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La obsesión del heredero

La obsesión del heredero

Status: Terminada
Genre:Centrado emocionalmente / Poder equitativo / Romance oscuro / Ella Mayor Que Él / Completas
Popularitas:5.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Ruby_Blair

A sus veintiocho años, Valeria Montero tiene todo bajo control: una de las empresas más poderosas de Puerto Reyes, una reputación impecable y una vida en la que no hay espacio para cometer errores.
Santiago del Río es la única excepción.
Llegó a la casa de los Montero cuando era niño, bajo la tutela legal de Doña Carmen. Valeria lo protegió, lo acompañó durante sus peores años y se convirtió en la persona más importante de su vida.
Pero Santiago creció.
La noche en que cumple dieciocho años, la besa y le confiesa una verdad que Valeria no está preparada para escuchar: nunca la ha visto como una hermana y no piensa seguir fingiendo.
Él es diez años menor. Ella es la directora de un imperio empresarial. Una relación entre ambos podría destruir su reputación y convertirlos en el centro de un escándalo. Valeria intenta alejarse, pero Santiago está decidido a demostrarle que ya no es el niño que llegó herido a su casa.
Justo cuando ella comienza a aceptar lo que siente, Héctor Navarro aparece y revela que Santiago es su nieto y el heredero perdido de la familia Navarro. También le cuenta algo peor: una antigua maldición corre por la sangre de los hombres de su familia, y Héctor puede utilizarla para acabar con la vida de Santiago.
Para salvarlo, Valeria deberá conseguir que se marche con él.
Así que le dice la mentira más cruel que puede inventar: que lo cambió por un terreno.
Tres años después, Santiago regresa convertido en el nuevo heredero del imperio Navarro. Es frío, poderoso y está dispuesto a castigar a la mujer que destrozó su vida.
Lo que todavía no sabe es que Valeria nunca dejó de amarlo.
Mientras él planeaba su venganza, ella pasó tres años buscando una forma de romper la maldición y traerlo de vuelta.
Ahora Santiago tendrá que decidir qué es más fuerte: el odio que lo mantuvo vivo o la obsesión que nunca consiguió olvidar.

NovelToon tiene autorización de Ruby_Blair para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1

# Capítulo 1: Lluvia

Valeria

La lluvia golpea el vidrio como si quisiera romperlo.

No puedo ver nada afuera. Solo el reflejo de nuestros cuerpos en la ventanilla del coche, mis piernas a cada lado de las suyas, su mano apretándome la cintura como si fuera a desaparecer. Lo siento duro debajo de mí y me muevo sin pensar. Un roce. El contacto directo a través de dos capas de tela.

Estoy borracha. Tal vez. Un poco. Lo suficiente para haberme subido encima de él sin pensarlo dos veces.

Santiago tiene la cabeza echada hacia atrás contra el asiento. Los ojos entrecerrados. La mandíbula apretada. Ese gesto que hace cuando se está conteniendo.

Lo conozco demasiado bien.

Le muerdo el cuello, justo en la nuez. Siento cómo traga saliva bajo mis labios.

—Señorita Montero —dice, y su voz es grave, ronca, controlada—. Hace tres años te lo dije. Diez años. Seis mil ochocientos millones. Estamos a mano.

Me aparto un centímetro. Solo uno.

—¿Sabes lo que significa "a mano"?

Sé perfectamente lo que significa. Pero no me importa. Hace tres años que no lo toco y ahora lo tengo debajo de mí, lo siento duro entre mis piernas, y lo único que quiero es que deje de hablar y me coja de una vez.

—No me gusta que me llames así —digo, pasándole los dedos por la mandíbula.

Él no se mueve. Pero su mano me aprieta más fuerte.

—Dime "Vale" —le digo bajito, y le rozo los labios con los míos—. Anda. Pórtate bien.

Un segundo de silencio.

Y entonces su mano me agarra la barbilla. Fuerte. Sus ojos se abren y me miran como si me odiara. Como si me adorara. Las dos cosas al mismo tiempo.

—Tú te aprovechas de que te quiero —dice.

Me besa. Me devora. No hay otra palabra. Su lengua contra la mía, su mano enredándose en mi pelo, tirando justo lo suficiente para que me arda el cuero cabelludo.

Tres años sin esto. Tres años durmiendo sola en una cama enorme, abrazando la almohada que ya ni siquiera huele a él, diciéndome cada noche que hice lo correcto. Que dejarlo ir era lo mejor para los dos.

Mentira.

La peor mentira que me he dicho en la vida.

—Hoy empezaste tú —me dice contra la boca—. Así que cuando te duela, te aguantas. Llorar tampoco sirve.

Me agarra de las caderas con las dos manos. Me mueve sobre él, despacio, con una precisión que no tenía a los dieciocho. Ahora sabe exactamente lo que hace. Ahora tiene veintiún años y las manos de un hombre y la paciencia de un depredador.

La lluvia arrecia. El coche se sacude un poco con el viento. O tal vez somos nosotros.

—Santi...

—Dime que me amas.

—Te amo.

—Santi.

—Cariño.

—Lobito.

Su mano se mete entre mi pelo, me echa la cabeza hacia atrás. La otra mano sube por mi muslo, empuja mi ropa interior a un lado y me toca. Directa. Los dedos contra mi piel mojada. Un gemido me sale de la garganta que no suena a mí, que suena a tres años de hambre comprimidos en un segundo.

