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Entre Tu Odio Y Mi Lealtad

Entre Tu Odio Y Mi Lealtad

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Posesivo / Mafia
Popularitas:928
Nilai: 5
nombre de autor: Natalia Moreno Sajonero

Él juró destruirla. Ella prometió jamás inclinar la cabeza.
En un mundo gobernado por la mafia, donde la lealtad se paga con sangre y la traición se castiga con la muerte, dos almas destinadas a odiarse se verán obligadas a caminar por el mismo infierno.
Él es un hombre frío, peligroso y acostumbrado a obtener todo lo que desea. Ella, una mujer fuerte que no está dispuesta a convertirse en el trofeo de nadie.
Entre secretos, venganza, mentiras y una atracción imposible de ignorar, descubrirán que el odio puede ser el inicio de la historia más peligrosa de sus vidas.

NovelToon tiene autorización de Natalia Moreno Sajonero para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 10 - La sombra de la guerra

"Cuando dos enemigos comienzan a confiar el uno en el otro, siempre aparece alguien dispuesto a destruir esa confianza."

La mañana llegó demasiado rápido.

Valentina apenas había dormido.

Las palabras de Dante seguían en su cabeza.

"No voy a permitir que te pase nada."

No sabía qué era más peligroso: la amenaza que parecía acercarse a su familia o la forma en que Dante comenzaba a importarle.

Se levantó lentamente y se miró frente al espejo.

Su vientre ya era imposible de esconder.

Sonrió al sentir un pequeño movimiento.

—Buenos días, pequeño.

Una voz detrás de ella la hizo girarse.

—¿Otra vez hablándole al bebé?

Era Luca.

Valentina sonrió.

—¿Y qué tiene de malo?

—Nada.

Solo quería recordarte que hoy tienes una cita.

—Lo sé.

—Y Dante va a acompañarte.

Valentina suspiró.

—También lo sé.

Luca sonrió.

—¿Estás nerviosa?

—Un poco.

—¿Por él?

Valentina negó rápidamente.

—Por la situación.

—Claro.

Ella le lanzó una almohada.

—¡Cállate!

Luca salió riendo de la habitación.

Dos horas después, un automóvil negro se detuvo frente a la residencia Russo.

Dante bajó vestido completamente de negro.

Valentina salió acompañada de su madre.

Cuando lo vio, se quedó unos segundos en silencio.

Dante abrió la puerta del automóvil.

—Buenos días.

—Buenos días.

Isabella observó a ambos.

—Cuídala.

Dante asintió.

—Lo haré.

Valentina subió al automóvil.

Antes de entrar, miró a su madre.

—Nos vemos pronto.

Isabella sonrió.

—Todo estará bien.

Dante subió al asiento del conductor.

El automóvil comenzó a avanzar.

Durante varios minutos ninguno habló.

Finalmente, Valentina rompió el silencio.

—¿Siempre eres tan callado?

—Cuando estoy pensando.

—¿Y en qué estás pensando?

Dante la miró brevemente.

—En muchas cosas.

—Eso no responde nada.

Él sonrió ligeramente.

—Estoy pensando en que dentro de poco voy a conocer a mi hijo.

Valentina bajó la mirada.

—Te emociona.

—Mucho más de lo que imaginaba.

Ella sonrió.

—Me alegra.

Dante la observó de reojo.

—Y también estoy pensando en ti.

Valentina levantó la mirada.

—¿En mí?

—Sí.

Ella permaneció callada.

—No eres como imaginaba —admitió Dante.

—Tú tampoco eres como imaginaba.

—¿Eso es bueno o malo?

Valentina sonrió.

—Todavía no lo sé.

El automóvil llegó al centro médico.

Dante acompañó a Valentina hasta la entrada.

Antes de entrar, ella se detuvo.

—¿Seguro que quieres estar aquí?

—Sí.

—Podrías arrepentirte.

Dante la miró seriamente.

—Ya me arrepiento de muchas cosas.

Pero no de esta.

Valentina sintió una extraña calidez en el pecho.

Mientras esperaban, Dante recibió una llamada.

Era Enzo.

—Habla.

—Encontramos el automóvil que estaba siguiendo a Valentina.

Dante se apartó unos pasos.

—¿Quién está detrás?

—Todavía no tenemos un nombre.

Pero pertenece a una empresa que lleva varios meses haciendo negocios con alguien relacionado con los Russo.

Dante frunció el ceño.

—¿Estás seguro?

—Estamos verificándolo.

