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El Heredero Del Imperio Eterno

El Heredero Del Imperio Eterno

Status: En proceso
Genre:Héroes / CEO / Fantasía épica
Popularitas:275
Nilai: 5
nombre de autor: Manuel Saucedo

Durante ocho años, Shen Yuchen vivió bajo un nombre que no era el suyo.

Sin familia, sin poder, sin pasado y con una sola orden: no regresar hasta que terminara el plazo.

Pero la noche en que los ocho años llegan a su fin, alguien escribe su verdadero nombre en una calle olvidada de Lóngchéng.

Desde ese momento, todo comienza a derrumbarse.

Un falso heredero ocupa su lugar.

Un hombre con su mismo rostro asegura ser el verdadero Adrián Valerius.

Antiguas familias empiezan a perseguirlo.

Sus recuerdos esconden secretos que alguien borró deliberadamente.

Y dentro de su cuerpo despierta una fuerza relacionada con las misteriosas Nueve Puertas, un poder que incluso las familias más antiguas temen.

Mientras descubre la verdad sobre su origen, Shen Yuchen deberá construir su propio poder, enfrentarse a clanes, cultivadores, imperios empresariales y enemigos ocultos durante siglos.

Pero existe un problema todavía mayor:

Su identidad no fue simplemente robada.

Fue dividida.

NovelToon tiene autorización de Manuel Saucedo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Noventa y Nueve Días

SEGUNDO SELLO: 99 DÍAS.

Las palabras ya habían desaparecido de la pared.

Shen Yuchen permaneció varios minutos frente al lugar donde habían aparecido.

Las ocho velas estaban apagadas.

El medallón de jade descansaba nuevamente sobre la mesa.

Todo parecía normal.

Pero nada lo era.

Noventa y nueve días.

Después de ocho años esperando recuperar una vida que creía suya, apenas habían transcurrido unos días y alguien —o algo— acababa de imponerle una nueva cuenta regresiva.

Y esta vez la consecuencia era clara.

UNO DE LOS DOS MORIRÁ.

Yuchen cerró los ojos.

La imagen de Adrian Marcus Valerius regresó a su mente.

Su propio rostro.

Su misma edad.

El mismo cuerpo creado para parecerse al suyo.

O quizá era al revés.

Aquella posibilidad seguía molestándolo.

El Pozo Ancestral había reconocido el nombre Shen Yuchen cuando su sangre tocó el agua.

Eso debería haber sido suficiente.

Pero después apareció Adrian.

Después la grabación de Han Qiren.

Después las palabras:

Doble Umbral no creó dos herederos. Dividió una resonancia entre dos cuerpos.

Hasta ese momento Yuchen había considerado su identidad un problema político.

Ahora comprendía que era algo mucho peor.

Su propia existencia estaba conectada físicamente con otro hombre.

Si uno moría, la resonancia podía regresar al otro.

Pero nadie había explicado qué significaba aquello.

¿Poder?

¿Recuerdos?

¿Vida?

¿Locura?

¿Muerte?

Yuchen tomó el cuaderno que había comprado la noche anterior.

Abrió una página nueva.

Escribió:

DÍA 1 DE 99.

Debajo trazó cinco líneas.

Encontrar al Guardián de la Segunda Puerta.

Encontrar a Lin Yue.

Averiguar quién mató a Han Qiren.

Encontrar a Adrian Valerius antes de que intente abrir su resonancia.

Construir recursos propios.

Se quedó observando la quinta.

Dinero.

Información.

Personas.

Refugios.

Acceso.

Durante ocho años había aprendido a sobrevivir con poco.

Ahora aquello podía convertirse en una debilidad.

La Casa Shen podía congelar cuentas.

Las Nueve Casas podían cerrar empresas.

Podían alterar registros civiles en cuestión de horas.

Habían borrado una vivienda entera bajo un velo.

Habían convertido a un hombre vivo en oficialmente muerto.

Depender de ellos sería colocar su cuello debajo de una espada y esperar que nadie la dejara caer.

Por eso necesitaba algo propio.

No una herencia.

No dinero de los Shen.

No protección prestada.

Una estructura que respondiera únicamente a él.

Pensó nuevamente en aquella palabra que aparecía algunas veces en sus recuerdos fragmentados.

Vanguard.

No sabía de dónde venía.

Quizá una empresa.

Tal vez un proyecto.

O simplemente una palabra escuchada durante su infancia.

Pero cada vez que la pensaba sentía que significaba algo.

Escribió en el cuaderno:

VANGUARD.

Luego cerró.

Alguien tocó la puerta.

Tres golpes.

Esta vez normales.

Yuchen no se levantó inmediatamente.

—¿Quién?

—Meilin.

Abrió.

Gu Meilin llevaba ropa sencilla: pantalones oscuros, abrigo largo y cabello recogido.

