Klaus Glendson Cassano es el primogénito de la familia más temida de Manchester. CEO de una gran empresa y Don de una de las mafias más influyentes, es conocido por su frialdad, su inteligencia aguda y una brutalidad sin límites. Entre noches llenas de fiestas y una vida de poder absoluto, Klaus vive bajo la constante presión del consejo para cumplir un deber que insiste en postergar: el matrimonio.
Tras años evitando compromisos, el consejo decide intervenir y pone en riesgo su título como Don. Obligado a elegir una esposa entre las herederas de la mafia, Klaus se niega a ser manipulado. Acepta casarse… pero con una condición: la elección será suya, y solo suya.
Entre amenazas veladas, alianzas políticas y juegos de poder, Klaus inicia su propia cacería. Pero lo que era solo una obligación estratégica puede convertirse en un desafío aún mayor cuando la mujer equivocada —o demasiado correcta— cruza su camino.
Porque, en el mundo de Klaus Cassano, amar es debilidad. Y él no acepta flaquear.
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Capítulo 15.
Klaus...
Por la mañana, Felicia llegó toda sonriente.
—¿Me extrañaron?
Preguntó.
—Por mí te puedes morir.
Dijo Felipe.
—Quiéreme menos, bastardo.
Respondió en tono burlón.
—Cállate, te encontraron en la basura.
Y así la pelea quedó armada. Parecen niños.
—¡Ya, los dos! Felicia, qué bueno tenerte de vuelta. Siéntate a desayunar.
Dije, y ella se sentó.
—Gracias, jefe. Pero dígame, ¿a quién mato ahora?
Preguntó sirviéndose.
—A nadie, por el momento. Pero quiero que te infiltres en la Camorra. Necesito ojos y oídos en el territorio de esos malditos.
Los gemelos me miraban sorprendidos.
—¿Qué? Mira, es una inútil, pero sigue siendo mi hermana. No quiero que vaya a una misión suicida. Sabes que el traidor en el submundo tiene que morir.
Dijo Felipe, y su hermana guardó silencio.
—Sé que es una misión arriesgada, y si quieres rechazarla, está bien-
—Voy.
Dijo interrumpiéndome.
—Perdón por la interrupción, Don, pero iré. Sé exactamente qué hacer. Los días de esa mafia están contados.
Felipe resopló ante las palabras de su hermana.
—Te volviste loca, Felicia.
Dijo.
—Tú sabes lo que le hicieron a nuestros padres cuando entraron a nuestro territorio en el pasado. Ya es hora de vengarlos. Nosotros juramos venganza y yo voy a luchar por eso, lo quieras o no.
Dijo decidida. Después del desayuno salimos al galpón y elaboramos un buen plan para que Felicia se infiltrara.
El resto del día salimos de la ciudad. Dejé el triple de soldados alrededor de la mansión y en las entradas de la ciudad. No puedo darle brechas a la Camorra.
—Por favor, necesitaba ese dinero... no me mates...
Suplicaba el hombre frente a mí. Su ruego es en vano, pues su fin será igual al de su amigo, cuyo cráneo fue aplastado y los sesos esparcidos en el suelo.
—No me interesa. Robaron uno de mis cargamentos de drogas y ¿pensaban salir ilesos?
Pregunté soltando el humo del cigarro.
—Perdón... yo... no sabía que el cargamento era de la Manchestary, lo juro...
Le di un puñetazo en la cara que le reventó la boca.
—Tráeme la sierra eléctrica.
Dije, y Felipe me la entregó. El hombre abrió los ojos de par en par y empezó a llorar.
—Tu suerte es que tu socio debió haberte guardado un lugar en el infierno.
Dije haciéndole una señal a mis hombres, que le sujetaban los brazos.
—Yo... tengo familia...
Gritó desesperado.
—No me importa.
Sus gritos resonaron por todo el lugar. La sangre brotaba en la ropa y formó un charco en el suelo. Le corté las manos, luego los brazos y por último le serré el cráneo. El sonido es satisfactorio, casi como música para mis oídos.
—Cuelguen los restos en la plaza de esta ciudad miserable y dibujen el símbolo de la Manchestary con la sangre de estos cobardes. Espero no tener más problemas con estos hijos de puta.
Dije refiriéndome a la pequeña pandilla que robó mi cargamento.
El día pasó rápido, y solo me di cuenta cuando salí de ese cuartito de hotel que apestaba a alcohol, cigarro y putas baratas. Un lugar absolutamente despreciable.
Subimos a los carros y tomamos la carretera. Dos largas horas después llegamos por fin a casa. Despedí a los hombres y entré completamente agotado. Por una coincidencia bastante graciosa, mis pensamientos llamaban a una persona: aquella mocosa maldita. Quería verla.
Caminé hacia la cocina, donde Nona estaba de espaldas preparando la cena.
—Buenas noches, Nona.
Dije firme, y ella se dio la vuelta con una sonrisa que se borró en cuanto vio mi ropa. De inmediato se llevó la mano a la boca, probablemente impactada por tanta sangre.
—Jesús, muchacho.
Me miró con reprobación, como si todavía tuviera 19 años.
—¿La mocosa? ¿Cómo se portó mientras estuve fuera?
Pregunté cruzando los brazos, recargado en el mostrador.
—Normal. Total, no hay manera de que salga de ese cuarto.
Dijo volviéndome a mirar con reprobación. Solo levanté una ceja y desvié la vista hacia la charola que ella terminaba de arreglar.
—¿Es la cena de ella?
Pregunté, y Nona asintió.
—Sí. Liz se la va a llevar.
—Hmm. Bueno, avísale que la quiero en mi cuarto en una hora. Dile que no tolero retrasos.
Salí de la cocina, subí al cuarto, me bañé, me puse ropa casual y el celular no paraba de sonar. Era mi madre que insistía en llamar.
—Hola, amoré de mia vita.
Dije contestando.
—No me adules, ya sé lo que estás tramando, hijo...
—Mamá, no empieces.
Dije imaginando lo que me diría.
—No dejes que la venganza te ciegue. El pasado ya pasó, y sé cuán destruido quedaste, pero no te conviertas en lo que todos quieren: un monstruo.
—Qué bueno saber que estás bien. Te quiero, mamá. Buenas noches.
Del otro lado, ella suspiró sabiendo que no cambiaré de opinión.
—Buenas noches, mi niño.
Tiré el celular en la cama y bajé. Para mi sorpresa, me informaron que Fenrril estaba aquí, lo que no me agradó nada.
Le pregunté qué lo traía y también le pregunté por los hematomas en la cara. Me dijo que Guxta fue tras él. ¿Pero por qué? Eso me dejó muy curioso. Pasamos al escritorio.
Mientras conversábamos, Nona entró desesperada, como si hubiera visto un fantasma.
—La niña... la niña se escapó.
Al instante me puse de pie con la mandíbula apretada.
—¿Cómo mierda pasó esto?
Pregunté furioso saliendo del escritorio. Nona no respondió y ordené que todos comenzaran la búsqueda. Debía estar perdida en el jardín, que más parece un laberinto de flores.
Todos mis hombres la buscaban, y yo entré a ese enorme laberinto. No hice ningún ruido. Me movía como una sombra, a la espera de cualquier sonido, por mínimo que fuera. Como un depredador buscando a su presa.
gracias por compartirla escritora hermosa historia 💯💯💯💯💯💯♥️🥰