Durante años, las familias mafiosas más poderosas han mantenido un frágil equilibrio de poder. Sin embargo, una traición rompe esa paz cuando Noah Salvatore, el estratega de una organización rival, es entregado a Adrián De Luca, el temido líder de la mafia Cuervo Negro.
Todos esperan una ejecución inmediata. Adrián, en cambio, decide mantener con vida a aquel hombre de mirada desafiante que parece esconder secretos capaces de destruir el imperio criminal de la ciudad.
Obligados a colaborar para sobrevivir, la desconfianza pronto se convierte en respeto, el respeto en deseo y el deseo en un amor tan peligroso como la guerra que amenaza con consumirlos. Pero en el mundo de la mafia, amar a la persona equivocada puede costar la vida.
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Capítulo 11: Las cicatrices del pasado
El silencio después de la llamada resultó insoportable.
Noah nunca había visto a Adrián perder la compostura. Desde el día en que llegó a la mansión, el líder de Cuervo Negro siempre había mantenido la misma expresión fría, la misma postura firme y el mismo control absoluto sobre sus emociones.
Pero aquella voz...
Había roto algo dentro de él.
Adrián seguía inmóvil, con el teléfono en la mano. Sus nudillos estaban blancos por la fuerza con la que lo sujetaba, y su mandíbula permanecía tan tensa que parecía contener una tormenta.
—Adrián... —llamó Noah con cautela.
No obtuvo respuesta.
Solo cuando Noah dio un paso hacia él, Adrián cerró lentamente los ojos y dejó escapar un suspiro.
—Vuelve a la mansión.
—No pienso dejarte solo.
Los ojos grises se clavaron en él.
—Eso fue una orden.
Noah sostuvo su mirada sin retroceder.
—Y yo dejé de obedecer órdenes de personas que intentan alejarme para cargar con todo ellos solos.
Durante unos segundos ninguno habló.
Finalmente, una leve sonrisa cansada apareció en los labios de Adrián.
—Eres desesperadamente terco.
—Y tú insoportablemente orgulloso.
Por primera vez en muchos días, el ambiente se relajó un poco.
Regresaron al despacho en silencio.
Matteo los esperaba junto con Elías. Sobre la mesa había varios expedientes abiertos y fotografías antiguas.
—Encontramos información sobre la llamada —informó Matteo.
Adrián recuperó su expresión seria.
—Habla.
Matteo colocó una fotografía frente a ellos.
En ella aparecían cuatro hombres vestidos con trajes negros.
La imagen estaba amarillenta por el paso del tiempo.
—Fue tomada hace veintidós años.
Noah observó atentamente.
Reconoció de inmediato a uno de ellos.
—Ese es mi padre.
Adrián también identificó otro rostro.
Su respiración se volvió pesada.
—Y ese... es el mío.
El silencio cayó nuevamente sobre la habitación.
Los dos hombres permanecieron observando la fotografía.
Sus padres estaban uno al lado del otro.
Sonriendo.
Como si fueran amigos.
—Eso es imposible... —murmuró Noah.
Toda su vida creyó que los Salvatore y los De Luca habían sido enemigos desde siempre.
Pero aquella fotografía contaba una historia completamente distinta.
Elías abrió otro expediente.
—No solo eran aliados.
Pasó una página más.
—Fundaron juntos una organización secreta.
Adrián levantó la vista.
—¿Cuál?
El médico señaló un antiguo símbolo dibujado en el documento.
Un cuervo rodeado por trece llaves.
—El Círculo de los Trece.
Las siguientes dos horas estuvieron llenas de preguntas.
Según los documentos, el Círculo de los Trece había sido creado por trece líderes criminales para mantener el equilibrio entre las familias mafiosas.
Cada uno recibió una llave.
Cada llave protegía información diferente.
Si algún día las trece llaves se reunían...
Todos los secretos del mundo criminal quedarían expuestos.
—Entonces la Orden Carmesí quiere las llaves —concluyó Noah.
Adrián negó lentamente.
—No.
Todos lo miraron.
—Las llaves por sí solas no sirven de nada.
Tomó el mapa encontrado el día anterior.
—Necesitan a alguien que pueda abrir las puertas.
