Somos seres divinos, dicen.
Pero la divinidad no es luz eterna. Es resistencia.
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CAPITULO 20: "LA CORRIENTE FANTASMA"
La oscuridad abrió los ojos.
Miles de ellos.
Debajo del Luk’s Stray.
Azules.
Pálidos.
Inhumanos.
Aparecieron uno tras otro bajo la Corriente Fantasma como estrellas naciendo en el fondo de un océano muerto.
Y todos miraban hacia mí.
El barco entero quedó inmóvil.
Ni siquiera el mar parecía moverse ya.
Solo esos ojos.
Observándome.
Sintiendo.
Esperando.
Kai soltó una maldición apenas audible.
—No me gusta absolutamente nada de esto.
La figura del abrigo seguía suspendida frente al barco.
Quieta.
Como si no necesitara respirar.
La escarcha cubría sus hombros lentamente, expandiéndose por el aire oscuro.
La capitana retrocedió un paso.
Era la primera vez que la veía asustada de verdad.
—Cierren los ojos —ordenó de golpe—. ¡Ahora!
Nadie preguntó por qué.
La mitad de la tripulación obedeció inmediatamente.
La otra mitad quedó paralizada mirando el agua.
Uno de los marineros dejó escapar un sonido extraño.
Una mezcla entre llanto y alivio.
Luego caminó hacia la baranda.
Sonriendo.
Como si estuviera viendo algo hermoso.
—Ella está viva…
Kai reaccionó primero.
Soltó mi muñeca solo para sujetar al hombre antes de que saltara.
El marinero comenzó a forcejear desesperadamente.
—¡Suéltenme! ¡Mi hija está abajo!
La oscuridad bajo el barco se movió.
Los ojos parpadearon todos al mismo tiempo.
El sonido me atravesó la cabeza como un golpe de agua helada.
Kai logró arrastrar al hombre hacia atrás mientras otros marineros lo sujetaban.
—Muy bien —jadeó—. Confirmado oficialmente. Odio este lugar más que antes. ¡No lo suelten!
La figura del abrigo blanco levantó lentamente una mano.
Los susurros cesaron de golpe.
Silencio absoluto.
Entonces señaló directamente hacia mí.
—Ella nos pertenece.
El frío atravesó mi pecho instantáneamente.
No entendía por qué.
Pero esas palabras despertaron algo horrible dentro de mí.
Un recuerdo.
Oscuridad.
Bosque negro.
Una mano sosteniendo la mía mientras una voz decía:
“Corre.”
Me llevé una mano a la cabeza.
El recuerdo desapareció antes de que pudiera atraparlo.
Kai volvió a colocarse frente a mí.
—No sé quién demonios eres, pero eso sonó increíblemente enfermizo.
La figura inclinó la cabeza.
Sus ojos azules brillaron más fuerte.
—Tú no deberías tocarla.
Kai parpadeó.
—Disculpa, ¿qué?
—Tu existencia altera el vínculo.
Kai me miró de reojo.
—¿Estoy entendiendo algo de esto?
—No.
—Perfecto. Me tranquiliza muchísimo.
Pero su voz ya no sonaba relajada.
Estaba atento.
Tenso.
Como un animal esperando el momento exacto para atacar o huir.
La figura volvió a hablar.
—Devuélvanla… o la Corriente reclamará el precio.
El agua explotó debajo del barco.
Algo gigantesco emergió apenas unos segundos entre la oscuridad líquida.
Vi dientes.
Ojos enormes.
Piel cubierta de grietas luminosas.
Y luego desapareció otra vez bajo el Luk’s Stray.
Los marineros comenzaron a entrar en pánico.
Uno gritó.
Otro empezó a rezar.
La capitana apretó el timón con fuerza.
—Prepárense para impacto.
Kai giró hacia ella.
—¿Impacto de QUÉ exactamente?
La respuesta llegó sola.
La criatura golpeó el barco desde abajo.
El Luk’s Stray entero se elevó brutalmente.
El mundo se inclinó.
Caí contra la cubierta.
Escuché gritos.
El océano rugiendo debajo de nosotros.
Kai cayó cerca mío.
Rodó y volvió a levantarse enseguida.
—¡¿Sigues viva?!
—Creo que sí—
Otro impacto.
Más fuerte.
La baranda del lado izquierdo explotó en pedazos.
Agua negra entró a la cubierta como manos vivas.
La figura del abrigo blanco seguía inmóvil frente al caos.
Observándome.
Esperando.
Y entonces…
la voz de mi madre volvió una última vez.
Mucho más cerca.
Justo detrás de mí.
“Corre.”
Sentí una mano fría rozar mi espalda.
Me giré de golpe.
