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Ecos De Luz Y De Sombras

Ecos De Luz Y De Sombras

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Mundo mágico / Amor prohibido / Completas
Popularitas:702
Nilai: 5
nombre de autor: Solecito87

Guiada por sueños inquietantes, Elara cruza el límite prohibido y encuentra a Kael, el hombre que ha visto en sus visiones. Lo que parece un encuentro imposible revela un lazo antiguo entre Luz y Sombra, despertando una profecía capaz de traer salvación... o destrucción. ✨🌙

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Capítulo 20 — El Nacimiento del Umbral

Elara:

La noche en Lysari parecía haber detenido su propio pulso para observarme. Todo estaba demasiado quieto.

Incluso el aire, que solía ondular con destellos de luz, se había vuelto transparente, casi solemne.

Sabía lo que estaba por ocurrir.

Lo sentía en mis huesos.

En mi sangre.

En la energía que envolvía mi vientre como una aurora palpitante.

Los bebés se movían con más fuerza.

No era dolor lo que sentía. Era… poder.

Un poder que no venía de mí, sino que buscaba nacer a través de mí.

Kael estaba de pie junto a la entrada de la caverna, su postura tensa como la de un depredador que detecta al enemigo incluso antes de que aparezca.

—Kael… —susurré, y su mirada oscura se clavó en mí de inmediato—. Está empezando.

No dudó ni un segundo. Corrió hacia mí y se arrodilló, sus manos firmes rodeando las mías.

Sus ojos, por un instante, brillaron con una mezcla de asombro y miedo.

—Elara… están llamando. Puedo sentirlos.

Y podía. Yo también.

Una voz suave… como un murmullo doble, niño y niña, luz y sombra entrelazadas… tocó mi mente:

“Madre…”

“Estamos listos.”

Mi corazón latió tan fuerte que pensé que Lysari entero podía escucharlo.

Pero antes de que pudiera responder, el suelo tembló bajo nosotros.

Un rugido estalló a la distancia, rompiendo la quietud del valle como un trueno partido.

El rugido de Aeryn.

—Está cerca —dijo Kael, con los colmillos apretados.

Las haditas entraron en la caverna en un torbellino de luces alarmadas, parloteando en su pequeño idioma musical. Una de ellas, la más antigua —la que brillaba con un tono plateado— se posó en mi hombro y tocó mi cuello con suavidad.

—¿Qué dice? —pregunté, respirando con dificultad.

Kael escuchó, su conexión con ellas fortalecida por toda la magia compartida en este tiempo.

—Dice que no debemos forzar nada —tradijo, su voz ronca—. Que ellos nacerán guiados por su propia luz. Que… ya eligieron el momento.

Y justo entonces, el momento llegó.

Un calor profundo recorrió mi vientre, extendiéndose hacia mis costillas como un aura envolvente.

Mis piernas temblaron.

Mi visión se llenó de puntos dorados.

—Kael… —susurré, apretando su mano—. Van a nacer.

Él me sostuvo, su otro brazo rodeándome con fuerza.

—Estoy aquí —dijo, y su voz se quebró de emoción—. Estoy contigo, Elara. Siempre.

El dolor no fue humano.

No fue terrenal.

Fue… cósmico.

Una energía antigua, enorme, que se abría paso a través de mí.

La caverna entera comenzó a brillar.

Las piedras, las flores lumínicas, incluso el aire se transformó en un vórtice de colores.

Las haditas rodearon mi cuerpo formando un círculo protector que vibraba como un pequeño cielo estrellado.

Mi respiración se volvió entrecortada.

—Kael… Kael… los siento…

—Elara, mírame —dijo, sosteniendo mi rostro con ambas manos—. Estás a salvo conmigo. Déjalos venir. Ellos saben qué hacer.

Y lo sabían.

La primera luz brotó desde mi vientre como un rayo suave. Sentí algo desprenderse, deslizarse, llegar al mundo con la pureza de una nota musical perfecta.

Y entonces escuché el primer sonido.

Un llanto suave. Cálido. Radiante.

Lloré. Kael también.

La hadita plateada se posó junto al pequeño cuerpo recién nacido, envolviéndolo con una capa de luz.

—Una niña —susurré, con lágrimas en los ojos—. Ella es… luz.

Kael la levantó en sus brazos con tanta delicadeza que parecía temer romperla.

Pero la niña abrió los ojos.

Eran dorados.

Y antiguos.

Más sabios que cualquier mortal.

Su manita se elevó, tocando la mejilla de su padre.

Y Kael se quedó completamente quieto.

—Elara… ella… puede hablarme. No con palabras. Con… magia.

No tuve tiempo de responder.

El segundo impulso atravesó mi cuerpo, esta vez como una sombra cálida.

Oscura, sí… pero suave como terciopelo.