Noah sintió un escalofrío.
—Por eso me llaman "el Heredero".
Adrián asintió.
—Y probablemente por eso asesinaron a tu padre.
Cuando terminó la reunión, Noah caminó hasta la biblioteca.
Necesitaba estar solo.
Los libros siempre habían sido su refugio desde niño.
Mientras recorría lentamente los estantes, escuchó pasos acercarse.
No tuvo que mirar para saber quién era.
—¿También vienes a esconderte aquí?
Adrián tomó un libro cualquiera y sonrió apenas.
—Cuando era niño, mi madre decía que los libros eran el único lugar donde nadie podía encontrarme.
Noah levantó una ceja.
—No imaginaba a un pequeño Adrián leyendo cuentos.
—No eran cuentos.
—¿Qué leías?
—Historia.
Noah soltó una risa.
—Claro...
—¿Y tú?
Noah acarició el lomo de un viejo libro.
—Novelas.
—¿Románticas?
Noah sintió calor en las mejillas.
—Tal vez.
Adrián dejó escapar una risa baja.
Era un sonido extraño.
Cálido.
Completamente diferente al hombre que todos temían.
Noah se quedó observándolo.
—¿Qué?
—Nada.
—Me estás mirando.
—Es que...
Noah dudó unos segundos antes de hablar.
—Nunca te había visto reír así.
Adrián dejó de sonreír.
—No suelo hacerlo.
—Deberías.
—¿Por qué?
Noah sostuvo su mirada.
—Porque te queda bien.
El silencio volvió a envolverlos.
Noah sintió que había dicho demasiado.
Pero Adrián no apartó los ojos.
Por el contrario...
Se acercó un paso.
Luego otro.
Hasta quedar frente a él.
—¿Siempre dices lo que piensas?
—Casi siempre.
—Eso es peligroso.
—Lo sé.
La distancia entre ambos desapareció lentamente.
Noah podía distinguir cada detalle del rostro de Adrián: la ligera cicatriz junto a su ceja derecha, el brillo gris de sus ojos y el aroma de su perfume mezclado con el olor de los libros antiguos.
Por un instante...
El mundo dejó de existir.
Adrián levantó una mano y acomodó con delicadeza un mechón del cabello castaño de Noah detrás de su oreja.
Fue un gesto simple.
Pero hizo que el corazón de Noah latiera con fuerza.
—Noah...
Su voz era apenas un susurro.
—¿Sí?
—Hay algo que necesito decirte.
Noah sintió que el tiempo se detenía.
Adrián respiró profundamente.
—Hace unas semanas eras mi enemigo.
Noah bajó ligeramente la mirada.
—Lo sé.
—Después fuiste un aliado.
El silencio volvió.
Y entonces Adrián terminó la frase.
—Ahora... eres alguien que no estoy dispuesto a perder.
Las palabras golpearon directamente el corazón de Noah.
No esperaba escucharlas.
Mucho menos de alguien como Adrián De Luca.
Sin pensarlo, dio un pequeño paso hacia él.
Sus rostros quedaron separados por apenas unos centímetros.
Podía sentir la respiración cálida de Adrián sobre sus labios.
Todo indicaba que, por fin, el primer beso estaba a punto de ocurrir.
Entonces...
La puerta de la biblioteca se abrió de golpe.
—¡Jefe!
Matteo entró apresuradamente.
Los dos se separaron de inmediato.
Matteo apenas les dedicó una mirada; la urgencia en su rostro era evidente.
—Encontramos una de las trece puertas.
Adrián recuperó su porte serio.
—¿Dónde?
Matteo colocó un viejo plano sobre la mesa.
Señaló un punto ubicado bajo una antigua catedral abandonada, en las afueras de Valdoria.
—Pero hay un problema.
Noah frunció el ceño.
—¿Cuál?
Matteo respiró hondo antes de responder.
—La Orden Carmesí ya está allí.
Y por primera vez, Adrián comprendió que la carrera por las trece llaves acababa de comenzar.
Si llegaban tarde, no solo perderían una puerta.
Podrían perder el secreto que había unido el destino de sus familias desde hacía más de veinte años.
Continuará...