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Esposos Por Contrato, Padres Por Accidente.

Esposos Por Contrato, Padres Por Accidente.

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado / Matrimonio arreglado / Amor eterno
Popularitas:7.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Valeria Grien y Maximiliano Starling no tienen absolutamente nada en común. Ella es una mujer de curvas generosas, caótica, expresiva y con una seguridad en sí misma que resulta magnética. Él es un hombre de negocios metódico, frío y un obsesivo del control que parece haber nacido con el traje puesto. Sin embargo, el destino —y el testamento de una abuela muy metiche— los obliga a tomar una decisión drástica: casarse y convivir bajo el mismo techo durante un año para no perder su herencia.
Dispuestos a sobrevivir al encierro sin matarse en el intento, firman un pacto inquebrantable con una regla de oro estricta: camas separadas y cero contacto físico. Todo marcha según el plan, entre discusiones domésticas y una tensión que echa chispas... hasta que una mañana Valeria se despierta con náuseas y una prueba con dos rayitas rosas en la mano.
¿El gran problema? Ella no sabe cómo pasó, y él, con su legendario autocontrol, muchísimo menos.

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 10: La mañana del millón de dólares

Un rayo de sol implacable se filtró por las cortinas de la suite principal, impactando directamente contra los párpados de Valeria. Su primer pensamiento consciente fue que un camión de basura le había pasado por encima de la cabeza, dando marcha atrás para rematarla. Tenía la boca tan seca que sentía el paladar como una lija, y un zumbido ensordecedor le taladraba las sienes.

Intentó girarse sobre el colchón para huir de la luz, pero su cuerpo chocó contra una masa sólida, cálida y pesada.

Valeria parpadeó con lentitud, enfocando la vista. Lo primero que vio fue una espalda ancha, salpicada de lunares y completamente desnuda. Su mirada bajó con horror y descubrió que las sábanas de seda estaban deshechas, que había una porción de pizza fría aplastada directamente sobre la almohada y, lo peor de todo, que ella llevaba su vestido de satén negro puesto... pero completamente al revés, con el cierre hacia el frente y las costuras de fuera.

La masa sólida se movió con un gemido ronco. El hombre se dio la vuelta, revelando unas facciones perfectas pero completamente deshechas por la resaca. Era Maximiliano.

El magnate del orden abrió los ojos grises, desenfocados. Tardó exactamente tres segundos en procesar dónde estaba. Miró el techo de la suite de Valeria, miró la pizza en su almohada, se miró a sí mismo —completamente desprovisto de su esmoquin, usando únicamente sus calzoncillos ejecutivos— y luego miró a Valeria.

El grito ahogado que pegaron ambos resonó en todo el apartamento.

—¿¡Qué carajos haces en mi cama, Starling!? —chilló Valeria, sentándose de golpe mientras se sostenía la cabeza, sintiendo que el cerebro le bailaba dentro del cráneo.

—¿¡Qué hago yo aquí!? —bramó Maximiliano, saltando de la cama como si el colchón estuviera en llamas—. ¡Esta es tu jurisdicción caótica! ¡Yo duermo a la derecha del pasillo! ¿Por qué hay... por qué tengo salsa de tomate en el hombro? ¡Y por qué tu vestido está al revés!

—¡No tengo la menor idea! —Valeria se pasó las manos por el cabello rizado, que era un nido de nudos monumental—. ¡No recuerdo nada! Lo último que tengo en la mente es que estábamos en el coche y tú me mirabas como si fueras un lobo hambriento.

Maximiliano se llevó las manos a la cabeza, sufriendo un ataque de pánico que eclipsaba cualquiera de sus crisis por el desorden de la cocina. El licor exótico de Julián les había borrado el casete por completo. No había un solo recuerdo de la madrugada. Nada. Un vacío absoluto teñido de amnesia y electricidad.

