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Sané a Mi Alfa, Pero Él Marcó a Otra

Sané a Mi Alfa, Pero Él Marcó a Otra

Status: En proceso
Genre:Venganza / Hombre lobo / Mujer despreciada
Popularitas:19.1k
Nilai: 5
nombre de autor: JaQelinee Valenzuela

Valentina Solano entregó tres años de su vida para salvar a Sebastián Reyes, el Alfa moribundo con quien la obligaron a enlazarse.
Cada luna llena, su loba se apagaba un poco más para mantenerlo con vida. Ella perdió fuerza, sangre y dignidad. Él recuperó su poder.
Y cuando Sebastián por fin sanó, no la eligió a ella.
Eligió a Catalina del Valle.
Le quitó los Brazaletes de la Luna y le ordenó ponérselos a la mujer que quería marcar como su verdadera Luna.
Valentina no suplicó. No lloró. Solo pidió la ruptura del enlace.
Pero la loba que todos creían rota tenía secretos: un imperio comercial escondido, aliados en las sombras y una sangre marcada por la luna.
También tenía la mirada de Damián Montero sobre ella.
El Rey Alfa. El lobo más temido de todas las manadas. El único hombre que nunca la vio como una herramienta.
Sebastián la usó para vivir.
Damián está dispuesto a destruir el mundo para hacerla reina.

NovelToon tiene autorización de JaQelinee Valenzuela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15

Capítulo 15: La Muerte De Pilar

La investigación tardó tres días en empezar a pudrirse.

El primer día, todos en Hacienda Reyes hablaron en voz baja. Los sirvientes caminaban con los ojos pegados al suelo. Doña Milagros permaneció encerrada en sus habitaciones, y Catalina no salió del ala que le habían cedido, como si la quietud pudiera fabricar inocencia.

El segundo día, el cochero desapareció.

El tercero, los hombres del callejón dejaron de existir.

No muertos. No capturados. No confesos.

Desvanecidos.

Los guardias internos regresaron con manos vacías y explicaciones gastadas: nadie los había visto, nadie los conocía, nadie recordaba el carruaje. En la ciudad, las puertas que se abrieron para recibir monedas se cerraron para responder preguntas.

Valentina escuchó cada informe en la sala principal, sentada junto a Sofía, con la rodilla vendada y la espalda recta. Doña Aurora no asistió en persona. Su salud seguía frágil, pero Nana Rosa estaba de pie junto al brasero con el bastón de La Matriarca en las manos. Esa sola presencia bastaba para recordar a todos que la orden venía de arriba.

Pilar fue llevada al centro de la sala al caer la tarde.

Traía el rostro pálido y las manos juntas. La marca de la bofetada ya se había borrado de su mejilla, pero no la forma en que bajaba los ojos.

—Habla —dijo Nana Rosa.

Pilar levantó la vista.

Por un instante miró a Valentina.

Y Valentina supo, antes de oírla, que algo se había roto.

—Mentí —dijo Pilar.

Sofía se puso de pie.

—No.

Pilar siguió como si no la hubiera escuchado.

—Luna Valentina no fue engañada por mí. Ella salió conmigo de la hacienda, sí, pero después pidió detener el carruaje. Dijo que necesitaba encontrarse con alguien. Cuando intenté impedirlo, se molestó. Saltó por su propia voluntad.

La sala entera dejó de respirar.

Sebastián dio un paso hacia adelante.

—Pilar, piensa bien lo que estás diciendo.

—Lo pensé.

Valentina sintió que el dolor de la rodilla se volvía distante.

—¿Y los hombres?

Pilar apretó las manos.

—No los vi.

—Me dijiste que Catalina los mandó.

—Tenía miedo de usted.

Sofía soltó una exclamación.

—¡Mentirosa!

Nana Rosa golpeó el suelo con el bastón.

—Silencio.

Doña Milagros observaba desde el lado derecho de la sala. No sonreía. No necesitaba hacerlo. La calma en su boca era peor.

Catalina, sentada detrás de ella, tenía los ojos húmedos.

—No entiendo por qué Luna Valentina me acusa —dijo con voz temblorosa—. Yo solo he intentado convivir en paz.

Valentina la miró.

Catalina supo llorar sin enrojecerse la nariz. Era un talento.

Pilar respiró hondo.

