El destino vuelve a reunirlos bajo el mismo techo, pero nadie sabe qué traerá consigo este reencuentro.
¿Encontrará Emma a alguien capaz de comprender su corazón?
¿Descubrirá que el amor puede llegar cuando menos lo espera?
¿O será una tentación inesperada la que ponga su mundo de cabeza?
En esta historia, nada está escrito todavía. Los sentimientos crecerán, los secretos saldrán a la luz y las decisiones de sus protagonistas irán marcando el rumbo.
Porque a veces, el corazón desea algo que la razón no sabe explicar… y la vida nos enfrenta a elecciones que jamás pensamos tener que hacer.
Bienvenidos a Tentaciones prohibidas.
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Llevaba unos pantalones oscuros, una camisa negra con los primeros botones abiertos y el cabello ligeramente despeinado. Su expresión era tranquila, pero sus ojos cambiaron en el instante en que se encontraron con los de ella.
Todo lo demás desapareció.
El ruido del hotel, las conversaciones, las risas.
El movimiento de las personas.
Emma sintió que el corazón le golpeaba con tanta fuerza que, por un instante, olvidó cómo respirar.
Leonardo tampoco se movió.
La había visto por una pantalla durante semanas. Había escuchado su voz, sus risas y sus pequeñas quejas. Había imaginado cómo sería tenerla otra vez cerca.
Pero no estaba preparado para aquello.
Emma estaba allí, a pocos pasos de él.
Real, hermosa y con aquella sonrisa que llevaba demasiado tiempo echando de menos en vivo y en directo.
Sus miradas se sostuvieron durante varios segundos.
Había algo casi inexplicable en aquel encuentro. Como si una parte de ambos reconociera en el otro un lugar al que deseaba regresar, aunque ninguno se atreviera a ponerle nombre.
Emma fue la primera en reaccionar.
—¡LEÓN!
Antes de que él pudiera responder, la joven corrió hacia él.
Leonardo apenas tuvo tiempo de abrir los brazos cuando Emma se lanzó contra su cuerpo y enlazó las piernas alrededor de su cintura.
—¡Por fin! —exclamó ella, rodeándole el cuello con los brazos.
Él la sostuvo por los muslos, sorprendido por el impulso, pero incapaz de contener la sonrisa que le iluminó el rostro.
Emma le plantó un beso sonoro en la mejilla.
—¡Te extrañé muchísimo!
Leonardo soltó una carcajada.
—¡Pero mírate, enana! Ya estás demasiado grande. ¡No voy a poder sostenerte en mis brazos toda la vida!
El comentario provocó una carcajada general.
—¡Bájala antes de que te dé una hernia! —bromeó Alessandro.
—¡Papi! —protestó Emma, sin soltar a Leonardo.
—¿Qué? ¡Estoy cuidando de mi hermano!
—Yo puedo sostenerla perfectamente —respondió Leonardo, levantando ligeramente las cejas.
—Eso dices ahora. Mañana te veo con la espalda doblada.
Más risas.
Emma finalmente apoyó los pies en el suelo, pero no se apartó de inmediato.
Leonardo la abrazó contra su pecho.
Y, mientras el resto de la familia seguía riéndose, él acercó los labios a su oído.
—No sabes cuánto me alegra verte.
La sonrisa de Emma se volvió más suave.
—A mí me encanta verte.
Leonardo cerró los ojos durante un instante, disfrutando de aquel abrazo que llevaba semanas deseando.
Ella respiró discretamente cerca de su cuello.
—Hueles delicioso —susurró.
Leonardo soltó una risa baja y mordió su labio.
Emma se apartó apenas para mirarlo.
—Estás más guapo que de costumbre.
—Tendré que recordar ponerme el mismo perfume cuando nos veamos.
—No te atrevas a cambiarlo, es acogedor.
La frase salió de su boca con tanta naturalidad que ambos terminaron riéndose.
Entonces sus manos se rozaron.
Fue un contacto insignificante.