—Kael… viene el otro…

Él me sostuvo mientras todo Lysari parecía inclinarse hacia nosotros.

Una explosión de bruma negra y azul estalló frente a mí.

Y entonces escuché el segundo llanto.

Un niño.

Sus ojos, cuando se abrieron, eran del color del crepúsculo: mitad sombra, mitad luz.

Kael lo tomó en brazos también, y los dos bebés… se miraron entre sí.

Como si ya se conocieran desde antes de existir.

—Gemelos… —murmuré, exhausta pero radiante—. Uno de luz. Otra de sombra.

—No —corrigió Kael, con una mezcla de orgullo y asombro—. Son ambos. Cada uno lleva una parte de los dos mundos.

Los bebés extendieron sus pequeñas manos… y su magia estalló.

Un remolino de energía se elevó, chocando contra la caverna, atravesándola, expandiéndose por todo Lysari.

Era un llamado.

Un aviso.

Un nacimiento que no podía pasar desapercibido ni para la vida…

ni para la muerte.

Y entonces ocurrió.

Aeryn llegó.

Kael

El rugido de Aeryn atravesó la noche como una herida abierta. Lo sentimos antes de escucharlo: un peso opresivo que aplastó el aire, un frío insoportable que intentó borrar la luz misma del valle.

Sujeté a los gemelos.

Ellos no lloraron.

No tuvieron miedo.

Solo me miraron… como si esperaran mi señal.

Como si supieran exactamente qué debían hacer.

—Elara… —dije con urgencia, sin apartar la mirada del exterior—. Viene directo hacia nosotros. Siente su magia.

Ella se puso de pie, débil pero determinada.

—No estás solo —respondió, y aunque su voz tembló, su aura brilló como un sol en miniatura.

Las haditas comenzaron a agitarse, formando una barrera de luces frenéticas.

A lo lejos, pude ver la figura oscura abriéndose paso entre los árboles.

Aeryn.

Sus ojos, antes celestes, ahora eran dos vacíos devorados por la corrupción.

Su piel brillaba con runas negras palpitando como venas vivas.

—¡Elara! —aulló con voz distorsionada—. ¡Sal de ahí! ¡Esos niños no deben existir!

Mi cuerpo reaccionó solo.

El aura oscura estalló a mi alrededor, lista para destrozarlo.

Pero entonces, las haditas se colocaron frente a Sarem, quien yacía inconsciente cerca de la entrada. Sus luces se intensificaron hasta volverse casi blancas.

—¿Qué hacen? —pregunté.

La hadita plateada respondió mirándome directamente.

—Sanación —tradujo Elara—. Van a llevarlo al lago de cristal.

Y lo hicieron.

Decenas de haditas lo envolvieron con un manto de luz y se lo llevaron volando, guiándolo hacia el corazón de Lysari.

El campo de batalla quedó reducido a nosotros… y Aeryn.

—Entréguenlos —exigió Aeryn, su voz cargada de veneno—. Esos niños son una abominación. Su magia romperá el equilibrio que juramos proteger.

Elara dio un paso al frente.

—Estos niños son el equilibrio. Y nunca los tendrás.

Aeryn lanzó un ataque directo. Un rayo de sombra pura.

Pero antes de que pudiera llegar…

Los gemelos levantaron sus pequeñas manos.

Y su magia los envolvió.

Luz y sombra se mezclaron en una esfera perfecta.

Una fusión tan pura que era imposible distinguir dónde terminaba la luz y comenzaba la negrura.

El impacto regresó hacia Aeryn con una fuerza devastadora.

El suelo tembló.

Los árboles brillaron intensamente.

La oscuridad se quebró alrededor de su figura.

Y por primera vez…

Aeryn gritó de miedo.

—¿Qué… qué son ellos? —jadeó.

Yo sonreí con una ferocidad que jamás había sentido.

—El comienzo.

Los gemelos lanzaron una segunda oleada.

Esta vez dirigida al interior de Aeryn…

al lugar donde la corrupción lo consumía.

No lo mataron.

No podían.

Aún no.

Pero rompieron la unión entre él y la entidad oscura que lo manipulaba.

Aeryn cayó de rodillas, jadeando, la sombra desprendiéndose de su cuerpo con gritos agonizantes.

Los gemelos se acurrucaron contra mi pecho, exhaustos pero serenos.

—Kael… —susurró Elara, acercándose a mí—. Lo lograron.

—Esta vez —respondí—. Pero vendrá más.

Ella tocó a nuestros hijos, y ambos respondieron con un brillo suave.

—Tenemos que prepararnos. Esta fue solo la primera fase —dijo Elara.

Mi mirada recorrió el valle.

Lysari estaba cambiando.

Respiraba a través de ellos.

A través de nosotros.

Era el principio.

Y también una advertencia.

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