Lucia despierta después de una noche de borrachera, dándose cuenta que estaba en la casa de su jefe, Mateo Alcázar, y que había pasado una noche de pasión.
Mateo, a consecuencia de esto, promete hacerse responsable, pero Lucía lo rechaza. Aunque eso no significa que sea el final, ya qué, con la presencia de su ex novio, quien intenta agredirla, Lucía finalmente acepta el matrimonio con Mateo, iniciando así, una relación en donde no existe amor, pero hay una evidente atracción entre ambos.
¿Podrá prosperas el amor, en este matrimonio que empezó como una necesidad de protección?
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Capítulo 14
Martina la detectó apenas llegó al escritorio.
—Tenés cara rara.
—Dormí mal.
—No. Tenés cara de secreto.
Lucía dejó la cartera y escondió el termo rosa en el cajón.
—Tengo cara de trabajo.
—Hace unos días vi a Bruno con flores abajo. ¿Te pidió casamiento?
Lucía soltó una risa seca.
—Bruno no califica ni para pedirme la hora.
Le contó lo necesario: Bruno, Valentina, el embarazo, la puerta rota, la agresión. No dijo Mateo. No dijo Registro Civil. No dijo que ahora vivía en San Isidro y dormía en una cama donde su marido se quedaba quieto para no asustarla.
Martina se puso pálida.
—¿Dónde estás viviendo?
—En lo de un amigo.
—¿Amigo varón?
—Amigo con puerta sana.
—Quiero dirección.
—Cuando sea definitivo.
Antes de que Martina insistiera, Nicolás Herrera apareció con una carpeta.
—Lucía, reunión en presidencia por Seúl.
—¿Ahora?
—Ahora.
Volvió al piso treinta, esta vez con Nicolás. Mateo estaba sentado en el sofá con varias carpetas. Simón repartió documentos.
—Hay una diseñadora que queremos ubicar —dijo Mateo—. Firma como La Despistada. Sus prendas se venden antes de que podamos negociar. Quiero proponerle contrato externo para la próxima colección.
Lucía miró el celu que Simón apoyó en la mesa.
Su avatar.
Sus diseños.
Sus bocetos anónimos.
La Despistada era ella.
Había creado esa identidad años atrás para subir trabajos sin apellido, sin jefe, sin novio, sin nadie opinando sobre su cuerpo o su historia. En foros y plataformas de diseño, La Despistada vendía mejor que Lucía Salcedo en una sala de reuniones.
—¿No es mucho perseguir a alguien que claramente quiere privacidad? —preguntó.
Mateo la miró.
—Si quiere privacidad, puede rechazar.
—Capaz ya trabaja para una empresa.
—Mejor.
Simón bajó la vista para no reír.
Mateo siguió con el itinerario: vuelo de madrugada, dos días de adaptación, reuniones con proveedores, pasarela, posible contacto con diseñadores. Lucía apenas escuchaba. No tenía los bocetos listos. Entre Bruno, Valentina, sanatorio, golpes y casamiento, el viaje a Seúl había quedado enterrado.
—¿Tus propuestas están listas? —preguntó Mateo.
Nicolás la miró.
—Sí —dijo Lucía.
Mateo notó la mentira.
—Lucía, ¿te doy miedo?
—No.
—Entonces respirá.
Nicolás creyó que el jefe estaba siendo considerado.
Lucía quiso patear a los dos.
La reunión terminó. Apenas salió, recibió mensaje.
Mateo: Subí antes de almorzar.
Lucía: Estoy trabajando.
Mateo: Cinco minutos.
Lucía: Eso dijiste y terminamos casados.
No respondió.
Al mediodía, cuando todos bajaron al comedor, Lucía subió. Simón la dejó frente a la puerta.
—Yo bajo a comer. Portate mal con discreción.
—Andate.
En el despacho había comida casera servida en la mesa baja. Blanca, la secretaria nueva, terminaba de acomodar cubiertos.
Mateo se levantó y le tomó la mano con naturalidad. Lucía se tensó.
—En la oficina no hagas eso.
—La puerta está cerrada.
—Las paredes tienen vocación de chisme.
Blanca salió sin mirar de más.
Lucía se sentó.
—¿Esto es almuerzo?
—Mi mamá cocinó.
Lucía dejó de respirar.
—¿Tu mamá sabe?
—Mis padres saben. Mi abuelo sabe. Mi tía sabe. Simón sabe porque respira cerca de todo.
—Me casé hace un día y ya soy tema familiar.
—Más de un día.
—No ayuda.
Mateo le sirvió sopa.
—Comé.
—¿Tu familia qué piensa?
—Que tengo esposa.
—Qué capacidad de síntesis.
Comieron. Lucía estaba más nerviosa que en cualquier reunión. Mateo no llenó los huecos con charla. Eso ayudó.
Antes de que bajara, él le pidió el celu.
—No.
—Lucía.
—Cada vez que decís mi nombre así pasa algo caro.
Él se lo sacó igual. Agregó una tarjeta para gastos, puso pago familiar y cambió su contacto de "Vampiro jefe" a "Marido".
Lucía lo miró.
—¿Te divertís?
—No sé hacer esto —dijo él.
Eso la frenó.
Mateo no agregó una explicación larga. Solo le devolvió el celu.
—Si algo te molesta, lo decís.
Esa frase sí sonó a él.
Lucía bajó al piso veintiocho con la boca seca y la sensación de haberse metido en una vida que todavía le quedaba grande.
Martina la olfateó al pasar.
—¿Comiste arriba?
—Me retaron.
—Con olor a sopa.
—Fue un reto nutritivo.
Lucía abrió un archivo en blanco.
Tenía que preparar bocetos para Seúl.
Y tenía que evitar que su propio marido encontrara a La Despistada.
metiche la envidia ella siempre odiaba a Lucia por qué se casó con Mateo 😂😂😂💕