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La Niñera De La Mafia

La Niñera De La Mafia

Status: Terminada
Genre:Mafia / Posesivo / Enfermizo / Completas
Popularitas:8.4k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

La niñera de la mafia

Su esposo la envió a trabajar a una mansión con la esperanza de que muriera y así cobrar su seguro de vida. Pero el destino tenía otros planes para ella.

Contratada como cuidadora personal de un mafioso ciego, malhumorado y temido por todos, pronto descubrirá que convivir con ese hombre será mucho más peligroso de lo que imaginaba.

Él no puede verla, pero ella está a punto de convertirse en su mayor obsesión.

Y cuando la mafia descubra quién se atrevió a ponerle las manos encima a su mujer, será demasiado tarde para arrepentirse.

NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 22

Cuando Valeria salió de la habitación de la Doña, todavía tenía los ojos ligeramente enrojecidos. Se había despedido de ella después de recibir otro abrazo y la promesa de que al día siguiente irían de compras juntas.

Nunca imaginó que una conversación tan sencilla pudiera dejarle el corazón tan lleno.

—¿Todo bien, señorita? —preguntó la joven que la había acompañado antes.

Valeria sonrió.

—Sí. Todo muy bien.

Y era verdad.

Por primera vez en mucho tiempo, alguien le había dicho que podía contar con ella sin exigirle nada a cambio.

Al doblar el pasillo, encontró a Nicolás esperándola junto a la puerta del despacho de Damián.

—El señor lleva un rato preguntando por usted.

Valeria alzó las cejas.

—¿Está enfermo?

—No que yo sepa.

—¿Se enfadó con alguien?

—Tampoco.

—¿Entonces qué quiere?

Nicolás se encogió de hombros.

—Le recomiendo que se lo pregunte usted misma. Mi salario no contempla interpretar los misterios de mi jefe.

Valeria soltó una carcajada.

—¡Pobre hombre! Debe ser agotador trabajar con él.

—No se imagina cuánto.

Nicolás abrió la puerta para dejarla pasar.

Damián estaba sentado detrás de su escritorio, con varios documentos extendidos frente a él. Al escuchar los pasos de Valeria, levantó la cabeza.

—Por fin.

Ella se detuvo en la entrada.

—¿Por fin qué?

—Has tardado mucho.

—Estaba hablando con tu madre.

—Lo sé.

—Entonces, ¿por qué dices que tardé mucho?

Damián guardó silencio.

Excelente pregunta.

Había pasado los últimos cuarenta minutos intentando concentrarse en sus asuntos, pero cada vez que escuchaba pasos en el pasillo esperaba que fueran los de ella. Cuando Nicolás le informó que la Doña seguía conversando con Valeria, había sentido una extraña impaciencia.

No tenía sentido.

Su madre podía hablar con quien quisiera durante el tiempo que quisiera.

Y él tenía cosas más importantes que hacer.

—Quería saber si había ocurrido algo —respondió finalmente.

Valeria lo miró con suspicacia.

—¿Algo como qué?

—No lo sé. Por eso te lo pregunto.

—Damián, tu madre es encantadora. Me trató de maravilla.

Él relajó ligeramente los hombros.

—Bien.

Valeria ladeó la cabeza.

—¿Estabas preocupado?

—No.

—¿Seguro?

—Completamente.

—Qué extraño. Nicolás me dijo que llevabas un rato preguntando por mí.

Damián giró el rostro hacia la puerta.

—¡Nicolás!

Desde el pasillo llegó una respuesta inmediata.

—Estoy ocupado, señor.

Valeria se tapó la boca para no reírse.

—No lo regañes. Solo estaba informándome.

—Entonces debería aprender a informar menos.

—¡Qué carácter tienes!

—Ya me lo has dicho varias veces.

—Porque sigues dándome motivos.

Damián dejó escapar un suspiro y apartó los documentos.

—¿Qué quería mi madre?

Valeria se acercó a una silla y se sentó frente a él.

—Quería conocerme mejor. Me preguntó si me causabas problemas, me ofreció comprarme ropa y me dijo que puedo contar con ella.

Damián arqueó ligeramente las cejas.

—¿Te ofreció ropa?

—Sí. Mañana iremos de compras.

—Entiendo.

Su madre no solía invitar a cualquiera a pasar una mañana entera con ella. Mucho menos se ofrecía a comprarle ropa a una empleada.

Damián conocía demasiado bien a aquella mujer.

Y aquello le hizo sospechar.

—¿Te dijo algo más?

Valeria dudó un instante.

Recordó la conversación sobre la prometida y los ocho meses durante los cuales Damián había permanecido sumido en una depresión.

No sabía si él quería que otras personas conocieran aquella parte de su vida.

—Me habló de ti.

Él se quedó quieto.

—¿Qué te dijo?

