en un mundo alternó, entre guerras de imperios la pas solo se logrará con alianzas matrimoniales y Zaidymar decide sacrificarse por su padre y hermano.
el emperador del reino frio casi los mata en la batalla y ahora ese emperador lo que más desea es matar a su padre.
no pudo humillarlo en el campo de batalla, pero tratará de hacerlo con su hija, verlos arrodillados a sus pies es lo que más desea.
¿lo logrará o Zaidymar será su dolor de cabeza?
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CAPÍTULO 20
CAPITULO 20
Zaidymar no podía dejar que él la mirara insegura y más que nada tenía que quitarle esa idea tan tonta; lo abrazo con fuerza al mismo tiempo que le dijo. – Tienes una imaginación muy divertida.
Aunque estas equivocado, yo soy la digna hija del general y si conocieras a mi padre sabrías que es honorable, nunca haría algo que manchara su buen nombre, es de palabra, alguien digno de ser un caballero.
Yo soy una dama y si tengo educación, se compórtame cuando tengo que hacerlo, pero aquí no hay necesidad, al final las personas tenemos que ser honestas, no falsas cuando estas con un amigo.
Lo bueno de tener un padre amoroso y un hermano consentidor es que me dejaron hacer lo que yo quisiera, a ellos nunca les importo que fuera espontanea, libre para hablar y hacer lo que quisiera.
Deja de criticarme y de ofenderme con tus sospechas, porque no pienso cambiar, soy así y si no te gusta pues muy tu problema, porque a mí la verdad nunca me ha importado lo que piensen los demás de mí.
Suficiente tuve con las doncellas de buena familia que siempre me molestaban por cómo me bestia, como caminaba o hablaba. Todas esas familias de alta sociedad son falsos, siempre criticando y juzgando, como si fueran perfectos.
Creo que tú no eres así, por eso me trajiste a este hermoso lugar y pienso que no tengo que ocultar quien soy; realmente quiero ser tu amiga, que vivamos bien, porque aquí estoy sola y no quiero seguir así.
Me trajiste aquí para pasar el resto de mi vida a tu lado, por eso te pido que me ayudes adaptarme, a no sentirme sola y me dejes sentir que este es mi hogar.
Dante sentía su sinceridad en sus palabras y le gustaba que fuera así de directa, acaricio su rostro al momento que empezó a decir. – Te creo.
Al regresar al castillo te dejare ir a donde quieras, solo no entres a las habitaciones, respeta un poco y te prometo que te llevare al pueblo, hay lugares muy buenos que te van a gustar, sobre todo algunos restaurantes donde hacen buena comida.
Zaidymar se aferró más a él, estaba haciendo bastante fríos y sus palabras la dejaron tranquila, le contesto con emoción. – Me encantaría poder ir al pueblo y va a ser mejor si tú me lo muestras.
Se quedaron un largo rato abrazados, ni el frio les hacía de lo bien que se sentían, aunque el que más estaba disfrutando era Dante, le gusta su aroma era natural, sin ninguna fragancia y eso era algo que realmente le encantaba.
Hubieran seguido así pero el escandaloso estomago de Zaidymar gruño de hambre, algo que hizo que los dos se empezaran a reír.
Dante se levantó y la tapo con la colcha, se puso las botas, un abrigo que tenía ahí, una vez que estuvo listo la levanto en sus brazos, después la subió al caballo; montaron juntos de regreso, él la brazo para cubrirla del frio que hacia afuera.
Ya no estaba nevado, su regreso fue tranquilo y al llegar a la torre, la bajo en sus brazos, entro con ella. Al ver a su doncella le ordeno que le preparar la tina para que bañara, no quería que se enfermara.
Una vez que la dejo sentada en una de las sillas solo se retiró sin decir nada. Zaidymar solo lo miro retirarse, su retirada la inquieto, no le gusto ese silencio, la hizo pensar que su buen momento con él se había terminado al momento de regresar.
Su doncella rápido le preparo la tina, para su suerte ya tenía el agua caliente, la había preparado desde que se levantó, para estar preparado cuando su señorita llegara.
