Xie Lin desde pequeña fue educada para ser una dama, una buena esposa y madre. Pero ella tenía otros intereses y en secreto entrenaba su cuerpo para el combate y el uso de la espada. Su vida cambia cuando es elegida para ser la consorte del príncipe heredero y al saber que este, ama a otra mujer, le propone un trato: si ella logra entrar a las fuerzas militares y volverse general, él la dejará libre de ese matrimonio.
Pero, obligada a tener un hijo, ella cumple, con la promesa de que, unirse a las tropas del emperador y cuando la guerra inicia, ella logra su objetivo con grandes méritos, pero, el príncipe heredero, ahora emperador, no la quiere dejar ir.
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Capitulo 12.
Lin apenas había dormido. Se levantó mucho antes del amanecer, vestida ya con su armadura de viaje, y se dirigió a los establos. Los caballos de sus cien guerreros selectos estaban ensillados, listos para partir.
Mientras revisaba los últimos detalles con el Capitán Mei, una figura alta y masculina, era Xen. Llevaba una túnica sencilla, pero su expresión era la de un hombre que no dormía por la preocupación.
—General Lin —dijo Xen, con preocupación —¿Por qué solo cien hombres?
Lin no se sobresaltó. Su rostro permaneció con una expresión tranquila.
—Buenos días, su majestad. Porque necesito discreción, que el enemigo no nos vea como una amenaza y hacer que bajen la guardia.— respondió con firmeza.
—aun así, puede ser una desventaja para ti, si el enemigo decide atacar, cien hombres no serán suficientes.— responde preocupado.
—su majestad, cien hombres, de mis tropas son suficientes, mis guerreros son la élite, los mejores en el campo de batalla.— asegura la general.
El Emperador dejo escapar un leve suspiro, sin duda, Lin nunca dejará de ser tan terca, pero si ella asegura que esos cien hombres son suficientes, entonces solo queda confiar en su palabra, pues no por nada, su padre, el anterior Emperador, le confío a sus mejores tropas.
—General, se que confía plenamente en usted misma, y yo también he decidido confiar en ti, pero, no se ponga en peligro, y haga lo posible por volver a salvo.— pide con una expresión de suplica.
Lin estaba por responder, pero su platica se vio interrumpida con la llegada de un mensajero.
—El Coronel Gao envió otro mensaje urgente, su majestad —dijo el mensajero, sacando el pergamino secreto.
Lin desplegó el pergamino. La luz de una linterna en el establo proyectó sombras sobre el mapa, iluminando la aterradora verdad.
—El Khan del Hielo ha pasado sobre la vanguardia del general Chen, pero, antes de llegar a las tropas del General Gao, se detuvo anoche, ahora se mantiene en vigilancia, pero no se descarta que ataque de nuevo. Tenemos que darnos prisa, si perdemos el paso de la Serpiente, estaremos en desventaja.—
—Esto se sale de control, ¿aun crees que ir con solo cien hombres será suficiente? —preguntó Xen.— ¡Lin, esto es una locura! Eres fuerte, pero, esto ya no es solo una misión sencilla.
—Es la única forma —afirmó Lin con frialdad— Necesito la velocidad para llegar al paso y sellarlo antes de que el Khan logre pasar. Si le llevó más tropas, perderé la ventaja de la sorpresa. El General Wei debe creer que está yendo a una pequeña revuelta de rebeldes, no a una guerra.—
Xen se acercó aún más, el rostro a centímetros del de ella. Ella iba solo con cien hombres, y no puede evitar estar preocupado, esa mujer ante él, era su fortaleza, y sin ella, no sabría que hacer. Estaba preocupado por lo que se avecina.
—¿Y si mueres allí, Lin? ¿Qué pasará con Jian? ¿Qué pasará con el Imperio?— su voz era cortante.—¿que pasará conmigo?
—El Imperio será defendido, por las tropas que se quedarán en la ciudad, y eso es lo que debe importarle a usted, Emperador —replicó Lin, su voz se quebró ligeramente por la mención de su hijo— Pero si le importa Jian, escúcheme bien. Usted aceptó mi condición: paz para mi hijo. Si algo le sucede al Príncipe Jian, o si la Emperatriz Madre rompe su palabra y lo usa contra mí mientras yo estoy en la frontera...usted debe de salvarlo, alejarlo de la Emperatriz Madre y dejarlo vivir en libertad.
Xen interrumpió, su mano se cerró en el brazo de Lin, un agarre firme que era tanto una súplica como una promesa.
—¡Jian estará seguro, Lin! Lo juro por mis ancestros. Nadie lo tocará. Si te arriesgas por el Imperio, yo mantendré a nuestro hijo a salvo. No hay nada en este palacio que me importe más que él.
—Entonces cumpla su palabra, su majestad. Y déjeme hacer mi trabajo —Lin retiró su brazo, su mirada volviendo a ser de acero—. Esta es la única forma de garantizar el futuro de su trono. Y si no vuelvo, no lamentaré haber muerto protegiendo lo que realmente me importa, mi hijo.
Lin se giró hacia su caballo. Xen se quedó inmóvil, observándola montar.
—General Lin —la llamó Xen, justo cuando ella iba a partir— Regrese a salvo, nuestro hijo merece crecer con su madre, y yo, necesito a mi Emperatriz para mantenerme en pie.
Lin se sorprendió por esa última frase, pero no había tiempo de ponerse sentimental, el tiempo, era crucial en ese momento. Así que, tiro de las riendas de su caballo y tras una media vuelta, dio inicio su galope. El Emperador se quedo en silencio, viéndola alejarse, hasta perderla de vista.
Qué Lin obtenga esa información del anciano y sepa a quién se enfrenta /Left Bah!/
Ojalá Lin no lo de por muerto o le dará más adelante una sorpresa /Grievance/
ya estoy intrigada