—Que de niño tenías un carácter terrible.

Damián apretó la mandíbula.

—Eso es una exageración.

—También dijo que te enfadabas cuando alguien movía tus juguetes.

—Valeria.

—¿Qué? ¡Estoy citando a una fuente confiable!

—Mi madre habla demasiado.

Ella se rio.

Damián intentó mantener la expresión seria, pero el sonido de aquella risa volvió a producirle esa sensación extraña en el pecho.

Era desconcertante.

Antes, el ruido de otras personas lo irritaba. Ahora podía distinguir la risa de Valeria entre todos los sonidos de la mansión y reconocerla de inmediato.

No necesitaba verla para saber cuándo estaba contenta.

Y tampoco necesitaba que Nicolás le anunciara su llegada. Había empezado a reconocer sus pasos, el ritmo de su respiración y hasta la forma en que dejaba los objetos sobre la mesa.

Aquello era una simple consecuencia de convivir con alguien.

Eso pensaba él.

—También me contó lo de tu prometida —añadió Valeria con cautela.

La expresión de Damián cambió.

No fue un cambio exagerado, pero ella lo percibió enseguida. Sus hombros se tensaron y sus dedos dejaron de moverse sobre el escritorio.

—Ya veo.

—Lo siento. No sabía que habías pasado por eso.

—No tienes por qué sentirlo. Es algo que ocurrió hace tiempo.

Valeria guardó silencio.

No quería compadecerlo. Recordaba muy bien cuánto le molestaba que los demás lo trataran como si fuera incapaz de hacer cualquier cosa por sí mismo.

—No voy a preguntarte nada sobre ella —dijo finalmente—. Si algún día quieres hablar del tema, puedes hacerlo. Y si no quieres, tampoco pasa nada.

Damián giró el rostro hacia su voz.

No había lástima en sus palabras.

Tampoco curiosidad morbosa.

Valeria simplemente le estaba dejando la posibilidad de decidir.

—No hay nada que contar —respondió.

—Está bien.

Ella no insistió.

Y aquella falta de presión lo sorprendió más de lo que estaba dispuesto a reconocer.

La mayoría de las personas quería saber qué había ocurrido, cómo se sentía o si necesitaba ayuda. Valeria, en cambio, podía permanecer a su lado sin exigirle explicaciones.

—¿Sabes qué me dijo tu madre antes de despedirnos? —preguntó ella.

—¿Qué?

Valeria sonrió con ternura.

—Que podía llamarla madre.

Damián se quedó inmóvil.

—¿Qué?

—Me dijo que, desde hoy, puedo llamarla así.

Durante unos segundos, él no respondió.

Conocía a su madre. Sabía que era una mujer cariñosa, pero también que no ofrecía aquel lugar en su vida a cualquiera. Para ella, la palabra familia tenía un significado profundo.

—¿Y tú qué le dijiste?

Los ojos de Valeria volvieron a humedecerse ligeramente al recordarlo.

—Que sí.

Damián bajó la cabeza.

No necesitaba verla para imaginar la emoción en su rostro. Había aprendido a reconocerla en su voz, en sus silencios y en la manera en que intentaba disimular las lágrimas con una risa.

—Me alegro —dijo.

Y lo decía en serio.

Su madre había encontrado a alguien con quien compartir su cariño, y Valeria merecía recibirlo.

Aunque una parte de él se sintió extrañamente aliviada al saber que ella estaba siendo tratada con ternura.

—Además —continuó Valeria—, tu madre me contó que cuando te enfermaste dejaste de salir al jardín y que pasaste ocho meses muy mal.

Damián apretó los labios.

—No era necesario que te contara eso.

—Quizá quería que te entendiera mejor.

—No necesito que nadie me entienda.

Valeria lo observó durante un instante.

—Bueno, eso es una lástima, porque yo ya empecé.

Él levantó la cabeza.

—¿Qué significa eso?

—Que no tienes que explicarme todo lo que sientes para que yo sepa que algunas cosas te duelen.

Damián se quedó callado.

Valeria se levantó y recogió una taza vacía que había quedado sobre una mesa cercana.

—No tienes que hablar conmigo de tu antigua prometida. Tampoco tienes que fingir que estás bien todo el tiempo. Pero no me pidas que crea que eres un monstruo solo porque a veces te enfadas con el mundo.

Él sintió una presión inesperada en el pecho.

—Nunca te he pedido que creas eso.

—No con esas palabras.

Valeria dejó la taza en una bandeja y volvió a acercarse a él.

—Pero a veces actúas como si necesitaras convencer a todos de que no te importa nada.

Damián guardó silencio.

Era una observación demasiado acertada.

Y no le gustaba que ella pudiera comprenderlo con tanta facilidad.

—Eres demasiado entrometida —murmuró.

