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Renací Para Vengarme

Renací Para Vengarme

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Amor de la infancia / CEO / Completas
Popularitas:228.7k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Crisbella

Aún siento el frío del metal desgarrando mi piel y el dolor punzante en mi corazón; un dolor que no era por el acero, sino por algo más que aún no logro descifrar. En este limbo, donde no sé si estoy viva o muerta, mi único objetivo es salvar a mi hija y lograr que llegue a este mundo. Soy Amanda Leal, y esta es mi historia... una que apenas comienza con mi final.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo V: El documento de divorcio

Punto de vista de Miguel

Tres semanas después.

Mi despacho en la torre corporativa de los Maldonado parecía una fortaleza de cristal. Desde el piso cuarenta, el mundo exterior se veía insignificante, justo como a mí me gustaba sentirlo. Sin embargo, mirar a través del gran ventanal no me devolvía la paz del vencedor; me dejaba la amargura de un soberano traicionado.

Durante veintiún días, mis hombres habían removido el país entero buscando el rastro de Amanda Leal. Habían vigilado hospitales, terminales, cuentas bancarias. Nada. Había desaparecido como si la tierra se la hubiera tragado.

Mi padre, el patriarca de los Maldonado, me repetía a diario que debía olvidarla, que una mujer de su clase solo buscaba dinero y que el divorcio que habíamos introducido legalmente por "infidelidad" era la mejor forma de limpiar el apellido.

Me volví hacia mi escritorio cuando mi secretaria privada golpeó la puerta de madera con timidez.

—Adelante —dije con brusquedad.

La mujer entró sosteniendo una carpeta de cuero oscuro. Sus manos temblaban levemente; todos en el edificio sabían que mi temperamento se había vuelto destructivo en las últimas semanas.

—Señor Maldonado... acaba de llegar esto por correo certificado desde una oficina de abogados internacional. Es de carácter urgente.

Extendí la mano y tomé la carpeta. En cuanto la secretaria salió, abrí el documento. Las letras impresas en papel sellado me devolvieron el reflejo de mi propia derrota.

Era el acta de divorcio. Pero no era la copia que yo esperaba que se estancara en los juzgados por meses debido a la ausencia de la demandada. El documento estaba completo. En la última página, con una caligrafía firme, elegante y carente de cualquier temblor, resplandecía la firma de Amanda Leal.

Sentí que el aire se congelaba en mis pulmones.

Leí las cláusulas adicionales adjuntas por los abogados de ella. Amanda no solo había firmado el divorcio de manera exprés, aceptando cada una de las humillantes condiciones que yo había impuesto en mi momento de furia, sino que había renunciado explícitamente a cualquier pensión, propiedad o beneficio económico de mi familia. Y lo que me dio el golpe final: el documento ratificaba que la niña en su vientre jamás llevaría el apellido Maldonado, desligándome de cualquier derecho de paternidad.

Un golpe seco retumbó en mi despacho. Había estrellado mi puño contra el escritorio de caoba, agrietando el vidrio protector.

La frustración me quemaba por dentro. Si Amanda realmente hubiera sido la cazafortunas que mi padre describía, habría peleado por millones. Habría usado a la bebé como escudo legal para sangrar mi fortuna. Pero firmar así, renunciar a todo con tanta facilidad y desprecio, demostraba una dignidad que no encajaba con el perfil de una traidora.

Sostuve el papel frente a mis ojos, analizando la firma. No era la firma de la estudiante becada e indefensa que yo había rescatado en aquel callejón oscuro. Esa rúbrica destilaba un desprecio soberano, una fuerza implacable que lo desafiaba desde el anonimato.

—¿Dónde estás, Amanda? —gruñí entre dientes, arrugando el documento entre mis dedos con una rabia impotente—. ¿Quién te está ayudando a esconderte de mí?

Por primera vez en mi vida, me sentía manipulado, atrapado en un laberinto donde yo no dictaba las reglas. Sabía que mi esposa no había actuado sola.

Detrás de esa firma exprés y de esa desaparición perfecta había una mente tan poderosa y adinerada como la mía. Alguien que no le tenía miedo a los Maldonado. Alguien que estaba usando a mi mujer para declararme la guerra.