De pronto, un pensamiento idéntico cruzó la mente de ambos, congelándolos en el sitio. Los ojos de Valeria se abrieron de par en par y Maximiliano palideció hasta quedar del color de las paredes.

El contrato privado. La regla de oro.

—La apuesta... —susurró Valeria, con la voz temblando—. Camas separadas y cero contacto físico. El primero que cruce la línea le paga al otro...

—Un millón de dólares —completó Maximiliano, con la voz un octavo más aguda de lo normal—. Rompimos la regla. La rompimos de la manera más flagrante, caótica e indocumentada posible.

—¡Tú me buscaste! —acusó Valeria de inmediato, señalándolo con el dedo mientras intentaba acomodarse el vestido al derecho sin éxito—. ¡Seguro te dio el ataque de lujuria y cruzaste el pasillo para invadir mi territorio con tus necesidades corporativas! ¡Me debes un millón de dólares, Starling!

—¡Estás demente, Grien! —replicó él, indignado, cubriéndose con una sábana como si fuera una toga romana—. ¡Yo tengo un autocontrol legendario! ¡Tú fuiste la que me tentó con ese vestido de satén y tus curvas indomables! ¡Seguro te aprovechaste de que mi resistencia estaba baja por culpa del destilado de Julián y me arrastraste a este antro de desorden! ¡Tú me debes el millón a mí!

—¿Yo? ¡Jamás! ¡Yo tengo estándares, "cara de iceberg"!

—¡Y yo tengo un estatus que mantener!

Se gritaron mutuamente durante cinco minutos seguidos, echándose la culpa de una madrugada de la que ninguno poseía pruebas ni recuerdos. Sin embargo, el dolor de cabeza se intensificó y la realidad financiera los golpeó. Ninguno de los dos quería —ni podía, por puro orgullo— desembolsar un millón de dólares basados en una amnesia colectiva.

Maximiliano respiró hondo, forzando a su cerebro a buscar una salida legal.

—Un momento —dijo, alzando la mano—. No hay testigos. No hay grabaciones. Y lo más importante: ninguno de los dos recuerda quién fue el agresor inicial que cruzó la línea fronteriza. Legalmente, es un empate técnico por falta de evidencia.

Valeria entrecerró los ojos, analizando la propuesta con la astucia de una Grien.

—¿Qué estás sugiriendo, Starling?

—Sugiero un pacto de silencio absoluto. Aquí no pasó nada. Borrón y cuenta nueva. Tú regresas a tu lado, yo regreso al mío, lavamos estas sábanas en ciclos separados y pretendemos que esta noche fue solo un mal sueño inducido por el alcohol artesanal. Nadie paga nada. El contrato sigue intacto. ¿Tenemos un trato?

Valeria miró la porción de pizza en la almohada, sintió una repentina oleada de náuseas que atribuyó a la resaca, y asintió con la cabeza.

—Trato hecho. Ahora largo de mi cuarto antes de que te cobre el alquiler por minuto, esposo mío.

Maximiliano agarró sus pantalones del esmoquin del suelo, se envolvió en la sábana y huyó por el pasillo a paso veloz. Segundos después, dos portazos idénticos, violentos y cargados de pánico rotundo resonaron en el apartamento. Cada uno se encerró en su trinchera, jurando que el peligro había pasado... sin tener la menor idea de que el destino ya había firmado su propia cláusula inquebrantable.

*Tres semanas después...*

El sol de la mañana ya no era un enemigo, sino una rutina. La guerra de la cinta adhesiva había vuelto, los termos de agua alcalina seguían en su lugar y las camisas blancas de Maximiliano habían sido reemplazadas por unas nuevas (esta vez vigiladas de cerca durante el lavado). Todo parecía haber regresado a la normalidad hostil de siempre.

O al menos eso creía Valeria.

Sentada en el suelo del baño principal, Valeria sentía que el mundo giraba a una velocidad descomunal. Su rostro estaba pálido, perlado por un sudor frío, y sus manos temblaban de una manera que hacía imposible sostener el borde del inodoro. Acababa de pasar los últimos diez minutos devolviendo el estómago por tercera mañana consecutiva.

