Después de leer una novela donde la protagonista sufre injusticias.. Reencarna en Sarah.. Pero ella decide cambiar su destino y corregir sus errores.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Sarah 1
Esa noche, Sarah no durmió.
No porque estuviera asustada.
Ni porque estuviera triste.
Estaba... ocupada.
Sentada junto a la ventana de su habitación, observaba la luna mientras la doncella terminaba de ordenar el dormitorio.
Había pasado toda la tarde fingiendo que el golpe en la cabeza le había dejado algunas lagunas de memoria.
La excusa había funcionado de maravilla.
Nadie sospechaba absolutamente nada.
Y la doncella, preocupada por ella, respondía con paciencia cada una de sus preguntas.
Sarah tomó una taza de té.
—Dime... ¿cuántos años tengo?
—Dieciséis, mi lady. Los cumplió hace apenas unas semanas.
[Perfecto.]
Otra pregunta.
—¿Mis padres?
—Los duques partieron hace tres días.
Sarah levantó la vista.
—¿A dónde fueron?
—A recibir a la señorita Sienna.
Sarah ocultó inmediatamente la sonrisa detrás de la taza.
[Excelente.]
La doncella continuó hablando.
—Su excelencia dijo que la joven necesitaba un nuevo hogar después del fallecimiento de sus padres.
[Sí... exactamente igual que en la novela.]
Recordaba perfectamente ese capítulo.
Toda la familia llorando por la pobre y desamparada Sienna.
Todos prometiendo cuidarla.
Todos sintiendo lástima.
Y Sarah...
La antigua Sarah...
La recibía con los brazos abiertos.
[Y ahí empezaba tu desgracia.]
La doncella siguió explicando.
—Calculan que regresarán dentro de cuatro o cinco días.
Sarah asintió lentamente.
[Entonces todavía tengo tiempo.]
Mucho tiempo.
Más del que había esperado.
Recordó la cronología completa de la novela.
Aún no existía compromiso matrimonial.
Archibald Smith apenas comenzaba a visitar ocasionalmente la mansión Ivanov junto a su padre.
Todavía no le había entregado el anillo.
Todavía no existían promesas de matrimonio.
Todavía no había comenzado oficialmente aquella ridícula historia de amor.
Y, lo más importante...
Sienna aún no vivía allí.
Sarah dejó la taza sobre la mesa.
Una sonrisa apareció lentamente en sus labios.
No era una sonrisa dulce.
Era la sonrisa de alguien que acababa de recibir una ventaja estratégica enorme.
[Renací en el mejor momento posible.]
La antigua Sarah había perdido porque siempre preferia callar como se sentía, y elegia a otros antes que asi misma.
Ella, en cambio...
Conocía cada movimiento antes de que ocurriera.
[Eso ya no es una historia romántica... eso es información privilegiada.]
La idea le hizo gracia.
Soltó una pequeña risa.
La doncella la observó confundida.
—¿Sucede algo, mi lady?
—No.
Sarah negó con calma.
—Solo recordé algo divertido.
[Muy divertido.]
Porque conocía perfectamente a Sienna.
Era una experta manipuladora.
Nunca levantaba la voz.
Nunca insultaba.
Nunca hacía algo suficientemente grave como para que los demás desconfiaran de ella.
No.
Ella lloraba.
Bajaba la cabeza.
Sonreía con timidez.
Y hacía sentir culpables a los demás.
Especialmente a Sarah.
Recordó perfectamente la primera escena.
"Prima... qué bonito vestido..."
La antigua Sarah sonreía.
"¿Te gusta?"
"Muchísimo... pero yo nunca podría usar algo así..."
"¿Por qué?"
"No importa... solo pensé que mamá estaría feliz si pudiera verme con un vestido tan bonito..."
Cinco minutos después...
Sarah le regalaba el vestido.
Después fueron los zapatos.
Luego las joyas.
Después los libros.
Los perfumes.
Las habitaciones.
Los carruajes.
Las criadas.
Todo.
Siempre igual.
Sienna nunca pedía directamente.
Solo dejaba caer comentarios cuidadosamente elegidos.
Y Sarah terminaba sintiéndose culpable por tener más.
