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Lo Siento, Mis Hijos No Necesitan Un Padre

Lo Siento, Mis Hijos No Necesitan Un Padre

Status: Terminada
Genre:CEO
Popularitas:136.4k
Nilai: 4.3
nombre de autor: Lucy-J

Enzo era un libertino; Camila, tranquila y reservada. Eran completamente opuestos, como el fuego y el agua.

Después de casarse, cuando le preguntaban por qué se había casado con Camila, Enzo encendía un cigarrillo y respondía con un tono burlón y serio a la vez:
—Fue mi familia quien lo decidió. ¿Qué podía hacer yo?

Cinco años de matrimonio fueron cinco años de guerra fría. Al final, fue ella quien tomó la iniciativa de pedir el divorcio.
Pero justo cuando Camila estaba a punto de irse, fue Enzo quien no pudo dejarla marchar.

NovelToon tiene autorización de Lucy-J para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20

La lluvia comenzó fina y constante, dibujando senderos en el cristal de la habitación. El sonido rítmico de las gotas creaba un fondo casi hipnótico, llenando el silencio de la madrugada.

Lina tenía fiebre leve, la nariz congestionada, los ojos pesados de cansancio. Aun así, se negaba a dormir sola.

—Mamá… quédate aquí.

Camila ya estaba acostada a su lado cuando la niña se acurrucó contra su pecho, buscando calor. La habitación permanecía en penumbra, iluminada solo por la luz suave que venía del pasillo. Lina respiraba con pequeños suspiros entrecortados.

—Estás mejorando —susurró Camila, pasando los dedos por el cabello de su hija.

Hubo una pausa. Después, la pregunta vino baja, casi tímida:

—Mamá… ¿papá ya fue bueno contigo?

Camila se quedó inmóvil por un instante. La memoria, que había estado empujando lejos durante semanas, se abrió entera dentro de ella. Inclinó el rostro y besó la frente caliente de su hija.

—Lo fue —respondió con suavidad—. Él fue muy bueno conmigo.

Lina abrió los ojos, curiosos incluso en la fiebre.

—¿De verdad?

Camila sonrió levemente.

—De verdad. Tú y tu hermano nacieron de amor. De un amor que existió.

La niña pareció satisfecha. Sus dedos apretaron la tela de la camiseta de su madre y, poco a poco, su respiración se fue haciendo más lenta. Cuando finalmente se durmió, la lluvia ya caía más fuerte.

Camila permaneció despierta.

Y dejó que el pasado volviera.

Al principio, Enzo no era el hombre que el mundo veía hoy. No era el empresario de mirada fría, ni el marido orgulloso que usaba la ironía como escudo. Era intenso, impulsivo, pero profundamente atento.

En los primeros meses de matrimonio, ajustaba su propia rutina a la de ella. Si Camila necesitaba despertarse a las seis para el hospital, él se despertaba a las seis también. Si ella se quedaba hasta tarde revisando artículos, él permanecía a su lado, incluso sin entender la mitad de los términos técnicos.

—Duerme —le decía ella.

—Solo cuando tú duermas —respondía él, así de simple.

Camila tenía sensibilidad a la luz fuerte. Enzo descubrió eso en la primera semana viviendo juntos. Desde entonces, cada vez que encendía la luz de la habitación, ponía la mano abierta delante de los ojos de ella antes de ajustar la intensidad. Un gesto pequeño, repetido con constancia.

Hubo también la cena en casa de la familia Silva, cuando uno de los parientes comentó que Camila era “demasiado independiente” para un matrimonio tradicional. Enzo no reaccionó en el momento. Permaneció callado, con la mandíbula rígida. Al día siguiente, sin embargo, pidió permiso en el trabajo y volvió a aquella casa.

Discutió.

Sin diplomacia.

Defendió a Camila punto por punto. En la misma semana, la llevó al apartamento que sería oficialmente su hogar.

—Vamos a vivir solos —dijo—. Basta de interferencias.

Llamó a aquello fuga estratégica. Para Camila, fue libertad.

En aquella época, Enzo cocinaba. No era talentoso, pero insistía. Quemaba arroz, exageraba con la sal, inventaba combinaciones improbables. Después lavaba los platos, arreglaba la cocina, aprendía a doblar la ropa del modo exacto que a ella le gustaba.

Los amigos se burlaban:

—¿Te has convertido en un marido mandado?

Él respondía con naturalidad:

—¿Y qué?

Nunca pareció avergonzado.

También fue él quien presentó a Camila a su propio mundo. Eventos, cenas, reuniones. Siempre sosteniendo la mano de ella con firmeza.

—Esta es mi esposa.

Orgullo explícito. Nunca la trató como sombra.

