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BAJO EL HECHIZO DEL PRÍNCIPE ELFO

BAJO EL HECHIZO DEL PRÍNCIPE ELFO

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Amor eterno / Mujer poderosa
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Celeste A. Godoy

En el reino de Aethelgard, el príncipe Aelion es un guerrero élfico invicto, de alma pura y de magia indomable. Pero cuando una traición lo expone a un afrodisíaco, su cordura se desmorona en las profundidades del bosque. Allí se cruza con Mia, una mestiza de ardientes ojos ámbar que, para salvarlo del fuego que lo consume, accede a entregarse a él.
En medio del calor de la pasión, Aelion descubre lo impensable: ¡ELLA ES SU ALMA GEMELA!
Sin embargo, cuando Mia acepta su dinero por desesperación para salvar la vida de su tío enfermo, el orgullo del príncipe se rompe al creer que la mujer de su vida no tiene honor. Obligados a reencontrarse bajo la mirada de la realeza y aplastados por malentendidos, celos e impulsos incontrolables, ambos descubrirán que la peor cicatriz no es la que se lleva en la piel... sino la que se queda grabada en el alma.

NovelToon tiene autorización de Celeste A. Godoy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 16 EL ARTE DE HACER MAGIA CON SU RECUERDO

Mia

Por primera vez en mi vida, no vestía harapos de lino basto ni vestidos desgastados por el trabajo de la tierra. Sin embargo, al mirarme en el espejo de cuerpo entero, la sombra de la duda seguía ahí. La túnica se sentía ajena, como un disfraz que trataba de ocultar a la muchacha insegura que aún temía el fuego imprevisto que ardía bajo su piel.

—Deja de fruncir el ceño, Mia —dijo Serena, ajustándose los puños de la túnica con ademán despreocupado mientras se sujetaba el cabello pelirrojo en una maza alta—. Te queda perfecta. Además, hoy es la primera lección práctica de manipulación elemental con el Profesor Theron. Es hora de demostrar que lo del anfiteatro no fue un simple golpe de suerte.

El Pabellón del Elementalismo era una vasta estructura circular sin techo, abierta a los vientos de la montaña y delimitada por columnas de basalto negro talladas con glifos de protección. En el centro de la arena, unos treinta alumnos de primer año formábamos un semicírculo.

La diversidad de razas era evidente, pero también lo era la tensión: los jóvenes de las casas nobles de Aethelgard y los elfos de linaje antiguo nos miraban a los de origen humilde con una mezcla de recelo y altanería.

El Profesor Theron, un elfo de edad indefinible, con la piel del color de la madera de nogal y unos ojos desprovistos de pupilas que emitían un fulgor dorado permanente, avanzó hacia el centro de la arena. Su sola presencia infundía un silencio reverencial.

—La magia no es una herramienta que se domina por la fuerza bruta ni un truco para impresionar —comenzó Theron, su voz rasposa resonando con una nitidez sobrenatural en el espacio abierto—. La magia es un flujo vivo. Es la corriente primaveral que recorre el mundo. Para moldearla, deben convertirse en el cauce del río, no en la presa que intenta contenerlo.

El profesor estiró una mano hacia el suelo de piedra. Con un movimiento grácil de sus dedos, una pequeña columna de agua brotó de las grietas, se elevó en el aire, se congeló en un prisma perfecto y, al segundo siguiente, estalló en una bandada de pequeños pájaros de luz que revolotearon sobre nuestras cabezas antes de disiparse.

Un murmullo de admiración recorrió la clase.

—Frente a cada uno de ustedes hay un recipiente de bronce con arena —continuó el profesor, señalando los pedestales alineados delante de nosotros—. Su tarea de hoy es simple en teoría, pero compleja en la práctica: canalicen su energía interna a través del tacto y moldeen la arena en una forma geométrica estable. Un cubo, una esfera, una pirámide. No busquen crear algo más aún; busquen primero tener el control.

Me acerqué a mi pedestal, tragando saliva. A mi izquierda, un elfo de cabello platinado y postura orgullosa no tardó ni diez segundos en elevar la arena de su cuenco, dándole la forma de un tetraedro perfecto que giraba suavemente sobre la superficie de bronce.

A mi derecha, Serena cerró los ojos, respiró hondo y, con un leve chasquido de sus nudillos, hizo que la arena de su cuenco se elevara envuelta en un remolino de chispas anaranjadas hasta solidificarse en un aro de piedra volcánica.

Extendí mis manos sobre el recipiente. Las yemas de mis dedos rozaron los finos granos de arena gris.

Cerré los ojos e intenté buscar la magia en mi interior. Traté de invocar la energía como me habían dicho los libros: concentrándome en la mente, buscando el vacío absoluto, intentando empujar la fuerza a través de mis brazos.

