Durante tres años, Luciana fue utilizada por la familia de su esposo. Casada con Matías, se vio obligada a convertirse en donante de sangre permanente para Sofía, la hermana del mejor amigo fallecido de él. En esa casa no era esposa: cocinaba, limpiaba y obedecía. En la empresa, nadie la tomaba en serio.
Todo terminó cuando Sofía le envió fotos íntimas con Matías. Luciana no discutió. Pidió el divorcio y se fue.
Lo que dejaron atrás fue un error.
Tras regresar a su hogar, Luciana reveló su verdadera identidad: heredera de una familia millonaria. La sumisión no era necesidad, sino elección. Lejos del matrimonio, vuelve al mundo empresarial con capital, poder y memoria.
Esta vez, no será utilizada.
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Capítulo 20
La ciudad despertaba con los primeros rayos de sol, pero el bar “Escucha” todavía resonaba en las redes sociales. Durante toda la noche, varios paparazzi habían trabajado con rapidez y precisión: habían tomado el video del enfrentamiento de Luciana con el agresor, cortando cuidadosamente cada contexto que mostrara la provocación del hombre o la defensa de Valentina. El material resultante estaba editado para que sólo se viera a Luciana golpeando al sujeto, con movimientos limpios y contundentes, sin dejar rastros de su intención de proteger a su amiga.
Al amanecer, el video comenzó a circular en los portales de noticias y redes sociales de la ciudad, con titulares sensacionalistas que destacaban la violencia de Luciana y su supuesta pérdida de control. Las etiquetas #ExEsposaViolenta y #EscándaloLuciana dominaban la plataforma. Los comentarios eran un torrente de críticas y especulaciones: la acusaban de comportarse como una “vieja del jet set descontrolada”, de “no saber controlar su temperamento” y de “explotar la violencia por diversión”.
Apenas unas horas después, Valentina llegó corriendo a la casa de Luciana, con el rostro marcado por la preocupación y la indignación. Entró sin avisar, cerrando la puerta tras ella, y se dirigió directamente a Luciana:
—¡Luciana! ¡Mira esto! —exclamó, mostrando su teléfono con la pantalla llena de comentarios hirientes—. ¡Estás en todos los trending topics! La gente te critica por beber en la madrugada, por golpear a un hombre… ¡estás hecha un escándalo viral!
Luciana observó el teléfono un instante, con una expresión serena y sin atisbo de alarma. Su mirada no mostró sorpresa, ni miedo, ni enojo. Simplemente asintió levemente:
—Gracias por avisarme. —Su voz era tranquila, medida—. Hoy es mi primer día en la empresa, y no voy a perder tiempo con comentarios de internet.
Valentina, sin embargo, no podía contener su impaciencia. Aún con el ceño fruncido, dijo con firmeza:
—¡No! No puedes ignorarlo. La gente ya te está juzgando, y si no reaccionamos rápido, van a arruinar tu reputación antes de que empieces siquiera a trabajar. Déjame manejar esto. Yo me encargo de los comentarios y de que todo salga bien.
Luciana le lanzó una breve mirada de aprobación:
—Está bien. Hazlo. Pero recuerda mantenerlo bajo control.
Cuando se disponían a salir, el mayordomo de Jorge, el padre de Luciana, ya estaba esperando en la entrada con discreción. Dos chóferes habían estacionado el Rolls-Royce, listos para llevarlas a la empresa.
—Señorita Luciana, el automóvil está listo para su traslado. —Su voz era formal y respetuosa—. Puede elegir cualquier ruta, el vehículo la espera.
Luciana negó con la cabeza, con calma:
—No, gracias. Hoy quiero ir discreta. Tú sabes que no necesito alarde de autos para comenzar.
El mayordomo no se inmutó y, con precisión, sacó un llavero que contenía varias opciones: un Maserati, un Porsche último modelo y otras llaves de deportivos que aún estaban en tránsito marítimo.
—Si desea, señorita, puede usar cualquiera de estos por ahora, mientras llegan los demás. —Su voz tenía un dejo de orgullo y admiración—. Ya sabe, “para ir cómoda”.
