Entregada a un implacable líder de la mafia para saldar las deudas de su padre, elena debe firmar un matrimonio por contrato de un año sin imaginar que el peligro real será enamorarse de su comprador.
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Capítulo 6: Las grietas del imperio
El silencio de la mañana se vio interrumpido por el sonido apresurado de pisadas en el pasillo. La señora Martha ingresó a la suite acompañada por el doctor Ramírez, un médico de confianza de la familia Vance, y dos enfermeras. Elena yacía en la cama, pálida, tiritando de fiebre y con la mirada fija en la nada. El colapso emocional y el agotamiento físico extremo habían dejado su cuerpo al límite.
—Doctor, asegúrese de estabilizarla de inmediato —ordenó la señora Martha, observando con severidad la fragilidad de la joven—. El señor Vance dejó instrucciones precisas de que debe recibir la mejor atención disponible.
El médico evaluó a Elena en silencio. Al revisar sus signos vitales, notó un pulso acelerado y una presión arterial peligrosamente baja. Elena apenas reaccionaba a las preguntas; sus labios temblaban y las lágrimas corrían en silencio por sus mejillas. El choque del traslado, el abandono de su padre y el trato implacable de Alexander habían quebrado sus fuerzas.
—Está en un estado severo de estrés y debilidad física —concluyó el doctor Ramírez tras tomarle una muestra de sangre para los análisis de laboratorio—. Necesita reposo absoluto, sueros para hidratación y medicamentos para estabilizar su estado general. Si continúa bajo esta presión, su salud se deteriorará rápidamente.
Mientras las enfermeras colocaban una vía intravenosa en el brazo de Elena, la señora Martha observaba a la joven con una mezcla de rigidez y compasión reprimida. En esa mansión, la compasión era un lujo escaso, pero ver la devastación en el rostro de la recién llegada le recordaba lo peligroso que resultaba caer en las redes de la familia Vance.
—Señorita Elena —dijo Martha en voz baja, acercándose a la cama cuando el médico terminó de preparar las prescripciones—. Debe alimentarse y descansar. En este lugar, si no muestra fortaleza, la casa terminará por consumirla.
—No me importa esta casa... ni el dinero... ni el contrato —murmuró Elena con un hilo de voz áspera, volviendo el rostro hacia la ventana.
—Debería importarle —respondió la gobernanta con frialdad profesional—. Porque mientras lleve el apellido Vance, su vida ya no le pertenece únicamente a usted.
Mientras tanto, en el centro financiero de la ciudad, en el último piso del rascacielos que albergaba la sede central de las empresas Vance, la atmósfera era igualmente tensa.
Alexander permanecía sentado detrás de su imponente escritorio de cristal negro, escuchando el informe de su mano derecha, Marcus. Sobre la mesa reposaban carpetas con información confidencial sobre las operaciones del crimen organizado y la junta de accionistas programada para la siguiente semana.
—El consejo está satisfecho con la noticia del matrimonio —informó Marcus, deslizando una carpeta sobre el escritorio—. Los periódicos locales ya han publicado notas sobre tu unión con una joven de perfil bajo. Eso calma a los socios tradicionales. Sin embargo, hay un problema en las fronteras del sur. La familia rival está presionando para recuperar las rutas que perdiste el mes pasado.
Alexander no pestañeó. Sus ojos oscuros se fijaron en el ventanal con una calma amenazante.
—Si vuelven a dar un paso en falso, corta sus líneas de suministro —ordenó con voz grave—. No voy a tolerar distracciones en este momento.
En ese instante, el teléfono de Alexander vibró sobre el escritorio. Era una llamada directa del doctor Ramírez. Alexander contestó y llevó el aparato a su oído sin cambiar de postura.
—Habla.
—Señor Vance —dijo la voz del médico al otro lado de la línea—. He revisado a la señora Elena. Su estado físico es sumamente frágil. Presenta fiebre alta y signos de un colapso por estrés extremo. Requiere reposo absoluto y supervisión médica constante durante los próximos días.
Alexander escuchó el informe en silencio. Una ligera tensión cruzó por su mandíbula, pero su voz permaneció inalterable.
—Asegúrese de que reciba todo lo necesario. Necesito que esté recuperada lo antes posible.
Tras colgar, Alexander permaneció inmóvil durante unos segundos. Aunque su mente estaba enfocada en consolidar su poder y neutralizar a sus enemigos, la fragilidad de Elena representaba un elemento impredecible en sus planes. No esperaba que una chica común resultara tan difícil de moldear dentro de su estructura de control.
De vuelta en la mansión, la tarde cayó de forma sombría. Elena permanecía en la cama, mirando el goteo constante del suero. A pesar del cansancio, sabía que el verdadero desafío no era la enfermedad de su cuerpo, sino la certeza de que Alexander regresaría al caer la noche, listo para exigir el cumplimiento de cada una de las cláusulas del acuerdo.