Vinieron los regalos. Un apartamento a su nombre. Un coche. Inversiones. Camila protestaba, diciendo que no necesitaba aquello.

Él respondía mirándola a los ojos:

—Sí que lo necesitas. En medio de todas las luces de la ciudad… el nombre Enzo Silva siempre será la luz que permanece encendida para ti.

Ella lo encontraba exagerado. Pero lo creía.

Hubo una tarde, en el primer año de matrimonio, en que el atardecer invadía el apartamento recién decorado. Camila estaba en la cocina, concentrada en una receta sencilla. Enzo la observaba desde la puerta.

—¿Qué pasa? —preguntó ella.

Él no respondió. Se acercó, apoyó la frente en la de ella y la besó. Sin prisa, pero con intensidad. Había allí algo dominante y, al mismo tiempo, cuidadoso. Él la sostenía como si el mundo fuera demasiado áspero para tocarla.

Camila recordaba su propia timidez, el corazón acelerado, la sensación de estar elegida.

Ella no se enamoró por impulso. Se enamoró por constancia. Por presencia. Por un hombre que parecía dispuesto a reorganizar su propio universo para caber en el de ella.

La lluvia arreciaba afuera.

Camila pasó la mano por el cabello de Lina dormida. La habitación estaba cálida, pero dentro de ella había un frío sereno.

Aquel Enzo existió. No era invención. No era memoria romantizada. Él fue vibrante, apasionado, entero por mucho tiempo.

Pero algo cambió.

Tal vez poco a poco. Tal vez en silencio. Tal vez cuando el orgullo pasó a hablar más alto que el diálogo. Tal vez cuando el mundo comenzó a observarlo demasiado. O cuando las expectativas se volvieron mayores que los gestos simples.

La ternura disminuyó.

Los cuidados se volvieron raros.

Las palabras ganaron filo.

Y el amor dejó de ser movimiento conjunto para convertirse en disputa.

Camila cerró los ojos por un instante.

Ella no se arrepentía de haber amado. No se arrepentía de haber creído. El sentimiento existió y fue verdadero. Pero ya no era suficiente ante la realidad que se imponía.

Besó nuevamente la frente de su hija y apagó la lámpara.

Se quedó allí, escuchando la lluvia atravesar la madrugada.

Y comprendió, con una claridad silenciosa, que su caída no había sido debilidad. Ella se había enamorado de un hombre que un día fue calor. Un hombre que la miraba como si el mundo entero pudiera esperar.

Solo que el calor no es permanente.

Y lo que antes calentaba… ahora quemaba.

La ternura que existió continuaba viva en la memoria.

Pero ya no sustentaba el presente.

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Rosario. Simoes Veloso
si ls madre no se metiera talvez el seris mas responsable ,pero es el wue estando casado sale con otra mujer ,mientras que la legitima la esconde,que mujer aguante eso...
Hilda Estrada
demasiado amor para ella😞
Hilda Estrada
si, ya basta de rogarle, de pedir tiempo 😢
Hilda Estrada
y x favor, escuchen!
Hilda Estrada
que bárbara, ocupar un espacio de paciente que realmente lo necesita,no,!!!
Hilda Estrada
un catedrático nos dijo: si las mujeres se enamoraran con el cerebro, no con el corazón, otra cosa seria😢
Hilda Estrada
te vas a arrepentir de tus palabras
Hilda Estrada
no sabe que existen sus hijos
Leticia Contreras
finalmente estan juntos despues de sufrir y llorar vale la pena 🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰 el entendio
Leticia Contreras
ahy el amor cosa tan rara pero ahi esta
Leticia Contreras
ahora si ya se paso Camila se que esta dolida pero ni le importo que sus nin̈os estan sufriendo mirando a su padre casi moribundo no se vale
Leticia Contreras
los dos necesitan terapia en familia para que ya sea separados oh juntos superen todo lo pasado
Leticia Contreras
lo esta llebando al limite hasta que un dia no despierte
Leticia Contreras
nada esta bien el la quiere reconquistar se vale los dos estan enamorados
Leticia Contreras
los protegio a sus hijos y a Camila de verdad quiere intentarlo bamos con todo Enso
Leticia Contreras
bueno Enso por algo se empieza
Leticia Contreras
ahy que recordar cuando ella lo llamo en busca de alluda y el no le alludo por estar con la zorra de Laura
Leticia Contreras
por Dios ella es una profecional muy ecxelente nunca se gasto el dinero ni en sus hijos
Leticia Contreras
no estaba por dinero estaba porque lo amaba y aun lo ama solo que son dos seres que no saven dialogar y perdonarce el orgullo gana
Leticia Contreras
ya canso toda la historia es lo mismo nada nuevo que paso autora
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