Los dedos de Emma tocaron los de Leonardo cuando ella se apartó de su abrazo. Sin embargo, ambos sintieron aquella pequeña descarga que pareció recorrerles las manos y subirles por los brazos.
Emma retiró los dedos primero.
Leonardo la miró con una intensidad que tuvo que disimular rápidamente.
—¿Cómo estás, pequeña diseñadora?
—Mucho mejor ahora.
La respuesta le llegó directamente al corazón.
Pero, antes de que pudiera decir algo, Daniela apareció entre ambos.
—¡Bueno! ¿Podemos recuperar a Em o tío Leo piensa quedarse con ella toda el día?
—¡Daniela! —exclamó Isabella.
La pelirroja levantó las manos, inocente.
—¿Qué? ¡Solo pregunto! ¿O hay algo que esconder?
Leonardo soltó a Emma con una sonrisa y pellizcó la nariz de Daniela.
—Dani, quedátela tu hermana sigue siendo una molestia, no estés celosa.
—Y tú sigues siendo un anciano insoportable —respondió Emma.
Alessandra se acercó.
—Veo que nada ha cambiado.
Daniela respondió.
—Absolutamente nada.
Daniela y Alessandra se marcharon jalando el brazo de Emma.
La pareja se miró una vez más.
Y ambos supieron que, aunque habían intentado acostumbrarse a la distancia, estar cerca volvía a complicarlo todo.
-Cierra la boca idiota, si siguen así Alessandro quemará todo el hotel por tu culpa ¡Asalta cunas!.
-No me jodas Matteo.
-¿Qué? Te vi Leo, te vi agarrando de más, no te hagas, calma las ganas Nerón.
-Eres un sapo ¿Te lo he dicho verdad? ¡Brinca aquí rin rin renacuajo!.
-¡Ay sí! Enana no podré sostenerte ¡Bandido! - Remedó Matteo a Leonardo.
La familia comenzó a dispersarse para instalarse en sus respectivas habitaciones y prepararse para la boda.
Emma compartía habitación con Lenna, mientras que Leonardo estaba con Valentino. Alessandro e Isabella se alojaban con Nicolás, y las mellizas tenían una habitación contigua a la de sus padres.
Matteo y Sofía estaban en otro sector del hotel con Tiago.
La tarde avanzó entre maletas abiertas, llamadas a la recepción y discusiones sobre qué vestido combinaría mejor con cada par de zapatos.
En la habitación de Emma, Lenna estaba sentada frente al espejo mientras la rubia revisaba el vestido que había elegido.
—Bueno —dijo Lenna, mirándola a través del reflejo—. ¿Vas a contarme lo que acaba de pasar?
Emma fingió no entender.
—¿Qué cosa?
—No me hagas perder la paciencia. mojigata.
—No sé de qué hablas - Rió.
Lenna se volvió hacia ella.
—¡Emma! ¡Te lanzaste sobre Leonardo como si hubieras ganado la lotería! restregaste tu zona intima en su abdomen ¡Pervertida!.
La joven se echó a reír.
—No ed cierto, solo ¡Lo extrañaba!
—Eso lo notamos todos, si hubieses visto la cara de maldad de las mellizas, pensaría que lo saben.
—Es mi amigo y si tal vez lo sepan. Son unas saqueadoras, leían mi diario.
Lenna alzó una ceja.
—Al parecer señorita Carter está desatada y no le importa nada. ¡Que maten a Leonardo!.
Emma le lanzó un cojín.
—¡Deja de decir tonterías!
—¿Qué tonterías? Yo solo vi a una mujer enamorada abrazando al hombre que le gusta sin importarle un pito.
La sonrisa de Emma se fue apagando lentamente.
—No quiero pensar en eso ahora.
Lenna la observó con más seriedad.
—Está bien. No tienes que hacerlo.
Emma se sentó en el borde de la cama.
