NovelToon NovelToon
1 Soy Mitad Humana Y Demonio

1 Soy Mitad Humana Y Demonio

Status: Terminada
Genre:Venganza / Demonios / Romance / Completas
Popularitas:1k
Nilai: 5
nombre de autor: cristy182021

Estrella Cloe Pattison Evans siempre supo que era diferente. Mitad humana y mitad demonio, vive ocultando una oscuridad que apenas puede controlar mientras Gabriel, un ángel y amigo de su padre, intenta protegerla del peligro que la rodea. Pero todo cambia cuando conoce a Adrik, un misterioso vampiro ligado al enemigo de su familia.
Su presencia despierta poderes inestables, secretos ocultos y una conexión imposible de ignorar. Mientras fuerzas peligrosas comienzan a buscarla, Estrella descubrirá que su destino podría cambiar el equilibrio entre la luz y la oscuridad.
Ahora deberá decidir si luchar contra lo que es… o aceptar el poder que corre por su sangre.

NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19

El cansancio no llegó de golpe.

Se arrastró.

Lento.

Pesado.

Como si cada parte de mi cuerpo…

decidiera dejar de responder por turnos.

Primero las manos.

Luego las piernas.

Después…

la respiración.

—No te detengas.

La voz de Gabriel no fue suave.

Ni comprensiva.

Fue clara.

—Sigue caminando.

—Ya lo estoy haciendo.

Mentira.

Apenas avanzaba.

Cada paso se sentía más pesado que el anterior.

Como si el suelo…

quisiera retenerme.

—No.

Dijo.

Observándome.

Midiendo.

—Estás sobreviviendo.

Pausa.

—No avanzando.

Eso dolió.

Más de lo que debía.

—Acabo de pelear con algo que ni entiendo.

—Y sobreviviste.

—Eso es avanzar.

Silencio.

Pero él negó apenas.

—Eso es el mínimo.

Mi respiración se tensó.

—¿Entonces qué quieres?

—Control.

Directo.

Sin adornos.

—Siempre quieres control.

—Porque sin él…

Pausa.

Sus ojos se fijaron en los míos.

Firmes.

Imposibles de esquivar.

—no eres tú la que decide.

Eso…

se quedó.

Pesado.

Real.

—Yo decidí quedarme.

—No.

Negó.

—Decidiste reaccionar.

Apreté los puños.

El cosquilleo volvió.

Más leve.

Pero ahí.

—No es lo mismo.

—Para ti, tal vez.

Dio un paso.

Más cerca.

—Para ellos…

Pausa.

—es exactamente lo que estaban esperando.

Silencio.

Y esta vez…

no tuve respuesta.

Porque algo dentro de mí sabía—

que tenía razón.

—¿Cómo estás?

La voz llegó más baja.

Más cercana.

Más… real.

Aziel.

—Cansada.

Respondí en mi mente.

Sin energía para fingir.

—No es solo cansancio.

—Lo sé.

Miré mis manos.

Temblaban.

Apenas.

Pero lo suficiente.

—Se siente diferente.

Pausa.

—Como si algo…

buscara salir otra vez.

Silencio.

No incómodo.

Preocupado.

—Porque lo está haciendo.

Eso no ayudó.

—Perfecto.

Murmuré.

—Eso es justo lo que necesitaba escuchar.

—Necesitas entenderlo.

—No ahora.

—Ahora más que nunca.

Cerré los ojos un segundo.

Respirando.

Intentando.

Pero incluso así—

seguía ahí.

Esa sensación.

No violenta.

No fuera de control.

Pero…

presente.

—Se quedó contigo.

Dijo Aziel.

Más firme.

—No todo.

—Pero suficiente.

Abrí los ojos.

—¿Qué significa eso?

—Que ya no puedes fingir que esto es temporal.

Claro.

Nada lo era ya.

—Estrella.

Gabriel volvió.

Más cerca ahora.

—Mírame.

Lo hice.

Aunque no quería.

—Hoy cruzaste una línea.

Mi pulso se tensó.

—Lo sé.

—No.

Negó.

—No lo sabes completamente.

Silencio.

—Ellos no solo te encontraron.

Pausa.

—Te sintieron.

Eso…

cambió algo.

Dentro de mí.

—Y ahora—

Continuó.

—van a buscar eso otra vez.

Respiré.

Fuerte.

Inestable.

—Entonces que vengan.

Las palabras salieron solas.

Sin filtro.

Sin miedo.

Sin pensar.

Error.

Tal vez.

Gabriel no reaccionó de inmediato.

Pero cuando lo hizo—

fue peor.

—Eso…

Dijo.