Dante miró hacia Valentina.

Ella estaba sentada tranquilamente, sin saber lo que estaba ocurriendo.

—No le digas nada todavía.

—¿Por qué?

—Porque no quiero asustarla antes de su cita.

—Entendido.

Dante terminó la llamada.

Cuando regresó, Valentina lo observó.

—¿Pasó algo?

Él negó.

—Nada que tengas que preocuparte ahora.

Ella lo miró con desconfianza.

—Eso significa que sí pasó algo.

Dante sonrió.

—Después hablamos.

Valentina cruzó los brazos.

—No me gusta que me oculten cosas.

—Lo sé.

Y prometo contártelo.

La puerta del consultorio se abrió.

—Valentina Russo.

Ella se levantó.

Dante también.

El médico los observó.

—¿El padre?

Valentina miró a Dante.

—Sí.

Dante permaneció a su lado.

—Estoy aquí.

Entraron juntos.

Y mientras el médico preparaba todo para revisar el embarazo, ambos comprendieron que aquella sería la primera vez que vivirían juntos un momento relacionado con su bebé.

Sin guerras.

Sin familias.

Sin secretos.

Solo ellos.

Y una nueva vida que estaba cambiando sus destinos.

Pero afuera...

Un automóvil permanecía estacionado frente al centro médico.

Un hombre observaba la entrada.

Sacó su teléfono.

—Están juntos.

Escuchó una respuesta al otro lado.

—Entonces ha llegado el momento.

El hombre sonrió.

—¿Y qué hacemos?

La voz respondió:

—Comenzamos la guerra.

"A veces la tranquilidad dura apenas unos minutos antes de que el mundo vuelva a recordarte quién eres."

La consulta terminó casi una hora después.

Valentina salió del consultorio con una expresión diferente.

Dante caminaba a su lado.

—¿Estás bien? —preguntó él.

Ella asintió.

—Sí.

Solo estoy procesando todo.

Dante sonrió.

—Yo también.

Valentina lo miró de reojo.

—Estabas muy serio.

—Estaba nervioso.

Ella se sorprendió.

—¿Tú?

—No soy de piedra.

Valentina soltó una pequeña risa.

—A veces parece que sí.

Dante negó con la cabeza.

—Solo intento parecerlo.

Por un instante, ambos olvidaron las amenazas, las familias y la guerra que los había mantenido enfrentados.

Hasta que salieron del edificio.

Dante se detuvo.

Algo no estaba bien.

Miró hacia el estacionamiento.

—Espera.

Valentina frunció el ceño.

—¿Qué ocurre?

—Quédate aquí.

—Dante...

—Por favor.

Su tono no fue autoritario.

Fue preocupado.

Dante avanzó unos pasos y observó un automóvil estacionado al otro lado de la calle.

Enzo apareció rápidamente desde otro vehículo.

—Dante.

—¿Es el mismo automóvil?

Enzo asintió.

—Sí.

Dante apretó la mandíbula.

—¿Quién está dentro?

—Ya se fue.

Dante miró hacia la carretera.

—Entonces nos estaba esperando.

Valentina se acercó.

—¿Qué sucede?

Dante la miró.

Esta vez decidió no ocultarle nada.

—Te estaban vigilando.

Ella palideció.

—¿Desde cuándo?

—No lo sabemos.

Valentina llevó una mano a su vientre.

—¿Crees que quieren hacerme daño?

—No voy a permitir que averigüemos eso de la peor manera.

Enzo intervino.

—Tenemos que irnos.

Dante asintió.

—Vamos.

El viaje de regreso fue completamente diferente.

Valentina permaneció en silencio.

Dante conducía mientras Enzo iba detrás de ellos en otro automóvil.

Después de varios minutos, ella habló.

—¿Quién podría querer hacer esto?

—No lo sé.

—¿Alguien de tu familia?

Dante negó.

—No.

—¿De la mía?

—Tampoco lo creo.

Valentina miró por la ventana.

—Entonces alguien quiere que pensemos que fue una de nuestras familias.

Dante la miró brevemente.

—Exactamente.

Ella respiró profundamente.

—Eso significa que alguien está intentando provocar otra guerra.

—Sí.

Y parece que está funcionando.

Cuando llegaron a la residencia Russo, Marco salió inmediatamente.

—¿Qué pasó?

Valentina bajó del automóvil.

—Nos estaban siguiendo.

El rostro de Marco cambió.

—¿Qué?

Dante se acercó.

