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Vas A Ser Mi Hombre

Vas A Ser Mi Hombre

Status: Terminada
Genre:Amor de la infancia / Romance / Diferencia de edad / Completas
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Araceli Settecase

​«Ella es la tentación de diecinueve años que rompió todas sus reglas. Él, el hermano mayor de su mejor amigo de toda la vida... y el hombre del que jamás debió enamorarse.»
​Mía siempre supo lo que quería, y lo que quería era a Leónidas Benavídez: un imponente arquitecto de treinta años, serio, dominante e inalcanzable. Para el mundo, Leónidas es un ejecutivo de hielo; para Mía, el único hombre capaz de hacerla arder.
​Cansada de ser vista como "la enana" o "la amiga de su hermano", Mía desata un peligroso juego de seducción que pondrá a prueba el rígido autocontrol de Leónidas.

NovelToon tiene autorización de Araceli Settecase para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 22: La despedida de soltero... ¡en la casa de campo!

Faltaban exactamente cuatro días para la ceremonia religiosa y la recepción oficial. La tensión acumulada por las pruebas de vestuario, las correcciones de último momento en la lista de invitados y las constantes discusiones entre Elena y Sofía sobre el color de las servilletas había llegado a su punto máximo.

​Fue entonces cuando Joaquín decidió que era el momento perfecto para ejecutar su plan maestro: la despedida de soltero unificada.

​—No vamos a ir a ningún boliche ruidoso donde haya fotógrafos ni gente molesta —declaró Joaquín el jueves por la tarde mientras conducía su camioneta por la ruta hacia la finca familiar—. Organicé una jornada de campo equilibrada. Los hombres en el quincho principal con asado, buen vino y póker. Las chicas en la casona principal con spa, masajistas y tranquilidad.

​Leónidas viajaba en el asiento del acompañante, mirando por la ventana con expresión desconfiada. Vistiendo un sweater azul oscuro sobre jeans cómodos, el arquitecto no estaba del todo convencido.

​—Joaquín, si esto es una trampa tuya para traer chicas o armar un descontrol, te aviso que me vuelvo en taxi a la ciudad —advirtió Leónidas con voz serena pero tajante.

​—¿Por quién me tomas, Leónidas? Por favor... soy tu hermano y el mejor amigo de la novia. Todo está fríamente calculado.

​Al llegar a la finca, la división parecía perfecta. Mía había llegado temprano junto a sus compañeras de la universidad, algunas amigas de la infancia, Elena y Sofía. Las mujeres habían tomado la casona principal, transformando el amplio living en un centro de belleza con batas blancas, copas de champán, música suave y mascarillas faciales.

​Mía lucía radiante en su bata de seda blanca con la palabra 'Novia' bordada en hilo dorado en la espalda. Reía junto a sus amigas mientras una manicura le arreglaba las uñas, disfrutando del relax tras semanas de estrés.

​Por su parte, en el quincho situado a unos cien metros de la casa principal, la situación entre los hombres era bastante más rústica. El padre de Leónidas, un par de tíos, amigos de la empresa y Joaquín rodeaban la parrilla donde crujían cortes de carne de primera calidad sobre las brasas.

​Sin embargo, a las diez de la noche, el plan de 'tranquilidad' de Joaquín comenzó a desmoronarse con precisión matemática.

​El primer incidente ocurrió en la casona principal. Elena y Sofía, entusiasmadas por el ambiente festivo, habían decidido preparar un ponche 'especial' siguiendo una receta tradicional de la abuela. Lo que nadie calculó fue la cantidad de licor de naranjas y gin que las dos matriarcas le agregaron al recipiente de cristal.

​Para las once de la noche, la madre de Leónidas y la madre de Mía estaban bailando sobre los sillones del living con guirnaldas de plumas rosadas en el cuello, cantando canciones de los años ochenta a todo pulmón mientras las amigas jóvenes de Mía las grababan con sus teléfonos celulares muertas de la risa.

​—¡Mía, mi amor! —gritó Sofía con una copa de ponche en la mano y el peinado levemente desarmado—. ¡Tenés que bailar! ¡Esta es la noche en que le decimos adiós a la soltería!

​—Mamá, tomate un vaso de agua, por favor —suplicó Mía riendo a carcajadas mientras intentaba bajar a Elena de una silla.

​En ese preciso instante, se escuchó el rugido de un motor en la entrada de la finca, seguido por el sonido de una sirena policial estridente.

​En el quincho, Leónidas se puso de pie de inmediato, dejando las cartas de póker sobre la mesa. Su mirada de águila se clavó en Joaquín, quien de pronto pareció extremadamente interesado en el fuego del asado.

​—¿Qué es esa sirena, Joaquín? —preguntó Leónidas con un tono que helaba la sangre.

​—Bueno... puede ser que haya contratado un pequeño servicio de animación temática para las chicas —confesó Joaquín encogiéndose de hombros con una sonrisa nerviosa—. Pensé que les vendría bien un poco de diversión... ya sabes, un animador vestido de policía.