Más bajo.

Más serio.

—no es valentía.

Pausa.

—Es imprudencia.

Apreté los dientes.

—No voy a esconderme.

—Nadie te pidió que lo hicieras.

—Entonces deja de tratarme como si fuera a romperme.

Silencio.

Pesado.

Real.

—No me preocupa que te rompas.

Su voz bajó.

Más… personal.

—Me preocupa lo que pase si no lo haces.

Eso…

golpeó diferente.

Más profundo.

Más incómodo.

—A partir de hoy—

Continuó.

Recuperando ese tono firme.

Entrenador.

Guía.

—todo cambia.

Claro.

Nada nuevo.

Pero sí lo era.

Porque esta vez…

lo sentí.

Real.

—No más ejercicios básicos.

—No más control superficial.

—Vamos a ir directo a lo que estás evitando.

Mi estómago se tensó.

—¿Qué es eso?

Silencio.

Un segundo.

Dos.

—Lo que llevas dentro.

Eso…

no sonó como entrenamiento.

Sonó como advertencia.

Y tal vez lo era.

—Descansa una hora.

Dijo finalmente.

Dándose la vuelta.

—Después empezamos.

—¿Otra vez?

No pude evitarlo.

Mi voz salió más cansada que molesta.

—Esto no se detiene.

Respondió sin girarse.

—Ya no.

Silencio.

Y entonces lo sentí.

Otra vez.

Más leve.

Pero más claro.

Ese pulso.

Esa presencia.

Esa parte de mí…

que ya no estaba dormida.

—Estrella.

Aziel susurró.

—Esto apenas comienza.

Lo sabía.

Lo sentía.

En cada parte de mí.

Y por primera vez…

no estaba segura de querer detenerlo.

La hora no fue descanso.

Fue espera.

Incómoda.

Inquieta.

Como si algo dentro de mí…

no estuviera dispuesto a detenerse.

Ni siquiera por un momento.

Cuando regresé—

Gabriel ya estaba ahí.

De pie.

En el centro del claro.

Inmóvil.

Como si nunca se hubiera ido.

Como si siempre hubiera estado esperando.

—Pensé que no vendrías.

Dijo sin mirarme.

—Lo pensé.

Respondí.

Honesta.

—Pero estás aquí.

—Sí.

Silencio.

Corto.

Tenso.

—Bien.

Giró apenas.

Sus ojos se fijaron en los míos.

Y esta vez…

no había suavidad.

No había margen.

—Hoy no voy a detenerte.

Mi pulso se tensó.

—¿Qué?

—No voy a intervenir.

Pausa.

—A menos que sea absolutamente necesario.

El aire cambió.

—Eso no suena como entrenamiento.

—Porque no lo es.

Directo.

Claro.

—Es adaptación.

Mi estómago se apretó.

—¿A qué?

Silencio.

Un segundo.

Dos.

—A ti.

Eso…

no ayudó.

Nada.

—Empieza.

No hubo cuenta.

No hubo señal.

Solo…

esa palabra.

Y entonces—

todo reaccionó.

No él.

Yo.

El aire vibró.

Mi respiración cambió.

Mi cuerpo respondió antes que mi mente.

—No lo estoy haciendo—

—Sí lo estás haciendo.

La voz de Gabriel no dudó.

—Solo que ahora…

Pausa.

—no lo estás reprimiendo.

El cosquilleo volvió.

Más fuerte.

Más claro.

Más… vivo.

—No me gusta esto.

Murmuré.

—No tienes que hacerlo.

—¿Entonces qué?

—Tienes que controlarlo.

Claro.

Siempre eso.

Respiré.

Intentando estabilizar.

Intentando separar.

Pero esta vez—

no era tan fácil.

Porque no era solo poder.

Era impulso.

—Más.

Dijo Gabriel.

Mi mirada se disparó hacia él.

—¿Qué?

—Más.

Repitió.

Sin cambiar el tono.

—No lo estoy conteniendo.

—Sí lo estás haciendo.

Dio un paso.

—Y eso es lo que te está rompiendo.

Eso…

fue suficiente.

El aire explotó.

No violento.

Pero sí intenso.

Un pulso que se expandió alrededor.

Rápido.

Inestable.

Real.

—Así.

Murmuró él.

Observando.

Analizando.

—Otra vez.

—No soy un experimento.

—Entonces deja de actuar como uno.

Eso dolió.

Más de lo esperado.

—Hazlo.

No orden.

No grito.

Peor.

Expectativa.

Y eso…

me empujó.

Otra vez.

Más fuerte.

El aire se comprimió.

El suelo vibró apenas.