No había nadie.
La oscuridad bajo el barco comenzó a agitarse violentamente.
No contra nosotros.
Contra la figura.
Los miles de ojos parpadearon desesperados.
Como si algo dentro de la Corriente Fantasma acabara de despertar.
La figura dio su primer paso hacia atrás…
Y pareció dudar.
Kai lo notó inmediatamente.
—Oh.
Sonrió apenas.
Esa sonrisa peligrosa que aparecía cuando estaba aterrado pero fingía no estarlo.
—Eso significa que algo aquí sí puede asustarte.
Los ojos azules de la figura brillaron con violencia.
—Cállate.
Kai levantó las manos.
—Mira, normalmente obedecería a la persona flotando de manera demoníaca en un océano maldito, pero justo ahora estoy ocupado evitando que nos maten.
La oscuridad explotó detrás de la figura.
Una sombra muchísimo más grande emergió lentamente desde la Corriente Fantasma.
No podía verla completa.
Era demasiado enorme.
Demasiado imposible.
Solo distinguía fragmentos.
Escamas negras.
Luz dorada atrapada entre grietas.
Y una inmensa mirada antigua abriéndose bajo el océano.
La figura del abrigo blanco retrocedió por primera vez.
La voz vacía perdió estabilidad.
—No…
Kai me miró lentamente.
—Por favor dime que ESO está de nuestro lado.
La criatura abrió un ojo dorado gigantesco bajo el barco.
Y me observó directamente.
Entonces habló.
No con palabras.
Con algo peor.
Con una voz que resonó dentro de mis huesos.
“Hija del mar roto…”
El mundo entero tembló.
Y la criatura comenzó a elevarse.
El océano quedó inmóvil después de que la criatura hablara.
“Hija del mar roto…”
La voz resonó dentro de mí como un trueno ahogado.
El ojo dorado gigantesco seguía observándome bajo el Luk’s Stray.
Esperando.
Reconociendo algo que yo no entendía.
La marca debajo de mi clavícula ardió violentamente.
Caí de rodillas sobre la cubierta mojada.
Sentía la piel romperse en luz dorada bajo mi ropa.
Kai reaccionó inmediatamente.
—¿Qué sucede?
Se agachó frente a mí.
Sus manos sujetaron mis hombros.
Firmes.
Calientes incluso en medio del frío imposible de la Corriente Fantasma.
—Mírame.
Intenté hacerlo.
Pero imágenes comenzaron a atravesarme la cabeza.
Un océano dorado.
Puertas gigantes abriéndose en la oscuridad.
Una criatura inmensa inclinando la cabeza frente a mí.
Y una voz antigua susurrando:
“La Frontera siempre reclama a los suyos.”
El barco crujió una vez más.
Una explosión atravesó el costado del Luk’s Stray.
La cubierta se inclinó.
Marineros cayeron.
Agua negra comenzó a entrar entre las grietas de la madera.
La capitana levantó la vista hacia el casco destruido.
Pareció aceptar algo inevitable.
—No resistirá mucho más.
La figura del abrigo blanco seguía suspendida frente al barco.
Sus ojos azules brillaban dentro de la oscuridad líquida.
—Entréguenla.
Kai ni siquiera miró hacia arriba.
Seguía frente a mí.
—Sí, no va a pasar.
La figura inclinó apenas la cabeza.
—No entiendes lo que es ella.
—Honestamente, nadie aquí entiende nada.
Eso habría sido gracioso en cualquier otro momento. Pero entonces el océano explotó.
Algo gigantesco golpeó desde abajo.
El Luk’s Stray entero se elevó.
El mástil principal se quebró.
Las almas alrededor del barco comenzaron a agitarse desesperadamente.
La capitana se puso de pie lentamente.
Sangre negra descendía por sus labios.
Muerta.
Sí.
Pero aun así agotada.
Clavó nuevamente la daga oxidada sobre la cubierta destruida.
Las tablas ennegrecieron alrededor.
Y el océano respondió.
Miles de figuras espectrales emergieron de la Corriente Fantasma.
Almas perdidas.
Cubiertas de cadenas y agua oscura.
Rodearon el Luk’s Stray formando una barrera inmensa alrededor del barco moribundo.
La capitana levantó una mano temblorosa.
—Protejan este barco.
Las almas obedecieron inmediatamente.
Entonces algo enorme emergió desde abajo.
Una criatura cubierta de ojos azules y mandíbulas abiertas atravesó la oscuridad directamente hacia nosotros.
Las almas chocaron contra ella.
El impacto sacudió el océano entero.
Espíritus explotaron en humo plateado intentando contenerla.
Kai observó aquello un segundo.