Zaidymar se metió a bañar, aunque lo que tenía era hambre, fue extraño que nadie llegara con algo para que comiera y eso solo la molesto más, porque Dante sabía que tenía hambre, le pareció que no se preocupaba por ella.
Al salir del baño fue a su habitación se puso un vestido sencillo y desecho el cortes, algo que odiaba usar; bajos las escaleras para ver si la comida había llegado, pero cual fue su sorpresa al ver al ama de llaves esperándola.
Miro a la mesa y no vio la comida, frunce el ceño al momento de verla a los ojos y decirle. - ¿Dónde está mi comida?
El ama de llaves la miro de pies a cabeza y lo hizo como si lo criticara, resoplo antes de decir. – Concubina, el emperador la espera en el comedor para comer, sería bueno que se vistiera y arreglara.
Por favor vaya a su habitación y arréglese, la espero para llevarla con el emperador.
Zaidymar hizo una mueca de disgusto, su comentario le fue bastante desagradable y lo que más odiaba era que las personas la vieran como si la juzgaran o menospreciaran, por tonterías como la imagen.
Se puso seria al momento de decirle. – Estoy lista, vamos con el emperador, no hay que hacerlo esperar.
Al ama de llaves no le gustó nada lo que le respondió y estaba por recordarle que tenía que estar presentable cuando Zaidymar le dice. – guíeme a donde está el emperador y no olvide cuál es su lugar, así que mejor guardese sus comentarios para usted misma, no ofenda a la concubina favorita del emperador, podría ir con él a quejarme de su insolencia.
La mujer se dio media vuelta molesta y empezó a caminar a la puerta, Zaidymar la siguió; su camino fue en silencio, pero ella iba disfrutando de lo que miraba, ya que era mejor recorrer esos pasillos de día que de noche, se podía apreciar mejor.
El recorrido fue largo, pero al llegar a la enorme comer se quedó sorprendida, la mesa estaba llena de ricos manjares desde fruta, un lechón al horno, vino, entre muchas otras cosas que ella nunca había comido, pero lo mejor del lugar era Dante, que estaba vestido con sus mejores ropas y que al verla llegar se pone de pie para recibirla como la dama que era.
Zaidymar le sonríe y en el momento que tomo su mano le dijo. – Tu mesa esta increíble, ya quiero probar cada platillo que mandaste preparar para mí.
Dante beso el torso de su mano y la llevo a una de las sillas, aunque no siguieron las normas de etiqueta al momento de sentarse a comer. Él corrió a todos los empleados para estar a solas, quería disfrutar de su primera comida juntos solo siendo ellos mismos.
Zaidymar empezó a comer, pasaba de un plato a otro, hasta que él la interrumpió para limpiar su boca que se había llenado de la salsa de la comida; lo hizo de manera lenta, acariciando sus labios, viéndola detenidamente y sintiendo su suavidad, el deseo de poder besarla.
Ella se le quedo mirando mientras sentía un calor extraño que le trasmitía con sus dedos, empezó en sus labios y termino en su abdomen, haciendo que su estómago se sintiera pequeño, pero lo que menos espero fue ver que llevo su dedo a su boca para comer lo que le había quitado de los labios.
Dante no dejaba de verla, la deseaba y quería tenerla entre sus brazos, en ese momento se dio cuenta que ella había entrado en su corazón, era alguien simple, que siempre vivió en el odio, la amargura y el deseo de venganza.
Se conocía muy bien así mismo y no le gustaba engañarse, en ese momento entendió que estaba rendidos a sus pies, esa pelirroja si le había robado el corazón, la quería solo para él.
La sujeto del cuello y estaba por besarla cuando ella le dice. – Se supone que somos amigos, esto no es algo que se deba hacer.
Dante la acerca más a él, sus narices se rosaban, su respiración golpeaba sus rostros, en ese momento lo escucho decir. - ¿Quién te dijo que yo era tu amigo?
Zaidymar no se esperaba esa pregunta, sus ojos se abrieron de más por la sorpresa al escucharlo y lo que era pero que su corazón latia con fuerza, sentía que le iba a salir del pecho, esa emoción la hizo sentir feliz, aunque no entendía ¿por qué esa simple pregunta la hizo sentir feliz?
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