—También debo decir otra cosa.

El silencio se hizo más afilado.

—Cuando Luna Valentina fue encontrada, pasó la noche fuera de la Hacienda Reyes. En una residencia de la familia Montero. Con protección de un hombre que nadie quiere nombrar.

Sebastián se volvió hacia Valentina.

La herida más peligrosa no fue el contenido.

Fue el eco.

En una sociedad donde el honor de una Luna se medía con ojos ajenos, una noche bajo techo extraño podía convertirse en soga aunque hubiera sanadoras, criadas y una princesa entera entre medias. El hecho importaba menos que el rumor. Y Catalina lo sabía.

—Eso es bajo incluso para ti —dijo Valentina.

Pilar cerró los ojos.

—Lo siento.

—No. No lo sientes todavía.

Nana Rosa ordenó retirar a Pilar. La investigación quedó suspendida por falta de pruebas directas. Doña Milagros pidió prudencia. Sebastián pidió tiempo. Catalina pidió, con lágrimas cuidadosamente colocadas, que no la siguieran acusando sin fundamento.

Valentina no pidió nada.

Tenía las manos frías.

Al salir de la sala, buscó a Sofía.

No estaba.

Al principio pensó que la muchacha habría corrido a la cocina por agua o a su cuarto por una manta. Luego pasaron diez minutos. Luego veinte. Lucía llegó con el rostro tenso desde la puerta lateral.

—No la encuentro.

El mundo se estrechó.

—¿Desde cuándo?

—Salió a llevar un recado a Nana Rosa. No volvió.

Valentina intentó levantarse demasiado rápido y la rodilla le falló.

—Busquen en los patios.

—Ya buscamos.

Sebastián, que aún estaba en el corredor, oyó la frase.

—¿Qué ocurre?

Valentina no lo miró.

—Sofía desapareció.

Por primera vez en días, el rostro de Sebastián perdió color verdadero.

Antes de que pudiera responder, llegaron cascos a la entrada principal.

No los cascos desordenados de los guardias Reyes.

Estos eran exactos.

Como una sentencia.

Emilio Lara cruzó el patio con capa negra, guantes mojados y dos hombres esposados detrás. A su lado venía Sofía, sostenida por una mujer Montero. Tenía el labio partido, el cabello suelto y las muñecas marcadas por ataduras.

—¡Sofía!

Valentina olvidó la rodilla.

Sofía se soltó de la guardia y corrió hacia ella. El choque las hizo tambalear, pero Valentina la sostuvo con los dos brazos, como si abrazarla pudiera negar todas las horas en que no supo dónde estaba.

—Estoy aquí —sollozó Sofía—. Estoy aquí, mi señora.

—¿Quién te hizo esto?

Sofía tembló.

Emilio respondió por ella.

—Hombres pagados para silenciar testigos. La encontramos en una bodega abandonada cerca del mercado viejo.

Doña Milagros apareció en la escalinata.

Catalina detrás.

Emilio no inclinó la cabeza ante ellas. Solo ante Nana Rosa, que llevaba el bastón de Doña Aurora.

—Vengo en nombre de Rey Alfa Damián Montero —dijo—. Traigo testigos, declaración escrita y un mensaje.

La voz de Doña Milagros fue seda sobre piedra.

—Comandante Lara, esto es un asunto interno de Manada Reyes.

—Lo era —dijo Emilio— hasta que una mujer protegida ayer por la Casa Montero fue acusada de mentir sobre un ataque que sí ocurrió.

Uno de los hombres esposados empezó a llorar.

El otro miraba al suelo.

Emilio entregó un sobre sellado a Nana Rosa.

—Dos de los contratados fueron encontrados antes de que los otros pudieran desaparecerlos. Confiesan que recibieron monedas marcadas de Manada del Valle a través de un intermediario. El objetivo era esperar el carruaje de Pilar y retener a Luna Valentina el tiempo suficiente para fabricar un escándalo. También confiesan que recibieron una segunda orden: capturar a Sofía, la sirvienta Omega, por ser demasiado ruidosa.

Sofía se aferró más fuerte a Valentina.

Nana Rosa abrió el sobre y leyó en silencio. Su rostro se endureció.

—El mensaje del Rey Alfa —dijo Emilio— es breve: "La Casa Montero observa este caso. Confío en que Manada Reyes sabrá honrar la ley de la Diosa Luna."