—El mismo automóvil que vimos anteriormente.

Luca salió detrás de él.

—¿Lo encontraron?

—No.

Marco miró a Dante.

—¿Y ahora qué?

Dante respondió con firmeza:

—Ahora dejamos de reaccionar y empezamos a investigar.

El padre de Valentina apareció en la entrada.

—Todos dentro.

No vamos a discutir esto en la calle.

Una hora después...

Ambas familias estaban reunidas en una sala privada.

Vittorio había llegado acompañado por Bianca, Enzo y Raffaele.

Los Russo estaban frente a ellos.

Durante meses, una reunión así habría terminado en una discusión.

Esta vez era diferente.

Había un problema mayor.

El padre de Valentina habló primero.

—Alguien está intentando enfrentarnos.

Vittorio asintió.

—Y conoce demasiado bien nuestros movimientos.

Marco colocó varias fotografías sobre la mesa.

—Estos vehículos fueron vistos cerca de nuestras propiedades.

Enzo añadió:

—Y algunos también fueron registrados cerca de empresas vinculadas a los Vesperi.

Luca frunció el ceño.

—Entonces quieren que pensemos que ustedes están detrás.

—Exactamente —respondió Dante.

Valentina observaba en silencio.

Hasta que notó algo.

Tomó una de las fotografías.

—Esperen.

Todos la miraron.

—¿Qué ocurre? —preguntó su padre.

Valentina señaló una pequeña insignia en uno de los vehículos.

—He visto ese símbolo antes.

Dante se acercó.

—¿Dónde?

Ella intentó recordar.

—En una carpeta que papá recibió hace unas semanas.

Su padre inmediatamente se levantó.

—¿Estás segura?

—Sí.

Dante miró a Enzo.

—Consigue esa carpeta.

Minutos después, la encontraron.

El símbolo aparecía en varios documentos.

Dante comenzó a leer.

Su expresión se volvió cada vez más seria.

—Esto no es una empresa.

Vittorio frunció el ceño.

—¿Entonces qué es?

Dante cerró la carpeta.

—Una fachada.

Todos quedaron en silencio.

—¿Quién está detrás? —preguntó Marco.

Dante levantó la mirada.

—Todavía no lo sabemos.

Pero ahora tenemos una pista.

Valentina observó a Dante.

—¿Y qué hacemos?

Él sostuvo su mirada.

—Nos mantenemos juntos.

Por primera vez, ninguno de los presentes discutió esa decisión.

Porque todos comprendían que el verdadero enemigo acababa de aparecer.

Y esta vez...

Dante y Valentina no tendrían que enfrentarlo como enemigos.

Tendrían que hacerlo juntos.

"Cuando el enemigo permanece oculto, hasta la persona que está a tu lado puede convertirse en una sospecha."

La sala quedó en silencio.

Todos observaban los documentos sobre la mesa.

Dante tomó una de las fotografías y la examinó detenidamente.

—Tenemos que descubrir quién está detrás de esto antes de que vuelva a atacar.

El padre de Valentina asintió.

—De acuerdo.

Marco cruzó los brazos.

—Pero hay algo que no entiendo. ¿Por qué seguir a Valentina?

Dante respondió sin apartar la mirada de la fotografía.

—Porque saben que es importante para nosotros.

Valentina frunció el ceño.

—¿Para nosotros?

Dante levantó la mirada.

—Para ambas familias.

Ella guardó silencio.

Sabía que tenía razón.

Pero escuchar aquellas palabras de Dante produjo una sensación extraña en su pecho.

Hasta hacía poco, ninguno de los dos habría aceptado reconocer que ahora estaban vinculados.

La reunión terminó pasada la medianoche.

Los padres de ambas familias se retiraron primero.

Después, Marco y Luca acompañaron a Valentina hasta su habitación.

—Descansa —dijo Marco.

—Lo intentaré.

Luca la miró seriamente.

—Si necesitas algo, llámame.

—Lo haré.

Cuando sus hermanos salieron, Valentina se acercó a la ventana.

Abajo, en el jardín, Dante hablaba con Enzo.

Parecía estar dando instrucciones.

Ella dudó unos segundos.

Finalmente bajó.

—¿Todavía no te vas? —preguntó Valentina.

Dante se giró.

—En un momento.

—Estás organizando seguridad.

—Sí.

—No quiero que conviertas mi casa en una fortaleza.

Dante sonrió ligeramente.

—No puedo prometer eso.

Valentina cruzó los brazos.

