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El Castigo Del Heredero

El Castigo Del Heredero

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Venganza / Amor prohibido
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: Yinet Leonor

Ella lo obligó a casarse. Él hará que se arrepienta de haberlo conseguido.
Alexander Ríos tenía poder, fortuna y un solo amor: Andrés. Pero una conspiración lo llevó al altar con Ángela Casamayor, la mujer que más odiaba. Ella creyó haber conquistado al heredero. Sin embargo, Alexander tiene sus propias reglas para aquel matrimonio: convertir la vida de su esposa en una guerra donde el amor no tendrá cabida y la venganza será apenas el comienzo.
¿Qué sucede cuando la mujer que consiguió todo lo que quería descubre que su mayor victoria será también su peor castigo?

NovelToon tiene autorización de Yinet Leonor para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Tú empezaste primero

☣️ Advertencia ⚠️ Este capítulo contiene escenas moralmente cuestionables. Cierto toque de violencia y alusión leve al sadomasoquismo. Lea bajo su própia responsabilidad.

Ángela atravesó el vestíbulo con paso firme, sus tacones repicando sobre el mármol pulido como campanas de una catedral vacía. La puerta principal estaba entreabierta y por ella entraba una brisa fresca que arrastraba el aroma de los jardines recién regados. Owen Hale estaba de pie en el umbral, con las manos en los bolsillos de unos jeans desgastados tan ajustados que parecían una segunda piel y una camiseta negra ancha y desmangada que contrastaba violentamente con la opulencia que lo rodeaba. Muy informal, pero el atuendo le confería un "Sex appeal" innegable y él lo sabía. Su sonrisa juvenil y despreocupada se ensanchó cuando vio a Ángela.

-Hermana. -dijo y la palabra pública sonó extraña en sus labios, como un traje que aún no se había acostumbrado a llevar.

-Hermano. -respondió Ángela con una calidez que casi nunca nadie le había escuchado. Se abrazaron brevemente, pero fue un abrazo real, de esos que se dan cuando dos personas han compartido un infierno y han salido de él tomadas de la mano. Dimitri pasó casualmente por allí en ese momento. Ella presentó con orgullo al muchacho. Después ambos hermanos pasaron de él olímpicamente como si fuera parte de la decoración y se concentraron en lo suyo. Dimitri los observó un instante por pura curiosidad. Se quedó un instante fingiendo ser uno con una columna.

-¿Todo listo? -preguntó Owen, echando un vistazo hacia el interior de la mansión.

-Todo. Solo necesito que me ayudes con las maletas. Están en la habitación principal. Lo otro ya está etiquetado. El camión de la mudanza lo recogerá esta tarde. -Owen asintió, pero antes de que pudiera dar un paso, Ángela posó una mano en su brazo.

-Te espero en casa. No demores demasiado. -sus ojos se encontraron y en ese intercambio silencioso pasó algo que Dimitri, observó antes de entrar al comedor, no pudo descifrar esas miradas, pero podía jurar que allí había entendimiento, advertencia y una promesa. Alcanzó a escuchar al joven decir.

-No tardaré hermana. Tú vete tranquila. Yo te alcanzo en casa, primero voy a bajar tus maletas.

Ángela asintió. Le dio un último apretón en el brazo, y salió por la puerta principal sin mirar atrás. El sol la recibió con un abrazo dorado igual que el día en el prado de las margaritas y Dimitri la vio alejarse por el sendero de grava. Su figura esbelta iba desvaneciéndose entre los setos perfectamente podados. Entonces quedaron solos, pero Dimitri se encaminó al comedor y Owen fue a por las maletas. Unos quince minutos después bajaba con la última y más pesada.

El maletero estaba lleno, por lo que tendría que colocar esta en el asiento trasero. Se secó una fina capa de sudor de su tersa frente. Apartó fastidiado unos flecos rebeldes adorablemente despeinados por el esfuerzo anterior. Miró impotente la maleta. Abrió la puerta trasera. Listo con esto sería todo. Lo otro lo haría la compañía de mudanza. Se giró satisfecho hacia el interior de la mansión y sus ojos encontraron inmediatamente los de Alexander, que permanecía inmóvil en el marco de la puerta del pasillo. El aire entre ellos se cargó de algo denso, eléctrico, como el silencio antes de una tormenta.