Pero cuanto más lo intentaba, más dura se volvía la resistencia. Sentí la energía como un bloque de hielo rugoso atascado en mi pecho. Un calor sordo y molesto comenzó a subirme por el cuello, pero nada fluyó hacia mis manos.

Cuando abrí los ojos, la arena de mi cuenco apenas había temblado. Pequeños chispazos amarillos y erráticos brotaron de mis uñas, pero se extinguieron al instante sin lograr mover un solo grano.

Reiteré el intento. Volví a apretar los dientes, tensando los hombros y canalizando todo mi esfuerzo mental. Lo único que conseguí fue un mareo repentino y que una fina hebra de humo negro brotara de la arena, chamuscándola.

A mi alrededor, las primeras risitas ahogadas de los nobles no se hicieron esperar.

—Parece que la "campesina" necesita más que suerte para un simple ejercicio de iniciación —murmuró la misma elfa de cabello dorado que me había criticado en la prueba de admisión, exhibiendo con orgullo una elegante esfera de arena cristalizada sobre su palma.

Bajé la cabeza, apretando las manos en puños. La humillación comenzó a quemarme por dentro. Sentía que el suelo bajo mis pies se desmoronaba; la vieja sensación de inutilidad, de no pertenecer a este mundo de prodigios, volvía a atenazarme el corazón.

Una sombra se proyectó sobre mi pedestal. Levanté la vista y me encontré con la figura imponente del Profesor Theron. Sus ojos dorados me observaban sin burla, pero con una agudeza clínica que parecía atravesarme el alma.

—Está luchando contra usted misma, señorita Mia —dijo Theron con voz serena, ignorando las miradas burlonas del resto de la clase—. Está intentando usar la lógica y la disciplina rígida de los magos de la corte. Pero la red mágica que habita en usted no responde a la mente. Es demasiado salvaje, demasiado antigua para ser encorsetada por el intelecto.

—No sé cómo hacerlo de otra forma, profesor —confesé en un hilo de voz, sintiendo que las lágrimas de frustración amenazaban con asomar a mis ojos—. Se me escapa de las manos. O se queda congelada o estalla sin control.

—Porque está intentando pensar la magia en lugar de sentirla —respondió Theron, inclinándose levemente hacia mí—. Para los seres con una afinidad primaria como la suya, el intelecto es una barrera. Necesita un ancla. Un puerto seguro en medio de la tormenta. Busque una emoción primaria, viva, absoluta. Algo que consuma sus dudas y la reconecte con su verdad. Ancle su poder a esa emoción y deje que la corriente fluya sin juzgarla.

El profesor dio un paso atrás, dejándome espacio.

Respiré profundamente. El viento de la montaña me azotó el rostro, trayendo consigo el aroma al pino y a la nieve de las cumbres. Cerré los ojos y dejé de lado los libros, las normas de la academia, la presión de los demás alumnos y el miedo al fracaso.

Buscai una emoción. No la rabia por las burlas, no el pánico al rechazo.

Busqué a Aelion.

En el instante en que invoqué su imagen, el mundo exterior desapareció por completo. Recordé el calor abrasador de sus manos envolviendo las mías en la penumbra de la cabaña, el roce firme y posesivo de sus labios sobre mi cuello, el aroma a sándalo que emanaba de su piel. Recordé el momento exacto en el carruaje real, cuando me miró con esa devoción feroz, ajeno al protocolo y a las exigencias de su corona, prometiéndome que no habría distancia en el mundo capaz de separarnos.

Aquel amor no era un concepto abstracto; era una fuerza física, viva, una tormenta de pasión y entrega que me inflamaba el pecho hasta hacerme temblar. Sentí la intensidad de sus besos, el recuerdo de sus promesas de amor resonando en mi oído y la forma en que su cuerpo se amoldaba al mío en la intimidad.

Ese recuerdo no era doloroso; era mi refugio. Era el fuego que quemaba las sombras de mi inseguridad.

En el preciso segundo en que me entregué a esa emoción sin reservas, el bloqueo en mi pecho se rompió en mil pedazos.

Un suspiro entrecortado se me escapó de los labios. No tuve que empujar la magia; la magia brotó de mí como una marea incalculable que buscaba la libertad.

Abrí los ojos. Un destello de luz dorada y rosa fluorescente emanó de mis palmas, iluminando por completo el Pabellón del Elementalismo. La arena gris del recipiente no solo se elevó en el aire; se transformó al instante. Bajo el influjo de esa energía pura y apasionada, los granos de cuarzo se fusionaron, volviéndose transparentes como el cristal líquido.

La marea de cristal flotante comenzó a moldearse sola en el aire, girando a un ritmo cadencioso que recordaba los latidos de un corazón desbocado.

