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Mi Primer Amor

Mi Primer Amor

Status: En proceso
Genre:Fanfic / Romance / Amor a primera vista
Popularitas:79
Nilai: 5
nombre de autor: Llona

Bajo una lluvia torrencial, la desafortunada Kim Suki tropieza con Jeon Jungkook, un elegante y reservado empresario. Para saldar la deuda médica que él pagó por ella, Suki acepta ser la niñera de su rebelde sobrino de ocho años, llenando de calidez y divertido caos la fría mansión. Entre bromas, miradas robadas y roces inesperados, el amor florece entre dos mundos opuestos. Superando prejuicios y barreras sociales, descubrirán juntos que la mala suerte, a veces, es solo el disfraz del destino perfecto.

NovelToon tiene autorización de Llona para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Segunda temporada

Un año entero había pasado desde la inolvidable boda en el jardín de la mansión Jeon. Para la alta sociedad de Seúl, la residencia de la familia Jeon siempre había sido vista como un imponente palacio de mármol frío, silencio sepulcral y reuniones de negocios rígidas. Sin embargo, en tan solo doce meses, Kim Suki había logrado transformar ese "museo de cristal" en un hogar caótico, bullicioso, lleno de aromas a pan recién horneado y risas infantiles.

La mañana del primer aniversario de bodas arrancó exactamente a las 6:30 a.m. con el sonido de algo metálico rodando por las escaleras de la cocina.

—¡Estoy bien! ¡Nadie se asuste, los platos están intactos! —se escuchó la voz de Suki resonando desde la planta baja.

En el dormitorio principal, Jeon Jungkook abrió los ojos lentamente. Una sonrisa automática, tibia y completamente enamorada se dibujó en sus labios. Ya no era el frío y distante director ejecutivo que solía despertar revisando el índice Bursátil con el ceño fruncido. Ahora era un hombre que despertaba sonriendo solo de escuchar el alboroto que su esposa armaba cada mañana.

Jungkook se levantó de la cama, vistiendo unos pantalones de pijama gris y una playera holgada. Bajó las escaleras a paso firme pero silencioso hasta llegar a la cocina. La escena frente a sus ojos era una obra de arte del caos cómico: Suki, luciendo un delantal amarillo brillante con orejas de oso y una mancha de harina en la punta de la nariz, intentaba equilibrar tres sartenes mientras supervisaba una enorme bandeja de bocadillos de canapé.

El negocio de catering de Suki, llamado *"La Mesa de la Suerte"*, se había convertido en un éxito rotundo en el barrio. Sus recetas caseras fascinaban a todos, aunque el proceso de cocina siguiera siendo un deporte de alto riesgo debido a su legendaria torpeza.

—Suki-ah... —llamó Jungkook con voz suave, apoyándose en el marco de la puerta con los brazos cruzados.

Suki dio un brinco del susto, dejando caer una espátula de silicona que rebotó mágicamente en el suelo y fue a parar dentro del recipiente de la masa para panqueques.

—¡Jungkook! ¡Me asustaste! —dijo ella, llevándose una mano al pecho y haciendo un puchero adorable—. Se supone que debías seguir durmiendo. Hoy es nuestro aniversario y quería prepararte un desayuno perfecto de cinco estrellas antes de revisar los pedidos del catering.

Jungkook caminó despacio hacia ella. Ignoró la espátula llena de masa, ignoró el ligero olor a pan tostado un poco pasado de cocción y rodeó la cintura de Suki con sus brazos, pegándola a su pecho.

—Para mí, cualquier desayuno que tú hagas es de diez estrellas —susurró él, bajando la cabeza para besar suavemente la punta de su nariz manchada de harina—. Feliz primer aniversario, mi amor.

—Feliz aniversario, mi arquitecto cascarrabias —sonrió Suki, rodeándole el cuello con los brazos y poniéndose de puntitas para darle un beso dulce en los labios.

El momento romántico duró exactamente cuatro segundos antes de que una pequeña sombra pasara corriendo a toda velocidad por el pasillo.

—¡Abran paso al Capitán Dinosaurio! —gritó el pequeño Byul, irrumpiendo en la cocina luciendo una capa de superhéroe roja sobre su pijama de tiranosaurios y una corona de plástico que le quedaba torcida.

Byul se frenó en seco, los miró a ambos y rápidamente se cubrió los ojos con sus pequeñas manos, abriendo los dedos solo lo suficiente para espiar.

—¡Puaj! ¡Otra vez se están dando besos de novios! —exclamó el niño con una risita traviesa.

Jungkook soltó una carcajada profunda y, en un movimiento rápido y ágil, se agachó y atrapó a Byul entre sus brazos, cargándolo en el aire mientras el niño gritaba de la risa.

—¡Atrapé al Capitán Dinosaurio! —dijo Jungkook, haciéndole cosquillas en el estómago con la nariz—. A ver, ¿qué se dice en las mañanas?

—¡Buenos días, papá Kook! ¡Buenos días, mamá Suki! —gritó Byul, dándole un abrazo apretado al cuello de Jungkook y luego estirando los brazos hacia Suki.

Suki se acercó y llenó de besos la mejilla del pequeño, quien se retorcía divertido. Al escuchar la palabra "mamá" salir de la boca de Byul con tanta naturalidad y afecto, el corazón de Jungkook sintió un caluroso vuelco. Era una palabra que Byul había comenzado a usar hacía unos meses y que cada día sonaba más firme, más real.

Minutos después, el secretario Ho-jin entró a la cocina luciendo su habitual traje impecable de tres piezas, llevando una carpeta ejecutiva bajo el brazo y una taza de café en la mano.