—Es que cuando lo veo, todo se vuelve tan complicado. Por teléfono puedo convencerme de que somos amigos. Puedo hablar con él, reírme y fingir que no espero nada. Pero cuando está delante de mí…
Se interrumpió.
Lenna se acercó y se sentó a su lado.
—¿Qué sucede cuando está delante de ti? ¿Sientes un corazón entre tus piernas?.
Emma miró sus manos.
-¡Lenna!.
-Está bien ¿Qué ocurre?.
—Siento que quiero quedarme allí. Que podría abrazarlo durante horas y olvidarme de todo lo demás.
Lenna le apretó suavemente la mano.
—Entonces disfruta de lo que tienes ahora. No tienes que convertir cada sentimiento en una decisión. Joder Emma no pienses, besuqueátelo, comételo y pasado mañana nos vamos.
Emma respiró profundamente, para Lenna todo era fácil.
—No haré eso de...
—Por favor, no permitas que la presencia de Camila te arruine la noche.
Emma levantó la cabeza.
—¿Por qué iba a hacerlo?
Lenna le dirigió una mirada elocuente.
—Porque fue su novia durante cinco años. Cinco años, casi se casan.
—Lo sé.
—Y porque, aunque hayan terminado hace mucho tiempo, es normal que te resulte extraño verlos juntos.
Emma se quedó callada.
No quería admitirlo, pero la idea de encontrarse con Camila le provocaba una incomodidad que no sabía cómo manejar.
—No tengo derecho a sentir celos —murmuró.
—Los sentimientos no piden permiso para aparecer. Lo importante es qué haces con ellos, aprende de mi, amo perdidamente a tu padre y nadie lo sabe ni siquiera tú.
Emma abrió los ojos y empezó a hacerle cosquillas.
-¿Quién es la pervertida ahora?
—Tengo ojos y hasta tu abuelo es bello.
-¡Cállate, pequeña zorra!.
—Suéltame Em. Porque pienso llegar temprano y disfrutar de esta boda, comer pastel y bailar hasta que me duelan los pies.
Emma soltó una carcajada.
—¡Eso sí te lo creo!
En la habitación contigua, Leonardo ayudaba a Valentino a elegir entre dos camisas.
—La azul —decidió el jovencito.
—¿Por qué?
—Porque combina mejor con el traje.
Leonardo lo miró con orgullo.
—Veo que tienes buen gusto.
—Aprendí de ti.
—Eso explica muchas cosas.
Valentino le dio un codazo juguetón.
—Papá, ¿viste a Emma?
Leonardo intentó mantener una expresión indiferente.
—Sí.
—Estaba muy feliz de verte.
—Me di cuenta.
—Y tú también estás feliz.
Leonardo se volvió lentamente hacia su hijo.
—¿Ah, sí? ¿Eso crees?.
Valentino asintió con total seguridad.
—Sonreíste muchísimo. Casi tanto como cuando me compraste la consola.
Leonardo soltó una carcajada.
—No compares las cosas, campeón.
—¿Por qué? ¿Emma te gusta más que mi consola?
—¡Valentino!
El niño rio a carcajadas.
Leonardo negó con la cabeza, aunque no pudo evitar sonreír.
—Termina de vestirte, pequeño detective.
Valentino obedeció, pero antes de entrar al baño se volvió.
—Me gusta cuando Emma está con nosotros. Todo el mundo se pone feliz.
Leonardo dejó de sonreír por un instante.
Miró a su hijo y sintió una ternura inmensa.
—A mí también me gusta tenerla cerca.
Valentino sonrió, satisfecho con la respuesta, y desapareció en el baño.
Leonardo permaneció frente al espejo.
La imagen que le devolvía era la de un hombre acostumbrado a controlar cada aspecto de su vida.
Sus negocios, sus decisiones y sus responsabilidades.
Pero no tenía ningún control sobre lo que le sucedía cuando Emma lo miraba de aquella manera Y eso comenzaba a inquietarlo.
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¡Por Dios! Son tan obvios que todos lo saben
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