Nadie habló.

Porque todos entendieron lo que no decía.

Si Manada Reyes no honraba la ley, Damián Montero podía hacerlo por ellos.

Catalina perdió el color bajo el maquillaje.

Entonces llegó Don Fernando del Valle.

No pidió permiso para entrar. Llegó con dos guardias, vestido de gris plata, rostro severo y mirada de político que ya había decidido qué parte del incendio podía salvar.

—Esto es una acusación grave contra mi hija —dijo.

Emilio lo miró sin expresión.

—Es una acusación con testigos.

—Testigos comprados, quizá.

Uno de los hombres esposados levantó la cabeza.

—Usted no dijo eso cuando mandó las monedas.

El patio entero se congeló.

Don Fernando ni siquiera parpadeó.

—No conozco a ese hombre.

—Pero conoce a Catalina —dijo Valentina.

Él la miró por primera vez.

—Luna Valentina, lamento su desgracia. Pero una familia noble no puede quedar manchada por las mentiras de una viuda resentida y unos delincuentes. Si Pilar actuó, lo hizo sola. Si usó el nombre de mi hija, lo hizo para cubrirse. Catalina del Valle no tiene necesidad de recurrir a suciedad de callejón.

Pilar, que había sido traída de nuevo por orden de Nana Rosa, oyó cada palabra desde la entrada.

Algo en su rostro se deshizo.

No fue sorpresa.

Fue el último hilo.

—Yo no actué sola —dijo.

Doña Milagros giró hacia ella.

—Pilar.

Una sola palabra.

Una amenaza completa.

Pilar se rió.

El sonido era pequeño, roto, casi irreconocible.

—Ya no —susurró—. Ya no puedo más.

Nadie la detuvo cuando empezó a hablar. Tal vez porque todos esperaban otra mentira. Tal vez porque la verdad, cuando por fin sale, a veces llega tan cansada que parece inofensiva.

No lo era.

Pilar habló de la muerte de Diego, el hermano menor de Sebastián, y del día en que Doña Milagros dejó de llamarla hija. Habló de habitaciones cerradas, de comidas retiradas, de noches de rodillas, de agujas bajo las uñas para que no se vieran marcas en la cara. Habló de una horquilla de plata calentada al fuego y presionada contra su espalda mientras Doña Milagros repetía que ella había matado a su hijo por no saber retenerlo en este mundo.

—Yo no lo maté —dijo Pilar, mirando a nadie—. Se enfermó. Se murió. Y ella necesitaba que alguien pagara por seguir respirando.

Valentina sintió que Sofía temblaba en sus brazos.

Pilar se llevó las manos al pecho.

—Catalina vino a mí porque sabía que yo tenía miedo. Doña Milagros me dijo que si no obedecía, mi hija sería la siguiente. Mi niña. Mi Ximena. Yo... —la voz se le quebró— yo vi las agujas y pensé en sus manos.

Doña Milagros dio un paso.

—Basta.

Nana Rosa levantó el bastón.

—Quien se acerque desobedece a La Matriarca.

Pilar miró a Valentina entonces.

—No la odiaba.

Valentina no pudo responder.

—La envidiaba —confesó Pilar—. Porque usted todavía podía enojarse.

Esa frase hizo más daño que la bofetada de tres días atrás.

La sala se desordenó después. Don Fernando exigió que se separaran las declaraciones. Doña Milagros pidió que Pilar fuera encerrada por histeria. Sebastián parecía mirar a su madre como si acabara de ver una puerta abierta hacia un sótano que siempre estuvo bajo su casa.

Emilio permaneció en silencio.

Sus testigos también.

La verdad ya no dependía solo de Pilar.

Pero Pilar no lo sabía.

O quizá ya no le importaba.

La encerraron en su habitación con dos guardias en la puerta. Nana Rosa prometió llevar la declaración a Doña Aurora. Emilio dejó a sus hombres vigilando la salida de la hacienda. Sofía fue llevada al cuarto de Valentina para que Lucía revisara sus heridas.

La noche cayó con un silencio sucio.

Cerca de la medianoche, una criada gritó.

Valentina despertó en la silla donde se había quedado dormida junto a Sofía. Lucía entró primero, luego Nana Rosa. Nadie quiso dejarla ir, pero Valentina ya conocía la forma de las malas noticias antes de que las pronunciaran.