Sin paraguas blanco.

Parecía otra persona.

—Pensé que querías estar solo.

—Ya estuve.

—¿Suficiente?

—No.

Ella entró.

Miró hacia la habitación secreta.

—¿Pasó algo?

Yuchen le mostró la pared.

—La caja activó otro mensaje.

—¿Qué dijo?

—Noventa y nueve días.

La expresión de Meilin cambió.

—¿Para qué?

—Encontrar al Guardián de la Segunda Puerta.

—¿Y si no?

Yuchen la miró.

—Las resonancias se unirán.

Meilin guardó silencio.

—Y uno de los dos morirá.

Ella se sentó lentamente.

—¿Decía cuál?

—No.

—¿Puede estar refiriéndose a ti y Adrian?

—No veo otra posibilidad.

Meilin respiró hondo.

—Tenemos que encontrarlo.

—¿Al Guardián o a Adrian?

—A ambos.

Yuchen se apoyó contra la mesa.

—Primero quiero entender algo.

—Pregunta.

—¿Por qué tú sabes ver sellos?

Meilin tardó unos segundos.

—Ya te dije que sobreviví a un ritual.

—No explicaste cuál.

—No era Doble Umbral.

—Eso lo sé.

—Se llamaba Prueba del Espejo.

Yuchen esperó.

—La Casa Gu utiliza una reliquia para determinar afinidad de los niños con métodos de cultivación.

—¿Puertas?

—No exactamente. Técnicas.

—¿Qué edad tenías?

—Siete.

—¿Qué ocurrió?

Meilin bajó la mirada a su muñeca.

La cicatriz blanca casi no se veía.

—El espejo se rompió.

Yuchen recordó su propia prueba.

—Como conmigo.

—No.

—¿Diferencia?

—Tu espejo explotó porque reaccionó demasiado.

Ella tocó la cicatriz.

—El mío se rompió porque algo del otro lado intentó salir.

Silencio.

Yuchen frunció el ceño.

—¿Del otro lado de qué?

—Eso es lo que mi familia lleva dieciocho años intentando descubrir.

Otra coincidencia.

Dieciocho años.

—¿El mismo año del Doble Umbral?

—Sí.

—¿Coincidencia?

—Ya no creo en ellas.

Yuchen se sentó frente a ella.

—¿Han Qiren estuvo allí?

—Sí.

Eso confirmó algo.

Han estaba conectado con ambos.

—¿Y después te pidió vigilarme?

—Nueve años más tarde.

—¿Sabía lo que yo era?

—Sabía suficiente para tener miedo.

—Todos parecen haber tenido miedo de un niño.

Meilin respondió:

—Quizá no era miedo de ti.

—¿De qué entonces?

—De aquello que podía encontrarte.

La frase quedó entre ambos.

Yuchen tomó el medallón.

—¿Reconoces esto?

Meilin lo examinó sin tocarlo.

—Jade antiguo.

—Eso ya lo sé.

—El patrón sí lo conozco.

Yuchen se incorporó.

—¿De dónde?

—Archivos Gu.

—¿Qué significa?

—No recuerdo exactamente.

—Meilin.

—Hace años que no lo veo.

Ella acercó el rostro.

Nueve líneas.

Círculos incompletos.

Una brillaba débilmente.

—Creo que es un mapa.

—¿De qué?

—No geográfico.

—Entonces.

—Meridianos.

Yuchen observó.

—¿De una persona?

—De nueve.

Eso lo sorprendió.

—Explícate.

Meilin señaló cada círculo.

—Las antiguas escuelas describían el cuerpo como un territorio. Pero estos patrones...

Movió el dedo sin tocar.

—No son nueve puertas dentro de un solo cuerpo.

Yuchen sintió frío.

—Son nueve personas.

—Tal vez.

—Entonces Qiu también estaba equivocado.

—O nos dijo solo una parte.

Una vibración.

El medallón reaccionó.

Meilin retiró la mano.

Una luz apareció en el segundo círculo.

No completamente.

Un destello.

Después nada.

Yuchen la miró.

—¿Qué hiciste?

—Nada.

—Reaccionó contigo.

—Lo vi.

Silencio.

La posibilidad era incómoda.

—¿Tú eres el Guardián?

Meilin negó inmediatamente.

—No.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque los Guardianes recibían marcas negras.

Mostró la suya.

Blanca.

—Y porque Han habría dicho algo.

Yuchen pensó en Han.

El cadáver.

El mensaje de jade.

Quizá sí había dicho algo.

Solo que todavía no sabían leerlo.

El teléfono de Meilin vibró.

Ella miró la pantalla.

Su rostro cambió.

—Tengo que volver.

—¿Casa Gu?

—Sí.

—¿Por qué?

—Orden directa.

—Ignórala.