​Leónidas no esperó un segundo más. Salió del quincho a pasos agigantados, cruzando el parque iluminado por la luna en dirección a la casona principal. La sola idea de que un desconocido disfrazado estuviera irrumpiendo en la reunión de su prometida hacía que sus instintos más territoriales y celosos se encendieran al instante.

​Cuando Leónidas abrió la puerta de par en par de la casona, la escena que encontró fue sencillamente desopilante.

​Un muchacho joven, musculoso, vestido con un uniforme de policía sospechosamente ajustado y unas esposas de plástico en el cinturón, estaba parado en el centro del living. Sin embargo, en lugar de estar haciendo un baile sensual para Mía, el joven estaba completamente acorralado contra la pared por Elena y Sofía, quienes le estaban ofreciendo pastel de carne y obligándolo a tomar una copa del ponche especial mientras le preguntaban si tenía novia y de qué trabajaba su madre.

​Mía estaba sentada en el brazo del sillón, sosteniéndose el vientre de tanto reír, mientras sus amigas le sacaban fotos al 'policía' comiendo una empanada bajo la custodia de las dos suegras.

​Leónidas se detuvo en seco en el marco de la puerta. Su imponente figura de un metro noventa, con los hombros anchos y el rostro serio, llenó el ambiente.

​El joven disfrazado miró al dueño de casa, sintiendo que la presencia del arquitecto era infinitamente más intimidante que cualquier patrulla real.

​—Señor... le juro que me contrataron para una animación de quince minutos, pero las señoras no me dejan bailar y me obligaron a cenar —explicó el muchacho con voz temblorosa, dejando la empanada en un plato.

​Mía miró a su prometido, viendo la rigidez en sus mandíbulas y la chispa de celos contenidos en sus ojos oscuros. Se levantó despacio, caminó hacia él con la bata de seda rozándole los muslos y le apoyó las manos en el pecho.

​—Tranquilo, 'comisario' —susurró Mía con voz dulce y picante, mirándolo desde abajo—. Nadie bailó con nadie. Tu mamá y la mía lo tienen de rehén desde hace veinte minutos.

​Leónidas relajó levemente los hombros, aunque su mano rodeó la cintura de Mía con un agarre firme y posesivo frente a todos.

​—El show se termina acá —anunció Leónidas con su voz grave mirando al muchacho—. Toma tus cosas, cobra lo que te corresponda con mi hermano en el quincho y retirate.

​El joven no esperó una segunda orden; agarró su gorra de policía, agradeció a las madres por la empanada y salió corriendo de la casa como si lo persiguiera un fantasma.

​Elena y Sofía soltaron un quejido de protesta antes de romper a reír nuevamente, abrazadas en el sillón.

​Leónidas aprovechó la distracción para arrastrar a Mía hacia el pasillo lateral que conducía a la biblioteca de la casona, lejos de las miradas de las invitadas. Cerró la puerta de madera detrás de ellos y la pegó suavemente contra la superficie, atrapándola entre su cuerpo y la pared.

​—¿Te parece muy gracioso todo esto, verdad? —murmuró Leónidas contra la boca de Mía, con la voz rasposa por el deseo y la adrenalina del momento.

​—Me parece divertido ver cómo te ponés celoso hasta de un policía falso, Benavídez —respondió Mía enredando sus dedos en el cabello corto de él—. Pensé que el gran Leónidas no caía en esas pequeñeces.

​—Para ti no soy ningún 'gran Leónidas' —dijo él, bajando la cabeza para besarle la curva del cuello, haciendo que ella soltara un suspiro entrecortado—. Soy el hombre que se muere de ganas de llevarte a la habitación del fondo y no dejarte salir hasta el día de la ceremonia.

​Mía sonrió contra su piel, sintiendo la firmeza del pecho de él y la urgencia de sus manos acariciándole la cintura por encima de la seda.

​—Vas a tener que esperar cuatro días más, futuro esposo —susurró ella, dándole un beso rápido en los labios antes de zafarse con agilidad de sus brazos—. Ahora volvé al quincho con Joaquín antes de que tu mamá decida ir a buscar más ponche.

​Leónidas la vio alejarse por el pasillo con una sonrisa torcida, sabiendo que la cuenta regresiva para tenerla para siempre en su vida estaba a punto de llegar a cero.

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Martha Divas Delgado
❤️❤️❤️🤭🥰 estoy henamorada☺️
Martha Divas Delgado
hay Vanesa te van a ASER k comas polvo en tu caida🤭
Martha Divas Delgado
🥰me encanta mia sabe lo k quiere❤️
Martha Divas Delgado
jajaja jajaja jajaja pobre leonidas☺️
Martha Divas Delgado
jajaja jajaja leonidas cuídate por k mia te comerá y🤭 completito
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