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Fuera De Juego Y Negocios

Fuera De Juego Y Negocios

Status: En proceso
Genre:Romance de oficina / Romance / CEO
Popularitas:231
Nilai: 5
nombre de autor: Esme libros

Elena solo quería salvar su carrera con un prototipo de cáñamo, pero Aksel Larsson está acostumbrado a ganar cada partido que juega, y esta vez, su objetivo es ella. Una historia corporativa de cocción lenta, ambición y secretos a voces donde las reglas del juego están a punto de cambiar para siempre.

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Capítulo 15

El zumbido del motor de la camioneta de Aksel y la calefacción templada eran lo único que rompía el silencio del trayecto de regreso a mi departamento. Aunque sus palabras misteriosas sobre el taller seguían flotando en el aire de la cabina, el cansancio acumulado de la semana comenzó a pasarme una factura implacable. Me apoyé contra la ventana, contemplando cómo las luces de la ciudad se difuminaban en la noche, sintiendo una mezcla extraña de paz profunda y un latente nerviosismo. Al estacionarse frente a mi edificio, no hubo grandes discursos ni despedidas apresuradas; solo un beso lento, pausado y lleno de una promesa silenciosa que me dejó el pecho cálido hasta que concilié el sueño entre mis cajas de mudanza.

Sin embargo, el fin de semana pasó volando, como un parpadeo fugaz, y el lunes por la mañana nos obligó a poner los pies sobre la tierra con una fuerza inevitable. Quedamos de vernos a primera hora en una pequeña cafetería discreta, a unas diez calles del corporativo de Mega-Market Prime, un lugar semioculto donde los ejecutivos de los pisos altos raramente ponían un pie. Necesitábamos hablar. Necesitábamos trazar una estrategia antes de que el humo de los pasillos nos terminara de asfixiar.

Llegué cinco minutos antes de la hora acordada. Me senté en una mesa al fondo, cerca de una ventana empañada por el frío de la mañana, aferrando una taza de café caliente entre mis manos para controlar el sutil temblor de mis dedos. Justo cuando el reloj marcó las siete y media, la campana de la puerta sonó y la imponente figura de Aksel cruzó el umbral. Llevaba un abrigo oscuro de corte impecable sobre su Traje formal de negocios y la mandíbula firmemente marcada. Al verme, sus ojos azules se suavizaron apenas un milímetro, pero la seriedad en su rostro permanecía intacta.

Se sentó frente a mí, ocupando el espacio con esa presencia física que siempre me desarmaba, y colocó sus manos grandes sobre la mesa, buscando de inmediato mis dedos para infundirme calor.

—No he dejado de pensar en lo que me dijiste el viernes, Elena —empezó a decir, con esa voz profunda y grave que se me metía directo bajo la piel. Sus ojos me recorrieron el rostro con una fijeza protectora—. Sé que tienes miedo de lo que Marcus o Recursos Humanos puedan hacer con los rumores. Y sé el riesgo que esto implica para tu carrera.

Respiré hondo, sintiendo el nudo de la responsabilidad apretarse en mi garganta. Miré nuestras manos unidas sobre la mesa de madera y luego lo miré directamente a él, volcando toda mi honestidad en mis palabras.

—Aksel, lo que pasó en el taller... lo que siento cuando estoy contigo es completamente real. Ya no puedo ni quiero negarlo —admití en voz baja, asegurándome de que nadie más en la cafetería pudiera escucharnos—. Pero no puedo permitir que el proyecto de los empaques biodegradables de cáñamo se venga abajo por un chisme de pasillo. He puesto mi vida entera, mis noches de insomnio y mi reputación en esos planos. Si la junta directiva piensa que obtuve el presupuesto por motivos personales y no por mi capacidad técnica, todo lo que he construido se destruirá. Y tú también arriesgarías tu posición en el consejo de la empresa.

Aksel escuchó cada una de mis palabras sin interrumpirme, asintiendo con una seriedad matemática. Sus dedos apretaron los míos con una firmeza que me devolvió el aliento.

—Entiendo perfectamente, ingeniera. Eres una profesional brillante y lo último que haré será restarle valor a tu trabajo —sentenció, y una chispa de absoluta determinación brilló en sus ojos—. Marcus está buscando cualquier cabo suelto para hacernos tropezar, y no le vamos a dar el gusto. Si queremos que esto funcione, si queremos estar juntos en el mundo real, tenemos que blindarnos dentro de la oficina.

