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Matrimonio por contrato

Matrimonio por contrato

Status: Terminada
Genre:CEO / Matrimonio contratado / Mujer poderosa / Romance oscuro / Completas
Popularitas:472
Nilai: 5
nombre de autor: Janaina Cruz

Una noche de borrachera, un auto destruido y un desconocido furioso. Así comienza la historia de Liandra: hacker, peleadora y dueña de una lengua tan afilada como su inteligencia.

Cuando destroza por accidente el auto de Henry Fernandes —multimillonario, CEO de tecnología y hombre acostumbrado a tener el control absoluto—, él le ofrece una salida que nadie esperaría: un matrimonio por contrato. Dos años. Reglas claras. Sin sentimientos.

Pero Liandra no es la esposa sumisa que la familia de Henry imaginaba. Abofetea rivales, hackea sistemas de seguridad, baila sobre mesas borracha y le dice "maridito" con una sonrisa que mezcla ironía y desafío.

Henry tampoco es lo que aparenta. Detrás de la fachada de empresario impecable se esconde un hombre con gustos peculiares… y un pasado que convirtió la intimidad en territorio de control. Cuando Liandra cruza esa línea, no retrocede. Pide más.

Lo que empieza como un acuerdo de conveniencia se transforma en algo que ninguno de los dos planeó: risas a las tres de la mañana, celos que queman, confesiones susurradas en la oscuridad y un "te amo" que tarda demasiado en llegar.

Pero cuando un primo obsesivo con trastornos psicópatas fija su mirada en Liandra, el contrato deja de importar. Lo que está en juego ya no es un acuerdo de papel.

Es la vida de la mujer que Henry ama.

NovelToon tiene autorización de Janaina Cruz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capítulo 14

El señor Roberto continuó, claramente interesado:

— ¿De dónde eres?

Liandra respondió con naturalidad:

— Soy italiana.

Ivana soltó una risita al instante, apoyando el codo en la mesa.

— Se nota — dijo, con una sonrisa divertida. — Ese temperamento fuerte no lo niega.

Liandra arqueó levemente la ceja, con una media sonrisa.

— Aviso antes... — respondió.

A Ivana le gustó todavía más.

— Bien hecho — completó. — Prefiero gente así que a quien anda ocultando lo que es.

Entonces miró a Liandra de arriba abajo, sin juzgar... solo con admiración.

— Y, por cierto... felicidades, chica.

Hizo una pausa breve.

— Eres hermosa.

El cumplido fue directo.

Sin veneno.

Sin segundas intenciones.

Liandra sonrió, esta vez de forma más sincera.

— Gracias.

Del otro lado de la mesa, Henry observaba en silencio.

Pero la mirada lo decía todo.

¿La aprobación de su madre?

Llegó más fácil de lo que imaginaba.

Y eso...

definitivamente...

no formaba parte del plan original.

Después del almuerzo, los hombres se levantaron.

— Vamos al despacho — dijo Roberto.

Henry apenas le lanzó una mirada rápida a Liandra antes de salir, como si le dijera "arréglate... sé que puedes".

Y ella lo sabía.

En la sala quedaron solo las mujeres.

Ivana, con aquella sonrisa serena, se puso de pie:

— Voy a buscar el postre.

Y salió.

Error.

Gran error.

Porque fue exactamente el espacio que Vanessa necesitaba.

En cuanto Ivana desapareció por el pasillo...

la sonrisa de Vanessa cambió.

Se borró.

Se convirtió en otra cosa.

— Vaya... — dijo, mirando el plato de Liandra — muerta de hambre, ¿no? Ya repetiste.

Silencio.

Pesado.

Pero Liandra no tardó.

Giró el rostro despacio.

La mirada firme.

Sin prisa.

— Prefiero ser una muerta de hambre... — respondió, tranquila — que una mujer que anda persiguiendo hombres comprometidos, descarada.

Pausa.

Breve.

Precisa.

— Ubícate.

Vanessa se paralizó.

Pero Liandra continuó.

Sin subir el tono.

Lo que lo hacía todo peor.

— No porque tengas dinero... eres la gran cosa.

Sus ojos recorrieron a Vanessa, de arriba abajo.

— Puede que seas bonita por fuera...

Y entonces llegó el golpe final:

— Pero por dentro... eres fea. Y podrida.

Silencio absoluto.

Vanessa se quedó inmóvil.

Sin reacción inmediata.

Como si no estuviera acostumbrada a escuchar eso.

Como si nadie hubiera tenido el valor.

Su rostro perdió el color por un instante.

En shock.

Ofendida.

Desarmada.

¿Y Liandra?

Simplemente se reclinó en la silla.

Tranquila.

Como si solo hubiera... puesto las cosas en su lugar.

Y, en ese momento...

quedó claro:

Vanessa podía estar acostumbrada a competir.

Pero nunca se había enfrentado a alguien que no tuviera miedo de jugar sucio de vuelta.

Las primas se quedaron en shock.

Algunas tías intercambiaron miradas rápidas, incómodas... otras simplemente dejaron de fingir que no estaban escuchando.

¿Vanessa?

Inmóvil.

Sin saber adónde mirar.

Sin saber dónde meterse.

Y fue entonces cuando una de las tías, sentada al lado de ella, decidió entrometerse.

— No puedes hablarle así — dijo, con tono firme, intentando imponer autoridad.

Error.

Liandra giró el rostro despacio.

Sin prisa.

La mirada directa.

— Puedo hablar como me dé la gana — respondió, tranquila. — Desde el momento en que ella me ofendió...

Leve pausa.

— Yo voy a responder con la misma moneda.

La sala quedó en silencio.

Pero ella todavía no había terminado.

— ¿O usted cree que me voy a quedar callada?

La pregunta no era exactamente una pregunta.

Era una advertencia.

La mujer mayor se acomodó en la silla, visiblemente ofendida.

— Eso es una falta de respeto — replicó.

Liandra inclinó levemente la cabeza, sin perder la calma.

— Falta de respeto fue lo que empezó todo esto.

El tono seguía controlado.

Lo que lo hacía aún más impactante.

— Yo solo estoy respondiendo.

Silencio.

Nadie interrumpió.

Nadie se atrevió.

Porque en ese momento...

no era solo una discusión.

Era una declaración de postura.

Y Liandra acababa de dejar muy claro:

Ella no era el tipo de persona que aceptaba ser minimizada.

Ni ahí.

Ni en ningún otro lugar.

Y quien lo intentara...

iba a escucharlo de vuelta.

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