Ante la mirada atónita de toda la clase, el cristal no tomó la forma de una figura geométrica simple. Se desplegó en una escultura viva y majestuosa: una red compleja de ramas de sauce de cristal transparente de las que comenzaron a brotar, en cuestión de segundos, flores reales de luz dorada que flotaban alrededor de la estructura.

El aire a nuestro alrededor se volvió cálido, impregnado de una fragancia embriagadora a flores nocturnas y jazmín. La escultura flotante emitía un pulso rítmico, una melodía silenciosa de luz que hacía vibrar las columnas de basalto del pabellón.

Nadie hablaba. El silencio en la arena era tan denso que solo se escuchaba el murmullo del viento.

La elfa de cabello dorado que se había burlado de mí dejó caer su propia esfera de arena, que se desintegró al chocar contra el suelo, mientras contemplaba mi creación con la boca abierta y los ojos desorbitados por la conmoción. A mi lado, Serena dejó escapar una sonrisa de orgullo absoluto, cruzándose de brazos mientras observaba el espectáculo.

El Profesor Theron avanzó despacio hacia mi pedestal. Estiró una mano con cautela, sin atreverse a tocar la escultura de luz y cristal que seguía flotando y floreciendo sobre el cuenco de bronce. Sus ojos dorados brillaban con una intensidad desmedida.

—Increíble... —murmuró Theron, y por primera vez en su voz se percibió un temblor de genuino asombro—. Esto no es transmutación elemental básica, señorita Mia. Es una manifestación de magia de creación pura... un fenómeno que no se veía en estos claustros desde hacía siglos. Ha canalizado una fuerza vital de una pureza absoluta.

El profesor se volvió hacia el resto de los alumnos, quienes nos observaban paralizados.

—Observen bien —dijo Theron, elevando la voz para que todos lo escucharan—. Esto es lo que ocurre cuando la energía no se fuerza con el intelecto, sino que se convierte en el reflejo directo de un alma sin ataduras.

Luego, el profesor volvió a mirarme, haciéndome una leve inclinación de cabeza con un respeto que me hizo dar un vuelco al corazón.

—Excelente trabajo, señorita Mia. Creo que el programa convencional de primer año se va a quedar muy corto para usted.

Gradualmente, deshice el pensamiento sobre Aelion, permitiendo que la escultura de cristal y luz descendiera despacio sobre el pedestal, donde quedó asentada como un recuerdo tangible de esa emoción abrasadora.

Sentí un leve cansancio en los hombros, pero por dentro me sentía más viva, más fuerte y más plena de lo que jamás me había sentido en toda mi existencia.

Miré mis manos, aún tibias por el flujo de la magia, y sonreí en silencio. Aelion, pensé con el corazón latiendo a mil por hora, tenías razón. Tu recuerdo es mi mayor fuerza.

1
Nery Guerrero
así me gusta q te superes y le calles la boca a la gente
Nery Guerrero
así es Mia para adelante y más nada
Nery Guerrero
q bien Mia les diste en la mera torre nadie se burla de ti
Nery Guerrero
así es demuestra lo que eres y lo q sabes q todos te respeten
Nery Guerrero
te admiro Mia supérate para q estés a la altura del Príncipe no dejes q nadie te pisotee
Nery Guerrero
Bueno Mia ese es un riesgo que tú tienes que correr
Nery Guerrero
q Rico y a la vez frustrante la interrupción pero lo disfrutaron un rato
Nery Guerrero
bien por Dorian y Mia pero los humillaran por ser pobres los defenderá la reina estará embarazada Mia
Nery Guerrero
q lindo conquista a tú chica ella es una buena niña no la hagas sufrir
Nery Guerrero
esa Mia si es boba dígale la verdad y punto deja q el Príncipe crea lo peor de ella en el fondo ellos dos se gustan
Nery Guerrero
q Mia ella sabe que el Príncipe la consigue dónde sea pero es una necia y el Príncipe la humilló muy feo
Nery Guerrero
q chimbo Mia de dijo lo del novio para no delatar al Príncipe pero el Príncipe no se lo q está pensando
Nery Guerrero
será q la reina se dará cuenta de lo q pasó entre ellos
Nery Guerrero
hay q ver q los hombres son idiotas la embarran y después se hacen los inocentes después de q la disfruta la caga
Nery Guerrero
q rico seguro q ella queda embarazada más a favor de el
Nery Guerrero
wow ese afrodisiaco si q es fuerte ojala y la chica le haga el favor y después q castigue a la princesa por mala gente
Nery Guerrero
por el pedazo que leí se ve q va ser buena
Zaida Sanchez
primera vez que la protagonista quiere el aborto 😭🤔
Zaida Sanchez
excelente historia me encanta 😍😍😍😍
Zaida Sanchez
puro fuego 😵‍💫🫨🥵
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