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El Último Partido De La Tierra

El Último Partido De La Tierra

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Aventura / Héroes
Popularitas:54
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Hace doscientos años, el Sistema Solar comenzó a desaparecer. Uno a uno, sus planetas fueron derrotados en el Torneo Galáctico de Federaciones, condenando a millones de habitantes a la esclavitud. Hoy, solo la Tierra sigue con vida.
Marcus Bandeira, entrenador de la Federación del Sistema Solar, recibe una misión imposible: reunir a los descendientes de Marte, Venus, Mercurio, Saturno, Urano y otros mundos desaparecidos para formar un equipo capaz de desafiar al invencible Rhusthym Kar, pentacampeón durante cincuenta años.
No juegan por un trofeo.
No juegan por la gloria.
Juegan para impedir que la Tierra desaparezca para siempre.
En un universo donde cada derrota borra miles de vidas y cada victoria compra un poco más de tiempo, once jugadores descubrirán que vencer al mejor equipo de la galaxia exige mucho más que talento.
Exige demostrar que incluso un planeta condenado todavía puede luchar por su último partido.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La caminata

El amanecer llegó sin ceremonia.

No hubo música.

No hubo flores.

No hubo discursos.

Solo silencio.

Dentro del vestuario del Sistema Solar, los catorce jugadores se pusieron en silencio sus camisetas azules, cada una con un sol dorado sobre el pecho.

Era la primera vez que las vestirían en un partido oficial.

Nadie bromeaba.

Nadie sonreía.

El entrenamiento había terminado.

Ahora comenzaba la realidad.

Marcus caminó lentamente hasta el centro del vestuario.

Miró a cada jugador por turnos.

Vex.

Marado.

Buffar.

Chilavar.

Becken.

Dinho.

A todos.

—Hoy —dijo en voz baja— dejan de ser catorce hombres diferentes.

Hizo una pausa.

Luego señaló hacia el túnel.

—Cuando atraviesen esa puerta...

—...ya no representarán a Mercurio.

—Ni a Venus.

—Ni a Marte.

—Ni a Plutón.

Respiró profundamente.

—Representarán a todo el Sistema Solar.

Nadie respondió.

No era necesario.

Más allá del túnel, cien mil espectadores rugían de expectación.

Los comentaristas aparecieron en las enormes pantallas holográficas.

—¡Señoras y señores, bienvenidos al partido inaugural del Torneo Galáctico de Federaciones!

—¡La espera finalmente ha terminado!

—¡Y qué debut le espera al Sistema Solar!

La pantalla cambió.

Apareció el emblema de Sirio.

Las estadísticas comenzaron a proyectarse por todo el estadio.

Federación Planetaria de Sirio.

Conocidos en toda la galaxia como: La Muralla.

Cuarenta años consecutivos invictos en la fase de grupos.

Ningún equipo ha conseguido marcarles un solo gol en la historia del torneo.

Un murmullo recorrió las gradas.

Uno de los comentaristas sonrió nerviosamente.

—Muchos entrenadores creen que es más fácil mover una montaña...

—...que atravesar la defensa de Sirio.

Dentro del túnel, Vex tragó saliva.

—¿Nadie ha conseguido marcarles?

Marcus mantuvo la mirada fija en la salida.

—Eso dicen.

Dinho terminó de ajustarse las botas.

Entonces sonrió.

—Perfecto.

Todos lo miraron.

El jugador más joven se encogió de hombros.

—Siempre quise ser el primero.

Incluso Johann fue incapaz de contener una leve sonrisa.

El silbato del árbitro resonó por el túnel.

Las enormes puertas comenzaron a abrirse lentamente.

Una luz deslumbrante inundó el interior.

Sirio entró primero.

No saludaron.

No hicieron gestos al público.

Ni siquiera miraron hacia las gradas.

Cada jugador avanzó en perfecta sincronía.

Catorce futbolistas.

Catorce rostros inexpresivos.

Parecían menos atletas...

y más soldados.

Uno de los comentaristas lo resumió perfectamente.

—Ellos no juegan al fútbol.

—Lo ejecutan.

Entonces llegó el turno del Sistema Solar.

En cuanto Marcus pisó el campo...

el estadio volvió a explotar.

Miles de espectadores se pusieron de pie.

Muchos incluso repitieron los pasos del dabke que habían aprendido la noche anterior.

Los jugadores lo notaron.

Y por primera vez desde que habían abandonado el vestuario...

sonrieron.

Su danza había sobrevivido.

Los dos equipos se enfrentaron en el centro del campo.

El contraste no podía ser mayor.

Sirio parecía una máquina perfectamente diseñada.

El Sistema Solar parecía un grupo de trabajadores comunes vestidos con camisetas de fútbol.

Antiguos mineros.

Antiguos esclavos.

Campesinos.

Recolectores de chatarra.

Trabajadores de fábricas.

Nadie habría imaginado que pertenecían al mismo torneo.

Excepto por una cosa.

Ninguno bajó la mirada.

Por primera vez desde que llegaron a Omega, los jugadores comprendieron realmente la magnitud del escenario que tenían delante.