—Buenos días, director Jeon, señora Suki, joven Byul —saludó Ho-jin con su tono monótono y elegante—. Señorita Suki, los clientes del evento de la tarde confirmaron el pedido de cien tartaletas de fruta. Sin embargo, solicité que el equipo de transporte lleve cascos de protección por si acaso.

—¡Ho-jin! ¡Ya no rompo tantas cosas como antes! —protestó Suki con las mejillas infladas.

—El martes pasado volaron tres tazones por la ventana del jardín, señora —respondió Ho-jin imperturbable, ajustándose las gafas con la punta del dedo.

Jungkook sonrió de lado, tomando a Byul de la mano para llevarlo a sentarse a la mesa. Mientras Suki y Ho-jin discutían de forma divertida sobre la logística del catering, Jungkook sacó disimuladamente un sobre de piel color marrón del bolsillo de su saco, que descansaba sobre la silla.

En la tarde, mientras Byul tomaba su siesta y Suki terminaba de empacar los últimos pedidos de su empresa en el comedor, Jungkook se le acercó por la espalda. Le entregó una taza de té caliente y colocó el sobre de piel sobre la mesa de madera.

Suki miró el sobre con curiosidad.

—¿Qué es esto? ¿Un regalo de aniversario? —preguntó ella, mirándolo con ojos brillantes—. Te dije que no necesitábamos regalos caros, Jungkook.

—Abre el sobre. No es algo que se pueda comprar con dinero —dijo él, sentándose a su lado y tomándole la mano libre.

Suki abrió con cuidado el sello de cera. Sacó varios folios de papel oficial con el membrete del Registro Civil y del Juzgado de Familia de Seúl. Al leer las primeras líneas en negrita, sus ojos se abrieron como platos y el aliento se le cortó en la garganta:

> **SOLICITUD FORMAL DE ADOPCIÓN PLENA Y CAMBIO DE APELLIDO LEGAL**

> *Demandante:* Jeon Jungkook y Kim Suki.

> *Menor:* Jeon Byul.

>

Suki leyó la página tres veces seguidas, incapaz de procesar del todo las palabras. Miró a Jungkook con las pestañas temblando por las lágrimas que amenazaban con salir.

—Jungkook... esto es...

—Es la solicitud formal para adoptar a Byul juntos —dijo Jungkook con una voz baja, profundamente emotiva y llena de una madurez serena—. Sé que Byul es mi sobrino biológico y que he sido su tutor desde que mi hermano falleció. Pero tú llegaste a nuestras vidas y nos enseñaste lo que realmente significa ser una familia. Byul te ama como a su verdadera madre, Suki. Y yo quiero que él sea legalmente nuestro hijo. Quiero que lleve nuestro apellido en los papeles, así como ya lo lleva en el alma.

Suki no pudo contener más las lágrimas. Se tapó la boca con la mano, dejando escapar un sollozo dulce y emocionado.

—¿De verdad estás seguro? La junta directiva, la prensa... sabes que los abogados van a revisar todo minuciosamente.

Jungkook se inclinó hacia adelante, tomó el rostro de Suki entre sus manos grandes y cálidas y le secó una lágrima con el pulgar.

—Estoy más seguro de esto que de cualquier edificio que haya diseñado en mi vida —expresó él con una mirada tan pura que hizo que a Suki se le erizara la piel—. Tú y Byul son mi estructura, mi base. Mañana a primera hora, Ho-jin presentará la solicitud en el juzgado. En unos meses, Byul será oficialmente Jeon Byul, hijo de Jeon Jungkook y Kim Suki.

Suki se lanzó a sus brazos, abrazándolo con una fuerza abrumadora. Jungkook la estrechó contra su pecho, escondiendo el rostro en su cabello con aroma a vainilla. En ese rincón del comedor, rodeados de cajitas de catering y papeles legales, el amor se sentía indestructible.

Sin embargo, a varios kilómetros de allí, en un exclusivo edificio de oficinas en el distrito financiero de Gangnam, el ambiente era completamente opuesto.

Una mujer elegante, de silueta esbelta, vistiendo un blazer de marca y labios pintados de un rojo carmesí intenso, permanecía de pie junto a un gran ventanal observando la ciudad. Era **Cha Hae-won**, la exnovia de la juventud de Jungkook y pariente lejana por parte de la difunta madre de Byul.

En su mano sostenía un periódico matutino donde figuraba una foto de Jungkook y Suki sonriendo a la salida de un evento benéfico.

Un abogado de traje oscuro entró a la oficina y le entregó una carpeta.

—Señorita Cha, tal como sospechábamos, el señor Jeon ha iniciado oficialmente los trámites para la adopción legal del menor Byul junto a su nueva esposa —informó el abogado.

Hae-won dio un sorbo a su copa de vino blanco y dejó escapar una sonrisa helada, llena de resentimiento y codicia.

—Un multimillonario jugando a la casita feliz con una chiquilla de pueblo sin un centavo —murmuró Hae-won, volteándose lentamente—. Ese niño es el único heredero del fideicomiso que dejó el hermano de Jungkook. No voy a permitir que esa mujer se quede con esa fortuna ni que Jungkook pretenda que yo nunca existí.

Hae-won tiró el periódico sobre la mesa con desprecio.

—Abogado Kang, prepare la demanda de impugnación de custodia de inmediato —ordenó con voz de hielo—. Vamos a detener esa adopción y a reclamar la custodia de mi sobrino. Es hora de arruinarles el cuento de fadas.

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