—Dante.

Él suspiró.

—Está bien. Intentaré no exagerar.

Ella sonrió.

—Gracias.

Durante unos segundos permanecieron en silencio.

—¿Tienes miedo? —preguntó Dante.

Valentina miró hacia la oscuridad del jardín.

—Sí.

Pero no por mí.

Dante comprendió inmediatamente.

—Por el bebé.

Ella asintió.

—No quiero que crezca rodeado de esta guerra.

Dante se acercó un poco.

—Entonces terminaremos la guerra.

Valentina lo miró.

—¿Cómo?

—Descubriendo quién la está provocando.

Ella sonrió débilmente.

—Hablas como si fuera fácil.

—No dije que fuera fácil.

Solo dije que lo haremos.

Valentina bajó la mirada.

—"Lo haremos".

—Sí.

Juntos.

Aquella palabra quedó entre ellos.

Juntos.

Al día siguiente...

Dante y Enzo comenzaron a seguir la pista de la empresa que aparecía en los documentos.

Después de varias horas encontraron una conexión.

—Dante.

Enzo colocó una carpeta sobre la mesa.

—Mira esto.

Dante revisó los papeles.

—¿Qué es?

—Hace ocho años, esta misma empresa estaba relacionada con un hombre llamado Adrián Moretti.

Dante frunció el ceño.

—Moretti...

Conocía ese apellido.

—Su padre desapareció durante la última guerra entre las familias.

Enzo asintió.

—Exactamente.

Dante se levantó.

—Entonces no busca dinero.

—Busca venganza.

Dante cerró la carpeta.

—Y está utilizando a Valentina para conseguirla.

Esa tarde, Dante fue a ver a Valentina.

La encontró en el jardín.

Estaba sentada bajo un árbol leyendo.

—¿Qué haces aquí? —preguntó ella.

—Encontramos al posible responsable.

Valentina cerró el libro.

—¿Quién?

Dante se sentó frente a ella.

—Adrián Moretti.

Ella frunció el ceño.

—Nunca escuché ese nombre.

—Su familia estuvo involucrada en la guerra anterior.

—¿Y ahora quiere vengarse?

—Eso parece.

Valentina guardó silencio.

—Entonces tenemos que detenerlo.

Dante asintió.

—Sí.

Ella lo miró fijamente.

—Pero hay algo más.

—¿Qué?

—No quiero que hagas esto solo.

Dante levantó una ceja.

—¿Te preocupa que me pase algo?

Valentina se cruzó de brazos.

—No te emociones.

Solo digo que si vamos a terminar con esto, tenemos que hacerlo juntos.

Dante sonrió.

—Empiezas a hablar como yo.

—Eso debería preocuparte.

Ambos rieron.

Por primera vez, la tensión entre ellos no era de odio.

Era diferente.

Más cálida.

Más peligrosa.

Porque ambos comenzaban a darse cuenta de que aquello que sentían ya no podía explicarse únicamente como preocupación.

Esa noche, mientras Dante regresaba a casa, recibió una llamada.

—¿Sí?

La voz de Enzo sonó grave.

—Tenemos un problema.

—Habla.

—Encontramos una fotografía de Moretti.

Dante se quedó en silencio.

—¿Y?

—Está mucho más cerca de Valentina de lo que imaginábamos.

Dante apretó el volante.

—¿Dónde está?

Enzo tardó unos segundos en responder.

—En la ciudad.

Y acaba de aparecer en una de las cámaras de seguridad de la residencia Russo.

Dante frenó.

Su expresión se volvió completamente fría.

—Protejan la casa.

—Ya estamos allí.

Dante arrancó nuevamente.

—Voy para allá.

En la residencia Russo, Valentina estaba junto a la ventana.

No sabía que alguien la observaba desde la distancia.

Un automóvil permanecía estacionado al otro lado de la calle.

Dentro, un hombre sostenía una fotografía.

La fotografía de Valentina.

Sonrió.

—Ahora sí empieza la verdadera guerra.

Y mientras Dante regresaba a toda velocidad...

Valentina recibió un mensaje de un número desconocido.

Solo decía:

"Tu familia te ha ocultado muchas cosas."

Valentina sintió un escalofrío.

Y debajo del mensaje había una fotografía.

Una fotografía antigua de su padre...

Junto a Adrián Moretti.

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Natalia Moreno Sajonero
Atrapante
Naty Moreno
les va a encantar
Naty Moreno
🥰🥰🥰
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