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Hasta Encontrarte Otra Vez

Hasta Encontrarte Otra Vez

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Nath O.

Él la rechazó el mismo día que descubrió que era su compañera destinada. Años después, convertido en Alfa, comprende que perderla fue el peor error de su vida. Pero ella ya no vive en la manada… y un humano ocupa el lugar que él dejó vacío. Ahora tendrá que demostrar que algunas promesas merecen una segunda oportunidad.

NovelToon tiene autorización de Nath O. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Una casa entre lobos

Alyssa tardó mucho tiempo en comprender que aquel lugar no se parecía a ningún otro.

Las casas no estaban alineadas como en los pueblos que alcanzaba a recordar en sus sueños. Se encontraban dispersas entre los árboles, construidas con piedra y madera, como si hubieran crecido junto al bosque en lugar de haber sido levantadas por manos humanas.

Por las mañanas todos trabajaban.

Los hombres entrenaban.

Las mujeres preparaban alimentos, cosían ropa o atendían los cultivos.

Los niños corrían libres entre los senderos sin que nadie pareciera preocuparse por ellos.

Era una comunidad.

Una familia enorme.

Y, aun así…

Alyssa seguía sintiéndose completamente sola.

Durante los primeros días apenas hablaba.

Comía poco.

Dormía peor.

Cada vez que alguien intentaba preguntarle por su familia, la respuesta era siempre la misma.

—No me acuerdo…

Algunos pensaban que simplemente estaba asustada.

Otros creían que el golpe que probablemente había recibido le había borrado los recuerdos.

La anciana sanadora, sin embargo, sospechaba algo diferente.

Pero guardó silencio.

—¿Por qué siempre está sola?

Kaleb observaba a Alyssa desde la ventana de la casa principal.

La niña permanecía sentada sobre un tronco caído, abrazando el pequeño lobo de madera que él mismo le había tallado días atrás.

Su padre levantó la vista de unos mapas.

—Porque perdió todo lo que conocía.

—Yo también la habría perdido.

El Alfa sonrió apenas.

—No es lo mismo imaginarlo que vivirlo.

Kaleb volvió a mirar hacia afuera.

Alyssa tenía la cabeza baja.

Parecía demasiado pequeña para cargar tanta tristeza.

—Entonces voy a ayudarla.

—¿Y cómo piensas hacerlo?

El niño respondió con total naturalidad.

—Hasta que vuelva a sonreír.

El Alfa dejó escapar una risa baja.

Había algo en su hijo que nunca cambiaría.

Cuando decidía proteger a alguien…

Lo hacía con todo el corazón.

—¡Alyssa!

Ella levantó la cabeza.

Kaleb corría hacia ella con dos manzanas en las manos.

Le ofreció una.

Ella dudó.

—Puedes quedártela.

La niña la tomó con timidez.

—Gracias…

Kaleb se dejó caer sobre el tronco.

Durante varios minutos ninguno habló.

Simplemente comieron.

Era un silencio extraño.

No era incómodo.

Solo tranquilo.

—¿Quieres conocer el bosque? —preguntó él.

Ella negó rápidamente.

—Tengo miedo.

Kaleb se puso de pie.

Le tendió la mano.

—Entonces yo voy contigo.

Alyssa observó aquella mano durante unos segundos.

Finalmente la tomó.

Era cálida.

Segura.

Y, sin saber por qué, sintió que no tenía miedo mientras él estuviera cerca.

Los días comenzaron a parecerse unos a otros.

Kaleb le enseñó dónde crecían las flores silvestres.

Dónde nacían los arroyos.

Qué frutos podían comerse.

Y cuáles eran venenosos.

Le presentó a otros niños de la manada.

Ethan, un chico inquieto que siempre terminaba metido en problemas.

Liam, serio y responsable incluso siendo un niño.

Y Nora, una pequeña de la edad de Kaleb que hablaba sin detenerse un solo segundo.

Al principio Alyssa apenas respondía.

Pero poco a poco comenzó a reír.

Muy despacio.

Como si hubiera olvidado cómo hacerlo.

Kaleb celebraba cada una de esas pequeñas victorias.

Una tarde decidieron construir un refugio entre unos árboles caídos.

—Este será nuestro escondite —anunció Kaleb orgulloso.

—¿Nuestro?

—Sí.

—¿Y si alguien más quiere entrar?

Kaleb negó con firmeza.

—Solo nuestros amigos.

—¿Y cuando seamos grandes?

Él la miró como si la respuesta fuera obvia.

—También.

Ella sonrió.

—¿Lo prometes?

Kaleb levantó la mano.

—Lo prometo.

Alyssa entrelazó su dedo meñique con el de él.

—Las promesas con el meñique nunca se rompen.

—Nunca.

Ninguno de los dos imaginaba que, años después…

Sería precisamente Kaleb quien rompería la promesa más importante de todas.

Esa misma noche, la anciana sanadora entró en la habitación donde Alyssa dormía profundamente.

Se acercó despacio hasta la pequeña mesa de madera.

Allí descansaba el colgante plateado.

Lo tomó entre sus dedos.

La luna creciente grabada en el metal parecía brillar bajo la luz que entraba por la ventana.

La anciana pasó el pulgar sobre el antiguo símbolo.

Suspiró.

—Ojalá nunca tengas que descubrir quién eres…

Porque, cuando ese día llegue…

Ya no habrá lugar en este mundo donde puedas esconderte.

Cerró la mano alrededor del colgante.

Y, por primera vez en muchos años…

Sintió miedo.

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Yadira Alvarez
hasta ahora me va gustando veremos
Yadira Alvarez
hasta ahora me va gustando veremos👌
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