Ahí fue donde pusimos las cartas sobre la mesa y comenzamos a sellar nuestro acuerdo, trazando una línea invisible pero implacable entre el trabajo y lo que nos pertenecía a nosotros.

Establecimos la primera regla con total claridad: dentro de las paredes de Mega-Market Prime, la fachada de jefe y empleada tenía que ser absoluta, impecable y fría. Nada de miradas prolongadas en las reuniones de presupuesto, nada de sonrisas cómplices en las presentaciones y, sobre todo, Aksel no volvería a bajar al taller del sótano a menos que fuera estrictamente necesario por una auditoría técnica o una revisión oficial de los empaques con otros directores presentes. Teníamos que ser dos témpanos de hielo frente a las cámaras de seguridad y ante los ojos inquisitivos de Marcus.

—Mantendremos una distancia estrictamente profesional durante toda la jornada —añadí, sintiendo un peso liberarse de mis hombros al ver que él estaba completamente de acuerdo—. El proyecto de cáñamo tiene que avanzar por su propio peso, con mis reportes y tus aprobaciones oficiales firmadas en papel legal, sin intermediarios.

—De acuerdo. Seremos los profesionales más eficientes que ese corporativo haya visto jamás —coincidió Aksel, con una sonrisa ligera y decidida que me devolvió la tranquilidad—. Pero fuera de esa empresa, Elena, las reglas cambian. Fuera de ahí, no hay jefes ni ingenieras. Solo tú y yo.

—Solo tú y yo —repetí en un susurro, sintiendo cómo la electricidad de sus palabras me recorría el cuerpo.

Nos miramos fijamente, asimilando la magnitud del pacto que acabábamos de sellar. Era un juramento de lealtad mutua, una promesa de proteger el secreto en las sombras mientras el proyecto seguía su curso hacia la certificación final. Sabíamos que jugar a las escondidas en una corporación tan grande era una bomba de tiempo, pero la certeza de lo que compartíamos hacía que valiera la pena correr cualquier riesgo.

Aksel miró su reloj de pulso, indicando que el tiempo de la tregua matutina estaba por terminar. Se inclinó un poco más hacia mí sobre la mesa, sin soltar mi mano.

—Hay algo más, Elena —dijo, cambiando el rumbo de la conversación a un tono más ligero, casi entusiasta—. Este viernes por la noche tengo un partido crucial en el estadio. Es una de las finales de la temporada y la presión va a estar a tope. Quiero que estés ahí. Quiero que me veas jugar.

El corazón me dio un vuelco repentino. La idea de adentrarme en su otro mundo, el de los estadios llenos, los miles de fanáticos y los reflectores de la prensa deportiva, me produjo una oleada instantánea de nerviosismo.

—Aksel, ¿estás seguro? Si alguien me ve en los palcos familiares o cerca de tu representante, las sospechas van a estallar de inmediato —objeté, preocupada por romper el pacto que acabábamos de crear.

Aksel soltó una pequeña risa ronca, acariciando el dorso de mi mano con el pulgar.

—Ya pensé en eso, ingeniera. No vas a ir a los palcos VIP ni a la zona de la directiva. Conseguí un pase para la tribuna común, en las gradas generales, mezclada con la afición. Nadie va a notar tu presencia entre treinta mil personas gritando. Pero yo sabré exactamente en qué sector estás. Necesito que estés ahí, Elena. Me das una motivación diferente.

Miré la honestidad en sus ojos azules, esa necesidad cruda de tener mi apoyo en un momento tan importante para su carrera, y toda mi resistencia se desvaneció. Le devolví la sonrisa, asintiendo despacio.

—Está bien. Ahí estaré, escondida entre la multitud.

Nos levantamos de la mesa de forma pausada. Aksel pagó la cuenta y salimos de la cafetería con unos pasos de diferencia, asumiendo de inmediato el rol profesional antes de cruzar las puertas de Mega-Market Prime. El pacto estaba sellado. El secreto estaba a salvo por ahora en nuestras mentes, pero mientras caminaba hacia el taller del sótano, lista para enfrentar la mirada de Marcus, una nueva expectativa comenzó a crecer en mi pecho. El viernes por la noche me tocaría ver al monstruo del fútbol en su hábitat natural, sin imaginar la magnitud de la tormenta mediática que se estaba cocinando a la vuelta de la esquina.

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