Al principio pensó que era una infección estomacal por culpa de unos tacos gourmet de dudosa procedencia, pero el retraso en su calendario y el repentino rechazo absoluto al olor de su amado café matutino apuntaban a una verdad mucho más aterradora.

*¡Toc, toc, toc!*

El golpe firme, rítmico y perfectamente espaciado en la puerta del baño la hizo dar un brinco.

—¿Valeria? ¿Te encuentras bien? —la voz de Maximiliano llegó desde el otro lado, cargada de esa irritante y limpia elocuencia suya—. Llevas encerrada veinticinco minutos. Tu retraso está afectando el cronograma de uso del pasillo principal, y necesito entrar por mi loción. Además, escuché ruidos extraños. ¿Estás saboteando las tuberías de nuevo?

Valeria intentó responder, pero una nueva oleada de náuseas la obligó a agacharse sobre la porcelana, soltando un gemido de pura miseria.

Fuera, el pomo de la puerta se movió con insistencia. Maximiliano, perdiendo la paciencia pero con una nota extraña de genuina preocupación en la voz, presionó el picaporte. Para su sorpresa, Valeria había olvidado echar el cerrojo debido al malestar.

La puerta se abrió despacio. Maximiliano Starling entró al baño, impecable en su traje gris de tres piezas, listo para ir a la oficina. Pero se detuvo en seco al ver a su esposa hecha un ovillo en el suelo, con el cabello revuelto y los ojos vidriosos.

Sin embargo, lo que verdaderamente congeló el universo del magnate no fue el estado de Valeria. Fue el objeto de plástico blanco y rosa que descansaba sobre el borde del lavabo, justo al lado de la pasta de dientes. Un objeto con dos líneas rojas de color brillante, perfectamente paralelas y definitivas.

Maximiliano bajó la mirada hacia el test de embarazo, luego miró a Valeria, y por primera vez en toda su vida, el rey del hielo se quedó completamente sin palabras, dándose cuenta de que el misterio del millón de dólares acababa de convertirse en una realidad de por vida.

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Maria Mongelos
Está muy, muy divertida toda la situación
Maria Mongelos
🤣🤣🤣🤣🤣Se pasó ella, me encanta
Nancy Monterrosa
que capitulo más tierno me enamore de este par de locos y si ojalá fueran gemelos niño y niña ,que el otro bebé. este escondido detrás de su hermano porfa escritora danos ese gusto
Nancy Monterrosa
se está derritiendo el hielo de maxi
Nancy Monterrosa
los amo ya van cediendo
Elena Maza
😍😍😍😍🤣🤣🤣🤣 Terminaron los pleitos
Maria Solorzano
Ya decía yo, están demorando en repetir su noche apasionada y está vez sobrios ❤️😁🔥🔥🔥
Maria Solorzano
Me encanta ❤️ ojalá sean 2, un niño y una niña y así dejan de pelear 🤷😁
Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣 seguro amanecen enredados 🤷🤣🤣🤣🤣abrazaditos
Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣
Dulce Flor González
jajajaja jajajaja
Nancy Monterrosa
ya van cediendo poco a poco
Nancy Monterrosa
ay Yamila y tus cosas , de tus novelas está es la que me ha hecho llorar pero de la risa y con ese almidónado
Nancy Monterrosa
ay no este capitulo me hizo llorar de la risa y mi esposo está se está enloqueciendo
Nancy Monterrosa
ay no. esa Valeria es una caso y Maximiliano jajaja
Dulce Flor González
😂😂 muy divertida,ya quiero ver cuándo choquen sus carritos.
Elena Maza
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Elena Maza
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣Ups fueron descubiertos 🤣🤣🤣
Elena Maza
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣 Qué locos son y más las posturas 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Elena Maza
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣 Son un caso los dos 🤣🤣🤣🤣
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