[Manipulación emocional de manual.]
Sarah cruzó los brazos.
—Qué mujer tan peligrosa...
La doncella no entendió el comentario.
—¿Mi lady?
—Nada.
Volvió a sonreír.
[Pero conmigo no va a funcionar.]
Porque había una diferencia enorme entre ambas.
La Sarah original era bondadosa.
Demasiado bondadosa.
Confundía generosidad con permitir abusos.
Confundía empatía con sacrificarse constantemente.
Ella no.
Ella era amable.
Pero también sabía poner límites.
Y, sobre todo...
No pensaba recompensar a quienes intentaban aprovecharse de ella.
[La bondad sin límites solo alimenta a los oportunistas.]
Después apareció en su memoria otro personaje.
Archibald Smith.
El supuesto protagonista masculino.
Sarah rodó los ojos.
—Qué desastre de hombre...
La doncella volvió a mirarla.
—¿De quien habla, mi lady?
Sarah casi se atragantó con el té.
—¿Qué?
—Dijo que era un desastre
Ella carraspeó con elegancia.
—Solo... recordé haber oído algunos comentarios, sobre alguien sin importancia. Por cierto, ¿conoces a Lord Smith?
La doncella sonrió.
—No mi lady, pero dicen que es un caballero muy apuesto.
Sarah soltó una risa.
Una risa completamente incrédula.
[Sí... muy apuesto. Y también muy cobarde.]
Recordó perfectamente toda su lógica absurda.
Decía amar profundamente a Sarah.
Pero también aseguraba que no podía abandonar a Sienna porque ella estaba sola.
Entonces...
Comenzaba una relación secreta con la prima.
Cuando Sarah descubría la infidelidad...
Él todavía tenía el descaro de justificarse.
"Sienna no tiene familia."
"Necesitaba protegerla."
"No podía dejarla sola."
"Tú siempre lo has tenido todo."
Sarah apoyó lentamente la frente sobre una mano.
[Qué argumento tan conveniente.]
Lo tradujo mentalmente.
[Quiero seguir disfrutando del dinero, la influencia y el apellido Ivanov... pero también quiero salir con tu prima.]
Porque jamás tuvo intención de romper su compromiso con Sarah.
Después de todo...
Convertirse en esposo de la heredera de los Ivanov significaba prestigio.
Tierras.
Contactos.
Influencia.
Y al mismo tiempo...
Pretendía darle a Sienna un lugar dentro de la nobleza sin renunciar a ninguno de esos beneficios.
[Qué eficiente el señor. Quería quedarse con todo.]
Sarah suspiró.
—No...
Sacudió la cabeza lentamente.
—Conmigo no.
Se levantó del sillón.
Comenzó a caminar por la habitación.
Su mente ya estaba organizando prioridades.
[Primero: establecer límites antes de que llegue Sienna.]
[Segundo: revisar cómo funciona el patrimonio de la familia Ivanov.]
[Tercero: asegurarme de que nadie pueda disponer de mis pertenencias sin mi autorización.]
[Cuarto: mantener a Archibald lo más lejos posible.]
Se detuvo frente al espejo.
La joven del reflejo era hermosa.
Delicada.
Parecía exactamente la clase de protagonista destinada a sufrir durante cuatrocientas páginas.
Sarah sonrió con tranquilidad.
—Lamento decepcionar al autor...
Acomodó un mechón de cabello detrás de su oreja.
—Pero esta historia cambió de protagonista hace unas horas.
Miró su reflejo con una seguridad absoluta.
[No voy a competir por un hombre infiel.]
[No voy a sentirme culpable porque alguien manipule mis emociones.]
[Y, desde luego, no voy a financiar mi propia desgracia.]
Una sonrisa divertida apareció en su rostro.
[Pobre Sienna... va a descubrir muy pronto que esta Sarah no entrega vestidos, joyas, novios... ni paciencia.]
Toda mi vida y hasta más quisiera
Sabes bien
Que soy tan tuya hasta que un día me muera
Pero ve
Que al engañarme te engañas tú mismo
Por tu altivez
Por esas cosas que tú haces conmigo
🎶🎶🎶