Una corona es hurtada por el Capitán Adam, un Fey Pirata. Con la ayuda de Jena, una joven arcángel, encarnación de la oscuridad.
Ese mismo robo regresa años más tarde con las consecuencias, para empujar a Eva, una Reina Elfo, a buscar una de las coronas del fin del mundo con ayuda de Jena, Len, uno de los cinco héroes elementales; Vin Ryder, una diosa de la Guerra; y Adam, el caótico Capitán de Pandora.
¿Eva podrá conseguir la corona? ¿La tripulación del barco Pandora podrá sobrevivir al viaje al fin del mundo?
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Capitulo #2: Es Capitán Adam
Érase una vez en un lugar muy lejano, un barco comandado por unos elfos de cabello plateado que perseguían un barco negro con las velas tan blancas que se perdían con el color de las nubes.
—¡Princesa! ¡Por favor, no se acerque a la orilla! —le ordenó una mujer con parche y con un radiante vestido blanco que parecía de novia en plena boda—.
“Esos son… son…” pensé abriendo cada vez más la boca por la presencia de unos piratas de verdad.
—¡Mocosa! ¡Aléjate! —me regañó mi padre, el Rey Elfo, tirándome del brazo—. ¡Yui-to!, es mejor que disparen y destruyan el Edén ahora mismo.
“¿El Edén?” pensé volteando a ver el barco con curiosidad.
—¡Rápido! ¡Ve con tu hermano! ¡Y ya compórtate de una vez! —me gritó papá lanzándome a los brazos de mi hermano mayor, el príncipe elfo—.
Del otro lado del barco de los piratas, también se encontraba otro niño, uno de cabello rubio que estaba en lo alto de una de las velas viendo nuestro barco, él era un Fey, una subespecie de las hadas y de los elfos.
—¡¡Adam!! —le gritó el capitán del barco pirata, un hombre regordete, barbudo, con una pata de palo, una mano gancho y un mono en sus hombros—.
—¡¡Capitán!! ¡¡Se están preparando para disparar!! —le respondió Adam viéndonos con ayuda de un binocular de madera—.
Esa fue la última vez que pude estar cerca del legendario barco de Edén; un barco pirata dado al legendario Barbanegra por los dioses del cielo como premio por dominar al temible Kraken.
—Oye, es mejor que te mantengas quieta, que esto no es una expedición —me regañó mi hermano mayor sin soltar mi mano en ningún momento—.
—Hen-Henry. Crees… yo… ¿Algún día podré estar en Edén? Como Eva, la gran pirata de las leyendas que desafió a los dioses al robar una manzana.
—No lo sé. Aunque, pequeña Eva, mantente lejos de ellos, ¿okey?
Siendo honesta, creía que esa sería la última vez que vería al barco del Edén, pero esta no es mi historia, por ahora. Habían pasado unos cuantos años desde que esos piratas habían robado a mi pueblo.
—¡Disculpe! ¡Disculpe! —gritó un Fey rubio que muy apenas se podía mantener de pie y vestido con trapos rotos de cuero—.
—Ah, veo que dejaron entrar a los vagabundos al cuero —le respondió un soldado viendo los trapos del Fey—.
—En primera, eso fue grosero, y en segundo, mi nombre es Fire. Capitán Fire.
—No hay ningún Fire registrado, señor vagabundo.
—Mm, Adam —gruñó resignado—. Por favor, trate con Capitán Adam.
—Señor Adam, sí. Este sí está en los registros del muelle. ¿Qué ocupa? Vagabundo Adam.
—¿Sabe en dónde está mi tequila? Lo dejé aquí hace unos momentos y no lo encuentro.
—Vagabundo Adam. Por favor, pida ayuda cuando sea realmente necesario y no por sus tonterías. Hace unos minutos, unos míseros piratas salieron del muelle y no tengo tiempo para usted y sus tonterías.
—¿Qué? Espere… —Adam sobresaltado volteó a los alrededores, dándose cuenta de que algo faltaba—. Era un barco de velas blancas y con una sirena de madera.