El césped sintético era impecable.

Las líneas blancas parecían recién pintadas.

Enormes pantallas holográficas flotaban sobre el estadio, mostrando estadísticas, formaciones y perfiles de los jugadores en decenas de idiomas galácticos.

Todo había sido construido para celebrar a los campeones.

O para humillar a los derrotados.

Dinho giró lentamente la cabeza, incapaz de dejar de mirar a su alrededor.

—Hay tanta gente...

—susurró.

Marado sonrió.

—Y esto ni siquiera es todo.

Dinho parpadeó.

—¿Qué quieres decir?

Marcus escuchó la conversación.

—Este estadio solo tiene capacidad para cien mil personas.

Los ojos de Dinho se abrieron.

—¿Solo?

Marcus señaló una de las cámaras flotantes.

—Hay miles de millones observándonos desde todos los rincones de la galaxia.

El muchacho levantó la mirada instintivamente.

En ese preciso momento, una de las cámaras holográficas descendió frente a él.

Su lente enfocó su rostro.

Un segundo después...

su imagen apareció en la enorme pantalla sobre el campo.

Cien mil espectadores aplaudieron.

Dinho retrocedió instintivamente.

—Creo que...

—Creo que me están mirando.

Buffar soltó una pequeña carcajada.

—No lo creo.

—Sé que lo hacen.

Por primera vez aquella mañana...

el equipo rio junto.

Incluso Vex sonrió.

Johann observaba en silencio desde la zona técnica.

No dijo una palabra.

Una sola carcajada valía más que cien discursos motivacionales.

El miedo endurecía los músculos.

La alegría los hacía moverse.

Al otro lado del campo...

Sirio permanecía perfectamente inmóvil.

Ningún jugador hablaba.

Ninguno sonreía.

Parecían estatuas.

Su capitán no apartaba los ojos de Marcus.

Era como si estuviera memorizando cada uno de sus movimientos.

Regal se dio cuenta.

—Ya han comenzado a estudiarlos.

Marcus sonrió.

—Perfecto.

Regal lo miró.

—¿No estás preocupado?

Marcus negó lentamente.

—Si nos están observando...

—...entonces han dejado de observarse a sí mismos.

Los labios de Johann se curvaron en una sonrisa casi imperceptible.

Eso era exactamente lo que quería.

El fútbol no siempre lo ganaba el equipo con mayor talento.

A veces lo ganaba el equipo capaz de plantar una sola duda en la mente del rival.

Y por primera vez...

Sirio estaba dudando.

Aunque solo fuera durante un segundo.

A veces...

un segundo bastaba para cambiar la historia.

Muy por encima del estadio...

las cámaras continuaban transmitiendo a toda la galaxia.

Miles de millones de espectadores observaban el partido inaugural.

Muchos habían sintonizado esperando ver al Sistema Solar ser humillado.

Otros simplemente querían reírse de un grupo de antiguos esclavos que pretendía competir contra la élite de la galaxia.

Pero poco a poco...

algo cambió.

La gente dejó de hablar de lo débiles que parecían.

Ahora hablaban de su valentía.

De su entrada.

De su danza.

De la forma en que ninguno había bajado la mirada ante Sirio.

Por primera vez...

la galaxia sentía curiosidad.

¿Y si...

aquellos catorce hombres realmente podían hacer lo imposible?

Los capitanes avanzaron.

Marcus extendió la mano.

El capitán de Sirio la aceptó.

Sus ojos eran fríos.

—Bailan bien.

Marcus sonrió.

—También jugamos bien.

La expresión del capitán de Sirio no cambió.

—Ya lo veremos.

El árbitro lanzó la moneda.

Giró en el aire.

Cayó.

Sirio ganó el sorteo.

Eligieron defender la portería norte.

Marcus aceptó el saque inicial.

Los jugadores tomaron sus posiciones.

Las cámaras enfocaron cada rostro.

Poco a poco, el estadio quedó en silencio.

Cien mil espectadores contuvieron el aliento.

Uno de los comentaristas bajó la voz.

—Esto podría ser el comienzo de un milagro...

—...o el último partido de un Sistema Solar condenado a desaparecer.

Johann permanecía en la zona técnica con los brazos cruzados.

Regal seguía inmóvil a su lado.

Ninguno de los dos habló.

Ya no había nada que decir.

Todo descansaba ahora sobre aquellos catorce jugadores.

Marado colocó cuidadosamente el balón en el punto central.

Dinho se situó a su lado.

El joven delantero estudió la defensa rival.

Una línea perfecta.

Disciplinada.

Compacta.

Una verdadera muralla.

Sonrió suavemente.

—Nunca he jugado contra una muralla.

Marado sonrió sin apartar la mirada del campo.

—Entonces hoy...

—...aprenderemos a derribar una.

El árbitro levantó lentamente el silbato.

Todo el estadio quedó en silencio.

La galaxia entera observaba.

¡Fiiiiiiit!

El balón comenzó a rodar.

Y con aquel primer toque...

comenzó la batalla por el futuro del Sistema Solar.

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