Y mientras miraba los papeles arrugados, una obsesión oscura comenzó a germinar en mi mente: no me importaba si tenía que quemar el mundo entero o cruzar océanos; iba a encontrarla, iba a arrancarle la verdad de los labios y a descubrir quién era el hombre que se había atrevido a tocar lo que, por derecho de sangre y fuego, me pertenecía solo a mí.

Punto de vista de Amanda

Al llegar a Nueva York, finalmente solté el aire que había retenido en los pulmones. Sentir que mi vida empezaba de nuevo era muy confuso, y más aún sabiendo que Andrés estaba a mi lado.

Aunque no confiaba en él, tenía que admitir que sin su ayuda no habría podido escapar de las garras de Miguel, y que seguramente mi destino habría sido el mismo que en mi vida anterior.

—Nos quedaremos en una de mis propiedades. Espero que te sientas cómoda ahí —la voz fría de Andrés me trajo de vuelta a la realidad.

Aunque él estaba haciendo planes para nosotros, en mi mente solo había un pensamiento: escapar de su dominio. No podía permitir que otro supuesto salvador llegara a querer envolverme en sus redes.

Giré hacia él sonriendo; Andrés no podía sospechar nada sobre mis planes de huida.

—Lo que decidas está bien. Por ahora, solo quiero que mi hija nazca sana —respondí, fingiéndome sumisa.

Subimos a un automóvil de lujo. Estaba claro que Andrés tenía tanto poder como Miguel, y eso ya había quedado más que demostrado en el aeropuerto.

Llegamos a una enorme casa localizada en el centro de Nueva York; era una fortaleza llena de lujos de una manera casi grosera. Este lugar era, por mucho, más opulento que la mansión de los Maldonado. «Será muy difícil escapar de aquí», pensé.

—Siéntete como en tu casa. Yo no te molestaré, pues debo volver al país para arreglar algunos asuntos —dijo Andrés con ligereza.

Me quedé de piedra ante su confesión.

—Pensé que te quedarías aquí.

Él sonrió, aunque fue una sonrisa efímera.

—No, tengo asuntos pendientes que atender.

Sin decir una palabra más, salió de la gran propiedad dejándome sola en la inmensa sala. Aunque sentía una inmensa felicidad de que fuera a estar lejos de mí, no podía negar que su repentina manera de actuar me llenaba de dudas.

1
Dorkis Huerta
Buenas noches, muy linda.
susej orta
muy buena la historia, felicitaciones 😃
Bienaventurada
Muy bonita la novela 🥰😍
Gracias la disfrute mucho 🥂 Bendiciones!
Bienaventurada
Muy bonita la novela ❤️ me gustó 😍🥂
gracias la disfrute mucho
Bienaventurada
Esa es mi Amanda 💪🥂
Bienaventurada
Jajaja 🤭lo dejaron como turpial de canchancha, pobre Andrés
Bienaventurada
Tremendo cara e tabla 😏
Bienaventurada
Interesante muy interesante 🧐ese ex marido un infeliz 😤
Tejiendo Mimundo
me gustaría que el hijo de Elisa sea del padre de Miguel, que el viejo embarazo a la nuera para separarlo de Amanda
Tejiendo Mimundo
😭 pobre Andrés, que estupida eres Amanda, mereces que te deje y vuelvas a estar en manos de Miguel por idiota
silvia
pobre niño quedó solo por esos padres w lo engendraron son unos inutiles 🙄
silvia
Que bien ,por bruto y ciego perdió 🤨🙄
Carmen Mena
Gracias por cada capítulo compartido autora. Felicitaciones por la historia.
Ysabel Correa: Gracias 🥰
total 1 replies
Melina Cervosa
intuyo que Andrés planeó todo.. ya veremos
Betsabe Herrera
excelente
Betsabe Herrera
que bonito 🥰🥰🥰🥰🥰
Betsabe Herrera
así se hsce🥰🥰🥰
Hayden Mena
q mujer tan estúpida no es nadie esta sola y se pone de orgullosa a rechazar la ayuda de ferrer ella creía q podía sola ? pobre ilusa
Gloria Grijalba
muy buena
silvia
jeje no q te la sabías todas,esa soberbia q idiota te manejaron como títere
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