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EL SECRETO DE LA CEO. DOS HEREDEROS PARA EL MAGNATE

EL SECRETO DE LA CEO. DOS HEREDEROS PARA EL MAGNATE

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado / Reencuentro / Madre soltera
Popularitas:4.8k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Samanta Ruiz es la fría CEO de un imperio de papelería Kawaii. Conduce un Lamborghini y tiene todo bajo control, excepto su amor. Por su cumpleaños, sus amigas le regalan un viaje VIP al Caribe, pero un error de reserva la obliga a compartir apartamento con Samuel Vargas, un imponente y jovial magnate de la logística internacional. Tras quince días de piques y tensión, la última noche estalla en una pasión inolvidable. Se despiden en el aeropuerto como adultos realistas: la distancia hace imposible su amor.
Pero un virus estomacal anula la píldora de Samanta. El diagnóstico es brutal: embarazada de mellizos. Orgullosa, decide criarlos sola y en secreto.
Tres años después, Samuel irrumpe en su sala de juntas para negociar una alianza millonaria. Él no la ha olvidado, pero ignora que tiene una parejita de herederos. Con la ayuda de Carlos, su metódico hermano y abogado, Samanta intentará blindar su nido. Pero Samuel es un tiburón implacable que no parará hasta recuperar a su mujer.

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 23. EL ALBUM DE LOS RECUERDOS

Los primeros años de Samuel y Sofía se convirtieron en un hermoso mosaico de risas, pasos torpes sobre el césped y un apoyo incondicional que nunca flaqueó. La nueva casa con jardín demostró ser el escenario perfecto para ver crecer a la parejita. El cuadrante que la familia y las amigas diseñaron al principio no se quedó en un trozo de cartulina; se transformó en una rutina llena de complicidad y cariño que arropó a Samanta en cada etapa de su maternidad.

El primer año pasó entre biberones nocturnos, canciones de cuna y los primeros dientes. La madre de Samanta cumplió su promesa de pasarse cada mañana, convirtiéndose en el pilar fundamental que le permitía a su hija descansar o escaparse un par de horas a las oficinas de Kawaii World para revisar los nuevos muestrarios.

Para cuando los mellizos cumplieron su primer año, el jardín se llenó de mantas de juegos y juguetes de colores pastel. Fue allí, sobre el césped tierno de la primavera, donde el pequeño Samuel dio sus primeros pasos, directo hacia los brazos de su tío Carlos. Apenas unos días después, la pequeña Sofía lo imitó, gateando con una velocidad asombrosa hacia su tía Sofía, quien la esperaba con un peluche gigante de la fábrica.

Las tardes de los fines de semana seguían perteneciendo a Rosa y a Vanesa. Las amigas aparecieron puntuales cada sábado, cargadas de ropita nueva de diseño y con ganas de exprimir al máximo su papel de tías.

—Samanta, mira lo que le he comprado a la niña —dijo Rosa una tarde, mostrando un vestidito rosa con orejitas de gato en la capucha—. Y para Samuel, Víctor le ha buscado esta camiseta a juego. Van a estar para comérselos.

—Estás loca, Rosa, ya no les cabe más ropa en los armarios —sonrió Samanta, sentada en el porche mientras observaba a sus dos hijos jugar con unos cubos de madera—. Pero tengo que admitir que les va a quedar espectacular. Gracias, amiga.

—Para eso estamos, Sam —intervino Vanesa, dándole un sorbo a su té—. Verlos crecer así de sanos y felices es el mejor regalo para todas. Además, se nota que el aire libre les sienta de maravilla. Tienen una energía inagotable.

El segundo año trajo consigo las primeras palabras y las travesuras coordinadas. Samuel y Sofía desarrollaron una complicidad idéntica a la que compartían en el vientre materno; se entendían con solo mirarse. Samuel resultó ser un niño risueño, de mirada vivaz y con una curiosidad insaciable por todo lo que tuviera ruedas, pasando horas fascinado con los coches de juguete que su tío Carlos le regalaba. La pequeña Sofía, por su parte, heredó el carácter decidido y alegre de su madre, siendo la que siempre tomaba la iniciativa en los juegos y la primera en trepar por los columpios del jardín.

Carlos se convirtió en una figura masculina muy presente y respetada en la casa. Cumpliendo su palabra, acudía cada jueves a revisar que todo funcionara bien en la vivienda y se encargaba de jugar con los niños en el jardín, enseñándoles a chutar el balón o a correr detrás del perro. Entre los hermanos Ruiz existía una conexión muy fuerte; Carlos admiraba la fortaleza de Samanta para compaginar la dirección de una multinacional con la crianza doble, y ella agradecía infinitamente la serenidad y el orden que su hermano mayor aportaba a sus vidas.

Al cumplir los tres años, la parejita ya correteaba por toda la casa con total libertad. Samanta los miraba cenar en sus tronas una noche de domingo, tras un día entero de juegos familiares en el jardín con sus padres y hermanos. Samuel intentaba usar la cuchara con una concentración absoluta que le recordaba muchísimo a alguien, mientras que Sofía le robaba un trozo de fruta del plato entre risas pícaras.

Samanta sonrió, sintiendo una calidez inmensa en el pecho. El camino no había sido sencillo, pero gracias al escudo inquebrantable de sus amigas, la entrega de sus padres y la firmeza de sus hermanos, sus hijos estaban creciendo felices, protegidos y rodeados de un amor absoluto. Habían construido un nido perfecto donde no faltaba nada, y las fotografías que inundaban las estanterías del salón eran la prueba irrefutable de que la familia Ruiz había superado con éxito el mayor reto de sus vidas.

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Nayeli Lozano
me atrapó desde el primer capítulo, pero no me fijé que estaba empezando a escribirla.
te felicito autora, está hermosa,no tardes tanto en actualizar por fis👏
San Aguirre: Me pasó lo mismo, no me di cuenta que no estaba terminada 😒
total 1 replies
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