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La Puerta Del Quebranto

La Puerta Del Quebranto

Status: En proceso
Genre:Demonios / Terror / Casos sin resolver
Popularitas:142
Nilai: 5
nombre de autor: Gil Carcamo

Sinopsis

Hay dolores que sanan con el tiempo.

Y hay otros que abren puertas.

En el Japón actual, una serie de desapariciones y muertes inexplicables tiene un inquietante punto en común: todas las víctimas atravesaban un profundo sufrimiento antes de que el horror comenzara.

Cuando una joven, devastada por una ruptura amorosa, empieza a experimentar sucesos imposibles, el investigador Gabriel Salazar descubre que una antigua entidad demoníaca intenta apoderarse de su cuerpo. Pero salvarla no será suficiente. Detrás de esa posesión se oculta un plan mucho más oscuro, capaz de cambiar para siempre el mundo de los vivos.

Porque los demonios no derriban puertas...

Esperan a que alguien las abra.

NovelToon tiene autorización de Gil Carcamo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capítulo 12

El umbral

"Aquí termina la espera."

Ninguno de los dos habló.

La enorme puerta de piedra permanecía inmóvil al final del túnel, como si hubiera existido allí desde siempre.

Y, sin embargo, Gabriel estaba completamente seguro de que unos segundos antes no estaba.

La superficie era de una roca oscura, casi negra.

No tenía bisagras.

No tenía cerradura.

Ni siquiera parecía una puerta hecha por manos humanas.

El símbolo grabado en el centro parecía latir con una luz tenue.

No iluminaba.

Respiraba.

Valeria dio un paso hacia atrás.

—No me gusta...

Gabriel tampoco podía apartar la vista de ella.

Había visto objetos malditos.

Reliquias.

Altares antiguos.

Nada se comparaba con aquello.

Sintió una presión extraña en el pecho.

Como si la puerta lo estuviera observando.

Entonces recordó una frase escrita en uno de los Cuadernos de Kage no Miya.

"Cuando un Guardián encuentra una puerta, debe preguntarse quién encontró a quién."

Hasta ese instante nunca había entendido su significado.

Ahora sí.

No eran ellos quienes habían encontrado el Umbral.

El Umbral los había encontrado.

El silencio fue roto por un sonido apenas perceptible.

Tum...

El mismo latido.

Más lento.

Más profundo.

Esta vez provenía de detrás de la puerta.

Valeria cerró los ojos.

Por un instante creyó escuchar la voz de su expareja.

—Valeria...

Abrió los ojos de inmediato.

No había nadie.

Luego volvió a escucharla.

Pero ya no era él.

Era la voz de su madre cuando era niña.

Después la de una profesora de primaria.

Luego la de una amiga de la universidad.

Todas pronunciaban su nombre.

Una tras otra.

Con una naturalidad inquietante.

—¿Las escuchas? —preguntó con la voz quebrada.

Gabriel negó.

—¿Escuchar qué?

Valeria sintió un nudo en la garganta.

Las voces seguían aumentando.

Ya no parecían recuerdos.

Parecían personas vivas.

Conversaban entre ellas.

Reían.

Lloraban.

Como si miles de momentos de su vida estuvieran ocurriendo al mismo tiempo al otro lado de aquella piedra.

Gabriel observó su expresión.

Comprendió que la puerta había comenzado a actuar.

Pero no sobre él.

Sobre Valeria.

—No las sigas.

Ella apretó los ojos con fuerza.

—Una de ellas...

...es mi padre.

Gabriel se quedó inmóvil.

—Mi padre murió cuando yo tenía doce años...

¿Cómo puede estar llamándome?

Gabriel sintió un escalofrío.

Los demonios imitaban voces.

Eso lo sabía.

Pero jamás había conocido una entidad capaz de reconstruir recuerdos con semejante precisión.

Entonces ocurrió algo inesperado.

La puerta respondió.

No se abrió.

No se movió.

Simplemente emitió un pulso.

Una vibración tan suave que apenas hizo temblar el aire.

El símbolo grabado en la piedra brilló durante un segundo.

Y Valeria dejó de escuchar las voces.

En su lugar apareció un recuerdo.

Uno que no le pertenecía.

Se vio caminando por el andén de una estación de tren antigua.

Las paredes estaban cubiertas por carteles escritos con caracteres japoneses que jamás había visto.

Un reloj marcaba las 2:17 de la madrugada.

Había niebla.

Muchísima niebla.

Y al final del andén...

Una niña sostenía un conejo de peluche.

Era la misma niña que habían visto bajo Shibuya.

La pequeña sonrió.

Pero esta vez no parecía un espíritu.

Parecía una niña de carne y hueso.

—Llegaste tarde... —dijo con dulzura.

Valeria quiso responder.

No pudo.

Su cuerpo no reaccionaba.

La niña señaló lentamente hacia las vías.

—Él ya viene.

El sonido de un tren comenzó a llenar la estación.

Pero no aparecía ninguna luz.

Solo el ruido.

Cada vez más fuerte.

Cada vez más cerca.

Hasta que la oscuridad del túnel empezó a moverse.

Como si el propio vacío avanzara sobre los rieles.

Entonces el recuerdo se rompió.

Valeria cayó de rodillas frente a la puerta.

Respiraba con desesperación.

Gabriel la sostuvo antes de que golpeara el suelo.

—¡Valeria!

Ella levantó la vista.

Las lágrimas recorrían su rostro.

—Yo nunca estuve allí...

Gabriel sabía que decía la verdad.

Pero había algo aún más inquietante.

Ella describía un lugar que él sí conocía.

Una estación clausurada desde hacía más de cincuenta años.

Una estación que aparecía mencionada en un único documento del Proyecto Umbral.

Y que, según ese documento...

Nunca había sido construida oficialmente.

Gabriel sintió que la sangre se le helaba.

Miró nuevamente la puerta.

El símbolo volvió a latir.

Muy despacio.

Como si acabara de reconocer a Valeria.

Entonces, por primera vez, una fina grieta recorrió la superficie de la piedra.

No era una grieta cualquiera.

Parecía...

...una sonrisa.

Y desde el otro lado llegó una voz serena, antigua y paciente.

No hablaba con Gabriel.

No hablaba con Valeria.

Parecía hablar con alguien que llevaba siglos esperando.

—La primera memoria ha despertado.

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