—Claro. ¿Usted lo vio?
—¡Claro, es mi barco! —respondió sin pensar—.
—¿Su barco? Espere… ahora que lo veo mejor, ¿No es usted el sucio capitán que se acostó con la hija del señor Schroeder?
—No, obvio no. Yo soy un humilde vagabundo, señor. Me confunde con el sexy, guapo y ¿ya dije sexy? Capitán Adam Loki.
Ese vagabundo fue capturado por los soldados de esa isla para ser ejecutado en la horca frente al Rey. Solo que no fue el único en llegar ante el gobernante, la hermanastra de Jena, en esa noche en la que se festejó la fiesta de los antifaces, conoció al príncipe de la isla y ahora habían llegado para preparar todo para el compromiso con el heredero al trono.
—Jena, compórtate —la regañó su madrastra bajando del carruaje que las había llevado al palacio—. No queremos arruinar la oportunidad de tu hermana de ser una reina.
—Sí, madre —le respondió la joven agachando la cabeza—.
En el camino al palacio, la joven pudo ver cómo un prisionero era llevado por los soldados al jardín, en donde estaba una soga ya preparada para su ejecución frente al mismísimo Rey.
La joven arcángel jadeó y quedó atónita al ver lo que parecía un pobre hombre a punto de ser colgado como si fuera un espectáculo. Eso también fue más que suficiente para hacerla recordar partes de su infancia con su mellizo en el reino de los Arcángeles.
—¡Jen! ¡Vamos! —le gritó su madrastra tirando de su brazo para arrastrarla consigo—.
Lo que parecía ser una simple ceremonia para hablar sobre el futuro de la familia se había vuelto una con un cruel contraste en el fondo de su charla. La joven princesa no dejaba de voltear hacia el hombre con una impotencia que ardía en su espalda, o mejor dicho, en las cicatrices de sus alas de arcángel cortadas por su hermano gemelo.
—Vo… Vo… ¡Voy al baño! —finalmente dijo poniéndose de pie—.
Su familia ni siquiera le estaba prestando atención, todos estaban hablando y en la burbuja de los enamorados que estaban sentados en el centro de la ceremonia.
—No mires. No mires —se repitió caminando hacia lo que parecía ser el baño—.
Ella intentaba convencerse de no intervenir, pero se detuvo al ver la espada de un soldado que estaba dormido. Inquieta por lo que sucedía en el fondo y al darse cuenta de que nadie le prestaba atención, ella respiró hondo para acto seguido hacer lo impensable.
Sacó la espada de su funda para lanzarla a los pies del hombre. Ese acto de bondad por parte de la chica hizo que Adam pudiera liberarse con suma facilidad. Con su cuerpo le metió múltiples empujones a los soldados, seguido usó su pie desnudo para lanzar la espada al aire y así hacerla clavarse en el suelo, lo que le permitió cortar la cuerda que ataban sus muñecas.
—Muchas gracias, señores, pero hoy no voy a morir —se burló agarrando la espada que le había dado la joven—.
Los soldados no se quedaron quietos con su liberación, sino todo lo opuesto, lo rodearon para impedir que se fuera del castillo sin pagar el crimen que cometió.
—Vagabundo Adam. Le aconsejo rendirse, solo mire a su alrededor, está perdido —le dijo el Rey levantándose de su silla para acercarse al prisionero—. No importa lo que haga, usted ya perdió —continuó parándose a pocos metros de él—.
—Es Capitán Adam —de un momento a otro ese vagabundo tenía la corona del Rey en su mano—. O su majestad, usted decide, señor.
—¿Qué? ¿Cómo…? —jadeó buscando su corona en su cabeza—. Infeliz… ¡¡Acaben con él ahora!!
Sin soltar ni dejar caer la corona, él escapó de los soldados con ayuda de su espada, unos saltos y yendo al fondo del bosque para perder a los soldados de la realeza.
—¡¡Por Vin Ryder!! ¡¡Atrapen a ese pirata!!