Cuando Isabel muere debido a una enfermedad, su alma se transporta al mundo de la última novela que leyó: "La Duquesa Libertina". Ahora, con una segunda oportunidad, Isabel decide tomar control de su destino y cambiar el curso de la historia. Pero lo que no esperaba era que sus padres la obligaran a casarse con un duque sanguinario, misterioso y posesivo. Sin embargo, ella tratará de hacer la suya y no molestarlo, pero él desea otra cosa...
¿Podrá Isabel equilibrar su deseo de libertad con la pasión que la consume?
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Capítulo 9
Isabel dió varios pasos atrás debido a la sorpresa, no podía creer que se acababa de casar con aquel joven insolente y prejuicioso que la había salvado del oso en el bosque hacía dos años atrás.
—¡¿Tú?! – exclamó ella con los ojos bien abiertos.
Varios murmullos recorrieron toda la sala, nadie entendía por qué la joven le hablaba de esa manera tan grosera e irrespetuosa, ni podían comprender de dónde se conocían.
—Es un placer volver a verla – saludó tranquilamente él con voz ronca y una sonrisa ladeada – querida esposa...
—Esto debe ser una broma – rió nerviosa ella mirando para otro lado – ni siquiera sé tu nombre...
—Cedric Winslow a sus órdenes – le hizo una reverencia aún con su media sonrisa y porte arrogante – apreciada esposa Isabel Winslow.
Isabel se sonrojó fuertemente las mejillas, su nombre se oía muy sexy de los labios de ese hombre, más aún cuando lo decía junto a su apellido, ella tenía muchas ganas de que se lo repitiera, pero se contuvo como pudo.
En ese breve lapso de silencio entre ellos, pudieron escuchar uno de los murmullos. Justamente proveniente de una mujer.
—Seguro fue uno de sus amantes – mencionó la mujer, sin percatarse de que la pareja la estaba observando fijamente – ¿pero qué tan zorra desvergonzada hay que ser para olvidarse del nombre de tu ex amante? – rio cubriéndose la boca – ¿cuántos habrá tenido entonces?, ¡pobre Duque!.
La receptora de esa mujer estaba pálida como el mármol, con los ojos bien abiertos viendo cómo el Duque se acercaba ante ellas y con una mirada fulminante.
—¿Ese es el respeto que le demuestras a mí esposa, a mí Duquesa? – preguntó con voz gélida y extremadamente hostil el Duque.
La mujer sudando frío, se volvió lentamente hacía el hombre, notando un aura oscura desprendiendo de él, se le había olvidado que le decían el Duque sanguinario. Su bello rostro le había hecho olvidar aquello.
—¡Lo siento! – exclamó la mujer de rodillas – ¡perdóneme Su Excelencia!
—No es a mí a quién debes pedirle perdón – negó con la cabeza, hablando con los dientes apretados.
La mujer entendiendo, se puso de pie y se disculpó con Isabel que estaba totalmente asombrada y algo fascinada por la escena.
—Le pido disculpas Duquesa – balbuceo la mujer.
—¿Te arrodillas ante mí, pero no ante mi mujer? – inquirió el Duque cada vez más furioso.
La mujer rápidamente se arrojó al suelo, a los pies de Isabel.
—¡Perdóneme Duquesa, le prometo que no volverá a suceder!.
La mujer esperaba que Isabel la perdonará rápidamente, pensando que estaría apenada o algo así. Pero se llevó una enorme sorpresa cuando vió que la miraba con una sonrisa de suficiencia en el rostro y algo se burla, disfrutaba verla ahí, en esa posición ante ella.
El Duque también pudo vislumbrar la sonrisa de Isabel, haciéndolo enloquecer.
—Levántate – ordenó el Duque serio.
La mujer se levantó, pero continuó con los ojos abajo. Estaba terriblemente avergonzada y aterrada.
—Guardias, córtenle la lengua – ordenó con una sonrisa sádica, volviéndose ante los demás – ¡Quiero ver si alguien más se atreve a faltarle el respeto a mí esposa!.
Las personas estaban asombrados y algo asustados, veían como un potencial peligro al Duque, y ahora tendrían que pensarlo dos veces antes de decir algo sobre su esposa.
Rosalind observaba la escena embelesada, y con mucha codicia, no podía creer que ese hombre se le hubiera escapado de las manos, no tenía idea de que fuera así, y ahora lo deseaba para ella a toda costa.
La boda pronto terminó, dando paso a la celebración.
Todos se dirigieron hacia el ducado, notando lo enorme que era la residencia y lo extensa que eran las tierras.
Isabel se alejó un momento de Cedric, necesitaba respirar un poco, procesar lo que sucedía y beber algo para calmar su ansiedad.
De pronto una mujer se le acercó, era una hermosa albina de ojos celestes, pero llevaba un lujoso vestido color rojo. Lo que en aquella época llevarlo en una boda significaba ser amante, las amantes de los casados llevaban un rojo así.
—¡Felicidades, querida! – exclamó la mujer sin siquiera presentarse o buscar a alguien que las presentará formalmente.
Isabel la escaneo de arriba a abajo sin disimulo, lo que molestó a la albina.
—¿Gracias...? – respondió Isabel, dando a entender que no tenía idea quién era su interlocutora.
—¡Oh!, ¿no sabe quién soy? – exclamó la mujer, fingiendo sorpresa.
—Lo lamento Lady, no he tenido el placer de oír su nombre – mencionó con sarcasmo Isabel.
—¿Entonces Cedric aún no te ha hablado de mí? – inquirió la mujer, dando a entender que era muy cercana con su esposo.
—No, no lo ha hecho, tal vez no lo creyó importante – sonrío Isabel, haciéndola enrojecer de la ira – pero dígame su nombre de todos modos, yo le preguntaré sí tanto lo desea.
—No creo que sea necesario – respondió la mujer – yo misma le preguntaré – exclamó con una sonrisa lasciva mirando a Cedric que estaba hablando con unos hombres – por cierto, soy lady Cordelia Radcliffe, hija de los Duques Radcliffe.
Cómo sí esa información fuera la más importante de todas la mujer se dio la vuelta y caminó segura hacía Cedric.
Isabel sintió un leve dolor de cabeza, imágenes vinieron a su mente.
Recordaba haberla visto en un pasado, pero no como enemiga sino como amiga. Sólo que en el pasado era ella quién estaba con Cedric, mientras Isabel estaba con quién quería.
Isabel miró a Cedric que ahora escuchaba a Cordelia decirle algo, y al segundo siguiente desaparecían por los pasillos del ducado.
Suspiró. Sí así iban a ser las cosas, no pensaba meterse o pelear por ellos. Disfrutaría la vida lo máximo que pudiera, sin molestar a nadie.
Que ellos disfrutarán su relación mientras ella disfruta la vida a su manera.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Acá les dejo algunas fotos de referencia.
Cordelia Radcliffe.
Theodore Everly.
Guardia Percival Blackwood.
Guardia Leopold Grimsby.