Él es un magnate de acero: frío, desconfiado y acostumbrado a controlarlo todo, hasta que ella cruza su camino. Ella es una joven diseñadora llena de talento, que solo busca una oportunidad para que sus diseños de ropa y joyas brillen. Lo que comienza como una simple entrevista se convierte en una atracción inesperada que romperá sus barreras... y despertará en él una obsesión que no sabía que podía sentir.
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capítulo 20: El encargo más grande
A la mañana siguiente, Yoselin llegó a la empresa con una sensación muy distinta. Ya no iba como alguien que intenta demostrar que merece estar ahí: iba como quien ya tiene su lugar seguro.
La llevaron a un espacio propio, cerca del área de diseño pero mucho más amplio y luminoso. Tenía sitio para extender todos sus bocetos, estantes para guardar muestras de telas y piedras, y hasta un maniquí exclusivo reservado solo para ella. Apenas empezó a acomodar sus lápices y reglas sobre la mesa, cuando un mensajero le avisó que Alejandro la esperaba en su despacho de inmediato.
Subió las escaleras sin dudar, con paso firme. Al entrar, lo encontró de pie junto a la ventana, con esa expresión seria que lo caracterizaba, pero sin esa frialdad distante que la había intimidado al principio.
—Siéntate, por favor —le indicó, señalando la silla frente a su escritorio—. Tengo para ti un trabajo muy especial. Es importante, muy personal, y quiero que lo lleves tú y nadie más.
Yoselin enderezó la espalda, lista para escuchar con atención.
—Mi mejor amigo se casa pronto —explicó Alejandro, girándose hacia ella—. Llevo conociéndolo desde que éramos niños, es como un hermano para mí. Cuando supo que habíamos integrado a una diseñadora que crea piezas realmente únicas, que no repite moldes ni sigue modas pasajeras, pidió expresamente que fueras tú quien se encargara de absolutamente todo lo relacionado con la indumentaria de la boda.
—¿De todo? —preguntó ella con curiosidad, abriendo un poco los ojos.
—Exactamente —asintió él, detallando cada punto con claridad—. Necesitamos el traje completo del novio, el vestido de la novia, los trajes de todos los padrinos... y para que lo sepas: yo estaré entre ellos.
Hizo una pausa breve antes de seguir enumerando el resto del encargo.
—También los vestidos de cada una de las damas de honor. Y Camila, mi hermana, será una de ellas, así que tendrás que contar con ella para definir su estilo. Y para terminar: los conjuntos elegantes y acordes para las dos suegras, la madre del novio y la madre de la novia.
Se acercó un poco más a la mesa y agregó:
—Quiero que todo tenga una misma línea armoniosa, que combine entre sí en colores y formas, pero sin que nadie se vea igual. Cada prenda debe resaltar la personalidad de quien la lleva, sin perder la elegancia que el momento merece.
Yoselin sintió que el corazón le latía con más fuerza, mezcla de emoción y responsabilidad. No era solo un encargo grande: era que él confiaba en ella para algo tan cercano, para su propia gente, para su mejor amigo y hasta para él mismo como padrino.
—Es una gran cantidad de trabajo, y un reto muy especial —dijo con sinceridad—, pero lo haré con todo el cuidado del mundo. Me reuniré con cada persona para conocer sus gustos, tomar sus medidas y asegurarme de que se sientan perfectos. Haré que ese día sea inolvidable para todos.
—Eso espero —respondió Alejandro, y por un instante sus ojos brillaron con una mezcla de confianza y algo más cálido que no había mostrado antes—. Sé que no me defraudarás. He visto lo que eres capaz de hacer cuando te importa lo que creas.
Al salir del despacho y caminar de regreso a su nuevo espacio, Yoselin respiró hondo. Tenía por delante el reto más grande de toda su carrera, pero también la prueba más clara de que ya no era una extraña para él. Ahora formaba parte de los momentos importantes de su vida, y esa confianza valía más que cualquier reconocimiento.