Luego murmuró:
—Voy a necesitar muchas explicaciones cuando sobrevivamos a esto.
La figura del abrigo blanco extendió lentamente una mano hacia mí.
—La Bestia de la Frontera despertará dentro de ella.
Mi pecho ardió más fuerte.
La marca comenzó a expandir luz dorada entre mis venas.
No entendía qué estaba pasando.
Pero el océano sí.
Porque toda la Corriente Fantasma comenzó a moverse alrededor mío.
Como si respirara conmigo.
Kai finalmente levantó la vista hacia la figura.
su expresión perdió parte del humor.
—¿Qué significa “despertará”
Ella respondió:
—Significa que cuando abra los ojos…
el Leviatán caerá de rodillas.
El silencio golpeó la cubierta.
Incluso la capitana quedó inmóvil.
Debajo del barco…
el gigantesco ojo dorado parpadeó lentamente.
Como si hubiera escuchado.
Kai me miró otra vez.
Y esta vez había algo distinto en sus ojos.
No miedo hacia mí.
Miedo por mí.
—No me gusta cómo suena eso.
Intenté responder.
Pero entonces escuché algo.
Un susurro.
No venía de la Corriente Fantasma.
Venía de Kai.
O mejor dicho…
de algo dentro de él.
La espada con la cruz bendecida comenzó a vibrar violentamente en su mano.
Una luz azul recorrió la hoja.
El océano reaccionó al instante.
Las criaturas bajo el agua comenzaron a alejarse.
Incluso las almas perdidas parecieron inquietarse.
Kai frunció el ceño mirando la espada.
—No hagas eso ahora.
La cruz brilló todavía más fuerte.
Y por un instante…
una sombra gigantesca apareció detrás de él sobre el agua negra.
Alta.
Con ojos azul profundo.
Observándolo.
Mi respiración se detuvo.
Kai también la vio.
Lo noté inmediatamente.
Porque toda su expresión cambió.
No parecía aterrado.
Parecía furioso.
La sombra desapareció apenas un segundo después.
Como si nunca hubiera estado allí.
Pero la espada seguía vibrando.
Kai apretó la mandíbula.
—Odio este lugar.
La figura del abrigo blanco dio un paso adelante sobre el vacío.
—El Abismo ya lo reclama también.
Kai levantó lentamente la espada.
La cruz bendecida apuntó directamente hacia la figura.
—Da otro paso y descubres qué tan bendecida está esta cosa.
La capitana literalmente cerró los ojos un segundo.
—Algún día ese muchacho nos matará a todos.
Nerviosa.
Cansada.
Kai me miró inmediatamente al escucharla.
Y sonrió apenas.
Solo un poco.
Pero fue real.
Entonces el océano rugió.
No como antes.
Peor.
Algo inmenso se movía bajo el Luk’s Stray.
Demasiado rápido.
Demasiado cerca.
La criatura gigantesca bajo nosotros comenzó a elevarse otra vez.
Y esta vez…
la Corriente Fantasma entera abrió los ojos.
Miles y miles de ojos azules aparecieron bajo el agua negra.
Observándome.
Observándolo a él.
Observándonos juntos.
La figura del abrigo blanco retrocedió lentamente.
Esta vez parecía asustada.
—No…
El agua explotó debajo del barco.
Una mandíbula gigantesca emergió desde la oscuridad.
Llena de dientes negros enormes.
El Luk’s Stray quedó suspendido sobre aquella boca imposible.
La tripulación gritó.
Las almas se lanzaron desesperadamente contra la criatura.
Inútil.
Era demasiado grande.
Kai reaccionó enseguida.
Me sujetó de la muñeca.
—No te sueltes.
La mandíbula se cerró.
El impacto destruyó media cubierta.
La madera explotó bajo nuestros pies.
Sentí el vacío abrirse debajo mío.
Kai intentó sostenerme.
Por un segundo realmente lo hizo.
Nuestros dedos seguían unidos.
Pero la cubierta terminó de romperse.
Y caí.
Directamente dentro de la Corriente Fantasma.
El agua negra me tragó por completo.
Fría.
Oscura.
Infinita.
Abrí los ojos bajo el océano.
Y allí abajo…
había luces.
Miles.
Como estrellas dormidas en las profundidades.
Criaturas gigantescas descansaban encadenadas bajo la Corriente.
Algunas tenían ojos.
Otras parecían montañas vivas.
Todas me observaban.
La marca explotó en luz.
El océano retrocedió alrededor de mi cuerpo.
Como si el agua no pudiera tocarme.
Y entonces escuché mi nombre.
Desesperado.
Muy cerca.
— ¡Nara!
Kai.
Giré apenas la cabeza.
Él acababa de lanzarse detrás de mí.