Kristen Whittaker y Dante Macade se conocen desde que tenían seis años. Se han odiado desde entonces. Un odio a primera vista que, con los años, solo se ha vuelto más divertido… y mucho más peligroso.
Porque Dante sabe exactamente qué decir para hacerla enfurecer, y Kristen sabe perfectamente cómo devolverle el golpe. Han crecido peleando, provocándose y jurando que jamás sentirían nada diferente el uno por el otro.
Hasta que una noche, algo entre ellos cambia.
Algo que ninguno de los dos esperaba. Algo que ambos creyeron que podían olvidar.
Pero no todo se olvida tan fácilmente.
Ahora Kristen tendrá que decidir si confía en Dante lo suficiente para descubrir qué significa realmente lo ocurrido entre ellos.
Porque quizá aquella noche no cambió solo su relación.
Quizá cambió todo.
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GRADUACIÓN, MUDANZA Y REENCUENTRO
KRISTEN WHITAKER
Cené en mi habitación con la excusa de que tenía tarea que hacer. ¡Ni siquiera era mi tarea!
Al llegar la medianoche, vi que la luz de la habitación de mi maldito vecino seguía encendida. Tomé una linterna que tenía luces de colores y apunté hacia allí.
En cuanto apareció, levanté aquel trabajo y lo agité para que lo viera.
Hizo una seña para que se lo llevara. Yo hice la misma señal, indicándole que viniera por él.
Al final, acabé entregándole su maldito trabajo práctico. Él estaba con los antebrazos apoyados en la ventana e inclinado hacia adelante.
--Si cuentas lo que hice, te golpearé como a Tiffany, pero muchísimas más veces --le advertí, cruzándome de brazos
--No diré que me besaste. Ni siquiera sabía que actuabas porque jamás protagonizaste una obra escolar
Lo miré con rabia. Él no dejaba de sonreír.
--¿Qué querías que hiciera? Prefería besar a un extraño antes que dejar que me rasguñaran esas tres idiotas. Ni siquiera me acosté con Brian, pero Tiffany es incapaz de dejarme en paz --dije, todavía enfadada
No tenía por qué contarle aquello, pero íbamos a la misma aula. Si no le decía nada, era obvio que sabía cuál era el inconveniente. Después de todo, me había escuchado cuando hablé con Tina.
--Sé que no lo hiciste-- su sonrisa desapareció poco a poco-- Tampoco diré nada sobre hoy. No por ti, por la paz
--¿De qué hablas?
--Nuestras madres, apuesto a que planearían hasta una boda
Compartimos una mueca de horror.
--El fin de semana terminaré de pagar, McCade --dije antes de alejarme
Durante los siguientes días, nada cambió realmente. El beso quedó atrás y Dante siguió molestándome en la escuela, mientras yo continuaba devolviéndole una por una sus bromas.
Nuestra guerra seguía existiendo, pero se quedó allí, dentro de las paredes de la preparatoria. Fuera de clases, cada uno tenía sus propios asuntos y, poco a poco, comenzamos a pasar menos tiempo juntos.
Incluso el acoso de Tiffany y sus dos seguidoras terminó convirtiéndose en parte de aquella rutina. No me dejaban en paz y Brian ni siquiera hacía algo para detenerla.
¡Era un grandísimo cobarde! Todavía no entendía cómo había podido gustarme ese idiota.
Entonces llegó el fin de semana. Iría al campo únicamente para saldar mi deuda con Dante, aunque también había llevado algunos libros.
Entré en su habitación y tuve que contener las ganas de dejarme caer sobre la cama. De haber estado limpia, probablemente lo habría hecho. Era un desastre.
--¡No me jodas, Dante! Tardaré como tres horas aquí
Él cerró la puerta y fue a sentarse sobre su cama con una sonrisa.
--¿Sabes cuánto tardé en hacer tantas copias? Además, no te estoy pidiendo nada más porque cambiar los cartuchos de tinta de la impresora me costó tiempo adicional
--Te detesto, de verdad
Comencé a levantar cosas tiradas, ordenar estupideces que no usaba y hasta tuve que cambiar sus sábanas. No me ayudó ni siquiera a llevar toda la ropa sucia al área de lavado.
Lo último que hice fue lavar su piso.