-Bueno. Pedí un deseo y te hiciste realidad. -dijo Owen lo suficientemente alto como para que su voz se oyera. Su sonrisa era descarada, casi insolente. Alexander se acercaba lentamente a él. -Parece que tenemos unos minutos a solas. Señor Alexander, ¿verdad? Aunque supongo que debería llamarte "señor Ríos". O "ex de mi hermana". No estoy seguro de cuál es el protocolo en estos casos. Extranjero. Ya sabes. -dijo a modo de disculpa. Alexander no respondió. Sus pies se movieron antes de que su mente pudiera detenerlos y en tres zancadas estaba frente a Owen, su mano derecha cerrándose sobre la camiseta negra con una violencia que hizo crujir la tela. Lo arrastró hacia la mansión.

-Tú. Maldito hijo de puta. -siseó Alexander con voz cortante como el filo de una navaja. -¿Te pareció divertido coquetearme? -Owen no se resistió. Dejó que Alexander lo empujara hacia atrás, sus pies retrocediendo sobre el mármol frío hasta que su espalda chocó contra la pared con un golpe sordo. Su cabeza rebotó ligeramente, pero ni siquiera parpadeó. Había recibido maltratos peores en su vida.

-Sí. -admitió y su sonrisa no vaciló. -Lo fue y mucho.

Alexander estaba tan cerca que podía sentir el calor del cuerpo de Owen irradiando a través de la fina tela de su camiseta. Podía olerlo: algo limpio, como lluvia, madera de cedro y clavel, con un undertone de algo más oscuro, más peligroso. Sus ojos usualmente azul celeste que tantas veces habían sido comparados con un cielo de verano, comenzaron a oscurecerse. Las pupilas se le contrajeron y el azul se volvió profundo, turbulento, como un mar de tormenta azotado por vientos huracanados. Owen asistió a esta transformación verdaderamente fascinado. Con insolencia echó más leña a aquel volcán.

-¿Qué crees que puedes hacerme? -preguntó con tono burlón. Su voz en un arrullo de desafío envuelto en terciopelo.

Alexander soltó una carcajada. No había humor en ella. Era un sonido peligroso, depredador, algo que no debería haber salido de la garganta de un hombre civilizado y entonces lo besó. No. Se corrigió a sí mismo, aquello no era un beso. Era una invasión. Un castigo cruelmente administrado. Fue él tomando lo que quería sin pedir permiso, sus labios aplastándose contra los del chico con una ferocidad que hizo sangrar la boca de ambos. Fue dientes y lengua y una posesividad tan descontrolada y primitiva que lo habría avergonzado si hubiera tenido capacidad para sentir vergüenza en ese momento. Owen se quedó inmóvil por un segundo. Dos. Tres. Luego, cuando su mente procesó lo que estaba sucediendo, ya tenía el labio inferior partido y el sabor metálico de su propia sangre se extendía por su lengua como un vino oscuro.

Sonrió. Contra los labios de Alexander, sonrió regocijado. Fue una sonrisa de triunfo absoluto que habría hecho retroceder a cualquier persona cuerda, porque en ella había algo profundamente equivocado que disfrutaba del dolor y que encontraba placer en la violencia. Alexander se apartó como si hubiera sido quemado. Su respiración era errática, su pecho subía y bajaba con espasmos dolorosos. Sus ojos habían vuelto a su azul celeste habitual, pero se percibía un borde de horror en ellos, por haber perdido así el dominio sobre sí mismo. Miraba ahora a Owen como si acabara de ver al diablo personalmente y este a su vez le devolvía la mirada como si contemplara a su pecado favorito. Alexander le espetó.

-Qué mala suerte la mía. Haberme cruzado en el camino de dos dementes como ustedes. -se pasó una mano por el cabello, apartándolo de su frente. La voz le temblaba ligeramente por la furia. -Tu hermana y tú son sin duda dos bastardos muy parecidos.

Owen se carcajeó. Fue un sonido rico, profundo, que resonó en el vestíbulo vacío como una campana armoniosa e hipnótica. Luego, sin apartar la mirada de los ojos contrarios, se frotó los labios con el pulgar. Fue un gesto lento, sensual, casi obsceno. Deliberado. El pulgar se deslizó sobre la herida. Tocó la sangre, extendiéndola. Pasó la lengua y se llevó el dedo manchado a la boca. Lamió la mancha carmesí con una evidente provocación. Saboreándola con un placer que hizo que el estómago de Alexander se retorciera.

-Tú y tú hermana. -le gritó alterado. Cada palabra con esfuerzo. -Manténganse alejados de mí maldita sea. De ahora en adelante, señorito Owen Hale somos desconocidos. -Owen volvió a sonreír, pero esta vez, su mirada era diferente. Había algo en ella que ya no era diversión ni coquetería. Era algo más oscuro, peligrosamente cercano a la locura. Acero puro.