Mis manos temblaron.

Mi respiración se rompió.

—Estrella.

La voz de Aziel entró más firme.

—Baja la intensidad.

—No puedo—

—Sí puedes.

—No así.

—Entonces cambia cómo lo estás haciendo.

Fácil decirlo.

No tanto hacerlo.

—No lo sientas como algo que sale—

Continuó.

—Siéntelo como algo que eres.

Eso…

se quedó.

Diferente.

—No lo empujes.

—Dirígelo.

Cerré los ojos.

Un segundo.

Solo uno.

Respira.

Siente.

No luches.

No rechaces.

No huyas.

Y entonces—

cambió.

No desapareció.

Pero dejó de empujar.

Dejó de pelear.

Se movió…

conmigo.

—Eso es.

La voz de Aziel bajó.

Más estable.

—Ahí está.

Abrí los ojos.

El aire a mi alrededor seguía activo.

Pero…

diferente.

Más claro.

Más mío.

—Interesante.

Gabriel murmuró.

Y dio otro paso.

Más cerca.

Demasiado.

—No te acerques.

Lo dije sin pensar.

Instinto.

Pero esta vez—

no era miedo.

Era advertencia.

Él no se detuvo.

—¿Por qué?

—Porque—

Mi voz se quebró.

Un segundo.

—no sé si puedo sostener esto.

Silencio.

—Entonces sosténlo.

Un paso más.

El aire reaccionó.

Más fuerte.

Más rápido.

—¡Gabriel!

—No voy a retroceder.

—¡Entonces yo sí!

Intenté cortar.

Bajar.

Apagar.

Pero algo dentro de mí—

no quiso.

—Estrella.

Aziel otra vez.

Más firme.

—No dejes que te arrastre.

Pero ya lo estaba haciendo.

No completamente.

Pero suficiente.

—Eso es lo que quería ver.

La voz de Gabriel cambió.

Más grave.

Más seria.

—El punto donde pierdes el control.

—¡No lo estoy perdiendo!

El aire explotó otra vez.

Más fuerte.

Más inestable.

Más peligroso.

Y por un segundo—

todo se sintió…

demasiado.

El suelo vibró.

Las hojas alrededor se levantaron.

El espacio mismo pareció tensarse.

—Estrella.

Aziel.

—MÍRAME.

Cerré los ojos.

Aferrándome.

Respirando.

Buscando ese punto.

Ese límite.

—No soy esto…

Susurré.

—No soy esto.

El poder dudó.

—Soy yo.

Y cayó.

No completamente.

Pero lo suficiente.

El aire se estabilizó.

Mi cuerpo…

no.

Caí de rodillas.

Sin fuerza.

Sin equilibrio.

Sin aire.

—Ahí está.

La voz de Gabriel fue baja.

Cerca.

—Ese es el punto.

Respiré.

Roto.

Irregular.

—¿Qué punto?

—Donde decides…

Pausa.

—o te conviertes en eso…

—o lo conviertes en parte de ti.

Eso…

no era entrenamiento.

Era elección.

Y lo peor—

no sabía cuál era más peligrosa.

El suelo se sintió más frío de lo normal.

O tal vez era yo.

Porque mi cuerpo…

ya no estaba respondiendo igual.

Respiré.

Una vez.

Otra.

Pero el aire no entraba como antes.

Pesaba.

Quemaba.

Como si algo dentro de mí…

no quisiera soltar lo que acababa de despertar.

—No te muevas.

La voz de Gabriel fue inmediata.

Más baja ahora.

Menos dura.

Pero igual de firme.

—No puedo aunque quiera.

Murmuré.

Intentando estabilizarme.

No funcionó.

Mis manos seguían temblando.

Mis piernas…

ni siquiera intentaban levantarse.

—Bien.

Dijo él.

Acercándose.

—Entonces no lo intentes todavía.

Se detuvo frente a mí.

Observando.

No como antes.

No midiendo.

Esta vez…

evaluando daño.

—Respira lento.

—Lo intento.

—No intentes.

Pausa.

—Hazlo.

Fácil decirlo.

No tanto hacerlo.

Pero aun así—

lo intenté de nuevo.

Más despacio.

Más consciente.

Más… presente.

El temblor bajó.

Apenas.

Pero lo suficiente.

—Ahí está.

Murmuró.

Y por primera vez…

no sonó como una orden.

Sonó como alivio.

Eso me hizo levantar la mirada.

Un segundo.

Solo uno.

Y lo vi.

No al entrenador.

No al ángel.

Sino a alguien que…

sí estaba preocupado.

Y eso…

me desarmó más que todo lo demás.