Valentina no pudo evitar soltar un suspiro de asombro:
—¡No puedo creer que tengan tantos autos! —murmuró—. Esto… es demasiado.
Luciana sonrió ligeramente, pero sin cambiar de actitud:
—Hoy solo necesito discreción, Valentina. Vamos juntas.
Se subieron al vehículo y se dirigieron a la sede de Rodríguez Group, evitando cualquier ostentación innecesaria. En el trayecto, Valentina revisaba las redes y preparaba estrategias para manejar la polémica, mientras Luciana mantenía la calma, observando la ciudad pasar por la ventanilla con total serenidad.
Al llegar a la empresa, todo el personal ya estaba reunido para la reunión matutina. La sala vibró con murmuraciones y miradas curiosas al ver a Luciana entrar. Era evidente que su presencia imponía, y muchos empleados intercambiaban susurros sobre su identidad y sus antecedentes.
Ricardo subió al estrado, con la postura firme que le caracterizaba. Su voz, clara y autoritaria, resonó en toda la sala:
—Buenos días. Tengo un anuncio importante. A partir de hoy, Luciana asumirá como directora de uno de nuestros principales departamentos. —Pausa, midiendo el efecto de sus palabras—. Su designación es inmediata y efectiva.
El murmullo creció entre los presentes. Algunos lo veían con escepticismo; otros intercambiaban miradas intrigadas, indagando discretamente sobre la trayectoria y competencias de Luciana. La tensión era palpable: muchos empleados habían aspirado a ese puesto durante años.
Entre ellos, Camila no pudo contenerse. Se levantó de su asiento y, con voz fuerte y desafiante, dijo:
—Perdón, Ricardo, pero debo expresar mi preocupación. Luciana… ella ha sido hasta ahora una esposa de familia de renombre, pero no sé si tiene la experiencia necesaria para dirigir un departamento de esta magnitud. No creo que sea capaz de cumplir con las responsabilidades del cargo, y no deseo trabajar a su lado.
Ricardo la miró con frialdad. Su voz, cargada de autoridad, resonó en la sala:
—Si no desea trabajar, Camila, puede presentar su renuncia. La aprobaré de inmediato. Nadie tiene derecho a obstaculizar la designación de Luciana. —Su mirada se desplazó hacia Luciana, asegurándose de transmitirle respaldo total—. Esta decisión es firme, y quien intente cuestionarla, debe entender que aquí, se respeta la jerarquía y la autoridad.
Los murmullos se intensificaron, pero nadie más osó objetar. La fuerza de Ricardo era clara, y la determinación con la que respaldaba a Luciana disipaba cualquier intento de desafío.
Luciana se mantuvo erguida, silenciosa, consciente del poder que emanaba Ricardo a su favor y de la ventaja que eso le confería en un ambiente tan competitivo. La calma que proyectaba contrastaba con la ansiedad y los celos de quienes la habían subestimado, dejando claro que su llegada no era temporal ni superficial, sino un cambio de equilibrio en la empresa.
Valentina, a su lado, sonrió con satisfacción. Sabía que la noticia sería un shock para quienes dudaban, pero ahora, con el respaldo de Ricardo y la seguridad de Luciana, no habría obstáculo que pudiera frenar su inicio como nueva directora.
La reunión continuó, pero la presencia de Luciana y la firmeza de Ricardo habían marcado el inicio de una nueva etapa en Rodríguez Group: una etapa en la que el talento y la autoridad, respaldados por estrategia y decisión, impondrían respeto y desestabilizarían a quienes subestimaban a la nueva directora.
no le pongas tanto relleno a las novelas, haz que la mujer se enamore, no tan rápido, ni tan lento, que allá pasión, amor etc..
eso es lo que amarra, a una persona en leer novelas, y con esta son dos novelas que me pasa lo mismo y fatal.
espero que cuando vuelva a leer una de tus obras nuevamente, hayas mejorado.
Me gusta como hablan los argentinos pero leer el vos, tenés, etc. no.