Pilar estaba en el suelo de su habitación.

Había un fragmento de taza rota cerca de su mano. La sangre no necesitaba descripción para ser entendida. Su rostro, en cambio, sí.

Estaba en paz.

Una paz terrible, limpia, casi ofensiva dentro de una casa que nunca se la concedió viva.

Sobre la mesa dejó una hoja.

Valentina la tomó con dedos helados.

Luna Valentina:

Perdóneme.

No porque merezca perdón, sino porque ya no tengo a quién pedirle que recuerde que alguna vez fui humana.

No quise destruirla. Tuve miedo. Miedo por mi hija. Miedo de Doña Milagros. Miedo de seguir respirando en una casa donde respirar también era una falta.

Si la Diosa Luna me escucha, que proteja a Ximena. Si no me escucha, protéjala usted cuando pueda.

Y si mi sombra queda aquí, que no sea para asustarla a usted.

Que sea para perseguir a quienes nos hicieron esto.

Pilar.

Valentina leyó la última línea dos veces.

Luego miró el cuerpo.

La paz en el rostro de Pilar no era perdón. Era agotamiento terminado.

Y en ese momento, Valentina vio su propio futuro con una claridad brutal.

Una habitación cerrada.

Un cuerpo delgado.

Una carta de disculpa.

Una familia diciendo que era una desgracia inevitable.

Doña Milagros lavándose las manos.

Sebastián llegando demasiado tarde.

Catalina sobreviviendo.

No.

La palabra ya no fue resistencia.

Fue terror.

Fue instinto.

Fue vida arañando la puerta.

Valentina volvió a su cuarto antes del amanecer. Sofía dormía por fin, agotada por el llanto y las heridas. Lucía molía tinta en silencio, como si hubiera sabido que la necesitaría.

—Otra carta —dijo Valentina.

Lucía no preguntó a quién.

Le acercó papel.

Valentina tomó la pluma. La mano le temblaba tanto que la primera gota de tinta cayó como una mancha negra sobre la hoja.

No la retiró.

Escribió alrededor.

Padre:

No le escribo para hablar de honor.

Le escribo porque una mujer murió esta noche dentro de Hacienda Reyes después de ser usada, torturada y abandonada.

Si usted retrasa mi ruptura para proteger un apellido, el próximo cuerpo puede ser el mío.

Padre, saque a su hija de aquí.

Esta vez no dobló la carta con cuidado.

La cerró como se cierra una herida con los dientes apretados.

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Nana Pelaez
24 capítulos y ella feliz sufriendo 😭😭😭
Marleys Sofia Cervantes
uffffffffffffffffffff
Marleys Sofia Cervantes
👏👏👏👏👏👏👏
Carla Carvajal
autora quise leer algunas de tus obras, ninguna de las que escogí está terminada, espero puedas terminar esta y sigas con las otras
Natt_Lpz
ne encanta.. pero creo q sabemos q Valentina es fuerte feroz pero xq sufrir tanto? me parte el alma 💔
gabriel rios
es el final o va a seguir
Carla Carvajal
ojalá está novela no sea tan larga, las novelas cuando comienzan a ser rebuscadas suelen aburrir al lector, solo es mi opinión, aburre leer muchos capítulos
Marleys Sofia Cervantes
Alguien sensato
Marleys Sofia Cervantes
Valentina es
Lola calamidades
Sofia Carruso
👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏
muy bien Damián
Marleys Sofia Cervantes
Hay va arder troya
Marleys Sofia Cervantes
Valentina si lleva porrazos
porrazos viene
porrazos van
Marleys Sofia Cervantes
le están buscando 5 patas al gato
Zaida Sanchez
toda esa gente no vale la
Zaida Sanchez: no valen la pena de sus esfuerzos 😡
total 2 replies
Marleys Sofia Cervantes
pisando en terreno mojado
Marleys Sofia Cervantes
Esa Catalina es un grano en la nalga
Marleys Sofia Cervantes
👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏
valentina
Marleys Sofia Cervantes
Doña aurora tiene más pelota que un poco jajajajaja y está vieja me imagino en sus años mosos
Marleys Sofia Cervantes
1 más 1 2
y estos ufff no se que esperan
Lilian Benitez
🤔no está completa
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