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Atrapé Al Diablo

Atrapé Al Diablo

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Traiciones y engaños / Reencuentro / Completas
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Marion Cecilia Coloma Aguirre

La Academia Valmont lo tenía todo: lujo, poder y secretos. Entonces conocí a Matías Ferrer, el chico que parecía un ángel… y terminé atrapando al diablo.

NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 21

El domingo desperté decidida a cumplir otra misión imposible.

Apenas bajé a desayunar, mi madre levantó la vista y sonrió.

—Esa cara significa problemas.

—Hoy sacaré a Valentina a un parque de diversiones.

Mi padre dejó el café sobre la mesa.

—¿Y después?

—Después voy a darle una sorpresa que jamás va a olvidar.

—Pobre Ferrer —murmuró él.

—¿Por qué todos sienten pena por Matías?

—Porque nadie sobrevive a una Valmont motivada.

Una hora más tarde ya estaba frente al edificio de los Ferrer.

Valentina salió corriendo apenas escuchó la bocina.

—¡Amalia!

¿Es verdad que iremos a un parque?

—Sí, princesa.

—¡Mati, apresúrate!

Matías apareció detrás de ella con una expresión derrotada.

—Todavía es temprano.

¿Cómo tienes tanta energía?

—Porque hoy es un día histórico.

—Eso es exactamente lo que me preocupa.

Condujimos hasta el parque de diversiones más grande de la ciudad.

Apenas cruzamos la entrada, Valentina comenzó a girar sobre sí misma como si no supiera qué mirar primero.

—¡Hay una montaña rusa!

—¡Y algodón de azúcar!

—¡Y un carrusel!

—Respira primero —dije riendo.

Pasamos horas subiendo a juegos, ganando premios ridículos y comiendo demasiados dulces.

Valentina obligó a Matías a subir a una rueda de la fortuna y él pasó todo el recorrido diciendo que aquello era una mala idea.

—Te estás divirtiendo —le dije.

—Eso es una calumnia.

—Tu sonrisa te traiciona.

—No estoy sonriendo.

Valentina nos miró indignada.

—¡Claro que sí!

Sonríes cuando Amalia te habla.

Matías casi se atragantó con su bebida.

—Valentina.

—¿Qué?

Solo estoy diciendo la verdad.

Yo me reí mientras él me lanzaba una mirada asesina.

Cuando el sol comenzó a esconderse, regresamos al departamento.

Yo llevaba varias cajas en el maletero, aunque no dije nada.

Había pasado la mañana entera esperando ese momento.

—¿Qué es todo eso? —

preguntó Matías.

—Una sorpresa.

—Esa palabra nunca trae nada bueno.

—Confía en mí.

—Ese es exactamente el problema.

Subimos hasta el pequeño departamento y abrí la puerta con una sonrisa que ya no podía esconder.

Valentina fue la primera en entrar.

Y se quedó inmóvil.

El lugar ya no era el mismo.

Mientras ellos estaban en el parque de diversiones, alguien había remodelado todo el departamento.

Las paredes ahora tenían tonos crema y dorados, el piso brillaba como si fuera nuevo, los muebles viejos habían desaparecido y en su lugar había sofás elegantes, lámparas delicadas y detalles de lujo por todas partes.

Todo se veía cálido, fino y hermoso, como si el departamento entero hubiera salido de una revista.

—¿Qué…? —

susurró Matías, entrando detrás de ella.

Yo sonreí, fingiendo inocencia.

—Parece que alguien tuvo muy buen gusto.

Valentina avanzó despacio, mirando cada rincón con los ojos muy abiertos.

—Esto es…

esto es nuestro departamento.

—Sí.

—Pero no parece nuestro departamento.

—Ahora sí parece un hogar —dije en voz baja.

Ella soltó un pequeño grito cuando vio la habitación al final del pasillo.

—¡Mi cuarto!

Entró corriendo y yo la seguí con Matías detrás de nosotras.

La habitación de Valentina era la más hermosa de todas.

