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Te Encontré En Mis Sueños

Te Encontré En Mis Sueños

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Malentendidos / Romance
Popularitas:685
Nilai: 5
nombre de autor: inkdreams

Unidos por sueños compartidos y separados por oscuras mentiras, Alexander y Alana deberán luchar contra la traición para descubrir que el amor verdadero siempre encuentra el camino a la realidad.

NovelToon tiene autorización de inkdreams para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19: El filo de las palabra

Punto de vista: Alexander

Me desperté de golpe en medio de la penumbra de mi habitación.

Tenía el corazón latiéndome con fuerza desbocada en las costillas y la respiración tan agitada como si hubiera corrido millas bajo la lluvia. Me senté en la cama, pasándome las manos por la cara mientras el sabor amargo de la discusión aún me quemaba en los labios.

Por primera vez en seis meses, la noche no me había traído paz. Había sido una batalla feroz de reproches, celos y un beso desesperado que sabía a lágrimas y rabia.

«Allá afuera ese hombre me trata como un estorbo mientras se casa con Victoria», esas palabras de Alana en el sueño me retumbaban en la cabeza con la fuerza de un látigo. Su llanto, su furia y la forma en que me gritó que me odiaba me dejaron con un vacío sofocante en el pecho.

Me duché rápido con agua fría, intentando despejarme, pero la tensión no cedía. Me vestí con un traje de tres piezas en tono gris carbón, ajustándome la corbata con prisa frente al espejo. Necesitaba llegar a la oficina. Necesitaba verla.

A las siete y cuarenta y cinco ya estaba sentado tras el enorme escritorio de caoba de mi despacho en la torre corporativa.

Miré el reloj de pared. Los segundos pasaban con una lentitud tortuosa. Tenía la carpeta de su proyecto frente a mí, pero mis ojos no dejaban de fijarse en la puerta de cristal. La exigencia de la noche anterior en la calle —de que viniera a mi despacho a solas a entregarme los archivos— ya no era una simple demostración de autoridad; era una necesidad desesperada de confrontarla.

A las ocho en punto, dos golpecitos firmes resonaron en la madera de la puerta.

—Adelante —dije con voz grave, esforzándome por mantener la postura impecable del CEO.

La puerta se abrió y Alana entró.

Lucía hermosa, pero sus ojos color ámbar reflejaban el mismo cansancio y las mismas sombras oscuras que sin duda yo también llevaba. Venía vestida con elegancia, sosteniendo una carpeta de cuero contra su pecho como si fuera un escudo protector.

Nuestras miradas chocaron en el aire y una corriente eléctrica nos atravesó de inmediato. El recuerdo del beso furioso y la discusión de la noche anterior cayó entre los dos como una sombra pesada.

—Buenos días, señor Hale —saludó ella con una voz sorprendentemente fría y profesional, manteniendo la distancia al borde del escritorio—. Cumpliendo con sus instrucciones, aquí están los archivos corregidos de la propuesta para Malibú.

Alana dio un paso al frente y dejó la carpeta sobre la mesa. Evitó rozar mis dedos a toda costa, retirando la mano con una rapidez que me dolió en lo más profundo.

Tomé la carpeta sin abrirla. No me importaban los números ni las terrazas en este momento. Clavé mis ojos azules en los suyos, notando cómo su respiración se aceleraba levemente bajo mi escrutinio.

—Señorita Mendoza... —pronuncié su apellido despacio, con esa voz rasposa que usaba en la penumbra—. Parece que no durmió bien anoche.

Alana tensó la mandíbula, sosteniéndome la mirada con un orgullo inquebrantable.

—Dormí lo suficiente, señor Hale —respondió con una sonrisa gélida—. La eficiencia de mi trabajo no se ve afectada por mis noches.

—Me alegra escuchar eso —dije, apoyando los codos sobre el escritorio e inclinándome levemente hacia ella—. Porque yo tuve una noche pésima. Soñé con una discusión absurda... con una mujer obstinada que me acusaba de cosas que no comprende y que intentaba hacerme creer que me odiaba.

Alana se congeló en su sitio. Un destello de turbación cruzo sus ojos color ámbar y sus labios se entreabrieron levemente, sorprendidos por la extraña confidencia.

—No creo que sus sueños sean asunto de la empresa, señor Hale —repuso con la voz un poco más baja, intentando mantener la compostura.

—Por lo general no lo son, Alana —continué, usando su nombre de pila sin pedir permiso, manteniendo los ojos fijos en los suyos con una intensidad provocadora—. Pero es curioso... en ese sueño, la mujer que me gritaba y me reclamaba por mis compromisos en la vida real tenía exactamente tu mismo rostro. Y la misma furia con la que me miras ahora mismo.

El color se le fue del rostro por completo. A Alana se le cortó la respiración. Dio un paso involuntario hacia atrás, mirando al CEO como si de pronto se hubiera vuelto loco o como si le hubiera leído el pensamiento más íntimo y privado de su vida.

—¿Qué... qué está diciendo? —alcanzó a murmurar, con la voz temblándole por primera vez.

—Digo que me resulta fascinante cómo los reclamos que me haces aquí sin hablar... son exactamente los mismos que me gritas cuando se apagan las luces —solté en un susurro cargado de intención, dejando que la duda flotara en el aire como una bomba a punto de estallar.

Alana se quedó petrificada, con el corazón martilleándole en la garganta, intentando procesar si lo que acababa de escuchar era una terrible coincidencia o si el hombre frente a ella compartía el mismo secreto que la estaba volviendo loca.

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