--Cuando quieras puedes usarme como actor. Aprobé química y ahora tengo el cuarto impecable
--No vales tanto. Pagué un precio caro por un actor terrible
--¿No valgo tanto? Te ayudé, debí abrazarte, recuperar tu zapato y hasta te llevé en mi motocicleta. Fue un servicio completo, un caballero prémium
--Tú no eres un caballero porque uno no cobraría un favor
Salí de su habitación cerrando la puerta con fuerza y fui hacia la mía para leer.
El examen de admisión a la universidad me ponía los pelos de punta. Quería creer que estaba preparada, pero, al mismo tiempo, tenía miedo de no estarlo.
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Llegó el momento de nuestra graduación.
Me alegraba inmensamente no tener que ver a la mayoría de los que habían sido mis compañeros. Muchas chicas lloraban porque los extrañarían y yo celebraba exactamente lo contrario.
Durante años había imaginado cómo sería alejarme de Dante y, finalmente, ese momento había llegado.
Lo curioso era que, para entonces, ya nos habíamos alejado bastante. Las bromas seguían apareciendo en la escuela, pero fuera de allí nuestras vidas habían empezado a separarse sin que ninguno de los dos lo notara demasiado.
Después de graduarnos, dejamos de vernos por completo.
Y, sinceramente, no lo extrañé.
Por primera vez en mucho tiempo podía pensar en mis estudios, en mi futuro y en todo lo que quería hacer sin tener que preguntarme qué nueva estupidez se le ocurriría a Dante para molestarme.
Entonces llegó el examen de admisión.
Pasaron varios días sin que lo viera y me concentré completamente en mis propios planes. Después de tantos años compartiendo aulas, peleas y bromas, resultaba extraño pensar que ya no formaba parte de mi rutina.
Comencé a esperar las cartas de admisión de la universidad con un nudo en el estómago.
Había una carta que esperaba con más ansiedad que las demás.
Fui al buzón muchísimas veces hasta que, finalmente, llegó el sobre que tanto esperaba.
¡Fui admitida!
No podía creerlo.
Las siguientes semanas pasaron demasiado rápido. Primero supe que no había cupo en los cuartos del campus y después mis padres me anunciaron que tendría un apartamento que compartiría con lo que creí que sería una compañera.
Llegó la mudanza y todo lo que significaba alejarme de casa por primera vez. Sentía una mezcla de nostalgia y emoción por independizarme.
Ni siquiera pregunté por Dante. Lo había imaginado en la Universidad de Colorado, a más de quinientos kilómetros de mi residencia.
Para mí, él pertenecía a una etapa que acababa de terminar.
Comencé a instalarme. Ordené, limpié y hasta puse dos pequeñas plantas que mi madre compró para mí cuando llegamos.
Todo era perfecto.
Tina estaba lejos, así que aquella ciudad representaba un nuevo comienzo. Tendría que hacer nuevos amigos, conocer gente y acostumbrarme a una vida completamente diferente.
Ordené todo lo que había comprado para la universidad con emoción. Quería que comenzaran las clases. Tenía tanta confianza en mis capacidades que estaba convencida de que no reprobaría jamás, tal como había ocurrido durante todos mis años en el colegio.
Por fin tenía exactamente la vida que quería.
O eso creía.
Todo cambió cuando regresé al apartamento después de hacer unas compras y encontré a los McCade en la sala.
Lo peor no era su visita.
Dante tenía una maleta.
Después noté que había más cosas suyas en distintos rincones del apartamento.
Me quedé completamente paralizada.
Su madre intentó calmarme, pero yo no podía salir de mi estado de shock.
--No. Él no va a vivir aquí. Me niego --les dije a ellos y también a mí misma
--Tus padres pagaron un año de renta y los míos otro. Por los próximos dos años estaremos juntos, como mínimo-- aclaró aquella persona insoportable que debía estar a cientos de kilómetros de mí
--Richard, ¿es cierto lo que dice él?
Me dirigí a su padre con la esperanza de que Dante hubiese mentido.
--Sí, Kristy. Creímos que sería lo mejor. Como padres, estaremos más seguros de que se cuiden aquí
--¿Él cuidarme?
Reí con incredulidad.
Vi cómo la sonrisa cínica que él utilizaba para desquiciarme desaparecía poco a poco. También noté que guardaba silencio.
Tal vez tampoco esperaba mi reacción.
--Bueno, nosotros nos vamos. Confiamos en ustedes
Sus padres se despidieron de él y después de mí.
La puerta se cerró.
Y entonces me quedé sola en aquel apartamento con la única persona de la que estaba segura de haberme librado para siempre. El universo tenía un sentido del humor demasiado cruel.
muy dramática yo