Las paredes estaban decoradas con murales de las princesas de Disney:

Cenicienta, Bella, Ariel, Rapunzel, Blancanieves y Aurora sonreían desde cada rincón como si hubieran salido a recibirla.

La cama era grande, con dosel blanco y cortinas rosadas que caían como nubes.

Había una alfombra suave, cojines de terciopelo, una lámpara en forma de castillo y una cómoda blanca con detalles dorados.

Sobre el escritorio descansaban libros nuevos, una caja de colores y una pequeña corona de cristal.

También habían colocado una repisa llena de peluches, una silla tapizada en rosa pastel y un espejo con luces alrededor.

Valentina se llevó las manos a la boca.

—No puede ser…

—Sí puede —dije sonriendo—.

Y es todo tuyo.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Parece el cuarto de una princesa de verdad.

—Porque tú eres una princesa de verdad.

Ella se lanzó a abrazarme con fuerza.

—Amalia…

—¿Sí?

—Nadie había hecho algo así por mí.

La abracé más fuerte.

—Entonces ya era hora de que alguien lo hiciera.

Matías se quedó en la puerta, observando en silencio.

Por primera vez no tenía esa expresión dura de siempre.

Solo parecía sorprendido.

—¿Tú hiciste esto? —

preguntó.

—Digamos que tuve ayuda.

—¿De quién?

—De alguien que sabe que Valentina merece un reino entero.

Él recorrió la habitación con la mirada, deteniéndose en los detalles de las princesas de Disney, en las luces suaves, en la cama impecable y en cada rincón pensado para ella.

—Esto es demasiado.

—No existe “demasiado” cuando se trata de tu hermana.

Valentina ya estaba tocando cada cosa como si temiera que desapareciera.

—¿De verdad puedo dormir aquí?

—De verdad.

—¿Y puedo poner mis muñecas aquí?

—Puedes poner todo lo que quieras.

—¿Y mis libros?

—También.

Ella sonrió con una felicidad tan pura que me apretó el corazón.

—Es la habitación más hermosa del mundo.

Matías soltó una risa baja.

—Y yo pensé que el parque era la parte peligrosa del día.

—Todavía no has visto la sala —dije.

Lo llevé hasta el resto del departamento.

La cocina ahora tenía acabados modernos, la sala estaba decorada con muebles elegantes y suaves, y hasta el pequeño comedor parecía sacado de una casa de lujo.

Todo estaba limpio, ordenado y lleno de detalles que hacían que el lugar se sintiera completamente distinto.

Matías se pasó una mano por el cabello.

—Este no es un departamento.

Esto es una locura.

—Es una mejora.

—Es una transformación total.

—Exactamente.

Valentina apareció detrás de nosotros con una sonrisa enorme.

—Mati.

¿Te gusta?

Él la miró y luego miró otra vez el lugar.

—Sí, enana. Me gusta mucho.

Ella lo abrazó por la cintura con fuerza.

—Entonces ya no vamos a vivir en un lugar triste.

Matías se quedó quieto un segundo y después le acarició el cabello con ternura.

—No, princesa.

Ya no.

Yo los observé en silencio.

Aquellos dos hermanos habían aprendido a sobrevivir solos durante demasiado tiempo y, aun así, seguían encontrando motivos para sonreír.

Ahora, por fin, tenían un lugar que se sentía digno de ellos.

Valentina bostezó y se acurrucó en su nueva cama, abrazando uno de los peluches que habían dejado sobre la almohada.

—No quiero que este día termine.

—Tampoco yo —admití.

Matías levantó la mirada hacia mí.

Sus ojos verdes parecían más suaves bajo la luz cálida de aquella habitación.

Y mientras Valentina se quedaba dormida rodeada de princesas de Disney y el chico que fingía ser de piedra me observaba en silencio desde la puerta, una última pregunta atravesó mi corazón.

¿Por qué sentía que, al darle un reino a mi princesa, también estaba dejando que Matías Ferrer entrara poco a poco en el mío?

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