—No voy a romperme.

Dije.

No para él.

Para mí.

Pero él lo escuchó igual.

—No es lo que me preocupa.

Claro.

Ya lo había dicho.

Pero escucharlo otra vez…

dolió distinto.

—Entonces deja de mirarme así.

Silencio.

Pero esta vez…

no fue pesado.

Fue humano.

—Levántate cuando puedas.

Dijo finalmente.

Dándose la vuelta.

Dándome espacio.

Pero no distancia.

Nunca distancia.

—No te voy a cargar.

Eso casi me hace reír.

Casi.

—Qué considerado.

—Es parte del entrenamiento.

Claro que lo era.

Siempre lo era.

—Y también porque puedes hacerlo.

Eso…

fue diferente.

Más suave.

Más real.

Y por primera vez en todo el día—

no sonó como presión.

Sonó como confianza.

Respiré.

Otra vez.

Y lentamente—

mis manos dejaron de temblar.

Mis piernas respondieron.

No fuerte.

No bien.

Pero suficiente.

Me levanté.

Inestable.

Pero de pie.

—Bien.

Gabriel no sonrió.

Pero algo en su expresión cambió.

—Eso es lo que necesito ver.

—¿Que casi me rompo?

—Que no lo hiciste.

Directo.

Claro.

Y…

justo.

Antes de que pudiera responder—

lo sentí.

Otra vez.

Más leve.

Más oculto.

Pero ahí.

Observando.

Siempre observando.

—No se fue.

Susurré.

Mi cuerpo se tensó de inmediato.

—No.

Respondió Gabriel.

Sin dudar.

—No lo hará.

Perfecto.

—Entonces ¿qué hacemos?

—Entrenar.

Claro.

Siempre eso.

—No es suficiente.

Otra voz.

Diferente.

Detrás.

Me giré.

Y ahí estaba.

Adrik.

Apoyado contra un árbol.

Como si hubiera estado ahí todo el tiempo.

Como si no hubiera querido intervenir…

pero tampoco irse.

—Llegas tarde.

Murmuré.

Sin mucha fuerza.

—No.

Respondió.

Mirándome directamente.

—Llego cuando importa.

Silencio.

Pero no incómodo.

Tenso.

Cargado.

—La vieron.

Añadió.

Mirando a Gabriel ahora.

—Lo sé.

—No.

Negó.

—La marcaron.

Eso…

cambió todo.

Mi pulso se disparó.

—¿Qué significa eso?

Nadie respondió de inmediato.

Y eso ya era mala señal.

—Que ahora no solo te buscan.

Dijo Adrik finalmente.

—Ahora pueden encontrarte.

Respiré.

Fuerte.

Demasiado.

—Genial.

—No es permanente.

Añadió Gabriel.

—Pero tampoco es débil.

Perfecto.

—Entonces quítalo.

—No es tan simple.

Claro que no lo era.

—Nada lo es contigo.

Murmuré.

Sin filtro.

Sin energía para suavizar.

—Por eso estamos aquí.

Respondió él.

Directo.

Real.

—Porque contigo…

Pausa.

—todo escala más rápido.

Silencio.

Y entonces—

la voz volvió.

Más baja.

Más profunda.

Más… preocupante.

—No es solo eso.

Aziel.

Pero esta vez…

no sonó tranquilo.

—¿Qué pasa?

Pregunté.

En mi mente.

—No te encontraron por accidente.

Mi respiración se detuvo un segundo.

—¿Entonces?

Silencio.

Uno largo.

Pesado.

—Te están llevando a esto.

Eso…

me heló.

—¿Qué?

—No reaccionas.

Continuó.

—Respondes…

a algo que ya estaba planeado.

El mundo se volvió más frío.

Más claro.

Más… peligroso.

—No somos nosotros los que estamos llegando a ellos.

Pausa.

Lenta.

Inevitable.

—Ellos te están llevando a donde quieren.

Levanté la mirada.

Hacia Gabriel.

Hacia Adrik.

Hacia todo lo que creía entender.

—Esto no es una cacería.

Susurré.

Y por primera vez…

nadie me corrigió.

—Es algo más.

El viento se movió.

Suave.

Casi normal.

Pero ya nada lo era.

Porque ahora…

no solo tenía que aprender a controlar lo que era.

También tenía que descubrir… por qué alguien más ya lo sabía antes que yo.

1
Maria De Jesus Tirado Rodriguez
quedó inconclusa tan interesante que estaba 😭
CristyGry: también te invito a leer el libro 0.5 que es como la historia de los papás de estrella y de cómo Federico se hizo malo
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play