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La Luna Rechazada: La Rosa Quebrada por el Alfa

La Luna Rechazada: La Rosa Quebrada por el Alfa

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Hombre lobo / Completas
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: AUTORAATENA

Luara siempre supo que no pertenecía a esa manada.
Sin haber despertado a su loba, regordeta y constantemente humillada dentro de su propia manada, creció siendo tratada como un error… incluso por quienes debían protegerla. Aun así, su corazón insistía en amar al hombre más inalcanzable de todos: el futuro Alfa.
La noche en que el destino debía coronarla como Luna, todo se convirtió en una pesadilla pública.
Rechazada, rota, marcada por palabras que nunca debieron pronunciarse, Luara descubrió que algunos dolores no matan… solo transforman.
Mientras la manada seguía creyendo que era débil, algo silencioso comenzó a nacer dentro de la olvidada loba blanca.
Porque cuando una rosa es pisoteada demasiado, no muere.
Ella aprende a herir.

NovelToon tiene autorización de AUTORAATENA para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13

Lisa no pudo más.

El odio venía quemando dentro de ella desde el instante en que aquella luz blanca explotó en el centro de la ceremonia. Desde el momento en que todos se arrodillaron. Desde el segundo en que percibió que no importaba cuán bonita, rápida o admirada fuese — Selene no la quiso.

Y eso era insoportable.

Cuando Luara volvió a casa, después de 4 horas desaparecida, aún débil, aaaaaún confundida, aún quebrada por dentro, Lisa no pensó. No planeó. No razonó.

Avanzó.

Las manos fueron directas al cuello de Luara, los dedos clavándose con fuerza, presionando, apretando. Los ojos de Lisa estaban naranjas, brillando con la furia de la loba Medusa, enloquecida por la envidia y por el rechazo.

— ¡Era para ser yo! — gritó, escupiendo las palabras. — ¡Me robaste todo!

Luara intentó reaccionar, pero el cuerpo aún dolía, los músculos aún no respondían bien. El aire comenzó a faltar. Los ojos se llenaron de lágrimas, no solo por la sofocación, sino por la desesperación de percibir que su propia hermana quería matarla.

¿Fue para eso que Selene la escogió? ¿Para morir a manos de quien siempre la odió?

— ¡Lisa! — la voz de la madre resonó por la casa.

Los padres entraron en la habitación a tiempo de ver a Luara siendo empujada contra la pared, el rostro poniéndose rojo, las manos temblando mientras intentaba tomar aire.

El padre intentó separarlas, pero fue la madre quien llegó primero.

La bofetada resonó seca.

El rostro de Lisa giró hacia el lado con la fuerza del golpe.

Hubo un silencio pesado.

La madre temblaba. No de miedo. De cansancio.

— Basta, Lisa. — su voz estaba firme, pero quebrada por dentro. — Me cansé de ser buena contigo mientras tú solo sabes ser cruel con todos a tu alrededor.

Lisa llevó la mano al rostro, los ojos muy abiertos, incrédula.

— ¿Quieres matarla porque la diosa la escogió a ella y no a ti? — continuó la madre, dando un paso adelante. — Si quieres matar a alguien, mata a Selene. No a Luara.

Las palabras cortaron más profundo que la bofetada.

— Nunca más voy a permitir que actúes como una víbora dentro de mi casa, ¿entiendes? — apuntó el dedo, sin retroceder. — Eres mantenida. Vives aquí sin hacer nada. No lavas un plato, no cocinas, no ayudas en nada. ¿Y quieres ser luna?

Ella rió, sin humor.

— Ser luna es mucho más que hablar bonito o andar al lado de un alfa. Es carácter. Es cuidado. Es sacrificio. Y eso… no has demostrado nada.

Lisa lloraba ahora, pero no era arrepentimiento. Era odio. Asco. Envidia.

— Ahora sal de aquí — ordenó la madre. — Ve a tu cuarto. Estás prohibida de salir hasta que yo lo ordene.

Lisa encaró a Luara una última vez.

La mirada lo decía todo: esto no ha terminado.

Dio la espalda, subió las escaleras golpeando los pies, entró en el cuarto y cerró la puerta con fuerza. Se tiró en la cama, el llanto viniendo en olas violentas.

Por dentro, el pensamiento martilleaba sin parar:

¿Qué tiene la diosa en la cabeza?

¿Cómo pudo escogerla a ella?

Con el rostro mojado, el pecho ardiendo de odio y el corazón envenenado por la envidia, Lisa acabó adormeciéndose.

No en paz.

Sino alimentando un rencor que aún haría estragos.

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