-¿Alejados de ti? -repitió como un chiste de mal gusto. Su voz se transformó en un susurro extraño. - ¿Eso crees? ¿Por qué debería hacerlo dime? -entonces, en un instante, las posiciones se invirtieron. Alexander no supo cómo sucedió. Todo giró tan repentinamente a su alrededor. Un momento estaba de pie, dominando la escena y al siguiente su espalda golpeaba la pared con una fuerza que le robó el aliento de los pulmones. Owen estaba ahora frente a él amenazante, más cerca de lo que cualquier persona cuerda permitiría. Sus manos parecían demasiado delicadas para la fuerza que acababan de ejercer, presionando contra su pecho.

-¿Cómo has hecho eso...? —jadeó, perplejo e impresionado al mismo tiempo. Owen sonrió. Fue una sonrisa que no llegó a sus ojos. Desprovista de humanidad. Peligrosa en muchos sentidos.

-Es parte de mis secretos y de mis encantos. Escúchame bien, Alexander. -dijo con voz suave, casi tierna, aterciopelada; lo que lo hacía aún más aterrador. -Yo no recibo órdenes tuyas. Que sepas y hago lo que se me pega la real gana siempre. -sus dedos se deslizaron sensualmente por el cuerpo de Alexander tocando puntos al parecer vitales para mantener cordura. Fue un recorrido lento hacia arriba, hasta su cuello, esos dedos descansaron con la delicadeza de una mariposa sobre un pulso acelerado. Owen sonrió satisfecho luego continuó. -Y ahora mismo. -dijo inclinándose hasta que sus labios casi rozaban la oreja de Alexander. -Se me antoja besarte. -Alexander dejó de respirar. -Pero... -disfrutó la pausa dramática. -No voy a hacerlo. -se apartó ligeramente explicando. -Porque mi hermana me espera y mi madre se está muriendo. Comprenderás que tengo poco tiempo para crear bellos recuerdos de familia.

Lo soltó. Alexander se quedó contra la pared, en un estado cercano a la ingravidez. Sus piernas apenas sosteniéndolo, mientras Owen retrocedía con una tranquilidad que era casi insultante. Caminó hacia la escalera, bajó los primeros escalones y a los cinco pasos se detuvo. Se giró.

-Por cierto. -dijo tocándose los labios con los dedos. -Recuerda que tú empezaste esto, Alex. Después no te arrepientas. -el diminutivo sonó peligrosamente íntimo. Como una caricia de amante.

Desapareció escalera abajo, dejando a Alexander solo en el vestíbulo, con el sabor de su sangre aún en la boca. El eco de su propio corazón retumbaba en los oídos con tal estruendo, que era cosa de maravilla que nadie acudiera a comprobar qué era aquello. Solo entonces, cuando el silencio se volvió absoluto, Alexander respiró con normalidad. O intentó hacerlo. Porque cada vez que cerraba los ojos, veía la sonrisa de Owen. Esa sonrisa que no era una sonrisa, sino una promesa maldita. Esa mirada que no era una mirada, sino un abismo insondable y se preguntó, con una claridad que dolía, ¿en qué clase de infierno acababa de meterse?

—Que Dios nos asista y nos acompañe. -no supo si se refería a Owen o a sí mismo, o a ambos.

Abajo, escuchó el sonido de pasos y el arrastrar de la última maletas. Owen estaba cumpliendo su promesa a Ángela. No tardaría. Pronto se iría y Alexander podría empezar a olvidar. Podría convencerse de que todo había sido un mal sueño. Una pesadilla de esas que se desvanecen con la luz del día, pero mientras se llevaba una mano a los labios y sentía el escozor del beso aún fresco, supo que no sería tan fácil. Nada con esos hermanos era fácil y lo peor de todo, pensó mientras se alejaba del vestíbulo con paso tambaleante, era que una parte de él. Una muy oscura que había mantenido encerrada durante años no quería que lo fuera. Por eso se encaminó a la ducha a darse un baño frío para entrar en razón.