—Y tú eres demasiado gruñón. Supongo que estamos empatados.

Él soltó una risa breve.

Valeria sonrió, satisfecha.

Había conseguido que volviera a reírse.

Otra vez.

Y Damián, aunque no lo sabía, comenzaba a descubrir que ya no quería pasar un día entero sin escuchar aquella risa.

Mientras tanto, en otra parte de la mansión, la Doña estaba sentada junto a una ventana cuando Nicolás entró para entregarle unos documentos.

—¿Cómo está mi hijo? —preguntó ella.

—En su despacho, señora.

—¿Y Valeria?

Nicolás sonrió.

—Con él.

La mujer dejó la taza de té sobre el platillo.

—¿Ves? Te dije que no tardarían en buscarse.

—Señora, el señor Damián únicamente le preguntó dónde estaba.

—¿Y por qué crees que lo hizo?

Nicolás abrió la boca, pero decidió no responder.

La Doña sonrió con suficiencia.

—Mi hijo siempre ha sido orgulloso. Cuando era pequeño, si quería un juguete, decía que solo lo necesitaba para completar su colección. Si quería compañía, afirmaba que necesitaba a alguien para jugar una partida. Y cuando le gustaba una muchacha…

Se detuvo y soltó una risita.

—Bueno, nunca llegaba a admitirlo.

Nicolás inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Cree que está enamorado de Valeria?

La mujer lo miró como si acabara de hacerle una pregunta absurda.

—Querido, mi hijo ha vuelto a salir al jardín después de meses encerrado. Come acompañado, permite que una mujer entre en su espacio personal y pregunta por ella cuando apenas lleva unos minutos lejos. ¿Qué más necesitas?

—Una confesión del señor Damián, quizá.

La Doña soltó una carcajada.

—¡Podríamos esperar hasta que cumpla cien años!

Nicolás no pudo evitar reírse.

La mujer volvió a mirar hacia el jardín, donde su hijo había empezado a pasar más tiempo desde la llegada de Valeria.

Su expresión se suavizó.

—No voy a obligarlos a nada. Valeria ha sufrido bastante y Damián necesita descubrir por sí mismo lo que siente. Pero esa muchacha ha conseguido algo que nadie más pudo conseguir.

—¿Qué cosa, señora?

La Doña sonrió.

—Que mi hijo vuelva a esperar algo del día siguiente.

Y para ella, aquello valía mucho más que cualquier declaración de amor.

Porque sabía que el cariño no siempre comenzaba con un beso, ni con promesas grandiosas.

A veces empezaba con un desayuno en el jardín.

Con una mano que no se apartaba.

Con una voz que uno aprendía a reconocer incluso entre una multitud.

Y con un hombre que aseguraba no necesitar a nadie mientras preguntaba, por tercera vez en una hora, dónde estaba la misma mujer.

La Doña tomó su taza de té y sonrió para sí misma.

Su hijo podía engañar a toda la mafia si quería.

A su madre, jamás.

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Herrera
Ahora sí es tu amor que conveniente para ella cuando lo dejo en sus peores momentos
Herrera
Está mujer si es cínica volver justo cuando el recupero la visión
Herrera
Bueno esperemos que ahora todo esté bien y ellos puedan disfrutar de su amor
Herrera
Ya deberían haber atado todos los puntos y darle de baja a ese imbécil
Herrera
Este hombre no tiene escapatoria Pero es demasiado lento el proceso
Herrera
Este hombre ya se ganó todos los escalones al infierno
Herrera
Ya el principe de las tinieblas me está dejando mal sabor este mafioso es muy lento
Herrera
Con ese esposo así no necesitas más enemigos
Herrera
Ver a su amada allí tendida le dió ganas de seguir adelante con el tratamiento para poder ver
Herrera
Damian estás jodido hermano Nicolás te contesta igual que Valeria 😂😂😂😂😂😂
Herrera
Nicolás estaba atento por qué si no hubiera sido un desastre
Herrera
aunque creo que es Iván con Teresa
Herrera
Tienen enemigos dentro de la gente que trabaja para ti y estás pudiendo que no acuses a nadie 😂😂😂
Herrera
Este mafioso es muy calmado quiere pruebas 😂😂😂 y así le dicen el principe de las tinieblas
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Quien te diga que eres importante para ella eso ya es mucho
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
La doña y Nicolás son terribles quieren extorsionar al principe de las tinieblas😂😂😂😂😂
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
jajajajaja, eso es muy gracioso el hijo celoso de la madre por qué le quita el tiempo con su cuidadora 😂😂😂😂😂
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Está doña es a todo terreno hasta quiere joder al hijo Pero a lo bien 😂😂😂😂
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Para Damián es difícil aceptar lo que siente por todo lo que ha pasado en su vida
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Que capítulo más bonito, si todas las suegras fueran así
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