Una historia de Dos personas que no pueden destruirse en una historia donde tienen que hacerlo. Hay dificultades, hay deshonras y traiciones que llevarán a atraerse el uno al otro y será el momento perfecto en el que demuestren que el amor no es más que simples palabras, si no las acciones que demuestren una redención de los pecados que cometieron. Spin off de las series originales: El ascenso de un linaje.
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Capítulo 13: Lo que se viene
Aquella noche, ninguno de los tres durmió.
Se quedaron en la cueva, alrededor del fuego que ya se había vuelto costumbre, trazando en la tierra con un palo improvisado un mapa incompleto de lo que sabían y, sobre todo, de todo lo que no sabían.
—Necesitamos tiempo que no tenemos —dijo Kate, mirando las líneas dibujadas frente a ella—. Reclutar a alguien no es cuestión de un día. Encontrarlos, ganarnos su confianza, convencerlos de que vale la pena arriesgar la vida contra el hombre más poderoso del mundo...
—Lo sé. —Blanck se pasó una mano por el rostro, el cansancio de meses de secretos empezando a cobrar factura—. Pero no tenemos alternativa. Los tres solos no somos suficientes. Ni siquiera cerca.
—¿Qué hay de los otros dragones? —preguntó Isolde—. ¿Alguno podría ayudar?
Blanck negó con la cabeza, casi de inmediato.
—No intervendrían. No porque me odien, sino porque no es su guerra. Padre nunca nos controló como marionetas — somos aliados suyos, no soldados obligados. Si le pidiera ayuda a Keila, o a cualquier otro, la respuesta sería la misma: "esto es entre tú y tu padre."
—Entonces estamos solos en cuanto a poder de esa escala.
—No del todo. —Blanck se quedó mirando el fuego un momento, algo tomando forma en su mente—. Hay gente, fuera del sistema de mi padre, que ya ha demostrado tener la fuerza y la voluntad para desafiarlo. No dragones. Humanos. Gente que el mundo decidió llamar criminal por negarse a aceptar las reglas que Ray X impuso.
—¿Y crees que van a confiar en el hijo del hombre que los convirtió en fugitivos?
—No lo sé. —Blanck la miró directamente—. Pero es la única opción que tenemos.
Al amanecer, con un plan todavía incompleto pero con la urgencia empujándolos hacia adelante, Blanck empezó a reunir lo poco que sabía sobre posibles aliados — rumores escuchados en años de servicio, nombres mencionados con desprecio por los generales de su padre, historias que en su momento le habían parecido solo ruido de fondo y que ahora cobraban un peso completamente distinto.
—Hay un hombre —dijo, repasando en voz alta lo que recordaba—. Lideraba un escuadrón que se dedicaba a exterminar mafias protegidas por gente con poder. Mi padre lo declaró criminal, junto con todo su grupo, por interferir con "negocios" que en realidad financiaban parte de su imperio.
—¿Sigue vivo? —preguntó Kate.
—Según los últimos reportes que escuché, sí. Aunque acorralado. El propio sistema que debía protegerlo ahora lo caza.
—Empezamos por él, entonces.
—Hay otra —continuó Blanck—. Una mujer que dirige algo parecido a un club de motociclistas, aunque "club" es una forma amable de decirlo. Extorsión, robo, todo tipo de actividad que la pondría en la lista de enemigos de cualquier gobierno. Pero también es, según lo que he escuchado, una de las usuarias de anomalía más poderosas fuera del control directo de mi padre.
—¿Y confiarías en alguien así?
—No confío en nadie todavía. —Blanck la miró con una honestidad cruda—. Pero necesito poder, Kate. Y el poder que necesito no vive en gente que ha tenido el lujo de mantenerse limpia.
Isolde, que había escuchado todo en silencio, finalmente habló.
—Hay algo más que deberías considerar antes de ir a buscarlos.
—¿Qué?
—Si vas a pedirles que arriesguen la vida contra nuestro padre, tienen que saber exactamente contra qué se están enfrentando. No solo su fuerza. —Su voz bajó, la seriedad pesando cada palabra—. Tienen que saber sobre Breakout: Resurrección. Porque si alguno de ellos, en el fragor de la batalla, decide que la única forma de detenerlo es matarlo... Va a convertir a nuestro padre en algo que ninguno de nosotros podría contener después.
El silencio que siguió confirmó que ninguno de los tres había terminado de asimilar del todo el peso de esa advertencia.
—Tiene razón —dijo Kate, finalmente—. No podemos reclutar gente para una guerra sin decirles las reglas reales del combate. Eso sería condenarlos a repetir el mismo error, sin importar cuán fuertes sean.
—Entonces la regla es clara desde el principio, para quien sea que aceptemos —dijo Blanck—. Nadie lo mata. Lo contenemos. Lo sellamos, si es necesario. Pero nadie, bajo ninguna circunstancia, le da el golpe final.
—¿Y si en medio de la batalla eso se vuelve imposible de controlar?
Blanck no tenía una respuesta fácil para eso. Ninguno de los tres la tenía.
Antes de partir en busca del primer aliado, Blanck se quedó un momento a solas con Isolde, aprovechando que Kate se había adelantado a preparar lo necesario para el viaje.
—¿Estás lista para esto? —le preguntó, con una preocupación que no había sentido necesidad de esconder desde hacía tiempo.
—¿Tengo otra opción? —Isolde flexionó el brazo mecánico, la fuerza en el gesto ya casi completamente natural—. Padre no me va a perdonar solo porque yo no participe en la pelea. Ya decidió, hace meses, que soy parte de tu traición. Prefiero pelear a esperar sentada a que venga por mí de nuevo.
—No quiero que te pase nada.
—Ya me pasó algo, Blanck. —Su voz se suavizó, sin perder la firmeza—. Y sobreviví. Construí algo de esto que me quitaron. No voy a dejar que el miedo a perderlo me impida defenderlo.
Blanck la abrazó, con el mismo cuidado de siempre, pero esta vez sintiendo, por primera vez, que abrazaba no solo a la hermana que había prometido proteger, sino a alguien capaz de sostenerse por sí misma, con o sin él.
—Te lo prometí una vez. Un lugar donde nadie te llamara "hija de Ray X" antes de llamarte por tu nombre.
—Lo sé.
—Todavía no he podido cumplirlo del todo.
Isolde se separó lo suficiente para mirarlo a los ojos, algo parecido a la paz genuina asomándose en su expresión, a pesar de todo lo que se avecinaba.
—Lo has cumplido más de lo que crees. Cada noche en esa cueva, cada persona que conocí ahí que me trató como algo más que un apellido... Eso ya es el lugar que prometiste. Solo que todavía no tiene paredes que lo protejan del todo.
—Entonces vamos a construirle esas paredes.
—Vamos.
Con eso, los tres partieron, sin saber todavía a quién encontrarían primero, ni cuánto tiempo les quedaba antes de que Ray X decidiera que la espera ya había durado lo suficiente.
Continuará...