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Aurora
Y todo eso cuando paso, me faltan capítulos, como así que el primo orquestó la muerte de la hermana de Dimitri, si yo mal no recuerdo las investigaciones que Owen le dio a Ángela , sobre el suceso, decían que el novio lo que hacía era que la ofrecía como carne de cañón en sus negocios turbios, pero cuando se habló de un primo , me super perdí 😄😄😄😄
Yinet Leonor: No te faltan capítulos. Todo se aclarará.🤷
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Aurora
los enseminaremos y eso con que se come y cuando paso que yo no lo leí 😲
Yinet Leonor: 🤣🤣🤣Se deja a su brillante imaginación. Es obvio que la discusión ya había concluido. Los personajes solo estaban reafirmando lo que debió suceder ante la negativa de Ángela y Dimitri de contraer matrimonio y menos de tener un hijo.☺️
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Elisa Patico
ya me puse al día 🫡 necesitaba unos días para que mis sentimientos y emociones respecto a Ángela se disiparan, al personaje le tengo un amor odio, entiendo lo que vivió, entiendo el ambiente en el que creció, me encanta su gran inteligencia y astucia, pero ha hecho tantas cosas cuestionables que me genera sentimientos muy contradictorios
Yinet Leonor: Y las va a seguir haciendo, porque ella es una auténtica villana, pero vas a odiarla y amarla indistintamente. Es el personaje más complejo que he creado hasta el momento. Hacer que el lector sienta esa ambivalencia es todo un reto.🫩
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Elisa Patico
Estos jóvenes 🤣 aún no han aprendido que el diablo sabe más por viejo que por diablo, cuando ellos ya están yendo, Leandros ya ha ido y vuelto como tres veces. No creo que puedan escapar... pero será interesante ver cómo lo intentan
Yinet Leonor: 🤣🤣🤣Oh sí. Va a ser interesante no cabe dudas.🤷
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Elisa Patico
esa misma pregunta me la hacía yo jaja pero en la siguiente frase tiene sentido
Yinet Leonor: 🤣🤣🤣🤣El pobre las coge todas sin pedirlo.🤦
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Elisa Patico
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Yinet Leonor: Excelente relación tienen estos hermanos 🤣🤣🤣🤣🤣
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Elisa Patico
ichhhh que condición?? y no me digas que matrimonio 💀
Yinet Leonor: Ella cree que puede evitarlo. Ya veremos 🤷
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Elisa Patico
eso no fue una reunión 🤣 eso fue cachetada tras cachetada jajajaja
Yinet Leonor: Así mismo. Todo al estilo Ángela 🤣🤣🤣🤣🤣
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Elisa Patico
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣 es que esa gente si da papaya, no se pueden quedar callados, escuchar y luego opinar
Yinet Leonor: Se sienten agraviados.
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Marita Peña
ESTA DESQUICIADA SE HARA PASAR POR MUERTA PARA NO CASARSE CON DIMITRY, POR ESO PUSO AL HERMANO AL FRENTE DE LA EMPRESA
Yinet Leonor: Quién sabe tal vez.
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Marita Peña
SE VA A CASAR CON DIMITRY 🤣🤣🤣ESTA BIEN LOCA
Yinet Leonor: No por elección 🤦
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Marita Peña
QUE QUEDRA HACER ESTA ANGELA PONIENDO AL HERMANO DE PRESIDENTE QUE TRAMARA
Yinet Leonor: Desea vivir una vida cómoda y simple. Sin intrigas, ni sobresaltos ☺️
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Warriorgame
Renunciar a la herencia.
Yinet Leonor: No va a hacer eso.
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Warriorgame
Pensaba lo mismo. Él no tiene ningún problema allí. Simplemente debe irse y seguir con su vida.
Yinet Leonor: Exactamente 🤷
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Warriorgame
Osea, se casa por el dinero de la herencia.
Yinet Leonor: No por capricho del señor Blackwood. Es su forma de castigar a Ángela por haber despedido a su hijo.🤦
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Aniramairos
No cabe duda que los hermanos son unos desquiciados y a estas alturas todo es un enredo 🤭.
Yinet Leonor: Pues sí, pero han dado con un hueso duro de roer. Leandros es despiadado.🤔
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Ana Ajpop
Alex porque tanto enfado
Yinet Leonor: En realidad Ángela lo ayudó a salir de la bancarrota.
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Warriorgame
Así que yo, tú hago. Creo que hay un error de coherencia allí.
Yinet Leonor: Voy enseguida a revisar. Gracias por decírmelo.☺️
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Warriorgame
Creo que le conviene vende su parte de la empresa e irse a vivir a otra parte.
Yinet Leonor: Pudiera ser. En realidad ni Ángela y mucho menos Owen han pensado en despojarlos de lo que tienen. 🤷Solo deben quedarse quietos como buenos personajes de apoyo.
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Warriorgame
Lo que de verdad olvidó es que no tiene el poder para sacarlo de esa silla.
Yinet Leonor: En efecto. Hasta la entiendo.
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