiento.
Aquella tarde, la familia se encontraba reunida en el salón de la residencia Viceroy.
Eric revisaba algunos documentos militares mientras Ellie bordaba junto a la ventana.
Emma entró, dejó sus guantes sobre una mesa y se detuvo.
Hace poco habia sido su fiesta de mayoría de edad y Emma habia notado el interés de su hemana menor.
—Por cierto, mi hermana le dio mucho interés, a algunos invitados. No a todos
⸺Emma..
—Anthony Parisi. Qué nombre tan interesante.
—¡Emma!
—¿Sí, querida hermana?
—¡Deja de decir su nombre!
Eric levantó la cabeza de inmediato.
—¿Qué ocurre con Anthny Parisi?
El ambiente cambió.
Emma giró lentamente hacia su hermano.
[Oh, esto se está poniendo interesante.]
Ellie cerró los ojos.
—Nada, Eric.
—¿Por qué estáis hablando de Parisi?
—Porque Emma no tiene nada mejor que hacer con su vida..
Emma se llevó una mano al pecho.
—¡Qué crueldad! Después de todo lo que hago por esta familia.
—¿Qué haces exactamente?
—Proporcionar entretenimiento.
Eric dejó los documentos sobre la mesa.
—Emma, ¿qué sucede con Antony Parisi?
La capitana miró a su hermano con una expresión inocente.
—A mí no me sucede absolutamente nada. Pero parece que a Ellie sí.
—¡No es verdad!
—Entonces no te importará que invite al señor Parisi a cenar, ¿verdad?
Ellie abrió los ojos.
—¡No!
El silencio fue inmediato.
Emma sonrió.
Eric se puso de pie.
—¿Por qué no?
—¡Porque no quiero!
—¿Te ha hecho algo?
—¡No!
—¿Te ha faltado el respeto?
—¡No!
—¿Te ha dicho algo inapropiado?
—¡Eric!
El general parecía cada vez más preocupado.
Emma, por su parte, estaba a punto de disfrutar de uno de los mejores espectáculos de su semana.
—Hermano, creo que Ellie está perfectamente capacitada para responder a esas preguntas sin necesidad de que convoques un consejo militar.
Eric la ignoró.
—Ellie, quiero que me expliques qué está ocurriendo.
La joven se levantó, recogió su bordado y salió del salón con las mejillas encendidas.
—¡No voy a hablar con ninguno de vosotros!
La puerta se cerró.
Hubo un momento de silencio.
Después Emma se echó a reír.
Eric la miró con evidente desaprobación.
—No tiene gracia.
—Tiene muchísima gracia.
—Emma.
—Eric.
—Estoy hablando en serio.
—Lo sé. Ese es precisamente el problema.
El general suspiró y volvió a sentarse.
—No quiero que Ellie salga lastimada.
La sonrisa de Emma se suavizó.
Conocía a su hermano. Debajo de aquella actitud autoritaria había un hombre que había asumido demasiadas responsabilidades demasiado pronto.
Cuando su madre murió, Ellie todavía era muy pequeña. Eric había intentado protegerla de todas las dificultades que pudo, y con los años aquella protección se había convertido en una costumbre difícil de abandonar.
Con Emma había sido diferente.
Su hermano había visto cómo se entrenaba, cómo discutía con sus instructores y cómo se negaba a abandonar incluso cuando todos parecían convencidos de que fracasaría.
Sabía que Emma podía defenderse sola.
Con Ellie, en cambio, siempre había sentido que debía estar atento.
Y, aunque Emma comprendía sus motivos, a veces pensaba que Eric confundía proteger a su hermana con impedirle vivir.
—Ellie ya no es una niña..
Eric levantó la mirada.
—Lo sé.
—Entonces deja que decida por sí misma.
—No quiero que un hombre se aproveche de ella.
—Antpony Parisi es un hombre adulto, sí. Y, si no recuerdo mal, bastante mayor que Ellie.
Eric frunció el ceño.
—Exactamente.
Emma suspiró.
—Pero también es un caballero que ha tratado a nuestra hermana con respeto. Al menos, hasta donde sabemos. No puedes condenarlo únicamente porque te incomode la diferencia de edad.
—No me incomoda.
Emma lo miró fijamente.
Eric guardó silencio.
—Claro..Y yo nunca he utilizado el entrenamiento militar como excusa para evitar una reunión social.
—Tú utilizas el entrenamiento militar como excusa para evitar prácticamente todo.
—Ves. Me conoces perfectamente.
Eric se pasó una mano por el rostro.
Emma se sentó frente a él.
—Escúchame. Ellie es más delicada que nosotros en algunos aspectos. Lo sé. Pero eso no significa que sea incapaz de tomar decisiones. Nuestra madre no pudo acompañarla mientras crecía, y tú has intentado compensarlo protegiéndola de todo. Lo entiendo. Pero no puedes convertirte en su guardia personal para siempre.
Eric permaneció callado.
—Si Antony la lastima, estaremos aquí para apoyarla.. Pero no podemos impedir que se enamore solo porque existe la posibilidad de que sufra.
Su hermano la observó durante unos segundos.
—¿Desde cuándo te has convertido en una experta en asuntos románticos?
Emma abrió la boca.
La cerró.
Después señaló a Eric con un dedo.
—No cambies de tema.
Él sonrió.
—Eso pensaba.
Emma le lanzó un cojín.
El general lo atrapó sin dificultad.
—Violencia contra un superior.
—Violencia contra un hermano insoportable.
—Deberías recordar que soy un general.
—Y tú deberías recordar que sé exactamente dónde guardas tus informes más vergonzosos.
Eric dejó de sonreír.
Emma se levantó satisfecha.
—Buenas tardes, general.
Salió del salón con una sonrisa triunfal.
Después de todo, ser la hermana del medio tenía sus ventajas.
Especialmente cuando uno conocía demasiados secretos familiares.
Eso quiere decir que ya no serán de Época Antigua???😨😨😨
Yo espero con ansias historias del Reino Mágico donde hay Cambia Formas (disculpr olvide el nombre).