—No funciona así.

—Todo puede ignorarse.

—No cuando tu familia puede convertirte en enemigo.

Yuchen la observó.

—¿Qué ocurre si no vuelves?

—Me pueden quitar el apellido.

—¿Y peor?

Meilin no respondió.

Eso bastó.

—Ve.

Ella levantó la mirada.

—¿Así de fácil?

—No.

—Entonces.

—Prefiero que vuelvas por decisión propia a obligarte a quedarte aquí como todos parecen haber hecho con nosotros desde niños.

Meilin sostuvo su mirada.

Algo cambió en su expresión.

—Han decía que eras difícil.

—Han hablaba demasiado.

Ella casi sonrió.

—Antes de irme, te dejaré algo.

Sacó una dirección.

—Un hombre llamado Tang Rui.

—¿Quién es?

—Encuentra cosas que no deberían existir.

—¿Puedo confiar?

—No.

—Perfecto.

Tang Rui trabajaba en una relojería.

Decenas de relojes.

Todos marcaban horas diferentes.

Yuchen entró.

Un hombre de cuarenta y tantos levantó la mirada.

—Cerrado.

—Busco a Tang Rui.

—Murió.

—Zhou Ren dice que está vivo.

El hombre suspiró.

—Ese viejo tiene pésimos modales.

Se quitó los lentes.

—¿Qué quieres?

Yuchen colocó una hoja.

ADRIÁN VALERIUS.

Tang observó.

—Fallecido.

—Ayer.

—Qué tragedia.

—Soy yo.

Tang lo miró.

—Eso mejora la conversación.

—Necesito saber si esa identidad tenía activos anteriores a mí.

—¿Cuánto pagas?

—No tengo suficiente.

—Entonces no tienes suficiente problema.

Yuchen colocó la tarjeta de Wei Kuan.

Tang dejó de sonreír.

—¿Qué es esto?

—Una oportunidad.

—Explícate.

—Dile a Wei Kuan que sé que pidió la verificación antes de tener confirmación de mi sangre.

Silencio.

—Quieres intercambiar información.

—Quiero saber quién le avisó.

—Eso no paga mi trabajo.

—La información vale más.

Tang sonrió.

—Empiezo a entender por qué todos hablan de ti.

—Cinco horas.

—Seis.

—Cuatro.

—Cinco.

—Hecho.

Tang llamó a las cuatro horas y cuarenta minutos.

—Encontré algo.

Yuchen regresó.

Sobre la mesa había una carpeta.

ADRIAN VALERIUS — BENEFICIARIO SECUNDARIO.

—¿Beneficiario de qué?

—Vanguard Foundation.

Yuchen sintió la palabra.

—¿Cuánto?

—Tres millones ochocientos setenta mil yuanes totales.

—¿Eso es todo?

Tang sonrió.

—No te emociones. Ya retiraron la mitad.

—¿Quién?

—Adrian Valerius.

—El otro.

—Supongo.

—¿Cuándo?

—Esta mañana.

Yuchen revisó documentos.

Dos beneficiarios.

Mitad y mitad.

—¿Cuándo se creó?

—Dieciocho años atrás.

Otra vez.

—Entonces alguien sabía que sobreviviríamos dos.

Tang lo miró.

—Esa fue mi conclusión.

Yuchen continuó.

—¿Qué era Vanguard antes?

—No sé.

—Investiga.

—Eso costará.

—Encuentra primero.

Tang negó.

—Me vas a caer mal.

—Eso no parece raro últimamente.

Yuchen salió.

El teléfono vibró.

Número desconocido.

Contestó.

—¿Sí?

Su propia voz respondió.

Adrian.

—Encontraste Vanguard.

Yuchen se detuvo.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque yo encontré mi mitad primero.

—¿Qué era?

Silencio.

—¿Conoces el nombre?

—Sí.

—¿De dónde?

Adrian tardó.

—Es la última palabra que recuerdo antes del incendio.

Yuchen sintió frío.

—Necesitamos hablar.

—Todavía no.

—Tenemos noventa y ocho días.

Silencio.

—Entonces tu contador también comenzó.

—Sí.

Adrian respiró.

—El mío también.

Yuchen miró el cielo.

—Estamos sincronizados.

—Parece.

—¿Guardían?

—No confíes en la primera respuesta.

—¿Qué significa?

—Exactamente eso.

La llamada terminó.

Yuchen permaneció inmóvil.

Abrió su cuaderno.

DÍA 2.

98 DÍAS.

Debajo añadió:

Vanguard existía antes de que nosotros supiéramos quiénes éramos.

Y luego:

Alguien sabía que dos niños sobrevivirían.

Aquella noche comprendió algo.

Tal vez Doble Umbral no había salido mal.

Tal vez había funcionado exactamente como alguien quería.

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