Valeria Wiranata creía saberlo todo sobre su vida: un matrimonio estable, un hogar donde creció, una familia que la aceptó. Pero la noche de Año Nuevo, todo se derrumba cuando descubre a su esposo Adrián en la cama con su propia hermanastra, Ámbar.
Divorciada y despojada de todo, Valeria se enfrenta a una verdad todavía más devastadora: la familia que la crió jamás la quiso. Roberto Kusuma, el hombre al que llamó padre durante años, solo la acogió por interés. Patricia, su madrastra, la trató como sirvienta. Y Ámbar, la hija consentida, le robó al marido sin remordimiento alguno.
Cuando la vida de Valeria parece tocar fondo, aparece Dominic Alexander: el CEO más temido del mundo empresarial, frío como un témpano ante todos... excepto ante ella. Dominic no solo le ofrece un puesto como directora de una empresa recién adquirida, sino que empieza a desmantelar, una por una, las vidas de quienes la lastimaron.
Pero Dominic guarda un secreto: conoce a Valeria desde la infancia. Y sabe algo sobre su verdadero origen que cambiará para siempre el tablero de poder.
Detrás de cada movimiento corporativo hay una jugada personal. Detrás de cada acto de venganza, un acto de amor. Y detrás de la mujer que todos subestimaron, se esconde la heredera de una de las fortunas más grandes del país.
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La sorpresa de Dominic
Los últimos días, Valeria se concentró por completo en el trabajo. Ninguna de las reuniones importantes agendadas por Laura fue delegada.
Sus jornadas transcurrieron con calma desde el incidente del almuerzo en la oficina central.
La cooperación interna de la empresa había mejorado notablemente desde que Valeria tomó las riendas. La gestión funcionaba según las funciones asignadas a cada área.
—Jefa, hoy Natalia quiere presentarse ante ti —le avisó Laura.
—¿Natalia? —preguntó Valeria.
—Sí, la jefa del departamento de marketing —le recordó Laura.
—Ah, de acuerdo —respondió Valeria.
Laura se comunicó con el departamento de marketing y le pidió a Natalia que subiera de inmediato a la sala de dirección.
—Buenos días, señora Valeria —saludó Natalia al entrar a la oficina de la directora.
Natalia le entregó una carpeta de documentos.
—¿Qué es esto? —Valeria recibió la carpeta y comenzó a hojearla.
—Es una propuesta de colaboración con una productora para la realización de un comercial, señora —explicó Natalia.
—Bien, déjame revisarla primero. Luego Laura se pondrá en contacto —indicó Valeria.
—Entendido, señora —Natalia se retiró y Valeria volvió a examinar los documentos que le había dejado.
Valeria reconoció el nombre de la productora que figuraba en el expediente. Le resultaba familiar. ¿Quién era el dueño? Su mente se esforzó en recordar.
Toc, toc.
—¡Adelante! —ordenó Valeria.
Laura apareció tras la puerta.
—Hay un agente inmobiliario que te busca —le dijo.
—¿Dónde está?
—Todavía en el vestíbulo —añadió Laura.
—Ah, viene a entregarme el anticipo por la casa —explicó Valeria.
—¿Estás segura de que quieres venderla? —indagó Laura.
—Claro que sí. Estoy a punto de recibir el enganche —respondió Valeria con una sonrisa.
—Dile que suba —pidió Valeria, pues ya tenía la cita programada con el agente.
—Mmh —asintió Laura.
* * *
El teléfono de Valeria sonó justo cuando el agente inmobiliario acababa de salir de la oficina.
—Hola, señor —saludó Valeria al contestar la llamada.
—¡Cuando salgas del trabajo paso por ti! —un tono de orden fue lo primero que escuchó.
—¿Eh? —Valeria se quedó de piedra.
—Tres días fue el plazo que me prometiste, y ya pasó más de una semana —la voz al otro lado de la línea le provocó un escalofrío.
—¿Todavía se acuerda, señor? —respondió Valeria.
—No te hagas la amnésica —la llamada se cortó sin más.
Valeria inhaló profundamente para llenar de oxígeno el pecho que sentía oprimido.
—Quién sabe adónde me llevará el destino —murmuró.
El dolor de la traición aún estaba grabado en su corazón.
—¿Tiene que ser tan pronto? —Valeria seguía llena de dudas.
El señor Dom era demasiado inalcanzable. La brecha entre sus familias era abismal, y el compromiso arreglado le generaba mil reparos. Además, su condición de divorciada la hacía sentirse insegura.
* * *
Dominic fue de verdad a recoger a Valeria, sin Bruno.
Treinta minutos antes de la hora de salida, ya estaba en la empresa Wijaya.
Se sentó con las piernas cruzadas y esperó con paciencia a que Valeria terminara su trabajo.
Aquella mirada que no se apartaba de ella ni un instante la ponía nerviosa.
—Señor, ¿podría esperar en el auto? —le dijo Valeria, incapaz de concentrarse.
—¿Por qué? No te estoy molestando, ¿o sí? —replicó Dominic con indiferencia.
No, pero si tengo que trabajar mientras me miras tan fijamente, me pongo nerviosa. Así menos voy a terminar, se quejó Valeria para sus adentros.