—Di mi nombre —me dice al oído, y su voz ya no es controlada. Es un animal.

Solo puedo contestar en pedazos.

—San... tiago...

Mi voz se rompe en la segunda sílaba. Él sonríe contra mi cuello. Lo siento sonreír. Y esa sonrisa es peor que todo lo demás, porque significa que ganó. Que siempre gana. Que yo puedo huir tres años, cruzar océanos, levantar muros, y al final siempre termino aquí.

Encima de él. Debajo de la lluvia. Diciendo su nombre como si fuera una oración.

Tres años antes, yo no tenía idea de que esto iba a pasar.

Tres años antes, Santiago era un chico de diecisiete años que no había comido en todo el día porque yo no estaba en casa.

Tres años antes, yo era una idiota.

Era verano. Un calor brutal. De esos veranos en los que el asfalto parece derretirse y la ropa se te pega a la piel como una segunda capa de sudor.

Salí de la cena de negocios mareada, con los tacones clavándoseme en los pies y el vestido verde pegándose a la piel. No debí haber bebido. Nunca debería beber, porque me pongo roja con dos copas y después me arrepiento de todo. Pero el tipo con el terreno en la zona sur quería brindar, y yo quería ese terreno, así que brindé.

Cuatro veces.

Error.

Un par de tipos de traje me siguieron hasta la puerta. "Señorita Montero, permítanos llevarla." Mis guardaespaldas aparecieron de la nada y les cortaron el paso. Benditos sean.

Me subí al coche y cerré los ojos. El aire acondicionado me golpeó la cara como una bendición.

—Señorita Montero, el joven no ha comido en todo el día.

Abrí los ojos.

—¿Cómo que no ha comido? ¿Y me lo dices hasta ahora?

—Lo siento, acabo de enterarme.

—Acelera.

Veinte minutos después estaba en la puerta de la casa. La nana ya me esperaba, retorciéndose las manos.

—Señorita, por fin llega. Santi no quiere comer. No sé qué le pasa, lleva así todo el día.

—¿Dónde está?

—En la alberca.

Caminé rápido, los tacones resonando en el mármol. Le dije a la nana que tuviera lista su cena, la que a él le gusta, y fui directo a la parte de atrás.

Lo vi antes de que él me viera.

Nadaba como si estuviera furioso. Brazadas largas, violentas, el agua salpicando por todos lados. Como si quisiera agotar algo que tenía adentro y no sabía cómo sacar.

Mi lobito.

Dejé la comida en la mesa y caminé hacia el borde. El sonido de mis tacones hizo que se detuviera. Asomó la cabeza, me miró un segundo —un segundo en el que algo brilló en sus ojos que yo no supe leer— y volvió a hundirse.

—¿Y ahora qué? —dije, cruzándome de brazos—. ¿Quién hizo enojar a mi pequeño príncipe?

Silencio. Burbujas.

—Cuéntame y me encargo. Ya sabes que yo resuelvo todo.

Más silencio.

Lo vi nadar hacia el otro extremo. Lejos de mí. Como un niño haciendo berrinche.

Esperé. Un minuto. Dos.

Nada.

Bajé la voz. La hice un poquito más grave, un poquito más firme. Esa voz que solo uso con él.

—Santi. Ven aquí.

Funcionó. Siempre funciona.

Giró en el agua y nadó hacia mí. Despacio esta vez. Cuando llegó al borde, se quedó ahí, con los brazos cruzados sobre el mosaico, mirándome desde abajo.

Tenía los ojos enrojecidos. No de cloro. De otra cosa.

Me recordó al niño que traje a casa hace diez años. Lleno de heridas, callado como una tumba, listo para morder a cualquiera que se acercara.

Un lobito salvaje.

Ahora era un metro ochenta y ocho de músculo, mandíbula afilada y ojos oscuros. Pero la mirada era la misma. La de un animal que tiene miedo de que lo abandonen.

Me agaché. Le pasé la mano por el pelo mojado. Él ladeó la cabeza y se recargó en mi palma, como un perro enorme pidiendo caricias.

—Oye —dije suavecito—. Me dijeron que no comiste nada. ¿Tienes hambre?

—Sí.

—Entonces, ¿por qué no comes?

—No estabas. No me dio hambre.

—Mentira. No estoy casi nunca y siempre comes.

Silencio.

—Santi, ¿qué te pasa?

Me miró. Tragó saliva. Y después de un rato larguísimo, con la voz más triste que le había escuchado, dijo:

—Vale... ¿ya no me quieres?

Bienvenidos a esta historia. Si les gustó, déjenme un comentario y una estrellita, los quiero ❤️ Nos leemos mañana.

1
Lau
esa abuela es una bruja 😡
Lau
uff
Lau
ay no....se le va a partir el corazón a Santi 🙆
Lau
ay no....se le va a partir el corazón a Santi 🙆
Lau
ay que nervios autora 🙆🤭
Lau
yyy del lado de las dos el tuvo una vida muy difícil y triste pero paloma tiene razón 🤣
Lau
me gusta 🤭 se la va a querer comer completa jajjaa
Lau
comenzando ☺️
Paty Villibord
me va gustando su novela.
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