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"El Despertar De La Heredera De Plata"

"El Despertar De La Heredera De Plata"

Status: En proceso
Genre:Reencarnación(época moderna)
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Santiago López P

Despertar en época moderna

"Viví dieciocho años en una jaula de oro, creyendo que el desprecio de mi esposo era mi única realidad. Fui la esposa sumisa, la dama que lavaba los pies de su suegra y la mujer que ocultaba sus lágrimas tras un abanico."
Lorena Casas, la hija de una familia prestigiosa, lo sacrificó todo por un hombre que consideraba un erudito brillante. Pero mientras ella se consumía en la soledad de la mansión Vila, su esposo Marco tejía una red de mentiras, traiciones y malversaciones, planeando reemplazarla con su amante y hundir a su familia.
Todo habría sido perfecto para él... si no hubiera nacido Aurora.
Mi hija no es una bebé común. Con una mente que desafía la lógica y la capacidad de leer los secretos más oscuros de quienes nos rodean, ella es la única que sabe lo que Marco hace en las sombras.
Mientras Marco cree que estamos atrapadas en su red, Aurora está moviendo los hilos. Desde su cuna, esta bebé genio me guía, revelando los fraudes, exponiendo a los espía

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Capítulo 7: El engranaje expuesto

La noche en la Mansión de Bronce no trajo descanso. Elena permaneció en vela, vigilando las sombras que se alargaban en su habitación, cada una pareciendo un espía del Gremio del Acero. Si el Barón Kaelen había escondido planos de armamento prohibido bajo el pilar de los ancestros, la ejecución de su linaje no sería un error judicial; sería un asesinato planificado.

​«Él no solo quiere la fortuna», pensó Elena, mientras el sudor frío le recorría la espalda. «Quiere eliminar cualquier prueba de que mi familia es la legítima heredera de los diseños de la Gran Alquimia».

​Con manos temblorosas pero decididas, Elena se levantó. No podía confiar en nadie más que en Tea. Tras entregarle las instrucciones codificadas —marcadas con su propia sangre para asegurar que el sello fuera auténtico y no una falsificación del Barón—, esperó. La espera fue una tortura de engranajes invisibles girando en su mente.

​A la mañana siguiente, el Barón Kaelen regresó. Su entrada fue una lección de teatro: pasos firmes, rostro marcado por la falsa fatiga de las "largas sesiones en el Consejo", y una sonrisa que, por primera vez, a Elena le pareció el filo de una navaja.

​—Mi querida Elena, perdóname —dijo el Barón, acercándose con una elegancia calculada—. Los asuntos del Gremio han sido un caos. La inestabilidad en los muelles nos ha obligado a patrullar sin descanso.

​Elena lo observó. Antes, este hombre era su mundo. Ahora, era una pieza de maquinaria defectuosa que ella estaba a punto de desmantelar.

​—Los asuntos del Estado son sagrados, mi señor —respondió ella, con una voz tan suave que podría haber sido seda—. Pero me alegra que hayas vuelto. La pequeña ha estado inquieta.

​El Barón se acercó a la cuna. Vespera, al verlo, contuvo el aliento, aunque su rostro permaneció impasible. El Barón la miró con una mezcla de curiosidad y desdén, como un ingeniero mirando un componente que no entiende del todo.

​—Es una niña linda —murmuró Kaelen, aunque sus ojos buscaban algo más, tal vez una señal de que el plan de "reemplazo" estaba en marcha—. Se parece a ti, Elena. Una lástima que no sea un varón para heredar mis responsabilidades en los talleres.

​«Mientes, bastardo», resonó la voz de Vespera, fría y cortante, directamente en la mente de Elena. «Él no quiere herederos varones. Él quiere activos. Y a tus otros hijos, a Julian y a los gemelos, los está enviando a la 'Escuela de Especialización'. No es una escuela, madre. Es un matadero».

​Elena sintió un escalofrío. La información que Vespera le proporcionaba no era solo sobre el presente; era sobre el destino fatal que les esperaba a sus otros hijos si no actuaba pronto.

​—Dime, Kaelen —dijo Elena, obligándose a mantener la calma mientras él tomaba a la bebé en sus brazos—, ¿qué hay de Julian? ¿Es cierto que el Gremio lo ha seleccionado para el Proyecto de Integración de Éter? He escuchado rumores de que los chicos seleccionados para ese proyecto nunca regresan a casa.

​El Barón se tensó. Fue un movimiento apenas perceptible, una micro-reacción mecánica.

​—Son rumores de los bajos fondos, querida. El proyecto es un honor. Es la cumbre de nuestra ingeniería. Julian es un talento... será una pieza clave.

​«Pieza clave para sus experimentos biomecánicos», sopló la voz de Vespera, esta vez con una urgencia que hizo que Elena apretara los puños bajo las sábanas. «Pregúntale por los suministros de éter. Pregúntale por qué las tasas de mortalidad en la Academia han subido un 40% este trimestre».

​Elena lo miró fijamente. El Barón Kaelen era guapo, sí, pero bajo esa piel, Elena ahora solo veía óxido y corrupción. Cada vez que él intentaba actuar como el padre cariñoso, ella veía al verdugo de sus propios hijos.

​—¿Una pieza clave? —repitió Elena, forzando una sonrisa que no llegó a sus ojos—. Espero que el Gremio valore a nuestro hijo tanto como yo. Porque si algo le pasara... si su salud se viera comprometida por esos "experimentos"... juraría que quemaría esta mansión hasta los cimientos conmigo dentro.

​El Barón la miró, extrañado por la intensidad de su tono. Por un segundo, el teatro se rompió y vio algo en los ojos de Elena que no reconoció: no era la esposa sumisa, era una ingeniera dispuesta a destruir su propia creación.

​—Eres muy dramática, Elena —dijo él, devolviéndole la bebé con una brusquedad que hizo que Vespera se quejara—. Iré a cambiarme. El trabajo nunca termina.

​Kaelen se retiró, y Elena se quedó sola con su hija. Había sembrado la duda, pero el juego acababa de empezar.

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