Toc, toc.
—Adelante —indicó Valeria.
Ojalá sea Laura, a ver si logra derretir el témpano de hielo que tengo enfrente, rogó.
Y en efecto, fue Laura quien entró.
Laura se acercó a ella.
—Amiga, me voy adelantando. No quiero hacer mal tercio. Y menos si solo voy a estar estorbando —le susurró.
Valeria intentó retenerla.
—Señor Dom, me retiro primero. Le encargo a Valeria —por más que Valeria se esforzó en detenerla, Laura se despidió directamente del jefe.
Dominic levantó el pulgar en señal de aprobación.
Valeria se dio una palmada en la frente.
—¿Ya terminaste? ¿Necesitas que te ayude? —Dominic se puso de pie y se colocó detrás de Valeria.
Valeria miraba la pantalla del monitor, pero su cerebro no lograba enfocarse.
—Lo termino mañana —apagó la computadora de su oficina sin más.
—Desde un principio hubieras hecho eso —soltó Dominic.
Valeria esbozó una sonrisa forzada.
* * *
—¿A dónde vamos? Este no es el camino a mi casa, señor —preguntó Valeria.
—Shhh, ¡cállate! Pareces niña de kínder —le respondió Dominic.
Valeria frunció los labios. Dijo que me iba a llevar a casa, pensó.
Llegaron a un hotel cinco estrellas.
—¿Qué venimos a hacer aquí?
—Los dos somos adultos. ¿De verdad necesitas preguntar? Sabrás perfectamente lo que pasa cuando un hombre y una mujer llegan juntos a un hotel —bromeó Dominic guiñándole un ojo.
¿Qué bicho le picó a este hombre? Desde cuándo tan coqueto.
—¡Baja! ¿O prefieres quedarte ahí? —Dominic ya le había abierto la puerta mientras Valeria seguía absorta en sus pensamientos.
Valeria se sobresaltó, lo que le arrancó una carcajada a Dominic.
¿De verdad es una mujer adulta? Pero se sonroja como una adolescente, se rio Dominic para sus adentros.
—Señor Dom, no va a hacer nada raro, ¿verdad? —aclaró Valeria.
Dominic, por reflejo, le dio un coscorrón con el dedo en la frente.
—Deja de alimentar esa mente pervertida —le dijo Dom.
—Un socio de negocios se hospeda en este hotel. Te lo voy a presentar —le explicó.
—¡Eso hubiera dicho desde el principio! Me hizo pasar un susto —una sonrisa asomó en los labios de Valeria.
—¿Acaso esperabas que me propasara? —bromeó Dom.
—Ni lo sueñe —Valeria se alejó de Dominic; más le valía poner distancia antes de que su corazón colapsara cerca de Dom.
Dominic se rio al ver la reacción de Valeria.
Tal como había dicho, Dom llevó a Valeria al lujoso restaurante del hotel.
—Buenas noches, señor Dom —un hombre extranjero estrechó con firmeza la mano de Dominic.
—¿Así que esta es la señorita Valeria? —su mirada se dirigió a Valeria e hizo ademán de saludarla, pero Dom lo detuvo.
El hombre soltó una carcajada al ver lo posesivo que era Dom.
—Está bien, está bien.
Los tres se enfrascaron en una conversación seria sobre los avances de la empresa que ahora dirigía Valeria Puteri Wiranata.
Estuvieron casi dos horas allí, y la reunión concluyó con un acuerdo de colaboración entre ambas partes.
—Gracias, señor Michael —Valeria hizo ademán de estrecharle la mano, pero Dominic se le adelantó y la detuvo.
—Ja, ja. Está bien, está bien. Nada de apretones de manos con la señorita Valeria. No quiero que el señor Dominic se enoje conmigo —Michael volvió a soltar una carcajada, igual que antes.
El señor Michael se retiró enseguida porque su esposa lo esperaba.
—Ahora es mi turno —dijo Dom.
—Ven conmigo —la invitó.
—¿A dónde ahora? —preguntó Valeria.
—Lo del trabajo ya se acabó. Ahora vamos a lo personal —le informó Dom.
Dominic la tomó del brazo.
—Hace un rato te ayudé, y en este mundo nada es gratis —le susurró al oído.
Valeria entró en pánico. ¿Asuntos personales? ¿En un hotel? ¿Qué pretendía el señor Dom? Su mente era un caos.
Otro coscorrón le aterrizó en la frente.
—¿Tan mal pensada eres, Valeria? —le dijo Dom.
—¿Quién es la mal pensada? —Valeria se indignó.
—Seguro estabas imaginando cosas agradables, ¿no? Admítelo —la provocó Dom, haciendo que las mejillas de Valeria se tiñeran como cerezas.
Al llegar al último piso, Dominic le pidió a Valeria que cerrara los ojos.
—¿Para qué, señor?
—¡Cierra los ojos! —ordenó Dom sin dar explicaciones.
—No quiero —se negó Valeria.
—Valeria Puteri Wiranata —la llamó Dom. Cuando usaba ese tono, Valeria era incapaz de contradecirlo.
Valeria cerró los ojos, tal como Dom le había pedido.